Oraciones iniciales

Veni Creator Spiritus (1-12)

Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Magnificat (1-12)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (MT 24, 36-51)

Interpretación de la parábola de la cizaña

36 Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. En esto se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.» 37 Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno*; 39 el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo*; y los segadores son los ángeles. 40 De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. 41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los que actúan inicuamente, 42 y los arrojarán en el horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre*. El que tenga oídos, que oiga.

Parábolas del tesoro y de la perla

44 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo encuentra, vuelve a esconderlo y, de tanta alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

45 «También es semejante el Reino de los Cielos al caso de un mercader que anda buscando perlas finas. 46 Cuando encuentra una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

Parábola de la red

47 «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y captura peces de todas clases. 48 Y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan y recogen en cestos los buenos, al tiempo que tiran los malos. 49 Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos 50 y los echarán en el horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Conclusión

51 «¿Habéis entendido todo esto?» Le repondieron: «Sí.» 52 Y añadió: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas*.»

Meditación: Muerte del Esclavo del Mundo y del Escla­vo de Amor a María.

“En todas tus acciones, en todos tus pensamientos deberías comportarte como si fueses a morir hoy. Si tu conciencia es­tuviese tranquila, no tendrías mucho miedo de la muerte. Sería mejor evitar el pecado que huir de la muerte. Si no es­tas preparado hoy ¿Cómo lo estarás mañana?”. (Imitación de Cristo 1, 23,5-8)

“En cuanto vivimos en la tierra, somos peregrinos en el ca­mino del cielo, si seguimos por la vía que Dios nos marcó. Esto es lo más importante en nuestra vida: portarnos de tal modo que, al partir de este mundo y en el fin de los tiem­pos, merezcamos oír de los labios de Jesucristo aquellas pa­labras consoladoras “Venid, benditos de Mi Padre, recibid en herencia el reino que os han preparado desde la creación del mundo”. (Mt 25,34). (Hna. Lucía, Llamamientos del Mensaj e de Fátima)

Somos ambiciosos en conservar la vida aquí en la tierra y poco nos preocupamos por conquistar la vida eterna, siendo ésta, la que perdurará para siempre, valiendo todos nuestros esfuerzos. Recibimos la vida de Dios. Nuestra alma espiritual viene directamente de Él y tiende a volver a Él, puesto que todos somos llamados a participar de su Vida divina.

Todos sabemos que un día moriremos puesto que la muerte es consecuencia del pecado de nuestros primeros padres.

¿Y después de la muerte qué nos pasará? ¿Mereceremos la vida eterna? Al esclarecer estas cuestiones observamos la existencia de dos realidades: El Cielo y El Infierno.

Incluso aspirando a la vida eterna, el don de la inmortalidad está condicionado a la fiel observancia de los mandamientos divinos. Aquellos que pongan toda la felicidad en gozar el mundo, se llenarán de aflicciones y angustias, frente a la muerte corporal. Mientras que, los Esclavos de Amor, si vivieran fielmente sus compromisos, tendrán la certeza del fin de los sufrimientos y la alegría del Paraíso. La gran preocupación de Dios y de Nuestra Señora es que todos nos salvemos y alcancemos el Cielo.

Aquí en este mundo vemos dos generaciones bien distintas: “La generación de Satanás, que vive en el pecado,y la generación de la Mujer, o sea, de la Santísima Virgen María, que con su poderoso auxilio, recorre el camino de la verdad, de la justicia y del amor. Dios es Amor y sus hijos se distinguen por la práctica del Amor”. (Hna. Lucía, Llamamientos del Mensaje de Fátima).

A pesar de que muchos negarán esta verdad, el Cielo existe y es la recompensa para los que procedan bien, según la Ley del Señor; y el infierno, es el castigo para aquellos que procedan mal. El hecho de negarlos no hace que dejen de existir.

Para los que tienen fe, basta acreditar las palabras dichas por Jesús en el Santo Evangelio. Y si quisiésemos otra prueba, prestemos atención a los mensajes dejados por Nuestra Señora, en Fátima: “Visteis el infierno a donde van las almas de los pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devo­ción a Mi Inmaculado Corazón. Si hicierais lo que yo digo, se salvarán muchas almas y habrá paz” (Nuestra Señora, 13 de Julio, 1917).

“Cuando rezáis el tercio, decid, después de cada mis­terio ¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del in­fierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente a las más necesitadas”. (Nuestra Señora 13 de Julio de 1917).

