Introducción

Entiéndase este pequeño folleto como un borrador del tema, para uso privado entre los familias del Grupo de Oración “Encuentros Eucarístico-Marianos” y simpatizantes.

Es lamentable haber eliminado del “Señor mío Jesucristo” la promesa de “apartarme de las ocasiones de ofenderos”. ¿Acaso el nivel de Santidad de los hijos de la Iglesia era angelical, hasta el punto de justificar, por innecesaria, la ocultación de esta barrera, esta señal de peligro?

Eliminar la mención de esta norma moral cuando uno está examinando su conciencia antes de confesar, y tratando de conseguir un mínimo de sinceridad en la conversión, no ha sido fruto del Espíritu de Pentecostés, Espíritu de Sabiduría, de Gracia y de Prudencia, de Piedad y Temor de Dios. Más bien está en línea con la degradación de la vida sacramental, con la marginación de las confesiones y el implante herético y rebelde, por parte de algunos sacerdotes, de las absoluciones comunitarias. Siendo esto así, el confesionario aparece como algo anticuado, que se puede sustituir por otras cosas: minisalitas de consulta.

Es, sin duda, el Padre de la Mentira, el Ladrón de la Gracia, el que impulsa y promueve esas deficiencias, envolviéndolas en un halo de conveniencia modernista.

Nosotros, sin embargo, debemos decir a pastores y fieles –de cualquier edad- que el Confesionario debiéramos venerarlo al modo de un “primer Sagrario” en el que Cristo nos escucha, nos aconseja, nos perdona y nos devuelve el Vestido blanco, de pureza, vestido nupcial, para asistir dignamente al “Banquete” del Santo Sacrificio de la Misa.

¡Qué bueno si todos nos hiciéramos también “apóstoles del Confesionario”, pidiendo a los sacerdotes que nos confiesen colocándose ellos en el interior!

Estamos convencidos de que marginar esta norma moral, mantiene a las almas desprevenidas ante el acoso del Tentador, Dragón diabólico, que sin descanso busca a quien devorar (1Pe 5,8). Pero vamos a entrar en materia.

I – Es llevar a la práctica el “propósito de la enmienda de la confesión.

La expresión “huir o apartarme de las ocasiones de pecar” es la parte esencial del propósito de la enmienda. Nadie quiere de verdad enmendar su vida, cambiarla según la Voluntad de Dios, convertirse, si no abandona las ocasiones que le hacen pecar.

El tema que vamos a tratar hace, pues, referencia a una actitud y a unas obras concretas que necesitan previamente de nosotros un sincero análisis de nuestra situación personal, un completo examen de conciencia, que es la primera de las partes del Sacramento de la Penitencia o Confesión. El examen ha de abarcar no sólo al tipo y al número de pecados sino también a las circunstancias que lo rodearon: personas, lugares, acciones u omisiones,…

Porque, a veces, la ocasión se manifestará en ambientes de diversión lejos de nuestro hogar, pero en otras el enemigo estará en casa (televisión, libros, revistas, personas con las que compartimos piso,…) e incluso, aunque vivamos solos y nos encontremos sin motivos externos de tentación, nuestra propia imaginación puede ser escenario del pecado.

Si de verdad queremos convertirnos y que Dios nos perdone y nos conceda su Gracia, hemos de confiarnos en su Misericordia, sabiendo que sólo Él puede hacernos felices en esta vida y en la otra, mientras que el Padre de la mentira, Satanás, pregona todo lo contrario: Para ser feliz tienes que olvidarte de Dios. Si rezas mucho y eres una persona devota, vivirás triste. Tienes que aprovechar ahora que eres joven,…

Tenemos que pedir a Dios un mínimo de Fe, para saber que todo eso son trampas del Maligno que quiere nuestra condenación eterna. Y al tiempo que le rechazamos, vamos dando los pasos oportunos para no volver a pecar.

Dice el P. Loring: “Nuestra decisión de evitar el pecado (propósito de la enmienda) no sería seria si no abarcase la voluntad de evitar también todo lo que pudiera ser causa u ocasión próxima de pecado. Quien pudiendo no quiere dejar una ocasión próxima de pecado grave, no puede recibir la absolución. Y si la recibe, esta absolución es inválida y sacrílega”. (P. Jorge Loring S.I., “Para salvarte”, 85.2)

El tema es serio. Vamos a estudiarlo, sabiendo que con la ayuda de Dios podemos vencer todas las tentaciones.

II- Dios no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas

Hay que partir de esta verdad elemental que nos recuerda s. Pablo (1Cor 10,13); luego si caemos, la culpa es nuestra; no del vecino, de la amiga, de la tele, de… y, por supuesto, nunca Dios tiene la culpa de nuestras caídas; no sería Dios. El Dios que nos ha revelado Jesucristo no necesita utilizar el pecado para conseguir el Bien de sus hijos. Esto sería ir contra sí mismo: un absurdo, imposible en Dios. Nos dice la Sagrada Escritura:

-“No digas: <mi pecado viene de Dios>>; que no hace Él lo que detesta. No digas que Él te empujó al pecado, pues no necesita de gente mala. El Señor aborrece toda abominación y en ella evita que incurran los que le temen”. (Ecco 15,11-13). Y en otro lugar: «No quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva” (Ez 33, 11).

Lo que sí es cierto es que la Misericordia Divina está por encima del pecado del hombre: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia” (Rom 5,20); y si Dios nos ve arrepentidos, humillados y avergonzados de nuestros pecados y que –como hijos pródigos acudimos a su Bondad, Él nos perdona y nos ayuda para que sigamos caminando –o volando; de nosotros depende- hacia la Santidad.

III – Dios quiere que nos corrijamos fraternalmente.

Si viéramos a una persona que se hunde en arenas movedizas, ¿No procuraríamos echarle una cuerda, una rama, cualquier cosa para sacarla de allí? Si sabemos que alguno de nuestros hermanos está esclavizado por vicios pecaminosos, tenemos la obligación por Caridad, de tratar de ayudar a liberarle de los mismos, al menos con la misma decisión que si viéramos su cuerpo bajo el peso de una viga o –como hemos dicho- en arenas movedizas. No se nos olvide nunca que es preferible perder el cuerpo mortal, que el alma que es inmortal. Una de las obras de Misericordia consiste en “Corregir al que yerra”.

Y es que el trabajo de apartarnos de las ocasiones de pecar, es tan importante y urgente, y a veces tan costoso, que necesitamos de la ayuda de nuestros hermanos, de sus consejos y oraciones, de la Corrección fraterna. Es un mandato bíblico al que hacía referencia el Papa Benedicto XVI en su mensaje de Cuaresma de 2012, reconociendo lo marginada que se ha tenido esta práctica en la Iglesia. Sin embargo no se trata de algo opcional. La Sagrada Escritura nos ordena utilizarla con Caridad y admitirla con Humildad, pues se trata de una importante herramienta de Perfección. (Véase nuestro librito “La Corrección Fraterna”. Pedidos al Apartado 580 -39080 Santander; c.e.: informa@edisluxmundi.com)

Esta tarea puede no ser grata para nosotros; por eso no tiene muchos partidarios y los hay que se refugian en la comodidad de los tópicos materialistas y nada cristianos que dicen: “Eso es cosa muy personal”, “Vive y deja vivir”. Cristo no nos manda eso sino “Id por todo el Mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea (rechace la Fe) se condenará” (Mc 16, 15-16).

