Índice

INTRODUCCIÓN

> Hemos escogido para título el concepto de Madre al referirnos a la Iglesia, porque realmente es el que mejor la define; no sólo a nivel espiritual sino en todos los planos culturales que llevan al hombre al desarrollo de sus capacidades y al reconocimiento y defensa de su dignidad.

La Iglesia ha sido Madre de la Civilización Occidental, y como Madre ha dejado una impronta imborrable en la Historia, no sólo en la Edad Media. Las naciones que van surgiendo a lo largo de la época medieval se sienten hijas de la Iglesia. Esta las mantiene unidas en la Fe, en la Cultura, en la lengua,…

Recordemos, por ejemplo, que el idioma oficial de la Iglesia, el Latín, era el idioma unificador de Europa. Un estudiante podía acudir a las universidades de Salamanca o Alcalá en España, y continuar sin problemas estudiando en Latín en las de Coimbra (Portugal), Bolonia (Italia), Sorbona (París) Lovaina (Bélgica), en Pecs (Hungría), Colonia (Alemania), Oxford (Inglaterra),…

Cuando Juan Pablo II visita España en 1982, acude a Santiago de Compostela el 9 de noviembre y desde allí se dirige al Continente Europeo con estas palabras:

“(…)Aquí llegaban de Francia, Italia, Centroeuropa, los Países Nórdicos y las Naciones Eslavas, cristianos de toda condición social, desde los reyes a los más humildes habitantes de las aldeas; cristianos de todos los niveles espirituales, desde santos, como Francisco de Asís y Brígida de Suecia (por no citar tantos otros españoles), a los pecadores públicos en busca de penitencia.”

(…) La historia de la formación de las naciones europeas va a la par con su Evangelización; hasta el punto de que las fronteras europeas coinciden con las de la penetración del Evangelio”.

“(…) se debe afirmar que la identidad europea es incomprensible sin el Cristianismo, y que precisamente en él se hallan aquellas raíces comunes, de las que ha madurado la Civilización del Continente, su cultura, su dinamismo, su actividad, su capacidad de expansión constructiva también en los demás continentes; en una palabra, todo lo que constituye su gloria”.

“(…)Dirijo mí mirada a Europa como al Continente que más ha contribuido al desarrollo del Mundo.”

(…) “Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu Historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual,…”

> Vamos a recordar la Verdad del titular que hemos escogido, mediante breves pinceladas históricas, ya que el tema es como para extenderse en un grueso libro y aun en tomos de una colección. Y lo hacemos porque las nuevas generaciones desconocen esta Verdad y son educadas en el descrédito la Iglesia, con estereotipos falsos y malintencionados que forman toda una “Leyenda Negra” que nos gustaría denunciar, destruir con la Luz de la Verdad, y enterrar para siempre.

No nos debe extrañar los ataques a la Iglesia en el siglo XXI, pues a Ella, como a Cristo, le toca subir al Calvario mientras recorre la Historia. Pongamos nosotros de nuestra parte lo que podamos para evitar la deformación cultural de las nuevas generaciones que se promueve, acompañada de una corrupción moral, desde los poderes mundiales.

Nos cuenta Goyo:

Mucha gente es de la opinión de que la Iglesia sólo tiene riquezas y vive bien, que no aporta nada y quiere solo influencias; pero esto es porque la sociedad en general, vive de lo que escucha, no se han parado a indagar qué ha aportado esta Institución a la Historia, y no le interesa -por temas diversos y oscuros- saber nada de Ella, ni siquiera cómo la Iglesia ha participado en la construcción de la Civilización Occidental.

Como dijo Sto. Tomás Moro en cierta ocasión, “Nadie se ha lamentado jamás, en su lecho de muerte, de haber sido Católico”.

1 LA IGLESIA INDISPENSABLE

Es poco lo que nuestra cultura popular y mediática prohíbe cuando se trata de ridiculizar o parodiar a la Iglesia.

Muchos alumnos, que desconocen casi todo acerca de la Iglesia, están al corriente de su supuesta “corrupción”, gracias a innumerables historias de diversa credibilidad que sus profesores de Instituto les cuentan. La Historia del Catolicismo es para ellos, un compendio de ignorancia, represión y estancamiento.

Por otra parte, muchos estudiantes universitarios no son capaces de situar cronológicamente la Edad Media, pero sí suelen estar convencidos de que esta fue una época de ignorancia, represión y superstición intelectual. Nada más lejos de la verdad, como veremos, ya que entre otros avances, a este periodo se debe uno de los principales logros de la civilización occidental: el sistema universitario.

Que –además de por la Fe- la Civilización Occidental tenga una gran deuda con la Iglesia, por la existencia de las Universidades, las Instituciones benéficas, el Derecho Internacional, las ciencias y otros importantes principios legales, entre otras muchas cosas, no parece que les haya sido inculcado con especial rigor.

La Civilización Occidental debe a la Iglesia Católica, mucho más de lo que la mayoría de la gente, incluidos los católicos, tienden a pensar. Naturalmente que la Civilización Occidental no tiene su origen sólo en el Catolicismo, ya que no puede negarse la importancia de Grecia y de Roma o de las distintas tribus germánicas que heredaron el Imperio romano de Occidente, pero sin embargo, ha purificado, asimilado y aprendido lo mejor de todas ellas.

Ningún católico serio discutiría que los hombres de la Iglesia tomaron en todo momento las decisiones más adecuadas: pero si bien los católicos creen que la Iglesia conservará la integridad de la Fe hasta el fin de los tiempos, esta garantía espiritual no implica en modo alguno que las actuaciones de los papas y del Episcopado hayan sido siempre irreprochables. Antes al contrario, los católicos distinguen entre la Santidad de la Iglesia como Institución guiada por el Espíritu Santo y la naturaleza inevitablemente pecaminosa de los hombres, incluidos aquellos que sirven a esta institución.

Contra la Iglesia:

La mayoría de la gente, cree que los mil años que precedieron al Renacimiento, fueron tiempos de ignorancia y represión. Por ello, los alumnos tienen esta visión, pues a fin de cuentas, es lo que se les ha enseñado en la escuela y lo que les ha llegado a través de la cultura popular.

Actualmente hay todavía autores que sostienen este punto de vista (“El segundo Mesías” de Christopher Knight y Robert Lomas). Estos autores 1 sin duda ofrecen un retrato-caricatura de la Iglesia Católica y de su influencia en la Civilización Occidental, que no puede ser más equivocado; y lo hacen gracias a los fuertes prejuicios en contra de la Edad Media, que la Masonería ha patrocinado siempre, así como al desconocimiento general de este periodo histórico entre la opinión pública.

“Hablan de que el establecimiento del Cristianismo romano marcó el comienzo de los TIEMPOS OSCUROS: ese periodo de la Historia occidental en que la luz estuvo ausente de todo aprendizaje y la superstición sustituyó al conocimiento. Esta época se prolongó hasta que el poder de la Iglesia romana fue socavado por la Reforma”.