Ya que para nosotros, la hora de la muerte es imprevista, utili­cemos bien el tiempo que nos ha sido concedido por la Divina Provi­dencia, actuando con sabiduría y no abusando de esta incertidumbre; dejemos de buscar los placeres de una vida cómoda, las riquezas y la satisfacción de todos los apetitos de la carne.

Como Esclavos de la Virgen María, vivamos sabiamente, pre­parándonos con serios exámenes de conciencia y cotidianos actos de amor y de confianza, totalmente entregados a sus planes de inmensa caridad. Por tanto, esa perfecta devoción a la Santísima Virgen vivida y enseñada por San Luís María G.de Montfort es un medio seguro para perseverar en la Gracia, consintiendo en un morir continuo para si mismo, deshaciéndonos de cualquier afección a las cosas. Servir a Mar­ía Santísima es señal de predestinación.

Como vivimos es como moriremos. Para alcanzar un buen fin necesitamos un ardiente deseo de crecer en las virtudes, observando los preceptos divinos, haciendo penitencia y aceptando pacientemente, todo por amor a Nuestro Señor.

Eso podrá parecernos difícil ¡pero no estamos solos! En esta continua búsqueda de perfección, seremos auxiliados por Nuestra Se­ñora.

Oración: ¡Virgen Santísima, en quien ponemos toda nuestra confian­za, transforma las amarguras de la vida terrena con Vuestra dulzura. El tentador quiere lanzarnos a la desesperación pero Vuestro amor tierní- simo ha de disipar estas tinieblas. Esperanza de nuestra vida condúce­nos a la Eternidad. Amén!

Jaculatoria: ¡Señora de los Dolores, haz de la muerte de nuestro cuerpo la eterna gloria de nuestra alma!

Según Medjugorje

«Mis queridos hijos: no me abandonen, Yo anhelo acogerlos a todos en el calor de mis brazos; permanezcan fuertes en unidad. Satanás no puede causar daño cuando permanecemos todos unidos con mi Jesús como nuestro centro.

Les digo: vengo a llamarlos hacia una convicción, la convicción de la consagración global; vendré a recoger las cosechas de esta consagración unificada, mi corte. En la consagración a mi Inmaculado Corazón ustedes darán su «SI» para ser escogidos y colocados a su servicio de un modo especial; ustedes están aceptando los sacrificios del triunfo, porque yo le pediré mucho a cada uno. Humillen sus almas y tomen mi mano, permítanme conducirlos a la paz; la paz de sus familias, la paz de sus países nativos y la paz en el mundo.

Queridos hijos; ábranme sus corazones a mí porque yo deseo colocar mi chispa dentro de ustedes, yo solo puedo dar lo que ustedes puedan aceptar, mientras más permitan el paso de mi mensaje a su alma, más se me permitirá llevarlos dentro a las profundidades de la comprensión. Vivan las palabras que yo les doy; se las doy para enseñarles y para preparar sus almas para los días venideros. Vengo a ayudarles a transformar su corazón y su alma al verdadero sentido de la conversión; a la imagen de Dios.

¿Vendrán ustedes hacia a mí?, ¿Me permitirán llevar sus corazones al Padre?, Esta es la elección que ustedes tienen que hacer sin reserva, les pido que reflexionen acerca de la importancia de este día.»  Enero 10 de 1993

Guía: Este acto de Consagración encontrará tu alma llena de un amor profundo; este amor es tan ardiente que llega hasta el corazón de Nuestra Señora con tanta fuerza que Ella es atraída a tu corazón. El deseo del alma de consagrarse a Nuestra Señora causa cierta atracción: un magnetismo. Es esa atracción la que lleva este intenso deseo de tu corazón a la atención de Nuestra Señora; en cuanto Ella encuentra y enfoca los deseos de tu alma, se concentra e intensifica este amor y los fundamentos para que se forme el intercambio divino.

Dirección: El alma es como un jardín en el cual las malas hierbas crecen constantemente; entonces, tenemos que practicar la abnegación; manteniendo continuamente la pala en nuestras manos para arrancarlas y arrojarlas de nuestros corazones. Si no tu alma se volverá salvaje; una basura sin cultivar cubierta de espinas. ¿Cómo nos puede ayudar el cultivar nuestro exterior, efectuar devociones y dejar nuestro interior como un campo indomable?. Es tu propia voluntad la que trae la rutina a tu alma; pero por medio de tu consagración se fertiliza la tierra. Al podar tu alma sientas las bases de las gracias en la consagración; es por medio de tus constantes esfuerzos que un jardín de pureza es creado para recibir las flores de virtud en medio de tu corazón.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, atráeme enteramente hasta tu Hijo y ayúdame a encender en mi corazón su santo amor por el cual yo deseo ser enteramente consumido; Madre querida, toma posesión de mi corazón y cámbialo por el tuyo. Llénalo con el deseo de todo lo que es santo y bueno, ilumínalo para que esté listo y dispuesto para ejecutar la voluntad del Padre y siguiendo tu ejemplo, pueda yo encontrar la santificación; únete a mi y yo a ti con un perfecto amor que nunca pueda ser disuelto. Haz que mi corazón no sea ya más mío, sino que sea enteramente de Dios a través de las gracias infundidas en mi corazón a través de tu corazón maternal.