La tarea puede no ser grata para nosotros, pero más ingrata es para Dios la pérdida de un alma. Y si al principio no es plato de buen gusto corregir, nos dice el Apóstol Santiago que “quien convierte a un pecador de su errado camino, salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados” (Sant 5,20). Así pues, la alegría de haber colaborado con Cristo en la salvación de un alma, merece cualquier sacrificio por nuestra parte. Escuchemos la Palabra de Dios:

-“Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele a solas.… Si no te escucha, toma contigo a … dos o tres testigos. Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia; y si a la Iglesia desoye, sea para ti como un gentil o un publicano” (Mt 18, 15-17).

-“Corrige al amigo, que quizás no obró con mala intención, a fin de que no lo haga más” (Ecco 19,13).

-“No odies en tu corazón a tu hermano, sino corrígele para que no te cargues con pecado por su causa(Lev 19,17).

-“El hijo sabio escucha la corrección, pero el necio no escucha la reprensión” (Prov 13,1).

Los Santos Padres nos advierten, con los textos bíblicos en la mano que, si pudiendo no la realizamos, nos hacemos partícipes del pecado del otro:

-Dice S. Agustín: “Si lo dejas estar, peor eres tú. Él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo. ¿No te importan las heridas de tu hermano? Lo ves perecer o que ha perecido ¿Y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando.” (3 S. Agustín, sermón 82)

-Y S. Bernardo: “Callar cuando puedes y debes reprender, es consentir. Y sabemos que está reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten” (S. Bernardo, Sermón 9, en la natividad de S. Juan)

Ante el que obstinadamente desprecie la Corrección (en materia grave se entiende) hemos de tomar la actitud que nos dice S. Pablo: “En el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, os mandamos apartaros de todo hermano que vive desordenadamente y no sigue las enseñanzas que de nosotros habéis recibido” (2Tes 3,6). En la ilustración, Jesús corrige al joven rico.

IV – Triple Concupiscencia

La palabra concupiscencia deriva del verbo latino “cupere” que significa desear. En la Moral Católica se refiere a la tendencia natural a obrar el mal, que experimenta todo ser humano como consecuencia del Pecado Original. Abarca todos los aspectos de la

conducta, aunque se tiende a relacionarla con el “apetito desordenado de placeres deshonestos”.

El Apóstol San Juan nos señala como tres áreas en las que surgen las ocasiones de pecar, como tres fuentes malignas que envían sobre nosotros tentaciones para corromper nuestras almas y alejarlas de nuestro Padre Dios; algo así como tres ejércitos del Maligno que quisieran arrebatar de nosotros las Virtudes que nos unen a Dios: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Nos dice: “Todo lo que hay en el Mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, y soberbia de la vida, no es del Padre sino del Mundo” (1Jn 2,16).

Dice el P. Loring: “La concupiscencia es una fiera insaciable. Aunque se le dé lo que pide, siempre quiere más. Y cuanto más le des, más te pedirá y con más fuerza. La fiera de la concupiscencia hay que matarla de hambre. Si la tienes castigada, te será más fácil dominarla”. (5 P. Jorge Loring, S.I. o.c., 85.2)

1- Entendemos por “concupiscencia de la carne” la inclinación desordenada hacia los placeres sensuales, que animaliza a la persona haciéndola esclava de sus instintos. Pecados capitales como la lujuria, la gula y la pereza son cadenas al servicio de esta concupiscencia.

Es la primera tentación de Cristo en el desierto (Mt 4,3-4): Convertir las piedras en panes para satisfacer el instinto de la gula. Pero cabe extenderla a otros instintos. En nuestros días, cuántas personas transforman lo que parece una amistad o un amor desinteresado en una trampa que busca la lujuria, el placer sexual. El Sto. Padre Pío señala entre las dimensiones de la Caridad:

La Benignidad es una virtud, que impulsa al alma a prestar ayuda a los demás… La Longanimidad, no permite que el alma deje de hacer el bien a los demás, aun cuando advierta que no se aprovechan de ello… La Mansedumbre,…reprime la ira, a pesar de verse uno correspondido con ingratitud, ultrajes y ofensas. Pero todas estas hermosas virtudes todavía no son suficientes si no van unidas a la Fidelidad, mediante la cual… cada uno se asegura de que en su actuación no hay doblez” (Buenos días” (pensamientos del Sto. P. Pío de Difusora Bíblica Franciscana)

La clase política, dirigida por Satanás, endiosada, crea leyes para dar a los súbditos piedras envueltas en pan, veneno recubierto de efímera felicidad. Y llama “matrimonio” a cualquier “pareja de hecho” y aun a las abominables (Lev 18,22) relaciones homosexuales; y derecho y liberación, al aborto y al divorcio; etc.

La Historia nos habla de los males que ocasionan estos pecados en los pueblos y en sus dirigentes: el Diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra,… la división del Pueblo escogido, Israel, por los pecados de Salomón;… Se dice que las inmoralidades de D. Rodrigo, el último Rey de la España visigoda, provocó y facilitó la invasión musulmana de nuestra Patria. Más adelante, Enrique VIII, el mujeriego Rey de Inglaterra, provocó la separación de su reino de la Iglesia y el nacimiento de la confesión anglicana. Y aún los hay que defienden la tesis de que si la Moralidad hubiera reinado siempre en Roma, se habrían evitado más divisiones y herejías.

Todo ello actualiza lo que nos dice la Palabra de Dios: “El pecado es la decadencia de los pueblos” (Prov 14,34)

Esta concupiscencia se combate con la “Mortificación de la carne”. Decía S. Pablo: “Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los demás, yo mismo resulte descalificado” (1Cor, 9,27). Medios para tener sujeto a nuestro cuerpo tirano son: la Oración (No olvidarse del Santo Rosario), el ayuno, la práctica de la Caridad, el tener presencia de Dios (mediante pequeñas jaculatorias, por ejemplo) a lo largo del día, el Santo Temor de Dios (puedo condenarme si desprecio su Amor no cumpliendo los 10 Mandamientos) que es “Principio de toda Sabiduría” (Prov 1,7; Sal 11,10), la Lectura Espiritual (sin olvidar la Biblia), el dominio de los sentidos (saber decirles NO con frecuencia a lo que nos proponen),… y la Confianza en Dios al tiempo que por nuestra parte nos esforzamos en huir de las ocasiones de pecar: lugares, espectáculos, trabajos, compañías,… ¡Maldita la ocupación que nos separe de Dios!

La Comunión diaria es, junto con lo anterior, la mejor Fortaleza para combatir nuestras malas inclinaciones.