Esto es lo que muchas personas aprendieron en la escuela, aunque hoy apenas quede un historiador que no manifieste una mezcla de desprecio y diversión ante este tipo de comentarios. Las afirmaciones formuladas en ese libro, hacen caso omiso de todo un siglo de investigaciones. Estos autores (Knight y Lomas), que no son historiadores, parecen ignorar alegremente que los viejos bulos en los que insisten hasta la saciedad, no merecen hoy el crédito de un solo historiador profesional. Debe resultar muy frustrante ser historiador de la Europa Medieval: por más que uno se esfuerce en recabar pruebas en sentido contrario, todo el mundo sigue creyendo que el Medioevo fue un yermo intelectual y cultural de principio a fin, y que la Iglesia Católica no ha legado a Occidente nada más que represión.

A favor de la Iglesia:

Lo que Knight y Lomas, no mencionan es que, en los “Tiempos Oscuros”, la Iglesia, desarrolló en Europa el sistema de las universidades, un verdadero regalo de la civilización occidental al resto del Mundo.

1 Licenciado en publicidad el 1º, Ingeniero electrónico el 2º. No son historiadores sino manipuladores de la Historia; afiliados a la Masonería, el 1º en 1976 y el 2º en 1986. Atizados por una imaginación luciferina se dedican a tergiversar todo lo Católico: los Evangelios, la Sábana Santa,… Por desgracia no están solos en esa lucha anticristiana.

La mayoría de los historiadores de la Ciencia, han concluido en los últimos cincuenta años que la revolución científica se produjo gracias a la Iglesia.

La aportación católica a la ciencia no se limitó a la esfera de las ideas (Teología), toda vez que muchos científicos en ejercicio eran a la sazón sacerdotes:

-El padre Nicholas Steno, luterano convertido al Catolicismo y ordenado sacerdote, es comúnmente considerado el padre de la GEOLOGIA

-El padre Athanasius Kircher, fue el padre de la EGIPTOLOGIA.

-El padre Giambattista Riccioli, fue el primero que midió el índice de aceleración de un cuerpo en caída libre

-A Roger Boscovich, se le suele atribuir el descubrimiento de la moderna TEORIA ATÓMICA.

-Los jesuitas, llegaron a dominar el estudio de los terremotos, a tal punto que la SISMOLOGIA se dio en llamar la “ciencia jesuita”

-La Iglesia Católica-romana ha proporcionado más ayuda financiera y apoyo social al estudio de la ASTRONOMIA durante seis siglos, -desde la recuperación de los conocimientos antiguos en el transcurso de la Edad Media hasta la Ilustración- que ninguna otra institución y probablemente más que el resto en su conjunto.

-Los monjes preservaron la herencia literaria del mundo antiguo, por no decir la propia EXISTENCIA DEL ALFABETISMO, tras la caída del imperio Romano. Es difícil no señalar una sola empresa significativa para el progreso de la civilización a lo largo de la Edad media en la que la intervención de los monjes, no fuera decisiva.

– San Benito, fue el padre de Europa, como ARQUITECTO de los MONASTERIOS occidentales, y los benedictinos, sus hijos, fueron los padres de la Civilización Europea.

-El padre Francisco de Vitoria (s. XVI), mereció el título de Padre del DERECHO INTERNACIONAL.

El Derecho en Occidente es en gran medida una aportación eclesiástica. El DERECHO CANÓNICO, fue el primer sistema legal moderno surgido en Europa que demostró la posibilidad de reunir en un cuerpo legal coherente y completo, el batiburrillo de estatutos, tradiciones y costumbres locales, a menudo en contradicción, con el que tanto la Iglesia como el Estado, habían de enfrentarse en la Edad Media.

Fue la Iglesia quien enseñó al hombre lo que es un sistema legal moderno (Harold Berman). Los derechos ordenadamente formulados, pues, no proceden de John Locke y Thomas Jefferson, sino del Derecho Canónico de la Iglesia Católica.

– Estudios antiguos atribuyen la creación de la ECONOMIA MODERNA, a Adam Smith y otros teóricos de la economía del s. XVIII, pero investigaciones más recientes, subrayan la importancia del pensamiento económico de los últimos escolásticos, en particular los teólogos católicos españoles de los s. XV y XVI. Algunos, como el gran economista del s. XX, Joseph Schumpeter, han llegado a calificar a estos pensadores católicos de fundadores de la moderna ciencia económica.

– La mayoría de la gente sabe de la OBRA DE CARIDAD, de la Iglesia Católica, aunque desconoce el extraordinario compromiso de la Iglesia con esta labor.

W.E.H. Lecky, historiador sumamente crítico con la Iglesia, reconocía que el compromiso eclesiástico con los pobres, tanto en lo espiritual como en lo material, era un fenómeno nuevo en el Mundo Occidental y constituía un avance sustancial sobre los modelos de la Antigüedad clásica.

La Iglesia Católica ha dejado huella en todas éstas áreas. Un reciente volumen de la Historia de la Iglesia Católica, lleva por título TRIUMPH, un título muy adecuado para relatar la vida de una Institución que se honra de contar con tantos hombres y mujeres heroicos y de haber conseguido tantos logros históricos. Es muy poca, sin embargo, y malintencionada, la información que en este sentido proporcionan los libros de texto que el alumno medio estudia en nuestros institutos y nuestras universidades.

La Iglesia Católica ha configurado nuestra civilización y nuestra actitud como personas de modos muchos más diversos de lo que la gente se cree. Aunque los típicos manuales universitarios no lo digan, la Iglesia Católica ha sido indispensable para la construcción de la Civilización Occidental.

No sólo puso fin a prácticas del mundo antiguo moralmente repugnantes, como el infanticidio o los combates de gladiadores, sino que, tras la caída de Roma, fue la Iglesia quien restableció la Civilización y permitió su progreso. Todo empezó, enseñando a los bárbaros…

La Iglesia ha sido, pues, pieza clave en múltiples disciplinas que han hecho avanzar a la Civilización occidental.

2 ¿TIEMPOS OSCUROS?

(Milenio entre la Antigüedad Clásica y el Renacimiento)

La causa principal en los s.VI y VII no fue el Cristianismo, sino la barbarie (las invasiones bárbaras o germánicas); no fue la Iglesia, sino la guerra. Antes, en los primeros siglos, sin presentar batalla, sólo con la Sangre de los mártires, el Imperio Romano se hizo Católico (Entonces, Cristiano y Católico eran sinónimos; hoy, en absoluto). Pero también los llamados Pueblos Bárbaros, que desmembraron el Imperio Romano de Occidente, se convirtieron a la Fe Católica. Veamos:

Clodoveo (Rey de los Francos en 481). Durante los siglos siguientes, los sacerdotes francos, oficiarían Misa entre los suyos, pero continuarían también ofreciendo sacrificios a sus viejos dioses de la Naturaleza. Por esta razón, no siempre fue fácil convertir a los bárbaros. Tuvieron que seguir guiándolos para conseguir la conversión, y asegurarse de que la Fe comenzaba a transformar su gobierno y su modo de vida.

Se dice que es el recuerdo de ambas tareas- la conversión y la supervisión continuada-, lo que separa la Historia los Francos de San Gregorio de Tours, escrita en el s. VI, de la Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés, de Beda el venerable, obra del s. VIII. Fue el gran misionero San Bonifacio quien abordó ambas tareas: además de convertir a un gran número de habitantes en Alemania, en la década de 740, inició la largamente aplazada reforma de la Iglesia Franca.