«Un jardín es mi hermana, mi novia» (Cantar de los Cantares 4:12)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Infierno. – Penas interiores

Composición de lugar. “Ver con la vista de la imaginación la longura, anchura y profundidad del Infierno”.

Y verme a mí mismo resbalando hacia él y la Virgen Santísima dándome la mano para que no caiga.

Petición. “Interno sentimiento de la pena que padecen los dañados, para que, si del amor del Señor eterno me olvidare por mis faltas, a lo menos el temor me ayude para no venir en pecado.”

Punto I. Recordemos brevemente los tormentos que considerábamos en la meditación anterior y reflexionemos lo que todos ellos juntos irritarán la sensibilidad del infeliz condenado, teniendo en cuenta los efectos que en este mundo producen en las almas enfermedades y tormentos, que no son ni sombra de los de allá. ¿Qué efecto hará todo esto en la imaginación del condenado? Tal es la fuerza de esta facultad, que muchas veces duplica las enfermedades y llega hasta producir la muerte. ¿Qué hará en el infierno esta “loca de la casa”, ya no exaltada por vanas aprensiones, sino por la terrible y desesperante realidad? ¿Qué hará todo el ejército de las pasiones, revuelto y desenfrenado, si aun en este mundo desgarra muchas veces el alma con desesperaciones y odios infernales?

La memoria del prófugo esclavo de María recordará los días apacibles que en el mundo pasó bajo la mirada de amor de tan dulce Señora, la ingratitud con que abandonó su devoción, las personas conocidas suyas que, por haber sido fieles a Ella, gozan de su presencia en el cielo. Discurrirá su entendimiento sobre la facilidad con que pudo salvarse, y la irremediable desgracia en que se ve; la voluntad estallará en odio salvaje contra la más amable de las criaturas, querrá, como perro rabioso, despedazar con sus dientes el rosario y el escapulario, que eran en otro tiempo su consuelo y su esperanza, y su lengua vomitará las más impuras blasfemias contra la Reina de los Ángeles. ¡Madre mía!, y ¿será posible que algún día llegue a blasfemar de ti un hijo que tanto te quiere?

Punto. II. La más terrible de las penas es la de daño. Acá no acertamos a entenderla; pero a los corazones nobles y delicados les puede dar de ella alguna idea aquella eterna despedida que da el condenado, en el día del Juicio, a todos los que en algún tiempo amaba, semejante a un pobre náufrago que tiende sus brazos hacia la playa de donde una ola le arrebata para siempre. Pero el dolor de apartarse de todas las criaturas no valdrá entonces nada comparado con el sentimiento de apartarse de Dios. Hay que entender la fuerza que tiene la voluntad humana cuando concentra todas sus energías en un solo objeto, al que no puede unirse nunca. ¡Cuántos crímenes cometen los hombres arrebatados por una pasión que no pueden satisfacer! Pues si las prendas de una criatura pueden de tal manera arrebatar el corazón, que le arrastren a la desesperación extrema, cuando con ella no puede unirse, ¿qué será la infinita hermosura y perfección de Dios cuando el entendimiento la conozca, libre de los obstáculos que en esta vida le entenebrecen?

¡Oh Hermosura infinita y Amor de los Amores! Quiero ser siempre esclavo de María, para que Ella no me deje nunca apartarme de ti.

Punto. III. Triste experiencia nos ha enseñado que puede apartarse de Dios un alma que por algún tiempo la amó; y que si en ella no ha echado hondas raíces la devoción a Nuestra Señora puede también perderla y perder con ella la última tabla de salvación en el naufragio. San Ignacio enseña que “del amor del Señor Eterno me puedo olvidar por mis faltas”. Las faltas plenamente deliberadas me arrastrarán fácilmente por el resbaladero de la tibieza al abismo del pecado. Pues para no resbalar necesito asirme bien del manto de Nuestra Señora. Repetiré, por tanto, mil y mil veces: “¡No me dejes, Madre mía!” Pero sobre todo procuraré no dejarla yo a Ella; seguir como fiel esclavo todas las inspiraciones con que me convide a alejarme del mundo para acercarme a Ella.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Cómo se ha de resistir a las tentaciones

Mientras en el mundo vivimos no podemos estar sin tribulaciones y tentaciones.