2- La Concupiscencia de los Ojos, sería la inclinación desordenada hacia los “bienes” de este Mundo y el ansia de dinero y riqueza para poder disfrutarlos; es la idolatría del “becerro de oro”.

Lleva a pecados contra el 7º Mandamiento (robos, fraudes, injusticias de gobernantes y empresarios, robos en el trabajo,…) contra el 10º Mandamiento (Codicia de los bienes de los demás, que lleva a emularles aunque para ello haya que endeudarse con los bancos) y a veces contra el 5º Mandamiento (crímenes y asesinatos con tal de conseguir el botín). Los que se dejan arrastrar por esta concupiscencia caen también en pecados capitales como la avaricia y la envidia, y desprecian las Bienaventuranzas (la Pobreza de Espíritu) dejándose arrastrar por lujos y gastos superfluos.

Es la tercera tentación de Cristo en el desierto. Satanás, el Padre de la Mentira, quiso engañar al Mesías y como no tuvo éxito lo intenta con nosotros: “Mostrándole todos los reinos del Mundo y la gloria de ellos, le dijo: Todo esto te daré si te arrodillas y me adoras.” (Mt 4,8-9).

Tenemos otra lamentable muestra en Judas, vendiendo a Cristo –y comprando el Infierno- por un puñado de monedas

Se combate con los medios citados anteriormente y practicando la virtud de la Pobreza de Espíritu que nos explica que la Verdadera Felicidad se encuentra junto a Dios, y que los bienes de este Mundo son vanos, pasajeros y engañosos: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3). “No temas si alguno se enriquece, si aumenta la opulencia de su casa; porque al morir nada se llevará consigo” (Sal 48,17).

Tengamos por Modelo a Cristo, que nace en un pesebre y muere en una Cruz. Estemos atentos a la Palabra de Dios que nos advierte: “Si las riquezas aumentan, no pongáis en ellas vuestro corazón” (Sal 62,11).

3- La “Soberbia de la vida”.- Esta concupiscencia viene a ser la corrupción de la virtud de la HUMILDAD pues, a través de la Soberbia, Satanás trata de rebelar al hombre contra el Plan de Dios, engañándole con promesas de endiosamiento como hizo con Adán y Eva (Gen 3,5). Si vivir en Humildad nos ensalza y nos hace semejantes a los ángeles del Cielo, la Soberbia descontrolada nos iguala a los demonios del Infierno (Is 14,15).

Se corresponde con la 2ª tentación de Cristo en el desierto (Mt 4,5-7). La soberbia, o el orgullo, es el desorden que lleva al hombre a

considerarse más importante que los demás, a endiosarse, tratando de hacer obras por las que ser alabado y considerado más que otros.

En el corazón del orgulloso ha prendido el vicio capital de la soberbia, que le hace: vanidoso, egoísta, rebelde y desobediente, envidioso,… Será mentiroso e hipócrita siempre que se le presente la oportunidad, difamador de sus oponentes, nada comprensivo con las debilidades de los demás,… e incapaz de pedir perdón con sinceridad si advierte que su “público” se le puede marchar.

La soberbia es como el veneno de la víbora: mortal si no se ataja a tiempo. Es como un cáncer moral que destruye el posible mérito de nuestras obras; hace que estas sean inútiles para nuestra Santificación. Es lo que hacen los hipócritas; de ellos dice Cristo que “ya recibieron su paga” en esta vida, pero no tendrán ninguna recompensa del Padre Celestial (Mt 6,1-2). Dice la Escritura:

El origen de todo pecado es la Soberbia. Quien la tuviere rebosará en abominaciones y ella, al fin, será su ruina” (Ecco 10,15). La Santísima Virgen la condena con fuerza en el Magníficat (Lc 1, 47 y ss).

Así vemos que la Soberbia fue el pecado que precipitó en el Infierno a los ángeles rebeldes, y el que expulsó del Paraíso a Adán y Eva. Detrás de todos los cismas y herejías que se han producido a lo largo de la Historia de la Iglesia, ha estado siempre la soberbia de los herejes y cismáticos fundadores. La soberbia rompe las familias, las amistades y, sobre todo, la unión con Dios.

Para combatirlo, hemos de imitar a la Humildad de la Santísima Virgen: “He aquí la Esclava del Señor” ( ) ya los Santos: “No soy digno de desatarle la correa de las sandalias… Es preciso que Él crezca y yo disminuya” decía S. Juan Bautista ( ). “No soy digno de llamarme Apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios”, decía S. Pablo (1 Cor 15,9) y en otro lugar nos pregunta: “¿Qué tienes que no hayas recibido?… ( ).

Hemos de mirarnos en el Espejo de Cristo, que se humilló haciéndose hombre, dejándose crucificar, quedándose en la Eucaristía en una humilde apariencia de pan. Él nos lo dice: “Aprended de Mí, que soy Manso y Humilde de Corazón, y hallaréis descanso en vuestras almas” ( )

Para conseguir la Humildad, además de pedirla al Cielo todos los días, hay que buscar humillaciones: escoger el peor asiento; apuntarse a realizar el servicio menos agradable; dejar que los demás escojan primero la comida, bebida,… obedecer de buena gana a quien en determinadas circunstancias tiene alguna autoridad sobre mí, siempre que no entrañe favorecer la injusticia o el error; tener un trato de igualdad con todos, y escuchar

a todos con el corazón abierto; esperar a hablar; no interrumpir a quien nos habla de malos modos, para luego corregirle con sencillez y sin intentar humillarlo,… no hablar de nuestros éxitos si no es necesario; alabar lo bueno que veamos en los demás; no ejercer la crítica si no es constructiva y defensiva (si alguien ha propagado un error doctrinal, por ejemplo), y referida a hechos concretos y no a la intención de las personas; no querer razonarlo todo y entenderlo todo, sino confiar en Dios nuestras inquietudes, nuestro futuro; devolver bien por mal…

V – Las tentaciones en la sociedad del siglo XXI

Las ocasiones de pecar se multiplican y brotan con fuerza en el “hábitat” que la sociedad actual se ha preparado al margen de Dios. Hay llamadas a la rebeldía intelectual contra toda norma dogmática, propias del Racionalismo y Liberalismo (no son tentaciones nuevas), que generan automáticamente la corrupción del pensamiento, que se infla de soberbia y se endiosa. Es fácil ver cómo los infectados por este veneno se atreven a juzgar los dogmas, la Sagrada Escritura y hasta al mismo Dios.

La rebeldía intelectual es solidaria de la rebeldía moral, que lleva a la exaltación de la conciencia individual y que pretende justificar que cada persona sea la única que tiene derecho a crear su propio código moral. Esta rebeldía prende enseguida en las nuevas generaciones y actúa como carcoma que mina y destruye la armonía familiar. Se instala así en la sociedad “moderna” un relativismo moral que hace de la sociedad una nueva “torre de Babel”, una selva confusa, inestable, agitada, que está llamada a hundirse bajo el peso de su propia soberbia.

