Introducción

Parece que estemos en los tiempos que señala S. Pablo, en los que “no soportarán la Sana Doctrina” (2Tim 4,3); porque esta se basa en la Cruz de Cristo (1Cor, 1,23) y son pocos los valientes que pueden decir: “el mundo está crucificado para mí y yo para el Mundo” (Gal 6, 14-16). Por el contrario, la confusión es cada vez mayor cuando aparecen falsos pastores predicando la huida de la Cruz, en nombre de una falsa misericordia.

El Cardenal Carlo Caffara, aseguró haber recibido una carta de Sor Lucía de Fátima en la que le comunicaba que “Yo, separada, digo ¡No! a la Comunión de los que se han vuelto a casar” Stefania Tanganelli

“La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del Matrimonio y de la Familia. Cualquiera que actúe a favor de la santidad del Matrimonio y de la Familia siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque esta es la cuestión fundamental. Pero no teman. Nuestra Señora ya ha aplastado su cabeza.”

Desde hace 2000 años sabemos que el Matrimonio Católico es símbolo de la Unión entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 32). Por eso dice el Venerable Arzobispo Fulton Sheen, que en el Matrimonio “son Tres los que se casan”.

Se trata, pues, de ser fieles como Cristo. Él no se baja de la Cruz aunque nosotros le hayamos sido infieles. Por eso dice a la Historia humana: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mt 19,6). Marido y mujer unidos por Dios y en Dios, en su Voluntad.

Recogemos aquí dos artículos de plena actualidad, que reflejan la grandeza del Proyecto Divino sobre el Matrimonio y del Dogma Católico que lo sustenta. ¡Qué grandes verdades salen de la boca de esta hermana, abrazada a la Cruz de Cristo por la separación de su esposo!

Artículos de Lorenzo Bertocchi y Lorenzo Schoepflin, en la Nuova Bussola Quotidiana 8-8-15. Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares. Tomados de Religión en Libertad, pero que aparecen en numerosos medios de internet. A pesar de la Apostasía y de la corrupción moral se cumple lo profetizado por Isaías:

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo. (Is 55, 10- 12)»

La Fraternidad “Esposos para siempre” -en cuya fundación se encuentra Stefania- está integrada en Misterio Grande, movimiento de Apostolado Familiar cuyo título hace referencia a las palabras de S. Pablo al hablar del Matrimonio. Su web:

http://www.misterogrande.org

Lástima que esté sólo en Italiano.

“ASOCIACIÓN FRATERNIDAD ESPOSOS PARA SIEMPRE

“La mía es una vida llena de amor». Empieza así Stefania Tanganelli, originaria de Arezzo, de 53 años de edad, frente a una taza de café. Y te desconcierta inmediatamente con su sonrisa serena.

El 25 de marzo de 2001, Stefania fue abandonada por su marido después de ni siquiera diez años de matrimonio, con un hijo de casi 8 y toda una vida por delante.

«Mi marido nunca ha mirado atrás y yo estaba sola y aturdida. Después de un periodo de soledad conocí a un buen muchacho que tenía un proyecto importante para mí y para mi hijo junto a él».

Por esas fechas, Stefanía vuelve a frecuentar la parroquia, después de una larga ausencia, para garantizar a su hijo una educación cristiana. Y aquí entra en escena el padre espiritual de Stefania, que después de un cierto tiempo la pone frente a la Verdad: deberá elegir entre su novio y el Señor. No podrá seguir recibiendo la Eucaristía en su nueva condición.

-¿Y qué sucedió?

>«El padre Gregorio (nombre del padre espiritual de Stefania, ndr) me dijo que rezara al Señor para que me hiciera entender qué era verdaderamente importante para mí. Me aconsejó que me tomara un mes de tiempo y así lo hice, compartiendo sus indicaciones. Fue el mes más increíble de mi vida. Pude percibir claramente la inmensidad del Amor de Cristo; mi corazón apenas podía contener tanta Gracia.

Entonces todo fue claro para mí y con sencillez fui a mi novio y le dije que permanecería una esposa fiel y que elegía a Jesús en mi vida. No podíamos seguir viéndonos. Fui a ver al padre Gregorio para comunicarle mi elección en confesión: salió del confesonario, me abrazó y se puso a llorar».

-¿Una esposa fiel de un marido que se va?

>Exacto. Fiel a un promesa que hice el día de mi Matrimonio. Fiel al proyecto de vida que empezamos juntos. “Serte fiel siempre, en la alegría y en el dolor”. Desde el primer instante del Matrimonio sabemos que el dolor puede formar parte de la vida de pareja, pero ni siquiera el dolor más desgarrador, ni siquiera el hecho de que tu esposo te dé la espalda, pueden romper ese vínculo que el Sacramento ha convertido en sagrado. Porque ese Sacramento es mucho más que el amor humano; en él está Jesús, que se une a los dos esposos de manera estable e indisoluble.