-La Dinastía Merovingia (a la que pertenecía Clodoveo), perdió el poder en los s. VI y VII y afectó lamentablemente a La Iglesia.

-Alrededor del s. VII la situación de los sacerdotes francos, comienza a ser desesperada.

-La Iglesia Franca finalmente fue reformada desde el exterior por misioneros irlandeses y anglosajones, quienes a su vez habían recibido la Fe Católica en el Continente.

– Pese a todo, el Papado acudió a los francos en el s. VIII en busca de protección y de una alianza que permitiera restaurar la Civilización Cristiana. El Papado había gozado de una relación especial, con los últimos emperadores romanos que ocuparon el cargo tras la caída del Imperio de Occidente, cuando la única autoridad romana que aún subsistía era la del Emperador de Oriente en Constantinopla; pero esta relación empezó a tornarse tensa. Fue entonces cuando algunos prelados pensaron en buscar en otra parte, y así fue cómo la Iglesia toma la importante decisión de apartarse de los emperadores de Constantinopla y procurar la protección y la colaboración de los francos, pueblo aún semibárbaro, convertido al Catolicismo sin pasar por el Arrianismo.

– En el s.VIII la Iglesia bendijo el traspaso oficial del poder de la Dinastía Merovingia a la Dinastía Carolingia. Esta había sido fundada por Carlos Martel, que había derrotado a los ejércitos islámicos cerca de Tours, el 10 de octubre del 732. Con los Reyes carolingios trabajaría la Iglesia estrechamente en los años venideros para restaurar los valores de la vida civilizada. Fue bajo la influencia de la Iglesia, como este pueblo bárbaro se convirtió en constructor de la Civilización. Carlomagno (768-814) paso a ser la encarnación de este ideal y dio un fuerte impulso a la educación y a las artes, solicitando el concurso de los obispos, para organizar escuelas en torno a sus catedrales: “la escritura, la copia de libros, el arte, las obras arquitectónicas y el pensamiento de los hombres educados en la Catedral y en las Escuelas Monásticas, propiciaron un importante cambio cualitativo y cuantitativo de la vida intelectual”. Esto se conoce como el “Renacimiento carolingio”, que abarcó desde el reinado de Carlomagno hasta el de su hijo, Luis el Piadoso (814-840). Importante figuras de esta época son:

Alcuino de York (735-834 – Abad del monasterio de San Martín de Tours). Destacó en la enseñanza de la Gramática Latina al Pueblo Germánico. El conocimiento del Latín, permitía el estudio tanto de los Padres de la Iglesia latina como del mundo de la Antigüedad clásica: todo nuestro conocimiento de la Literatura antigua es debido a la labor de recopilación y transcripción iniciada durante el reinado de Carlomagno, y casi la totalidad de los textos clásicos que lograron sobrevivir hasta el s. VIII siguen vivos en la actualidad.

Con Alcuino, se inició el gran periodo de la transcripción de los manuales latinos –tanto patrísticos como clásicos- libros escritos con claridad y corrección, que fue de inestimable valor cuando, dos siglos más tarde se produjo el Renacimiento global.

– Otro logro del Renacimiento Carolingio, fue la importante innovación de la escritura, que se ha dado a conocer como la (letra) “minúscula carolingia”.

Fredegiso (sucesor de Alcuino en la Abadía de San Martín), fue decisivo en lo que respecta al desarrollo e introducción de la minúscula carolingia. El Occidente de Europa pasó a tener una Caligrafía que podía ser leída y escrita con relativa facilidad.

– La letra minúscula carolingia, desarrollada por los monjes católicos, fue la clave de la alfabetización en la civilización occidental. (Ver ilustración del Manuscrito de Freising, del siglo X)

– Pese a sufrir el azote de los invasores vikingos, magiares y musulmanes en los s.IX y X, el espíritu del Renacimiento Carolingio, jamás llegó a extinguirse. Aún en los días más aciagos, el espíritu de aprendizaje estuvo siempre vivo en los monasterios.

– Tras la muerte de Carlomagno, la iniciativa de difundir el conocimiento, recayó progresivamente en la Iglesia. Los sacerdotes abrían escuelas en pueblos y ciudades. La Iglesia fue la única Luz que sobrevivió a las constantes invasiones bárbaras. La infatigable determinación de los obispos, monjes, sacerdotes, intelectuales y administradores civiles católicos salvó a Europa de una segunda caída. Las semillas del conocimiento sembradas por Alcuino, germinaron en la Iglesia.

Los monjes, iniciaron la recuperación del saber, cuando las hordas invasoras, saqueaban e incendiaban monasterios ya que estos impidieron que se apagase la luz del conocimiento. Uno de los más brillantes fue:

Gerberto de Aurillac (fue Pontífice luego como Silvestre II, de 999-1003). En la década de 970, dirigía la Escuela Episcopal de Reims. Fue famoso por la amplitud de conocimientos de Astronomía, Literatura latina, Matemáticas, Música, Filosofía y Teología. Decía: “El hombre justo vive con Fe, pero es bueno que convine la Ciencia con su Fe”2.

2 Fijémonos cómo este Buen Espíritu se mantiene en la Iglesia un milenio después, en el empeño de los últimos Papas –Juan Pablo II y Benedicto XVI por unir Razón (Ciencia) y Fe

En 997, el Rey-Emperador Otto III, imploró la asistencia de Gerberto: “Soy ignorante y mi educación es escasa; venid a ayudarme”.

Gerberto accedió felizmente a la petición del Rey. El compromiso personal de Gerberto con el conocimiento, tanto como su influencia en maestros y pensadores posteriores fueron emblema de la recuperación de Europa a lo largo de un siglo de invasiones; una recuperación que habría sido imposible sin la luz de la Iglesia.

3 LOS MONJES SALVAN LA CIVILIZACION

El Evangelio nos ordena: «Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura» (Mt. 6, 33). Y como los monjes estaban empeñados en buscar el Reino de Dios, obtuvieron por añadidura el progreso material.

Esta es, sencillamente expresada, la Historia de los Monjes.

S. III.- Se observan los primeros indicios de vida monástica. Para entonces, algunas mujeres católicas, elegían consagrarse como vírgenes a una vida de oración y sacrificio, dedicada al cuidado de los pobres y enfermos. De esta temprana tradición proceden las monjas.

>San Antonio de Egipto, que vivió entre mediados del s.III y IV, se hizo eremita y se retiró a los desiertos de Egipto en busca de la perfección espiritual, atrayendo con su ejemplo a millares de personas. El principal rasgo del eremita es el retiro a las soledades remotas y a la renuncia a los bienes terrenales.

>Los monjes cenobitas (los que conviven en un monasterio), los más conocidos para la mayoría, surgieron en parte como reacción contra la vida de los eremitas y como reconocimiento a las necesidades humanas de vivir en comunidad.

La influencia de la tradición monástica de Oriente, llegó a Occidente por distintas vías.