En todas las etapas de la vida se invita a divertirse y disfrutar sin barreras morales ni religiosas, sin más límites que la enfermedad o la contaminación. Se pretende justificar una doble moral para los políticos y poderosos, que les permita contradecir en la vida pública lo que dicen creer y practicar en la vida privada. Algunos actúan como auténticos y dañinos enemigos de la Iglesia; otros escandalizan al Pueblo de Dios con sus públicos pecados, al vivir al margen de la Moral Católica; sin embargo, a unos y a otros, muchos pastores los acogen y reservan puestos de honor en la Casa de Dios. La confusión y el escándalo se sirven de este modo en el interior de la Iglesia, porque ya no se predica la Sana Doctrina, que no soportan ni siquiera muchos pastores, convertidos en lobos y falsos profetas, que se organizan “según sus pasiones”, apartando los oídos de la Verdad (2Tim 4,3-4); y aun dentro de los que buscan la Verdad, hay pastores cobardes, con miedo al qué dirán, que no corrigen como debieran, ni piden la Fortaleza para limpiar la Viña que se les encomienda, aplicando lo que está escrito: “Extirpad el mal de entre vosotros mismos” (1Cor 5,13)

Se desprecia la Pobreza de Espíritu, porque los que dirigen las naciones aspiran a crear un paraíso en la Tierra que olvide el del Cielo. Desde la publicidad comercial, en favor de un consumismo vicioso y un disfrute sin control de los bienes del Mundo, se siembra el deseo de conseguir dinero a cualquier precio; y se margina y se enfría la Caridad, y surge el hombre egoísta, ególatra, que se adora a sí mismo.

Sin Caridad, todo es posible: la explotación del otro, la falta de ayuda a los necesitados, las críticas y murmuraciones y difamación de quienes se oponen a nuestro egoísmo,… Pero Dios quiere que demos de comer al hambriento, vistamos al desnudo,

consolemos al triste, visitemos a los enfermos,… También esto es materia de Confesión y tenemos que buscar los medios para huir de todo eso.

No podemos dejar de mencionar la fuerza de las sectas y los peligros que se van a multiplicar cuando la Masonería Mundial, con el último ropaje llamado New Age (Nueva Era), pretendan imponer un Gobierno Mundial sin Cristo, una Economía global y una única religión mundial.

El tema puede llevarnos a una vasta exposición, pero no es ese el objetivo de este librito. Por eso vamos a centrarnos en lo que estamos convencidos de que hoy se trata la principal ocasión de pecar. Nos referimos al pansexualismo de la sociedad actual. Como decía un filósofo antiguo, parece que “Eros gobierna el Mundo”. Es la primera concupiscencia que expone S. Juan.

Como dice el P. Royo Marín: “El Mundo y el Demonio son nuestros principales enemigos externos. Pero llevamos todos encima un enemigo interno mil veces más terrible que los otros dos: nuestra propia carne”. Y señala dos modos, distintos pero complementarios, de hacernos la guerra: “a) Por su horror instintivo al sufrimiento, y b) por su afán insaciable de gozar. El primero es un gran obstáculo –acaso el mayor de todos- para la propia santificación, que supone indispensablemente la perfecta renuncia de sí mismo y una abnegación heroica; el segundo puede comprometer incluso nuestra propia salvación eterna”.

A la hora de luchar contra la triple concupiscencia que hemos descrito, el teólogo dominico se centra en “las dos tendencias más necesarias para la conservación del individuo y de la especie: la nutrición y la generación. Las otras inclinaciones sensitivas se ponen casi siempre al servicio de estas dos, que absorben y tiranizan al hombre. (…) Conviene añadir que estos dos tipos de placeres vergonzosos están íntimamente relacionados. Los placeres de la mesa preparan los de la carne.; la gula es la antesala de la lujuria. La Sagrada Escritura las asocia con frecuencia y la experiencia confirma diariamente el oráculo divino”. (7 P. Antonio Royo Marín, “Teología de la Perfección Cristiana”, ns. 225 y 226, obra que recomendamos.)

Por eso el refranero popular contiene esta perla: “Al hombre se le conquista por el estómago”.

Intentaremos demostrar el error de haber marginado la norma de huir de tales ocasiones, y la conveniencia de restaurarla, extenderla y practicarla. Nos basaremos para ello en textos de la Sagrada Escritura y de la Doctrina de la Iglesia a lo largo de los siglos.

VI– la palabra de Dios nos exhorta a huir de las ocasiones de pecar.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos citas muy claras:

>“Quien ama el peligro perecerá en él” ( Ecco 3,27)

> “Como de la serpiente huye del pecado; porque si te acercas te morderá” (Ecco 21,2).

Cuando en el Evangelio (Mt 2,13-14) contemplamos a la Sagrada Familia huyendo a Egipto, y poniendo el desierto por medio, porque Herodes quiere matar al Niño Dios, se nos está advirtiendo seriamente de la necesidad de escapar de todo lo que amenaza de muerte a nuestras almas.

En la vida de la Iglesia, esta huida se actualizaba hasta hace poco, de una forma extraordinaria, refugiándose en el “desierto de la Vida religiosa” en los monasterios. Digo hasta hace poco, porque muchos de los “palomares” religiosos han derribado clausuras, han abierto sus ventanas al Mundo (incluida la televisión) y –por desgraciano es infrecuente escuchar noticias escandalosas provenientes de los claustros. Y es que también al “desierto” acude el Maligno para tentar con fuerza, como hizo con Cristo (Mt 4,1-11), y si no se está en vela sobre las murallas (Constituciones o reglas de los fundadores) los claustros sucumben.

Pero la advertencia es válida y urgente para todos los fieles. Para imitar a la Sagrada Familia hay que estar vigilantes (con oración y penitencia) y tener un corazón generoso y desprendido que sabe lo que quiere. Hay que tener la Inteligencia del que ha descubierto el mayor Tesoro en un campo y sacrifica todos sus bienes para adquirirlo (Mt 13,44). Hay que saber rechazar el mal, aunque lo revistan de legalidad y muchos se dejen arrastrar por él. Apartarnos de las ocasiones de pecar equivale a formar un “desierto” protector a nuestro alrededor. En la Eucaristía obtendremos la Luz y la Fortaleza necesarias.

Enseguida recordaremos algunos textos del Evangelio, a los que algunos quisieran poner fecha de caducidad.

6.1 EL OCÉANO DE IMPUREZA ACTUAL.

En la actual panorámica de idolatría del hombre al exaltar sin límites la libertad, la razón y la conciencia del individuo, el Mundo –cuyo príncipe es Satanás (Jn 12,31)– es presentado por el “Padre de la mentira” (Jn 8,44) y falso imitador de Dios, como el “paraíso” al que tiene todos los derechos el hombre. Y una de las armas que utiliza para arrastrar al hombre fuera de los planes de Dios es el sexo.

Si Dios diseñó la unión esponsal en el Matrimonio para hacer al hombre y la mujer colaboradores de Dios, el Padre de la mentira, como hemos apuntado (c.IV,1) llama “matrimonio” a cualquier “pareja de hecho” y aun a las abominables (Lev 18,22) relaciones homosexuales. En los centros públicos ya no se “educa” realmente sino que se corrompe a la infancia y adolescencia; se le educa en el placer sin límites (masturbación a los 5 años pide la UNESCO, peligrosos juegos para estimular el afecto ya desde la Educación Infantil, anticonceptivos, bombardeo con películas inmorales,…).