-¿Y si los dos esposos ya no están físicamente juntos?

>Jesús permanece. Es en virtud de esto, de esta presencia particular y poderosa, que se entiende plenamente la identidad del separado cristiano. ¿Jesús desaparece cuando nos separamos? No. Desaparecen tantas personas en el momento de las dificultades, muchos de los que consideramos amigos, pero puedo decir por experiencia personal que el Cristo de las nupcias está conmigo. Y con Cristo permanece el amor, porque el amor verdadero dura para siempre: tú te puedes ir, pero no por esto yo dejo de amarte.

-Tu historia, para quienes no saben leerla en la perspectiva sobrenatural, no tiene sentido: es una historia de sufrimiento inútil. O, incluso, en una falsa perspectiva de Fe, hay quien podría decirte que lo que has decidido vivir no es lo que el Señor quiere de ti. ¿Qué te gustaría decirles?

>No existe una vida familiar inmune al sufrimiento. Ciertamente, mi vida es una vida también de sufrimiento, pero yo vivo en la verdad y esto es lo que cuenta. Nosotros debemos ser testigos de esta alegría, de la alegría de Cristo, de la alegría de la verdad.

A todos me gustaría decirles que esta alegría no me la puede quitar nadie, esta gran Gracia que se ha manifestado en mi vida, hoy tan bella y tan plena, no puede ser ofuscada por nada ni por nadie. Tenemos que decir a quienes viven situaciones similares a la mía: el Señor no os deja solos, confiad en Él.

-Con ocasión del reciente Sínodo sobre la Familia, que se concluirá este año, a veces se ha respirado un clima que podría contrastar con tus certezas. ¿Cuáles han sido tus sentimientos al respecto?

>”Nada ni nadie, repito, podrá privarme de esta fuerte y segura presencia de Jesús en mi vida. Creo y espero, y por esto rezo, que la doctrina de la Iglesia en el tema de los separados vueltos a casar no cambie. Cambiarla significaría de golpe minar los fundamentos de tres Sacramentos: Matrimonio, Confesión, Eucaristía.

El “fiel para siempre” de la fórmula del Matrimonio cambiaría; y lo que hoy es pecado dejaría de serlo; y el Cuerpo de Cristo, verdaderamente presente en la Hostia consagrada, sería rebajado. Tal vez se ha abierto alguna fisura y será difícil reparar el daño, pero yo seguiré siendo testigo del hecho que lo que al Mundo le parece imposible, con Cristo se convierte no sólo en posible, sino en maravilloso.

Mi condición la vivo en la carne: una vida de continencia sexual, de disciplina, es lo más lejano que hay a lo que te propone el pensamiento dominante y, ciertamente, no es fácil. Sin embargo, la Castidad, vivida como don, como regalo a Jesús, se convierte en un suave yugo.”

-Por esto te has creado una regla personal de vida estricta.

>Sentí esa necesidad en 2012. Percibí que tenía que hacer algo así, durante una peregrinación a Medjugorje. Con la ayuda del Padre Gregorio elaboré algunos puntos fundamentales.

+ Castidad, huir de las tentaciones: a un corazón puro le corresponde siempre un cuerpo puro.

+ Amor hacia mi marido que se concreta en oración diaria por él y por mi familia.

+ Obediencia: vivir cada día la verdad del Evangelio, rendirse a Cristo, doblegar mi voluntad.

+Pobreza: vivir con gratitud de mi trabajo en el uso oportunamente distanciado de los bienes materiales.

+ Adoración Eucarística cuando sea posible.

+ Santa Misa diaria.

+ Confesión mensual.

+ Servicio a la Iglesia en la forma del servicio a la Familia que sufre y compromiso a vivir la vocación de Madre con dedicación total. Estos son los ingredientes de mi Regla.

-Una Regla que después se ha convertido en la base para algo que va más allá de tu historia personal.

>En 2008 conocí a un grupo de esposos separados procedentes de toda Italia, que vivían como yo la fidelidad en el Matrimonio. Su guía era – y lo sigue siendo – monseñor Renzo Bonetti, que hasta el año 2009 fue director de la Oficina Nacional para la Pastoral de la Familia de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana, ndt) y Consultor Pontificio para la Familia.

»A partir de la primavera de 2012 este grupo maduró la idea de constituir una verdadera y propia fraternidad, que hoy se llama “Asociación fraternidad esposos para siempre”. El objetivo no es sobrevivir a un dolor, sino vivir plenamente el propio camino de Santidad. Todo al servicio de la Iglesia, testigos de carne y hueso de que la fidelidad al Matrimonio es posible aunque el amor no sea correspondido por tu cónyuge.