S. VI.- BENEDICTINOS.- La orden más destacada fue la de San Benito, de Nursia (480-547), quien fundó pequeñas comunidades de monjes a sesenta kilómetros de Roma, antes de fundar Montecassino, el gran monasterio por el que se le recuerda. Fue en este lugar, en torno a 529 donde compuso la famosa Regla de San Benito.

El monasterio benedictino, partía de la base de que el monje, debía recibir alimento y sueño en cantidad adecuada. Este monje, gozaba de unas condiciones materiales comparable a las de un campesino italiano de la época.

El propósito del monje cuando se retiraba al monasterio era el cultivo de una vida espiritual mas disciplinada y dedicada al trabajo para alcanzar su salvación en un entorno y bajo un régimen propicio a tal efecto.

La labor de los monjes resultó decisiva para la civilización occidental. La tradición benedictina, logró sobrevivir a una época de gran turbulencia, y sus monasterios fueron siempre oasis de orden y de paz.

La congregación proporcionó a la Iglesia: 24 papas, 200 cardenales, 7.000 arzobispos, 15.000 obispos, 1.500 santos canonizados, y llego a tener esta orden 37.000 monasterios. Su influencia no sólo era en el seno de la Iglesia; tal era la exaltación que el ideal monástico producía en la sociedad, que en torno al s. XIV, más de 20 emperadores, 10 emperatrices, 47 reyes y 50 reinas, ya se habían adherido a ella. Muchos llegaron así a cultivar la vida humilde y la disciplina espiritual que la Orden propugnaba.

Artes prácticas que promovieron los monjes:

1. Agricultura: los monasterios benedictinos eran una universidad agrícola para la región en la que se ubicaban. Supieron hacer uso de amplias regiones no cultivadas, deshabitadas, boscosas y rodeadas de pantanos. Así era, porque elegían los lugares más recluidos e inaccesibles, con el propósito de reforzar su vida en soledad, y en parte porque estas eran las tierras que los donantes laicos podían ofrecerles con mayor facilidad.

2. Pantanos: Los de Southampton, en Inglaterra, son un ejemplo de la influencia de los monjes en su entorno geográfico. La fundación de la Abadía de Thorney entre el s.VII y el s. X, es un ejemplo:

Los pantanos, en el s.VII, eran como los bosques en la desembocadura del Missisippi, marismas que quedaban sumergidas en primavera por las mareas, árboles que se arrancaban con las crecidas, torrentes que caían por los bosques y cambiaban de curso, un enorme páramo, con una naturaleza incontrolada que causaba estragos hasta convertirse en una funesta ciénaga, y cinco siglos más tarde eran una réplica del paraíso, donde crecen en mitad del páramo bosquecillos, ni un solo palmo de tierra se queda sin cultivar, la tierra está oculta por frutales, las viñas se arrastran por el suelo o trepan por espalderas, la Naturaleza y el Arte compiten mutuamente suministrando una lo que a la otra se le olvida de producir. Por Dios habéis sido dadas a los monjes para que su vida mortal pueda acercarse cada día un poco más al Cielo.

3. Otras tareas realizadas fueron: La cría de ganado y caballos, las técnicas de fermentación de la cerveza, Apicultura, cultivo de frutas, el comercio del grano en Suecia, la elaboración de quesos en Parma, los criaderos de salmón en Irlanda, y en muchos lugares los viñedos; aprendieron las técnicas de regadío en Lombardía, cruzaron ganado con el fin de obtener mejores especies…

4. Viticultores.- Fueron pioneros en la producción del vino, que usaban tanto para la celebración de la Santa Misa como para el consumo ordinario, expresamente permitido por la regla de San Benito. Descubrieron el champán (El monje Dom Perignon de la Abadía de San Pedro, en Hautvilliers-del-Marne, de la que fue nombrado bodeguero en 1688), experimentando con distintas mezclas de vinos. Se sigue haciendo fiel a los principios fundamentales que él estableció.

S. XI – CISTERCIENSES: Esta orden, surgida de una reforma de la regla de San Benito, se estableció en 1098 en Citeaux, y es particularmente conocida por su sofisticación tecnológica.

1. Sistemas hidráulicos muy similares en centros separados por miles de kilómetros. El Monasterio Cisterciense de Clairvaux, (en la ilustración) nos ha legado una crónica de sus sistemas hidráulicos en el s.XII. Con ello, molían el grano, se tamizaba la harina, se elaboraban telas y se curtían pieles.

En el s.XII había 742 monasterios cistercienses con el mismo grado de progreso tecnológico. Mientras que en la Antigüedad no hubo avance tecnológico, este sí lo hubo durante la Edad Media, por parte de estos monjes cistercienses.

2. Metalurgia.- También tuvieron destreza por la Metalurgia. Accionaban maquinaria mediante la energía hidráulica. Extraían y elaboraban el metal para su propio uso y vendían a veces sus excedentes. Lo cierto es que entre mediados del s.XIII y s.XVII, fueron los principales productores de hierro de la campiña francesa (el campo: comarcas al margen de las grandes ciudades). Empleaban como fertilizantes, la escoria de sus hornos, por su elevada concentración de fosfatos.

3.- Otros avances.-

> Investigaron en temas como extracción o elaboración de la sal, el plomo, el hierro, el alumbre, el yeso o el mármol, de la cuchillería, de la vidriería, de la forja de planchas de metal. Su perfección y pericia se extendió por toda Europa

> En los comienzos del s.XI, un monje benictino llamado Eilmer, voló desde una torre a más de 90 metros de altura, con un planeador de madera y plumas. Recorrió 200 metros en el aire. (Dr. Richard P. Hallion. «Pioneers of Flight: Eilmer of Malmesbury».

Como recuerda Stanley L. Jaki en su Medieval Creativity in Science and Technology, la hazaña sería recordada siglos más tarde por el sacerdote jesuita Francesco Lana-Terzi, quien desarrolló una técnica de vuelo más sistemática, que le valió el nombre de “Padre de la Aviación”. De suyo, su libro Prodromo alla Arte Maestra (1670) fue el primero en describir la parte geométrica y física de una aeronave. 1010:

• el monje benedictino inglés Eilmer of Malmesbury construye un planeador de madera y plumas, y arrojándose con él desde una torre, recorrió más de 200 metros en el aire.5

> Relojeros.- “Los relojes habían nacido por la necesidad de medir el tiempo y fueron los monjes benedictinos quienes los inventaron para dividir el día a partir de las horas en que debían rezar la Lectio Divina (Liturgia de las Horas). Después vinieron quienes perfeccionaron la idea. Uno de ellos incluso llegó a Papa: fue Silvestre II.

>Silvestre II se consumó en el arte de la relojería en torno a 996 cuando personalmente construyó un reloj para la ciudad alemana de Magdeburgo

>En el s.XIV Peter Lightfood, monje de Glastonbury construyó uno de los relojes más antiguos, conservado hoy en el Museo de la Ciencia de Londres.

> Ricardo de Wallingford, Abad de la Congregación benedictina de Saint Albans y uno de los precursores de la Trigonometría occidental, es famoso por el reloj astronómico que elaboró, también en el siglo XIV, para su monasterio. Este reloj podía predecir con exactitud los eclipses lunares.

