Oraciones iniciales

Veni Creator Spiritus (1-12)

Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Magnificat (1-12)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Mt 13,24-30)

Parábola de la cizaña

24 Les propuso esta otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. 25 Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se fue. 26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. 27 Los siervos se acercaron al amo y le preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Por qué tiene entonces cizaña?’ 28 Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto.’ Los siervos le dijeron: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’ 29 Les respondió: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. 30 Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Ya diré a los segadores, cuando llegue la siega, que recojan primero la cizaña y la aten en gavillas para quemarla, y que almacenen el trigo en mi granero.»

Meditación: Vida mundana y vida mariana.

“Si el Árbol de la Vida, que es María fuera bien cultivado en nuestra alma, por la fidelidad a la Total Consagración, dará fruto a su tiempo y su fruto no es otro que Jesucristo” (San Luís María G.de Montfort T.V.D.21)

“La vida de María es norma para todos”. (San Ambrosio)

Los bienes de este mundo son transitorios y engañosos. Cuando los mundanos se vuelven hacia los honores y riquezas, se manchan con una multitud de pecados, trayéndoles perturbaciones, lágrimas y des­ilusiones. El amor a las exterioridades nos lleva a la infelicidad durante la vida, en la hora de la muerte y por toda la eternidad. ¡Somos lo que amamos! Debemos vivir para Jesús y María, cultivando lo que es eterno. Solo así actuaremos inspirados en la Sabi­duría celeste. procurando el amor de Nuestra Señora y la Gracia de Nuestro Señor.

Al volvernos sus Esclavos de Amor, estaremos esforzándonos para desear las cosas de lo alto, preocupándonos únicamente con el honor y la dignidad de pertenecerles. ¡Qué felicidad es habitar en el Corazón de la Santísima Virgen! En su Corazón Inmaculado recibire­mos siempre el socorro necesario para elevarnos a Dios. Siendo devo­tos de Ella de este modo, seremos llevados a una plena consagración de conversión, donación, íntima estima, veneración y amor, como nos ex­horta la Santa Iglesia.

Estrechemos los lazos que nos unen a la Madre celeste, pues, si en el orden de la naturaleza la madre contribuye en el desarrollo de su hijo, en el orden sobrenatural, María Santísima, se vuelve imprescindi­ble para que seamos engendrados en la vida de la Gracia, hasta que Cristo Jesús sea formado en nosotros. Siendo así, es voluntad suya que nos apartemos de toda afección desordenada, deseos humanos, apegos y egoísmos.

Para crecer espiritualmente necesitamos la Gracia Santificante y la Caridad que nos son dadas, aumentadas o restituidas por los Sacra­mentos. La Santísima Virgen, con el Espíritu Santo nos mueve para re­cibirlos bien. Tenemos por tanto, que serles dóciles. En cooperación con la acción materna de la Virgen María, encontraremos la Divina Sa­biduría que nos hará sentir dulzura y paz, incluso cuando nos hayamos envueltos en desmesurados sufrimientos.

Mientras muchos se dejan envolver por la vida ociosa, por los bullicios y vanidades del mundo, nosotros, como siervos de Jesús en María, nos ocuparemos en la oración, en el recogimiento y en el culti­vo de una vida interior, a imitación de Nuestra Señora.

¡Necesitamos habitar en la casa de María, en su Inmaculado Co­razón! Amándola y honrándola, no nos preocuparemos sólo con lo que tiene de exterior esta devoción, así, evitaremos desagradarle; practi­cando con entusiasmo todo lo que le place, dando a nuestro cuerpo y a nuestra alma lo que les corresponde. A Ella debemos volvernos, con total obediencia, como conviene a un verdadero devoto, atendiendo fielmente a lo que nos dice la Sagrada Escritura: Haced todo lo que Ella os diga”, es decir comprometiéndonos a seguir los preceptos del Señor contenidos en el Santo Evangelio y proferidos por la Santa Madre Igle­sia.

¡Dirijámonos a María con toda confianza! Nuestra querida Ma­dre está siempre atenta a los incesantes súplicas que le hagamos en las penas y necesidades.