La araña de la impureza teje sus hilos contra el hombre ya desde la más tierna infancia. Adolescentes y jóvenes orientados hacia la pornografía y las experiencias sexuales, se animalizan y se vuelven incapaces de valorar la dignidad del otro-a, a los que miran en el fondo como simples objetos de placer.

Es la peor droga con la que Satanás quiere destruir el verdadero Amor, inoculando en el individuo el veneno que obstruye y llega a romper su relación con Dios. Este ser humano drogado por el sexo, es fácil instrumento de Satanás para destruir la Familia, la sociedad y aun la mima Iglesia.

Durante décadas el Feminismo propalaba la liberación de la mujer. Ahora se ha visto que lo que pretendía era desarraigarla de la Familia y convertirla en reclamo para la publicidad económica, política, periodística, “artística” o, simplemente, para infectar el corazón de los hombres que deambulan perdidos porque no buscan a Dios.

Y como paladines del escándalo moral relacionado con el sexo, aparecen sacerdotes y aun obispos, que han sido infieles a su Vocación con mujeres o en relaciones homosexuales, y que deciden “casarse” y continuar siendo sacerdotes.

Todo sirve mayoritariamente para llenar ese océano de impureza: las modas en el vestir, música rock y sus derivados, los lugares de diversión: discotecas, prostíbulos, cines, teatros, playas y piscinas,… publicidad en cualquier sitio, televisión, libros, diarios y revistas, comics… teléfono erótico, internet…

6.2 LA TELEVISIÓN

Tenemos que huir de la televisión. Directamente puede conseguir hacer pecar a muchos mediante ilustraciones, publicidad y comentarios eróticos, películas claramente pornográficas o que incitan a ello,… Llamadas a la violencia, al engaño, al tener y disfrutar a cualquier precio,… Se da lo que podríamos llamar corrupción del corazón.

En cuanto a la selección de programas con ausencia de valores transcendentes, sembrando en el pensamiento el liberalismo que define al hombre como la medida de todas las cosas, contando claras mentiras y verdades a medias, manipulando la Historia y la Cultura,… la televisión está al servicio de la corrupción del pensamiento.

Estos dos males de fondo van actuando lentamente, pero el mayor impacto y de forma directa lo ocasiona en las incitaciones al instinto sexual, en las llamadas a pecar contra el 9º Mandamiento. Películas, programas, anuncios, aun en cadenas que van de católicas, son un caldo de cultivo para pensamientos deshonestos.

Los habrá que se han dado cuenta de estos peligros pero confían en sus habilidades para seleccionar canales y programas; también para estos tiene su plan estratégico el diablo. Tratará de conseguir que tengan menos tiempo de Oración, porque el menor mal que causa la tele es perder el tiempo. Y no es pequeño este mal. Recordemos el refrán popular: “El tiempo es oro”.

Al dedicar menos tiempo a la Oración se debilitan las defensas espirituales. Entonces los demonios redoblan los ataques para intentar provocar en el alma caídas veniales y, cuando ya se haya acomodado la persona al pecado venial estará a punto de ser atropellado por el pecado mortal.

Tengamos en cuenta que la televisión lleva a la sala de estar, y aun al dormitorio, toda la maldad, toda la suciedad que se encuentra en el exterior. La televisión crea adicción incluso cuando se conecta para programas culturales. Y llega un momento en que se ve todo lo que echan, y aun se pone de ruido de fondo mientras se hacen las labores de la casa, o de niñera que acuna el consciente y el subconsciente de la persona mientras se duerme.

¡Cuantos pecados contra el 9º Mandamiento se cometen delante de la televisión, al no tener voluntad para mirar para otra parte, cambiar de canal o apagar ese especial enemigo del alma! Sí, la complacencia en las miradas de ciertas escenas es un pecado deshonesto, que no ve nuestro cónyuge, o no sienten nuestros hijos, pero sí lo observa Dios. Esos pecados hay que confesarlos.

El daño de la televisión en los niños, a nivel moral y psicológico, es muy importante. Los padres se dejan llevar casi siempre de la comodidad y la pereza y abandonan a sus hijos ante el televisor. Muchas veces sólo les interesa que estén callados. Son incapaces de entender que están siendo adoctrinados por la gran Tirana de la familia y que, subliminalmente o no, están bebiendo un mensaje de hedonismo, violencia, rebeldía que les dará serios problemas en la educación de sus hijos. “Con eso no se forma un hombre y menos un cristiano. El producto propio de esa literatura (comics) es el neobárbaro”. (8 “La Teleadicción. Una amenaza acecha a nuestros hijos”, de SOS FAMILIA, librito que recomendamos: Teléfono 91 552 78 23 – sosfamilia@sosfamilia.es)

6.3 – LAS MODAS

 Sea en peinados y sobre todo en vestidos. Es lamentable que algunos hombres se dejen contagiar de rasgos femeninos (pendientes, piercings, coletas,…) y viceversa: ellas, amigas del pantalón y del pelo corto,…

Ropas que las mujeres ajustan al cuerpo, o que descubren su desnudez, son una ocasión de pecado para los varones. Como son muchas las que les gusta ser miradas, muchos son los estímulos sexuales que reciben los varones, especialmente los jóvenes;

y si no tienen una buena formación moral y el auxilio de la Gracia Divina, cabe dentro de la lógica del ambiente de corrupción, que haya violaciones, abortos, …

El panorama es tan antiguo como el hombre. Citemos sólo dos ejemplos:

Santa Brígida (s. XIV) en el ambiente ya inmoral del prerrenacimiento nos ofrece como una revelación del Señor el siguiente texto:

Hombres y mujeres se acicalan el rostro y llevan vestidos de formas extrañas para excitar recíprocamente su voluptuosidad. No comprenden que destrozan el adorno de sus almas, que se alejan de la inspiración divina y que establecen el imperio de Satanás”.

En siglo pasado, S.S. Pío XII mantenía el planteamiento de la Santa: “Si algunas cristianas sospechasen las caídas y las tentaciones que causan en otros con los vestidos, y la familiaridad a que en su ligereza dan tan poca importancia, tomarían espanto de su responsabilidad.” (9 Pío XII, Audiencia del 22 de mayo de 1941. Véase nuestro librito “La Biblia condena el desnudismo”)

6.4 LA MÚSICA.

En la década de los 60, la revolución musical de los Beatles, se unió a la del mundo Hippie con su avalancha a favor del amor libre, la droga, los conciertos de rock psicodélico, el folk contestatario,… En la música se incorporaba el Groove: sensación intuitiva, producida por el patrón rítmico que marcan los instrumentos, y que incita al movimiento, al baile, a…

La revolución de mayo del 68 en Francia, y el nacimiento de los movimientos feministas respondían también al espíritu de rebeldía de esa música, aun cuando los hippies hacían alarde de pacifismo.