Los arqueólogos siguen desvelando la destreza de los monjes y su ingenio tecnológico. A finales de la década de 1990, Gerry McDonnell de la Universidad de Bradford, halló pruebas de que la Abadía de Rievaulx, en el norte de Yorkshire –Inglaterra-, llegó a alcanzar un grado de complejidad tecnológica comparable al de las grandes máquinas de la revolución industrial del s. XVIII.

Enrique VIII puso fin con la orden de cerrar monasterios en la década de 1530, y entre otros el de la Abadía de Rievaulx, en el marco de su campaña de expropiación de los bienes eclesiásticos. En esta expropiación en las ruinas de Laskill –una filial del monasterio de Rievaulx, situada a 6 km de esta- permitió descubrir a McDonnell un horno construido por los monjes para extraer el metal del mineral de oro. Cree pues, que los monjes estuvieron muy cerca de construir hornos específicamente diseñados para producir hierro fundido y que el horno de Laskill puede considerarse un prototipo del modelo posterior de la era industrial, a la cual podrían haber anticipado los monjes de no ser por la codicia de este monarca inglés, con su aparejada explosión de riqueza, población y aumento de la esperanza de vida. Fueron necesarios otros dos siglos y medio para que este avance se produjera finalmente.

4 OBRAS DE CARIDAD

>Limosnas, hospitalidad,… La regla de San Benito, obligaba a los monjes a dispensar limosnas y a ofrecer hospitalidad. La vida cotidiana se regía por el espíritu de Cristo y cualquier forastero recibía cobijo y confort.

>Copia de manuscritos. Los monjes eran copistas. La labor más conocida de los monjes es la copia de manuscritos, tanto sagrados como profanos. En los casos en que la Iglesia no realizaba sus propias aportaciones originales, se ocupaba de conservar los libros y documentos de importancia seminal para la civilización que se había propuesto salvar. Algunos monasterios destacaron por sus conocimientos en determinas ramas del saber:

> Los monjes de San benigno de Dijon, daban conferencias de Medicina. >El monasterio de Saint Gall, tenía una escuela de Pintura y Grabado. > En algunos monasterios alemanes se daban conferencias en Griego, Hebreo y Árabe.

Los monjes ampliaban estudios en alguna de las escuelas monásticas que se crearon durante el Renacimiento Carolingio y en épocas sucesivas. Montecassino, la casa madre de la orden benedictina, experimentó en el s.XI un resurgimiento cultural calificado como “el acontecimiento más espectacular en la historia de la erudición latina del siglo XI”.

La admiración que la Civilización Occidental siente por la palabra escrita y por los textos de los autores clásicos es un legado de la Iglesia Católica, que los preservó durante la época de las invasiones bárbaras.

> Educación.- Los monasterios y escuelas monásticas vivieron un gran florecimiento y cada casa se convirtió en un centro de enseñanza y de vida religiosa. No sólo crearon las escuelas y se convirtieron en maestros, sino que sentaron los cimientos de las universidades. Fueron los pensadores y filósofos de su tiempo y modelaron el pensamiento político y religioso. A ellos, tanto individual como colectivamente, se debe la pervivencia del pensamiento y de la civilización del mundo clásico a lo largo de la Edad media y el periodo moderno.

La contribución monástica a la Civilización Occidental es inmensa. Los monjes enseñaron técnicas de metalurgia, introdujeron nuevos cultivos, copiaron textos antiguos, preservaron la educación, fueron pioneros en tecnología, inventaron el champán, mejoraron el paisaje europeo, dieron bienestar a los viajeros, se ocuparon de los extraviados y náufragos…¿Hay alguien en la Historia de la Civilización Occidental que pueda jactarse de tener un curriculum semejante?

5 LA IGLESIA Y LA UNIVERSIDAD

La Iglesia desarrolló el sistema universitario, porque era la única institución en Europa que mostraba un interés riguroso por la conservación y el cultivo del conocimiento.

La universidad procede directamente del mundo católico medieval. Todas cobraron forma, en la segunda mitad del s. XII. Surgen por evolución de las escuelas monacales y catedralicias, después de recibir de la Iglesia o de los emperadores católicos el título de Studium Generale (Estudio General) lo que les daba prestigio internacional. (La ilustración: aula de una universidad del s.XIII)

Está claro: La Universidad nace en la Edad Media bajo las alas de la Iglesia, fundamentalmente, muy ilusionada en el Saber, que, a fin de cuentas, es una llamada de Dios, Sabiduría infinita. Recordemos la ilusión de algunos Papas de entonces:

Inocencio IV (1243-1254) describía a la universidad como “Ríos de Ciencia que riegan y fertilizan la tierra de la Iglesia universal”; y Alejandro IV (1254-1261) las nombraba “lámparas que iluminan la casa de Dios”. El conocido historiador Daniel Rops recuerda, no sin razón, que “gracias a la constante intervención del Papado la educación superior pudo ampliar sus fronteras; la Iglesia fue la matriz que produjo la Universidad, el nido a partir del cual emprendió el vuelo” (Cf. La Catedral y la Cruzada, Círculo Amigos de la Historia, Madrid, 1978).”

Las universidades tenían una serie de características que las diferenciaban de otros centros de enseñanza medieval: Bolonia, Oxford, París, Cambridge,

– Programas académicos bien definidos que duraban unos años y garantizaban la obtención de ciertos diplomas

– El título de Maestro, permitía el acceso al gremio de docentes y a ejercer enseñanza en cualquier lugar del Mundo.

– Tenían una cédula pontificia, real o imperial

– No podían otorgar títulos sin la aprobación del Papa, del Rey o del Emperador.

La Iglesia daba a los estudiantes una protección especial, al concederles lo que se conocía como Beneficio del Clero: ponerle la mano encima a un clérigo se consideraba delito. Los papas, fueron sus principales protectores, la autoridad a la que tanto estudiantes como la institución académica, podrían recurrir en caso de desacuerdo. El asentamiento de la Universidad en la ciudad generaba a esta muchas ventajas.

El periodo escolástico: La labor intelectual realizada en las Universidades era el Escolasticismo. Intentaba formar universitarios capaces de detectar las falacias lógicas y formular argumentos lógicamente sólidos (con el fin de evitar que se resolviesen asuntos por el mero recurso de la autoridad, que es lo que se cree que ocurría en la Edad Media). Se busca una sociedad dispuesta a comprender y persuadir.

Los tratados escolásticos, empezaron a ceñirse a una pauta fija: plantear una cuestión, exponer los argumentos contrarios, ofrecer la opinión del propio autor y dar respuesta a las objeciones. El primer escolástico fue San Anselmo (1033-1109). Otro fue Pedro Abelardo (1079-1142), y el más grande fue Santo Tomás de Aquino (1225-1274)

Es un hecho contrastado que una de las mayores ventajas aportadas en la Edad Media a la ciencia moderna, fue la libertad de investigación en el mundo universitario, donde los académicos podían debatir y discutir propuestas sobre los cimientos de la razón humana.