Por lo cual está escrito en Job: Tentación es la vida del hombre sobre la tierra.

Por eso cada uno debe tener mucho cuidado acerca de la tentación, y velar en oración, porque no halle el demonio lugar de engañarle, que nunca duerme, sino busca por todos lados a quién tragarse.

Ninguno hay tan santo ni tan perfecto que no tenga algunas veces tentaciones, y no podemos vivir sin ellas.

Mas las tentaciones son muchas utilísimas al hombre, aunque sean graves y pesadas, porque en ellas es uno humillado, purgado y enseñado.

Todos los santos, por muchas tribulaciones y tentaciones pasaron, y aprovecharon.

Y los que no las quisieron sufrir y llevar bien, fueron tenidos por malos y desfallecieron.

No hay orden ni religión tan santa, ni lugar tan secreto, donde no haya tentaciones y adversidades.

No hay hombre seguro del todo de tentaciones mientras que vive; porque en nosotros mismos está la causa de donde vienen, pues que nacimos con la inclinación al pecado.

Pasada una tentación o tribulación sobreviene otra, y siempre tendremos que sufrir, porque se perdió el bien de nuestra primera felicidad.

Muchos quieren huir de las tentaciones, y caen en ellas más gravemente.

No se pueden vencer sólo con huirlas; con paciencia y buen ánimo, vencerlas (con el favor divino) mejor que no con tu propio conato y fatiga.

Toma muchas veces consejo en la tentación, y no seas desabrido con el que está tentado; antes procura consolarle como tú lo quisieras para ti.

El principio de toda tentación es la inconstancia del ánimo y la poca confianza en Dios.

Porque como la nave sin timón la llevan a una y otra parte las olas, así el hombre descuidado y que desiste de sus propósitos es tentado de diversas maneras.

(Imitación de Cristo, libro 1, cap. 13)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Os llegó la hora, todo se cumplirá

Hijos carísimos: María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, tiene una gran tarea, una gran misión otorgada por el Cielo: despertaros de vuestro sueño letargo y de vuestro adormilamiento espiritual; porque os ha llegado la hora: todo lo que está escrito tendrá que cumplirse.

Son muchos los mensajes que hablan del final de los tiempos, mensajes guardados en las gavetas oxidadas del corazón, mensajes olvidados empolvados, mensajes cuestionados por algunos teólogos que aducen que el Señor es sólo misericordia, bondad infinita, que todo lo perdona; mensajes, dados a verdaderos profetas que, no son creíbles cuando se menciona el castigo que le espera a la humanidad si no se convierte; mensajes que ni siquiera son discernidos, son rechazados inmediatamente.

A vosotros soldados rasos del Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes, os dirijo mis palabras porque en vuestro corazón hallo humildad, sencillez, apertura y docilidad a la acción del Espíritu Santo.

A vosotros, mis hijos amados: os quiero formar como discípulos aventajados en Sabiduría Divina y Santidad.

A vosotros, os quiero preparar con mis lecciones de amor, quiero que toméis conciencia que la hora para la segunda venida de Jesús se os aproxima; aceptad que estáis en los umbrales de la Nueva Jerusalén; pero antes que veáis cielos nuevos, tierra nueva, muchos sucesos habrán de acontecer; las profecías de las Sagradas Escrituras tendrán que cumplirse literalmente, eventos de gran magnitud están por sobrevenir al mundo entero; aún los más justos, tendrán que enfrentarse a la gran prueba.

Hijos amados: os ayudaré a comprender algunos signos descritos en la Sagrada Biblia; signos que os muestran claramente que estáis en el final de los tiempos, signos que os habrán de llevar a una conversión perfecta, transformadora; signos que os harán sentir la proximidad de los hechos, signos mal interpretados por muchos teólogos modernos, signos que sólo son aceptados y entendidos por las almas que tienen corazón de niño, signos que son la respuesta clara que os muestra la pronta llegada del Mesías.

El primer signo es la gran apostasía.