Comenzaba ya la juventud a dejarse arrobar por los cantos de sirena que describe Homero en la Odisea. Con distintas variaciones aquella música se mantiene en nuestros días, adonde ha llegado invitando -abierta y/o subliminalmente- a la droga, al sexo libre, a la rebeldía, a la violencia, al suicidio, al Satanismo,… ¡Pobre juventud!

¿Cómo decir a los jóvenes que abandonen esa música y sus ambientes? ¡Qué poco se han preocupado los políticos cristianos y aun las instituciones de la Iglesia, colegios, por ejemplo! Podían haber intentado en los últimos 40 años organizar a la Juventud Católica en una red de asociaciones o centros en los que se viviesen los valores católicos, y se promocionase una música purificada de los peligros de la moda. Pero no fue así. Y algunos pastores creyeron arreglar el problema metiendo el rock en la Iglesia. Diabólico error, pues la canción lleva dos mensajes que no deben ser contradictorios: El ritmo y la melodía que inciden en el corazón, y la letra que informa directamente al entendimiento. De nada sirve poner letra religiosa a un ritmo sacado de ceremonias profanas, en “templos” dedicados al placer. El corazón arrastrará a los jóvenes a estos últimos lugares.

6.5 LOS ESPECTÁCULOS.

Los espectáculos, no sólo en festivales de rock sino los desarrollados en salas de fiesta, teatros, lugares nocturnos de alterne, etc. unen a la música escenas provocativas, con frecuencia en escenarios próximos a los asistentes. No vale excusarse diciendo que “me invitaron”, y “no podía decir que no”. Hay que confesarlo y no volver a esos lugares.

Para los que pretenden justificarse diciendo que no pecan, tiene S. Juan Crisóstomo una Homilía que, escrita en el s. IV, es de plenísima actualidad. Les dice: “El que no puede refrenar su vista, sino que pone tal empeño en darle gusto, ¿Cómo después de haber mirado podrá quedar en pie? ¿Tienes acaso cuerpo de piedra?¿Lo tienes de hierro? De carne estás vestido…” (Véase una ampliación del texto en nuestro librito: “La Biblia condena el desnudismo”, pg. 31 y ss.)

Cabría incluir en este apartado algunas celebraciones que se organizan con motivos como carnavales, Halloween, fin de año,… sin olvidar algunas bodas, que comienzan su celebración escandalosa en el propio templo de Dios, sin que los pastores pongan freno al desfile de modelos provocativos. Gran responsabilidad adquieren ante Dios al permitirlo. Los seglares amantes de Dios, tienen el deber de corregir al Sacerdote que tales cosas permite.

6.6 LAS MIRADAS

Cuando Cristo explica el Sexto Mandamiento, dice entre otras cosas: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en el corazón. Si, pues, tu ojo derecho te escandaliza (es ocasión de pecado), sácatelo y arrójalo lejos de ti. (… ) Y si tu mano derecha te escandaliza (te es ocasión de tropiezo, de pecado), córtatela y arrójala lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros antes que ser arrojado (con) todo tu cuerpo a la gehena (Infierno)”. (Mt 5,28-30).

Cristo deja muy clara la urgencia y la importancia de huir de las ocasiones de pecar, más que de un criminal armado. Hoy en día, “sacarse el ojo” puede significar apagar la televisión o tirarla si no somos capaces de dominarla; o bien tirar a la basura, o mejor quemar, cuadros, revistas o libros eróticos,… Y cortarse la mano, significa sin duda, alejarla de las ocasiones en las que es instrumento de pecado, y que cada cual conoce perfectamente; aun cuando haya que alejarse de los amigos, del lugar de trabajo, del domicilio compartido, de …

El Santo Cura de Ars, modelo de Sacerdotes, había captado de forma extraordinaria la gravedad del pecado y proponía el apartarse de las ocasiones de pecar pero no sólo por una temporada, sino perseverando hasta el fin. Era muy explícito: O el Infierno o la huida. No hay término medio”. (Santo Cura de Ars, Sermón de la perseverancia)

El texto evangélico citado, está en línea con otros anteriores:

> “Aparta tus ojos de mujer muy compuesta, y no fijes la vista en la hermosura ajena… Por la hermosura de la mujer muchos se extraviaron, y con ello se enciende como fuego la pasión” (Ecco 9, 8-9).

Por eso los moralistas exhortan a no mantener la vista fija, sino brevemente, en los ojos del amigo-a o persona de sexo contrario. No quiere decir que tengamos que seguir al pie de la letra el ejemplo de algunos santos, pero sí el espíritu de Prudencia y Temor de Dios que les animaba, pues por nada del Mundo querían ofenderle. Recordemos a:

>“San Francisco de Asís (+1226).- No miraba a la cara a las mujeres, y según él mismo confesaba, solamente conocía la fisonomía de dos, que quizá serían su madre y Santa Clara (2 Celano 112). Y en esto se ponía de ejemplo a sus hermanos religiosos (205). Este gran Santo es el que había comprobado que “Donde el Temor de Dios guarda la puerta, allí no puede entrar el Enemigo”.

> Santo Domingo de Guzmán (+1221), considera culpa grave la costumbre de «fijar la mirada donde hay mujeres» (Libro de costumbres 21; +Constituciones de las monjas 11). San Pedro de Alcántara (+1562), el reformador franciscano, procedía en este punto como su Fundador, y acostumbraba llevar siempre los ojos bajos.

>San Antonio Mª Claret (+1870), por ejemplo, gran predicador popular, fundador de los Misioneros del Corazón de María, Arzobispo, confiesa:

«Nunca jamás miro la cara de mujer alguna … Naturalmente y casi sin saber cómo, observo aquel documento tan repetido por los Santos Padres que dice: “con la mujer se ha de tener conversación seria y breve” [S. Agustín], “y ten bajos los ojos” [S. Isidoro de Pelusio, citado por S. Alfonso María de Ligorio]» (Autobiografía n.394, cf. 395- 397)”12.

Sin duda que todos ellos imitaban al Santo Job que nos dice: “Había hecho pacto con mis ojos de no mirar a doncella alguna” (Job 31,1).

6.7 LA VIDA EN PAREJA SIN ESTAR CASADOS

-Un grave peligro en estos tiempos de desorden, de confusión y de impureza, de roturas familiares, es el de parejas provenientes de distintos matrimonios que deciden vivir juntas pero desearían permanecer en la Iglesia.

Así, todos conocemos algún caso en el que viuda y viudo deciden vivir juntos, pero no se casan para seguir cobrando la pensión de viudez. En otros casos, divorciado y divorciada, o viuda y divorciado, sin ninguna anulación matrimonial de por medio, deciden vivir bajo el mismo techo (comer y dormir sólo, dicen)…

> Reconociendo que el Pecado Original está enraizado en nuestra naturaleza, y la fuerza de la instintiva atracción sexual, esta convivencia es colocarse en una situación próxima de pecado grave. En una pareja que ya ha experimentado los placeres de la carne, compartir placeres como la comida, la televisión,… hará que esa amistad que crece entre las mismas paredes, tienda con rapidez a elevarse al plano prohibido a quienes Dios no ha unido en Sacramento.