La creación de las universidades, el compromiso con la razón y la argumentación racional y el espíritu de investigación que caracterizaban la vida intelectual en la Edad Media, fueron un regalo del Medioevo latino al Mundo moderno, aun cuando nunca llegue a reconocerse. Fue un regalo en cuyo centro se hallaba la Iglesia Católica.

6 LA IGLESIA Y LA CIENCIA

-La Escuela Catedralicia de Chartres, en el s.XII enseñaba el Quadrivium (Aritmética, Geometría, Música y Astronomía) y Trivium (Gramática, Retórica y Lógica).

Santa Hildegarda de Bingen, (16-9-1098 /17-9-1179) monja de la Orden de San Benito, Doctora de la Iglesia, en sus revelaciones habla de cómo Dios puso las estrellas para ayudar al hombre, en su libro “Causas y Remedios”.

-Roger Bacon (franciscano y profesor de Oxford. S.XIII). Trabajos matemáticos y ópticos.

-San Alberto Magno (dominico) 1200-1280. Naturalista (Física, Lógica, Metafísica, Biología, Psicología,)

-Robert Grosseteste (obispo de Lincoln) s.XIII. Serie completa para llevar a cabo un experimento científico

-Padre Nicolás Steno. (1638-1686). Principios de la Geología moderna y la estratigrafía.

-Galileo (1624) fue apoyado por el Papa Urbano VIII. (Ver apéndice)

>Jesuitas. S.XVII. Múltiples hallazgos.

-Padre Giambattista Riccioli: índice de aceleración de un cuerpo muerto. -Padre Francesco Maria Grimaldi: constante de la gravedad. Midió la altura de los montes lunares, la difracción de la luz.

-Padre Roger Boscovich (1711-1787). Teoría atómica, óptica, matemáticas y astronomía (Benedicto XIV y el cardenal Gonzaga lo favorecieron). Primer sistema geométrico para calcular la órbita de un planeta a partir de tres observaciones sobre su posición. Es el creador de la Física Atómica Fundamental

-Padre Athanasius Kircher (1602-1680). Químico, Egiptología; descubrió el valor fonético de un jeroglífico egipcio.

La Sismología es la ciencia jesuita: el padre J B Macelwane (1925), destacó. Otros: el padre Frederick Louis Odenbach (1908)

7 ARTE, ARQUITECTURA E IGLESIA.

La Iglesia es promotora del Arte y la Arquitectura en la Historia. Vayan como ejemplo:

>En Arquitectura: Las Catedrales medievales góticas: En Francia: Chartres (s.XII); Saint Remi, en Reims; Abadía de Saint Denis, en Paris. En Inglaterra: Salisbury,… En España: Catedrales de Burgos, León, Ávila,…, etc.

> En Pintura: Rubens, Bernini, Guercino: autorretratos y paisajes de naturaleza intrínsecamente laica. Estos eran religiosos, hacían retiros… Escultura: Apoyo papal a artistas: el papa Julio II a: Bramante, Miguel Angel y Rafael. El papa León X, a Rafael.

8 LOS ORIGENES DEL DERECHO INTERNACIONAL.

El Padre Francisco de Vitoria (1486-1546), sacerdote dominico español es “a quien debemos las bases del Derecho Internacional. En su lección De Indis abordó el asunto de los derechos de la Corona Española, en la conquista de América, y los derechos de los nativos. Como recuerda Carl Watner, Vitoria «defendió la doctrina de que todos los hombres son libres, y, sobre la base del estado de libertad natural, proclamaron su derecho a la vida, a la cultura y a la propiedad» (Cf. All Mankind Is One: The Libertarian Tradition in Sixteenth Century Spain, Journal of Libertarian Studies, 8, verano, 1987, pp 295-296). Otra de las contribuciones que debemos al «Padre del Derecho Internacional», aunque quizá más estrictamente hemos de atribuirla a Tomás de Aquino (1225-1274), es la costumbre de hacer tomar apuntes a los estudiantes universitarios a quienes impartía clases”.

Para el historiador Luis Suárez, la Reina Isabel “La Católica” (1451-1504) “pone en marcha la Doctrina de la Iglesia sobre los Derechos Humanos”. No vamos a insertar las Leyes de Indias de esta Reina; baste el final del Testamento: «Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien».

“Los Reyes Católicos habían establecido que la condición jurídica de los indios era la de personas libres y no sujetas a servidumbre. Esta característica a favor de la dignidad y libertad de las poblaciones indígenas es exclusiva del Imperio Español. No se realizó por otra potencia de la época como los Imperios portugués y otomano, como tampoco en la gran era colonial, ni en la América anglosajona, ni en el África bajo dominio europeo”.

9 IGLESIA Y ECONOMIA.

>Nicolás Oresme (c. 1323 – 11 de julio de 1382) “Fue un genio intelectual perteneciente a la Escolástica tardía y probablemente el pensador más original del siglo XIV, por su actividad como economista, matemático, físico, astrónomo, filósofo, psicólogo, y musicólogo. Fue también un teólogo reconocido y Obispo de Lisieux, además traductor y Consejero del rey Carlos V de Francia”3.

El libro que le otorgó fama de Economista durante siglos es el Tratado sobre el Origen, Naturaleza, Ley, y Alteración de las Monedas, que podría considerarse una Tratado sobre la Inflación.

>Jean Buridan (1300-1358) clérigo secular, llegó a ser Rector de la Universidad de París. En sus Quaestiones, comentario sobre la Ética de Aristóteles, analiza el valor del intercambio de bienes, determinado por la necesidad o utilidad del consumidor.

10 DE CÓMO LA CARIDAD CATÓLICA CAMBIÓ EL MUNDO

El hambre y la enfermedad, azotaba al ejército del Emperador Constantino en el s. IV, y Pacomio, un soldado pagano, contemplaba atónito cómo los romanos ofrecían comida a los hombres afligidos y, sin discriminación de ninguna clase, prestaban ayuda a quienes se la solicitaban. Intrigado preguntó por aquellas gentes y supo que eran cristianos. ¿Qué clase de religión era aquella, se preguntó, que inspiraba semejantes actos de humanismo y generosidad? Empezó a aprender sobre la Fe y antes de darse cuenta, ya había iniciado el camino de la conversión. Las obras de Caridad de los católicos han seguido suscitando el mismo asombro a lo largo de los siglos.

A Voltaire, el más anticatólico del s. XVIII, le causaba admiración el heroico espíritu de sacrificio que animaba a tantos hijos e hijas de la Iglesia. “Puede que no haya en este Mundo nada más grande que el sacrificio de jóvenes hermosas, a menudo de alta cuna, que con su trabajo en los hospitales alivian la miseria humana, cuya visión tanto nos altera. Los pueblos separados de la Religión Romana (la Católica) han imitado, aunque imperfectamente, esta generosa Caridad” (3 Información de Wikipedia)

Fue la Iglesia Católica quien inventó la Caridad tal y como la conocemos en Occidente. La caridad antigua era casi siempre interesada, y no gratuita. Los donantes actuaban por afán de notoriedad, alabanza o por la intención de obtener beneficios. No servían con el corazón, sino que era para recibir algo a cambio.