Hijos queridos: “No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera; porque no vendrá este día, sin que primero haya acontecido la apostasía, casi general de los fieles, y aparecido el hombre del pecado, hijo de la perdición” (2 tesalonicenses 2,3); apostasía que lleva a los hombres a salirse de la doctrina verdadera, apostasía que lleva a los hombres a caminar en tinieblas, apostasía que lleva a los hombres a dar culto a satanás, apostasía que lleva los hombres a rechazar los dogmas de nuestra Iglesia, apostasía que lleva los hombres a cuestionar las Sagradas Escrituras y el Magisterio; apostasía que lleva los hombres a negar la existencia de los Ángeles, del purgatorio y del infierno; apostasía que lleva los hombres a negar la real presencia de Jesús en la Eucaristía. Eucaristía que es tomada como un símbolo, como una simple cena en la que se recuerda al Señor en un jueves santo; apostasía que prolifera el ateísmo, la masonería; apostasía que promueve el movimiento de la nueva era; movimiento salido de las profundidades del averno, movimiento dirigido por satanás; “entonces la serpiente, vomitó de su boca, en pos de la mujer, cantidad de agua como un río, a fin de que la mujer fuese arrebatada de la corriente” (Apocalipsis 12,15).

Hijitos míos: pedid siempre la asistencia del Espíritu Santo, porque muchas almas yacen en el error, han caído en el abismo de la mentira, se han salido de las fuentes fidedignas; la gran apostasía está acabando con el ministerio de muchos de mis hijos predilectos, hijos que se atreven a decir que la Biblia contiene errores históricos, hijos que aducen que los Sacramentos son meros símbolos, hijos que han perdido la definición de lo que es el pecado, hijos que niegan la resurrección de Cristo.

No os dejéis confundir, rechazad el error provenga de quien provenga, permaneced fieles a la doctrina verdadera de las Sagradas Escrituras, del Catecismo y del Magisterio de la Iglesia. “Y aparecerá un gran número de falsos profetas que pervertirán a mucha gente”. (Mateo 24,11).

Consagraos a mi Inmaculado Corazón. Soy vuestra Madre Celestial que os protegerá como a niños pequeños, dejaos tomar de mis manos; el enemigo no me los podrá arrebatar; él no soporta mi presencia porque sabe que muy pronto una mujer vestida de sol, parada sobre la luna, con corona de doce estrellas pisará con su talón la cabeza de la serpiente.

Orad para que perseveréis en el resto fiel de la Iglesia; no soltéis de vuestros labios y del corazón el Santo Rosario, corona de rosas que os ayudará a permanecer en la verdad.

Virtud de la Gratitud

Pequeñitos de mi Inmaculado Corazón, como Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os llamo a vivir la Virtud de la Gratitud.

Virtud que os da gozo y beneplácito a vuestro corazón.

Virtud que os lleva a reconocer el bien que os hacen los demás.

Virtud que os hace generosos para dar gracias, gracias porque en vuestra tristeza alguien consoló vuestro corazón.

Gracias porque en vuestra desolación alguien levantó vuestro ánimo caído.

Gracias porque en vuestras dudas alguien os aclaró el camino.

Gracias porque en vuestra soledad hubo alguien quien os acompañó.

Gracias porque alguien os alentó a vivir, a disfrutar de cada momento, a hacer de vuestra vida una aventura maravillosa.

Agradeced a Dios por todo lo que Él os ha dado.

Agradecedle porque, a través de vuestros ojos, podéis ver la obra armoniosa de la creación. Creación multicolor que os aviva, os enajena ante tanto amor por todas sus criaturas. Agradecedle por vuestros oídos, oídos que os permiten escuchar su tenue voz. Oídos que se deleitan ante el trinar de los pájaros. Trinar que es un canto de alabanza a Dios.

Agradecedle por vuestra voz. Voz que os lleva a alabarlo, a hablar de su mensaje, mensaje transformador y liberador.

Agradecedle por la belleza y delicadeza de una flor, flor que por su fragilidad enternece vuestro corazón.

Agradecedle por el sol, la luna y las estrellas, astros del cielo que engalanan el firmamento. Agradecedle por su permanencia en la Eucaristía, no os dejó solitarios, pensó en vosotros porque os ama.

Agradecedle por vuestra familia, por vuestro hogar. Estáis rodeados de seres queridos que os aprecian, que os aceptan tal como sois.

Agradecedle por vuestro trabajo, por vuestra empresa; son medios que Él ha dispuesto para vuestro sustento.

Agradecedle por vuestra salud y enfermedad; sois frágiles, no sois cuerpos gloriosos. Agradecedle por vuestras pruebas, pruebas que os acrisolan, os purifican para que retornéis a la Casa del Cielo.

Haced de vuestra vida perenne gratitud porque sois únicos, irrepetibles, sois obra perfecta de la creación de Dios.

Hijitos míos: mi vida fue un continuo himno de gratitud por la obra que el Altísimo ha hecho en Mí. Gratitud porque en mi pequeñez me hizo su esclava.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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