“Ocasión de pecado es toda persona, cosa o circunstancia, exterior a nosotros, que nos da oportunidad de pecar, que nos facilita el pecado, que nos atrae hacia él y constituye un peligro de pecar”

12 “Elogio del Pudor”, del P. José María Iraburu, obra que recomendamos. Fundación Gratis Date. Tfno. y fax: (34) 948 123612 – fundacion@gratisdate.org

Para la Moral Católica, ponerse en tal situación ya es pecado grave.

Quien se expusiera voluntaria y libremente a peligro próximo de pecado grave, aunque de hecho no cayese en el pecado, pecaría gravemente por exponerse de esa manera…”

Dice la Sagrada Escritura: “No te sientes nunca junto a mujer casada, ni te recuestes sobre el codo junto a ella en la mesa. Ni bebas con ella vino en los banquetes, no se incline hacia ella tu corazón y seas arrastrado a la perdición” (Eco 9, 12-13).

Es cierto que las mesas a las que se refiere el texto no serían como las de hoy, sino bajas, y aun podían ser simples esterillas. Pero la norma de prudencia está recogida. Eso referido a los banquetes. En el caso que tratamos las cosas van mucho más lejos. Veamos otra cita que nos previene contra el ejército de las divorciadas:

“(La Sabiduría Divina) te preservará de la mujer ajena, de la extraña que halaga con sus palabras, que deja al compañero de su mocedad y se olvida de la alianza jurada por su Dios.” (Ecco 2, 16-17).

> Mientras dure esa situación, esas parejas no deben recibir el Sacramento de la Eucaristía. Necesitan un buen Director Espiritual que les eduque en la Fe, en la Confianza en Dios, en la importancia de cumplir todos sus Mandamientos, en la importancia de llenar diariamente nuestros vacíos con la Oración. Todo ello sin olvidar inculcarles el Santo Temor de Dios, para ir facilitándoles la incorporación al camino de la Fidelidad a Cristo, mediante la separación.

>Pero además, se genera un pecado de escándalo en el Pueblo de Dios. Quienes los conocen pensarán que hacen vida matrimonial, viviendo en concubinato, al margen de la Moral Católica. Por eso S. Pablo nos dice:

> “Absteneros hasta de la apariencia del mal” (1Tes 5,22).

>”Procurad el bien a los ojos de todos los hombres” (Rom 12,17). (“Procurad la buena reputación de la gente”, traducen algunos.)

Como “Nada hay nuevo bajo el Sol” (Ecl 1,9), la Iglesia ya ha condenado estos desvíos en otros momentos:

> Previniendo sobre la falsa penitencia, expone el Papa Inocencio II en el II Concilio de Letrán (año 1139), X Ecuménico, contra los falsos pontífices: “Avisamos a nuestros hermanos y presbíteros, que no permitan sean engañadas las almas de los laicos por las falsas penitencias y arrastradas al Infierno. Ahora bien, consta que hay falsa penitencia cuando, despreciados muchos pecados se hace penitencia de uno solo, o cuando de tal modo se hace de uno que no se apartan de otro. De ahí que está escrito: “Quien observa toda la Ley, pero peca en un solo punto, se ha hecho reo de toda la Ley” (Sant 2,10); es decir, en cuanto a la Vida Eterna. Porque lo mismo si se halla envuelto en toda clase de pecados que en uno sólo, no entrará por la Puerta de la Vida Eterna”. (Denzinger, 366)

> Pasaron los siglos y la tentación se disfrazó de falsa Caridad. Algunos pensaban que “No debe obligarse al concubinario a expulsar a la concubina, si esta le fuera muy útil para su regalo, caso que, faltando ella (o él), hubiese de pasar una vida demasiado difícil, y otras comidas hubiesen de causar gran hastío al concubinario, y fuese demasiado dificultoso hallar otra criada”. Pero salió al paso el Vicario de Cristo, Papa Alejandro VII, en defensa del Depósito de la Fe, condenándolo como error en materia moral, en el Decreto de 18 de marzo de 1666. (Denzinger, 1141)

>No tardaron mucho en insistir sobre el tema. Algunos imaginaban que “Puede alguna vez absolverse a quien se halla en ocasión próxima de pecar, que puede y no quiere evitar; es más, que directamente y de propósito la busca y se mete en ella”. Esta vez, fue el Papa Inocencio XI, salió al paso para confirmar la Doctrina Tradicional, calificándolo como error moral y condenándolo mediante decreto del Santo Oficio, el 4 de marzo de 1679 (Denzinger, 1211)

Ante los escándalos del Clero en las últimas décadas, nos viene a la mente las normas de prudencia de los Reformadores Carmelitas españoles del siglo de Oro. Decía Sta. Teresa de Jesús, que “Entre santa y santo, pared de cal y canto”; es decir, separación y guardar modales; algo que entendía y predicaba a la perfección S. Juan de la Cruz, cuando en sus cartas y consejos pedía el dominio de la afectividad, dentro de los conventos, para evitar que el corazón se incline indebidamente hacia compañeros, hermanas-os en la Fe. El remedio estaría en distanciarse de la persona hacia la que se siente un afecto especial, un afecto que puede acabar siendo no santo, no espiritual.

Si esos peligros los había y los hay en el interior de los claustros, cuánto más fuera de ellos. Por eso, nuestro Santo Padre Pío, incluye la Fidelidad, la ausencia de doblez, entre los componentes esenciales de la Caridad, como hemos citado en c. IV,1.

VII – Decisiones Concretas

Algunas las hemos mencionado ya en el relato. De cualquier modo, no pretendemos aquí hacer un epílogo o resumen de todo lo que hemos dicho. Es sólo un breve recordatorio de la importancia que hemos de dar a esta norma moral, para buscar la Santidad y Perfección a la que Dios nos llama (Mt 5,48). Nuestro Padre es Santo y Perfecto, y nos llama a parecernos a Él para poder gozar de la Herencia de su Reino Eterno. Ningún negocio en este Mundo puede distraernos de la llamada que el Cielo nos envía a cada momento, a cada paso.

a) Decisiones internas.- Las primeras decisiones han de ir encaminadas a revisar nuestras actitudes: convencimiento de que huir del pecado es lo mejor para nosotros, de que no podemos jugar con Fuego,… Hemos de tener muy en cuenta la gravedad de nuestros pecados personales, que renuevan la Pasión de Cristo porque el desprecio del Amor infinito de Dios requiere el Castigo infinito de privarse de Dios. Sí, hemos de utilizar el freno del Santo Temor de Dios si no somos capaces de entregarnos a Él movidos por su infinito Amor.

Otras actitudes concretas en esta línea han de ser:

-Convencimiento absoluto de que con la Gracia de Dios podemos vencer cualquier tentación.

-Estar convencidos de su Amor infinito por nosotros, que no merece le respondamos con el pecado.