El espíritu de Caridad católica surge de las enseñanzas de Cristo. “Un nuevo Mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Así todos sabrán que sois mis discípulos” (Juan 13).

Quien no pertenece a la comunidad de fieles, merecen también el cuidado y la caridad de los cristianos, aun cuando sean enemigos de la Fe (San Pablo. Romanos 12).

La práctica de ofrecer oblaciones para los pobres se instaura desde los comienzos de la Historia de la Iglesia. Las contribuciones económicas a las arcas de la Iglesia se realizaban mediante colectas extraordinarias entre los miembros más ricos de la comunidad religiosa.

-San Agustín, fundó un hospicio para peregrinos y esclavos fugados, donde se repartía ropa a los pobres.

-San Juan Crisóstomo, fundó una serie de hospitales en Constantinopla, mientras San Cipriano y San Efrén, organizaban campañas de ayuda en tiempos de hambruna y epidemias.

También la Iglesia institucionalizó el cuidado de huérfanos y viudas.

En Alejandría que en el s. III padeció una plaga de peste, los paganos arrinconaban a los que caían enfermos y se alejaban incluso de sus amigos más queridos, arrojaban a los caminos a los moribundos y allí los dejaban, tratándolos con profundo desprecio cuando morían y sin darles sepultura. Pero muchos cristianos, no se abandonaban los unos a los otros, sino que permanecían unidos y visitaban enfermos, sin pensar en el peligro que corrían, para ocuparse de ellos asiduamente…, atrayendo sobre si la enfermedad de sus vecinos y dispuestos a aceptar la carga del sufrimiento de quienes les rodeaban.

Los primeros Hospitales:

En Roma y Grecia, los hospitales iban destinados al cuidado de soldados enfermos o heridos, no a la población en general.

La Iglesia parece haber liderado la creación de instituciones gestionadas por médicos, en las que se hacía un diagnóstico, se prescribía un remedio, y se dispensaban ciertos cuidados.

Sobre el s. IV, la Iglesia empieza a patrocinar hospitales a gran escala. Los cristianos atendían no sólo a los soldados, sino que también atendían a grupos marginados por la pobreza, la enfermedad y la edad.

Los monasterios también desempeñaron una importante tarea en el cuidado de enfermos.

Las Órdenes Militares que se crearon en la época de las Cruzadas administraban los hospitales de toda Europa. La de los Caballeros de San Juan (Hospitalarios), fue un ejemplo de lo que más tarde se convertiría en la Orden de Malta, y dejó especial huella, por sus amplias instalaciones de un hospicio-hospital en Jerusalén. Este hospital, fundado en torno a 1048 daba alimentos a los pobres y cobijo a los peregrinos.

No sorprende que con la nueva ola de peregrinos llegados hasta el Reino latino de Jerusalén, sus testimonios sobre la Caridad que dispensaban los Hospitalarios de San Juan, se difundiera rápidamente por toda Europa. La existencia de una orden religiosa con tanta fuerza expresaba su lealtad a los enfermos inspiró la creación de una red de instituciones similares, particularmente en los puertos de Italia y sur de Francia. Enfermos agradecidos por el trato recibido, nobles caritativos y reyes de toda Europa realizaban generosas donaciones de tierras.

En el s. XII fue cuando se pareció más a los hospitales modernos y definió su misión más para el cuidado de enfermos frente a la ayuda de viajeros necesitados. El hospital de San Juan, creado inicialmente para cristianos, empezó a acoger también a musulmanes y judíos.

La organización de hospitales de San Juan, sirvió de modelo para Europa y empezaron a crearse hospitales inspirados en el gran hospital de Jerusalén.

En el s. XIII la Orden de los Hospitalarios administraba cerca de 20 hospicios y leproserías. En esa época los que sufrían eran tan bien atendidos como lo son los que sufren hoy.

Incluso los enemigos de la Iglesia Católica, han reconocido las obras de Caridad de Esta.

El alcance de la Caridad se aprecia a veces con mayor claridad cuando esta labor se interrumpe. Y sucedió en Inglaterra con Enrique VIII que prohibió y confisco monasterios y sus propiedades y las distribuyó a precios ínfimos entre hombres de influencia de su Reino. Esto sólo significó ruina para decenas de miles de campesinos pobres, el hundimiento de las pequeñas comunidades que constituían su mundo y un futuro de miseria segura. También se esfumaron las buenas condiciones en que los campesinos habían trabajado esas tierras. También afectó al ámbito de la Caridad y la atención a los más necesitados.

Aunque la mayoría de los textos lo han omitido, la Iglesia Católica, revolucionó la práctica de la Caridad, tanto en su espíritu como en su aplicación. Los resultados hablan por sí solos: una cantidad sin precedentes de acciones caritativas e institucionalización de los cuidados a viudas huérfanos, pobres y enfermos.

11 LA IGLESIA Y EL DERECHO OCCIDENTAL. LA IGLESIA Y LA MORAL EN OCCIDENTE

CONCLUSION: UN MUNDO SIN DIOS

La Religión es un aspecto fundamental de cualquier civilización, y la influencia de la Iglesia Católica en la percepción que el hombre occidental tiene de Dios ha sido decisiva.

El pensamiento económico, el Derecho internacional, la ciencia, la vida universitaria, la Caridad, las ideas religiosas, el arte, la moral, constituyen los cimientos de una civilización, y en Occidente todo ello surgió del núcleo de la Iglesia Católica.

La amnesia histórica que Occidente (dominado por la Masonería) se ha impuesto, no puede borrar ni el pasado de la Iglesia ni su función decisiva en la construcción de la Civilización Occidental. No podemos dejar de valorar los aportes que la Iglesia Católica ha realizado a lo largo de su Historia para la civilización.

Nadie puede decir que la Iglesia no ha aportado nada, y os invito a que conozcáis dichas aportaciones, y si se quiere luego, se puede discutir sobre las cuestiones (a diferencia de las academias de la antigua Grecia, …, las universidades medievales –católicas-, eran lugares de intenso debate e intercambio intelectual), para que esta negación continua de la Iglesia Católica, no nos aleje de seguir nuestro camino hacia la Santidad, por el desconocimiento de los hechos y sólo guiarnos por los comentarios que oigamos al respecto, de que si hay lujos en la Iglesia o de si algunos sacerdotes hacen prácticas inadecuadas.

Sobre las riquezas de la Iglesia, están ahí: en gran parte se trata de donaciones libres, y sirven para financiar las necesidades propias y para ejercer la Caridad internacional; pero nadie habla de los curas, monjes, misioneros que desde el siglo III hasta la actualidad dan todo lo que tienen y dedican su vida al necesitado… Cada uno mira y ve lo que quiere. No es más ciego el que no ve, sino el que no quiere ver.

Tú eres el que finalmente decide, pero te invito a que conozcas previamente todos los hechos antes de tomar tu decisión. De lo contrario, tu imagen de la Iglesia será siempre sesgada por lo que te dicen y quien te lo dice, o interesada por tus vivencias, y lo único que estarás haciendo con esto, será poner excusas, pegas, alejarte, mirar hacia otro lado, evitar tu camino hacia la Santidad.