»Nuestra asociación está incluida en el proyecto más amplio Misterio Grande (www.misterogrande.org), que nace del deseo común y compartido por algunas parejas de esposos cristianos, de expresar su identidad más verdadera en la belleza del Matrimonio. Mi Regla lo único que ha hecho es codificar lo que ya existía en el ánimo de muchas personas como yo.

-Decías que de todo esto forma parte también el amor por los hijos. Muy importante en tu vida es también la educación que has querido dar a tu hijo y el contacto diario con tantas historias de niños y adolescentes víctimas de la separación de los propios padres. ¿Nos olvidamos a veces que también ellos sufren inmensamente tras la ruptura del matrimonio?

>”Yo no puedo olvidarme porque he visto el trauma de mi hijo. Pero la impresión es precisamente esa: se ha llegado incluso a decir que la aprobación de una ley sobre el divorcio breve, sirve también para aliviar el dolor de los hijos. Nos olvidamos en cambio que para ellos el verdadero sufrimiento se inicia en el momento en que los padres se separan definitivamente. Y yo puedo testimoniarlo porque hoy escucho a muchas personas que viven en mi misma condición, y cuyos hijos han tenido muchos problemas en el colegio, en la vida afectiva, en la vida diaria.

A este tema, también en ocasión del Sínodo, no se le han dedicado suficientes palabras. ¿Qué pasará con esos hijos cuyos progenitores tienen una segunda familia? ¿Cómo podrían reaccionar a la «normalización» de un segundo matrimonio? Son cuestiones que deberían aconsejar prudencia tanto en sentido eclesial como laico”.

-¿Se está yendo demasiado rápido sin una verdadera meta?

>“El riesgo es grande. Se está jugando con la familia. Si la Iglesia quiere abrir el acceso a los sacramentos a los que se han vuelto a casar, ¿Qué le dirá a las familias que viven con compromiso y sacrificio un Matrimonio fiel? Si el Estado destruye la estructura que es el Pilar de la sociedad, ¿Qué futuro nos espera?”.

Pero tu historia, tu vida actual, tu presencia, tu actividad al servicio de las familias con dificultades comunican Esperanza, a pesar de un escenario que no es nada alentador.

> “No podría ser de otro modo. Ya lo he dicho: Jesús está siempre conmigo, está siempre con nosotros si lo queremos, si Le dejamos espacio en nuestro corazón. Es la alegría de vivir y de testimoniar nuestra Verdad. Permíteme que lo repita: el Señor nos quiere felices, nos da la verdadera Paz, que no es la paz del mundo. Nos trata con Misericordia, una Misericordia verdadera, que es la que utilizó con la adúltera: “Tampoco yo te condeno, ve y no peques más».

Entrevista a Stefania Tanganelli ante el 2º Encuentro Nacional de “Esposos para Siempre” (9-13 agosto de 2015)

La fraternidad Esposos para Siempre se reúne en Foligno, Italia, del 9 al 13 de agosto. Se trata del segundo encuentro nacional que reúne a personas que, aun estando en la condición de separados, deciden permanecer fieles a su promesa matrimonial. Participan el Obispo de Foligno, Mons. Gualtiero Sigismondi, y el Obispo de Asís, Mons. Domenico Sorrentino. Entre los relatores están Mons. Renzo Bonetti y Mons. Carlo Rocchetta, comprometidos desde años con estos temas, pero también muchos laicos, algunos de los cuales han elegido ser “esposos para siempre”. Gente que de manera consciente vive la fidelidad en la separación y que osa incluso hablar del Camino de Santidad que puede surgir del drama de la separación.

En su momento contamos la historia de Stefania Tanganelli y su opinión sobre la Comunión a los divorciados que luego contraen matrimonio civil, pero ahora le hemos planteado alguna pregunta más en vista del encuentro de Foligno.

Stefania… entonces no sólo vives una fidelidad en la separación, algo que va contracorriente, sino que incluso nos dices que se puede pasar del drama de la separación a un camino de santidad. Ayúdanos a entender.

> “La experiencia de la separación es más dolorosa de lo que se puede uno imaginar; es algo que se debe vivir para sentir cuánto dolor, cuánta desesperación hay detrás de una familia destrozada, rota, que parece que nunca hubiera existido. En mi corazón yo sabía que tenía una verdadera vocación al Matrimonio y a la Familia; éste era el modo como había elegido servir al Señor pero, ¿Ahora qué?

En resumen, elegí permanecer fiel a mi esposo, elegí a Jesús en mi vida, pero tenía que dar un significado a estas palabras porque no bastaban por sí solas para dar un significado a mi elección. Tenía delante de mí toda la vida y mi esposo ya no estaba, pero quería a Jesús conmigo, quería vivir en la verdad del Evangelio, éstas eran mis únicas certezas.