-Confianza en su Misericordia, sabiendo que si en esta lucha caemos alguna vez, Él nos espera en el Sacramento de la Penitencia (Confesión) para levantarnos y fortalecernos.

-Reforzar nuestra vida de oración y Sacramentos para unirnos más a Dios, teniéndole presente a lo largo del día para que Él llene nuestros vacíos, para que Él ordene los latidos desordenados de nuestro corazón, para que nos dé fuerza y Esperanza.

-Aceptar con gozo que el Camino al Cielo no es un camino de rosas sin espinas, sino que pasa por llevar la cruz de cada día, siguiendo a Cristo que hará que nuestra carga sea ligera. Es algo que choca de frente con la mentalidad hedonista de nuestra sociedad que nos invita al placer sin límites. Pero sin aceptar la cruz no hay salvación. Volvamos al Santo Padre Pío:

Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas…No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz …En esta Tierra cada uno tiene su cruz; pero debemos actuar de modo que no seamos el mal ladrón sino el buen ladrón”. (16 “Buenos días, obra citada)

Debemos examinar a diario nuestra conciencia para ir descubriendo cómo y por dónde quieren arraigar los vicios para socavar nuestra Moral y tratar de arrancarlos; algo que lleva tiempo, pero que se puede conseguir mediante la mortificación de los sentidos; esto es, dándoles con frecuencia, lo contrario de lo que quieren. Este ejercicio hay que practicarlo aun en cosas lícitas. Dice el P. Royo Marín:

“La primera precaución que hay que tomar en la lucha contra la propia sensualidad es la de no llegar jamás al borde o límite de las satisfacciones permitidas. (…) Con razón afirma Clemente de Alejandría (ss. II y III) que ¨bien pronto harán lo que no está permitido, los que hacen todo lo que está permitido¨” (17 P. Antonio Royo Marín, o.c. n.227)

La orientación es válida para evitar cualquier vicio o pecado capital: sea la gula, la lujuria… Hay un texto de S. Pablo que un Matrimonio Católico no debe pasar por alto:

Que cada uno sepa tener a su mujer en santidad y honor, no con afecto libidinoso, como los gentiles que no conocen a Dios” (1Tes 4,4-6). Es decir, el Matrimonio no es patente para cualquier cosa. Todo lo que no se ajuste a la práctica natural no es correcto. Así por ejemplo, relaciones propias de homosexuales,…etc.

-Estar convencidos de la necesidad de vivir la Pobreza de Espíritu que nos recuerda que nuestra vida, nuestros bienes y nuestro dinero son de Dios; que sólo somos administradores suyos y que un día habremos de darle cuenta de todo.

Huiremos por tanto de gastos superfluos y de tirar cosas que todavía nos son útiles, y pasaremos por esta vida “ligeros de equipaje” siguiendo el ejemplo de Santa Teresa para quien “la vida en la Tierra es sólo una mala noche en una mala posada”.

b) Decisiones en el plano externo:

buscar actos de Humildad para mantener a raya la soberbia (ver capítulo IV, 3).

-No comer hasta saciarse en la mesa. Levantarse con algo de apetito. No comer o beber sólo lo que más me gusta. No picar entre comidas,… Ayunar (a pan y agua si es posible) algún día a la semana. Es bueno para mortificar la gula y para la salud del cuerpo.

-Acostumbrarse a dar limosna, a compartir cosas, a ser generosos, para tener a raya a la avaricia y al egoísmo.

-Ser puntual para no hacer esperar a los demás.

-No comprar revistas del corazón o de modas. Así mortificamos nuestro deseo de aparentar y consumir, y la vanidad, amiga de todos los vicios empezando por la soberbia.

-No tragarse todos los anuncios de televisión. Mejor apagarla.

-No mirarse mucho al espejo. Acicalarse lo mínimo. Lo más elegante ha de ser la sencillez. También en el vestir y en el hablar..

-No responder al momento a quien nos insulta; dejémosle hablar mientras aplacamos la ira o indignación que nos provoca. Nuestra respuesta con palabras medidas, sin odio y sinceras, serán los argumentos más poderosos.

-No demos a los niños, o a los jóvenes, todo lo que piden y al momento. Expliquémosles que quererlos bien no es hacerlos esclavos de sus caprichos.

-No conectar canales o programas de televisión que nos inciten al pecado. -Controlar las miradas a personas de otro sexo.

-Evitar del vocabulario palabras o tacos relacionados con el sexo. Dice S. Pablo: “La fornicación ni se mencione entre vosotros, como corresponde a Santos” (Ef 5,3). Sin embargo cómo circula libremente, el Jó- sembrando su mensaje subliminal, aun entre personas que dicen tener Fe. Son costumbres que no provienen del Espíritu Santo. ¿A qué esperamos para cambiarlas?

-Caminar orando por la calle, o teniendo a mano jaculatorias para cuando asalta la tentación. Una de ellas, muy poderosa, es el Santo Nombre de JESÚS.

-Tirar a la basura o quemar los vestidos provocativos, así como libros, revistas, cuadros o figuras eróticas.

-Evitar el trato de aquella persona que pueda enamorarse de mí sin tener ningún derecho.

-Procurar no ser efusivos-as al saludar, muy en especial a personas consagradas. ¡Qué peligrosas algunas beatas que rodean como moscas a los sacerdotes!

-Moverse dejando espacio libre en las aglomeraciones, o esperar a que se disuelvan.

-Explicar a quienes sin ser Matrimonio comparten el techo y otras cosas, que pecan de escándalo, que se exponen a los pecados de la carne, que deben separarse cuanto antes y que en esa situación no deben recibir la Comunión.

-Evitar y alejarse de grupos de amigos que se reúnen para escuchar música, beber, jugar, tomar droga y… todo lo demás.

-Evitar y alejarse del familiar o amigo-a que muestre un afecto excesivo –que puede estar empezando a ser desordenado- hacia nosotros.

-Recordar lo que ya hemos apuntado en el c.IV,1 (devoción a la Stma. Virgen, etc)

-Evitar relaciones con grupos esotéricos o que realizan prácticas que se oponen a la Fe Católica: grupos de yoga, reiki, meditación transcendental,… Quemar publicaciones referidas a supersticiones y engaños de religiones falsas: hinduismo, Budismo,…

-No se nos olvide que tenemos el deber de ejercer la Corrección Fraterna, con Amor y Humildad y de recibirla y agradecerla de la misma manera; lo que no quiere decir que siempre la persona que nos quiere corregir lleve razón. Puede estar mal informada. Para eso está el diálogo fraterno.

Si alguien, llevado de soberbia, rechaza la Corrección, no debemos insistir. Pero entendamos que una persona que pretende corregirnos con amor fraterno, es una ayuda importantísima para huir de las ocasiones de pecar y vencer el pecado. Ante este “enemigo” lo mejor es alejarnos de sus dominios mediante la mortificación y cambio de costumbres, y refugiarnos en Dios a través de su Santísima Madre; con su Gracia nada hemos de temer.

Alejandro Jiménez Alonso


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