La Iglesia quieras o no, no se limitó a contribuir al desarrollo de la Civilización Occidental, sino que construyó esta Civilización y sigue ahí para ayudarte. Nada tienes que perder, y sí todo por ganar. Si se te plantea la duda tras conocer lo escrito anteriormente, invoca y reza para recibir la luz necesaria para iniciar tu conversión, y así lograr entrar en este camino hacia la Santidad, que es el objetivo final de todos; lo demás es el Mundo.

APÉNDICE

Un ejemplo de lo que Goyo nos ha resumido es el caso de Galileo. Los enemigos de la Iglesia, especializados en la mentira, lo han utilizado como piedra arrojadiza contra la Iglesia; una más en el aluvión histórico que llamamos “Leyenda Negra”. Conviene leerlo y releerlo, para tenerlo a mano en la memoria como escudo con el que defender a nuestra Santa Madre Iglesia. Veamos.

GALILEO GALILEI

Nos cuenta Vittorio Messori (en su libro- que recomendamos- Leyendas Negras de la Iglesia) que, según una encuesta del Consejo de Europa realizada entre los estudiantes de ciencias de todos los países de la Comunidad, casi el 30% de ellos tiene el convencimiento de que Galileo Galilei fue quemado vivo en la hoguera por la Iglesia. Casi todos (el 97%), están convencidos de que fue sometido a torturas. Y los que parecían saber algo más tenían como frase “absolutamente histórica” un “Eppur si muove!“ (“y sin embargo, se mueve”), que Galileo habría dicho a los inquisidores despreciando la sentencia.

Pero se ha demostrado que tal frase fue inventada en Londres en 1757 por el periodista Giuseppe Baretti. Y la verdad histórica del resto nos dice que “el 22 de junio de 1633, en Roma, en el convento dominicano de Santa Maria sopra Minerva, después de oír la sentencia, el “verdadero” Galileo (no el del mito) dio las gracias a los diez cardenales –tres de los cuales habían votado a favor de su absolución– por una pena tan moderada. Porque también era consciente de haber hecho lo posible para indisponer al tribunal, entre otras cosas intentando tomarles el pelo a esos jueces –entre los cuales había hombres de ciencia de su misma envergadura– asegurando que en realidad en el libro impugnado (que se había impreso con una aprobación eclesiástica arrebatada con engaño) había sostenido lo contrario de lo que se podía creer.

Es más: en los cuatro días de discusión, sólo presentó un argumento a favor de la teoría de que la Tierra giraba en torno al Sol. Y era erróneo. Decía que las mareas eran provocadas por la “sacudida” de las aguas, a causa del movimiento de la Tierra. Una tesis risible, a la que sus jueces-colegas oponían otra, que Galileo juzgaba “de imbéciles»: y que, sin embargo, era la correcta. Esto es, el flujo y reflujo del agua de mar se debe a la atracción de la Luna. Tal como decían precisamente aquellos inquisidores a los que el pisano insultaba con desprecio.

Aparte de esta explicación errónea, Galileo no supo aportar otros argumentos experimentales, comprobables, a favor de la centralidad del Sol y del movimiento de la Tierra. Y no hay que maravillarse: el Santo Oficio no se oponía en absoluto a la evidencia científica en nombre de un oscurantismo teológico. La primera prueba experimental, indiscutible, de la rotación terrestre data de 1748, más de un siglo después. Y para “ver” esta rotación, habrá que esperar hasta 1851, con ese péndulo de Foucault, tan apreciado por Umberto Eco.

En aquel año 1633 del proceso a Galileo, el sistema ptolemaico (el Sol y los planetas giran en torno a la Tierra) y el sistema copernicano (la Tierra y los planetas giran en torno al Sol) eran dos hipótesis del mismo peso, a las que había que apostar sin tener pruebas decisivas. Y muchos religiosos católicos estaban a favor del “innovador” Copérnico, condenado, en cambio, por Lutero.

Por otra parte, Galileo no sólo se equivocaba al referirse a las mareas, sino que ya había incurrido en otro grave error científico cuando, en 1618, habían aparecido en el Cielo unos cometas. Basándose en apriorismos relacionados con su “apuesta” copernicana, había afirmado con insistencia que sólo se trataba de ilusiones ópticas y había arremetido duramente contra los astrónomos jesuitas del observatorio romano, quienes decían, en cambio, que estos cometas eran objetos celestes reales. Luego volvería a equivocarse con la teoría del movimiento de la Tierra y de la fijeza absoluta del Sol, cuando en realidad éste también se mueve en torno al centro de la galaxia.

Nada de frases titánicas (el demasiado célebre “Eppur si muove!“), de todas formas, más que en las mentiras de los ilustrados y luego de los marxistas – véase Bertolt Brecht–. Ellos crearon deliberadamente un “caso», útil a una propaganda que quería (y quiere) demostrar la incompatibilidad entre Ciencia y Fe.

¿Torturas? ¿Cárceles de la Inquisición? ¿Hogueras? Aquí también los estudiantes europeos del sondeo se llevarían una sorpresa. Galileo no pasó ni un solo día en la cárcel, ni sufrió ningún tipo de violencia física. Es más, llamado a Roma para el proceso, se alojó (a cargo de la Santa Sede) en una vivienda de cinco habitaciones con vista a los jardines del Vaticano y con servidor personal. Después de la sentencia fue alojado en la maravillosa Villa Medici en el Pincio. Desde aquí el “condenado” se trasladó, en condición de huésped, al palacio del arzobispo de Siena, uno de los muchos eclesiásticos insignes que lo querían, que lo habían ayudado y animado, y a los que había dedicado sus obras. Finalmente llegó a su elegante villa en Arcetri, cuyo significativo nombre era “Il gioiello” («La joya»).

No perdió la estima o la amistad de obispos y científicos, muchas veces religiosos. No se le impidió nunca proseguir con su trabajo y de ello se aprovechó, continuando sus estudios y publicando un libro –Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias– que es su obra maestra científica. Ni tampoco se le había prohibido recibir visitas, así que los mejores colegas de Europa fueron a verlo para discutir con él. Pronto le levantaron la prohibición de alejarse a su antojo de la villa. Sólo le quedó una obligación: la de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales. En realidad, también esta “pena” se había acabado a los tres años, pero él la continuó libremente, como creyente que era, un hombre que había sido el benjamín de los Papas durante larga parte de su vida; y que, en lugar de erigirse en defensor de la razón contra el oscurantismo clerical, tal como afirma la leyenda posterior, pudo escribir con verdad, al final de su vida: “In tutte le opere mie non sarà chi trovar possa pur minima ombra di cosa che declini dalla pietà e dalla riverenza di Santa Chiesa“. («En todas mis obras no habrá quien pueda encontrar la más mínima sombra de algo que recusar de la piedad y reverencia de la Santa Iglesia»). Murió a los setenta y ocho años, en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición del Papa. Era el 8 de enero de 1642, nueve años después de la “condena». Una de sus hijas, monja, recogió su última palabra. Ésta fue: “¡Jesús!”

Recomendamos leer el discurso del hoy S. Juan Pablo II en Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982.

A.M.D.G. Encuentros Eucarístico Marianos

informa@edisluxmundi.com


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