-¿Y entonces?

> “Hablamos mucho de Jesús, pero raramente le hacemos partícipe de nuestra vida diaria; a menudo le decimos “hágase Tu voluntad”, pero antes le dices lo que quieres, tenemos miedo a darle un “sí” en blanco, un «sí» sin condiciones.

Pues bien, en un determinado momento yo balbucí este «sí» a Jesús sin condiciones. Por esto, del drama de la separación puede nacer un camino a la Santidad. La Santidad es la vocación de cada cristiano, es algo que tal vez olvidamos demasiado a menudo. Y la Santidad, es decir, la plenitud de la vida cristiana, no consiste en llevar a cabo empresas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir Sus misterios, en hacer nuestras Sus actitudes, Sus pensamientos, Sus comportamientos. La medida de la Santidad es dada por la relevancia que Cristo alcanza en nosotros desde el momento en que, con la ayuda y la fuerza del Espíritu Santo, modelamos nuestra vida según la de Jesús”.

-¿Dónde se puede encontrar la fuerza para este Camino?

>“Yo no podría vivir sin la Eucaristía, sin el Encuentro diario con el Señor: es una prioridad en mi vida, es el momento más hermoso de mi jornada. En un cierto sentido la Eucaristía diaria transforma nuestro ADN, porque el Cuerpo de Cristo se une a nuestro cuerpo y nosotros somos menos nosotros mismos y más Cristo. Cambia nuestro cuerpo y cambia nuestra vida, cambia el modo de ver el mundo, como en un gráfico: si proyectas la vida en la Eternidad todo adquiere otro valor. Así se puede pasar del drama de la separación a un camino de santidad que nos llama a ser siempre fieles a nuestro promesa matrimonial”.

-¿Cómo te ha acompañado la Iglesia en esta elección -de fidelidad aun viviendo el drama de la separación?

> “La Iglesia ha sido conmigo una Madre amorosa y una compañera de camino. En mi vida he conocido a sacerdotes y pastores que siempre me han acogido y amado, que me han guiado en mi fatigoso y difícil camino hacia el Señor y la plenitud de mi vida, como ángeles que han sido enviados para traerme una hogaza de pan y una jarra de agua, que me permitiera retomar el camino hacia el encuentro, nuevo cada vez, con el Señor. [Imagen de Elías en el desierto]

Tengo que admitir que tengo la gran suerte de vivir en una parroquia franciscana de frailes menores polacos, donde se respira con gran intensidad el mensaje de San Juan Pablo II. Y también de haber tenido como maestra en la oración a la Madre Angela, priora carmelita, y de haber conocido a don Renzo Bonetti y haber empezado con él esta bellísima aventura que es la fraternidad Esposos para siempre”.

-¿Qué significa para ti y para la Fraternidad este encuentro de Foligno?

Este es el segundo encuentro nacional y tal como experimentamos el año pasado en Perugia, estos momentos son fundamentales para el crecimiento de la Fraternidad, crecimiento en el sentido de hermanos y en el sentido de profundización espiritual de nuestro camino. El Encuentro nos permite dar a conocer a la Fraternidad a un número cada vez mayor de separados, de sacerdotes y de responsables de pastoral familiar.

La fraternidad Esposos para Siempre quiere ponerse al servicio de la Iglesia, con la Esperanza de ser luz para quienes eligen conscientemente la Fidelidad en la separación. Vivir como esposos para siempre, testimoniando con la propia vida que la fidelidad al sacramento del Matrimonio es posible, también cuando el amor humano ya no es correspondido.

-Stefania, perdona la pregunta, pero ¿Qué es para ti el amor?

> “Pues… si pienso en mi vida no puedo no pensar en ella como una hermosa y maravillosa historia de amor. Me gusta ser una persona que intenta vivir el “para siempre”, me gusta pensar que existe un amor que no muere sino que, al contrario, alimentado por la Gracia, se transforma en algo grande que sigue dando alegría.

Con mi vida he intentado enseñarle a mi hijo que no necesariamente todo tiene una fecha de caducidad, que el “que dura mientras dura” no tiene sentido si se quiere construir una vida y una felicidad verdaderas; quiero enseñarle que se puede luchar por lo que se cree y se puede seguir creyendo en ello también si hay una derrota, porque en la vida no sólo hay victorias, sino que son más bien los momentos duros los que le dan más valor. Quiero enseñarle a no tener miedo de amar”.

Artículo publicado en La Nuova Bussola Quotidiana. Traducción de Helena Faccia Serrano

A.M.D.G. V.M.

Encuentros Eucarístico Marianos


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