Por fin, concienciándonos: imitando a la Madre del Cielo alcanzaremos la feliz predestinación, pues, con la práctica de sus virtudes tendremos la gracia de la Bienaventuranza eterna.

Oración: ¡Señora Dulcísima, rompe las cadenas que nos unen al espí­ritu del mundo. Confesamos que, apartados de Ti y de Jesús, sólo en­contramos la amargura del infierno. Santísima Virgen, queremos en­mendarnos realmente, entregándonos a vuestro servicio, experimen­tando la libertad de ser Vuestro Esclavo de Amor. Amén.

Jaculatoria: ¡María Santísima, fuente viva de gracia, expulsa de noso­tros todos los errores!

Según Medjugorje

«Mis queridos hijos: vengo a convocarlos a esta misión de paz, les prometo no separarme de vuestro lado, regresar a ustedes en mi sábado de cada mes, para prepararlos y enseñarles su parte en este plan divino de gracia.

Queridos hijos míos, los llamo aquí para completar todo lo que les he pedido; la hora para la culminación de mi mensaje de paz ha llegado, reúnanse todos fielmente para su consagración con el «Si» a Dios Padre en el día de mi fiesta. A mi se me dará el camino para hacer posible sus deseos de ayudar en esta misión; vengan todos juntos bajo la guía de mi Corazón y de mis pastores escogidos. Plantaré en ustedes la semilla de la santidad por la cual crecerá la gracia y la virtud». Enero 1 de 1993

Guía: El propósito central de la consagración es crear la unión. Nuestra Señora concederá una gracia especial para infundir esta unión; es necesario que preparemos nuestras almas para recibir esta gracia santa, de otra manera quedaremos con solo una parte de lo que Ella había intentado conferirnos. Esta gracia no se puede manifestar con la perfección que ha sido diseñada si el alma no ha preparado el vaso en que será recibida; el alma recibirá solamente el nivel de gracia que está preparada para recibir.

El alma debe entonces reconocer la intención por la cual Nuestra Señora nos trae esta gracia y la expectativa de los frutos de esta gracia; nosotros deberíamos recordar que todas las gracias son puramente dones que son conferidos con el propósito de glorificar a Dios; este es el propósito final de cada uno de los dones del Cielo.

Dirección: No se desanimen cuando encuentren que no han llegado a la perfección que ustedes querían; si se decepcionan por las imperfecciones que desean corregir, esto sería ceder a una gran ilusión de Satanás. El alma que siempre acaricia el deseo ardiente de avanzar en la virtud y se esfuerza continuamente en seguir adelante, podrá obtener, con la asistencia divina, la perfección que se puede alcanzar en esta vida; el descorazonamiento da lugar a que se pierda la esperanza en las gracias obtenidas por medio de tu voto a la consagración; la promesa de la consagración es la marca del vínculo eterno de un puro «FIAT».

Meditación: ¡Oh inmaculado Corazón de María!, por estas luces interiores infundidas en mi alma por medio tuyo en el momento de mi consagración, ayúdame a recibir y ganar la gracia; que yo busque continuamente la voluntad de Dios como tú lo hiciste y a ejecutarla sin reservas. Me ofrezco totalmente para privarme de todos los apegos mundanos, a sufrir la cruz que abrazo con pasión y permanecer firme a tu lado en orden de batalla, listo para defender el Triunfo de tu Inmaculado Corazón.

«Él se fijó en la felicidad que le estaba reservada, y por ella no hizo caso a la vergüenza de la cruz» (Hebreos 12:2)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

El infierno – Penas de sentido

Composición de lugar. “Ver con la vista de la imaginación la longura, anchura y profundidad del Infierno”.

Y verme a mí mismo resbalando hacia él y la Virgen Santísima dándome la mano para que no caiga.

Petición. “Interno sentimiento de la pena que padecen los dañados, para que, si del amor del Señor eterno me olvidare por mis faltas, a lo menos el temor me ayude para no venir en pecado.”

Punto I. “Ver con la vista de la imaginación los grandes fuegos y las ánimas como en cuerpos ígneos.”

Si nos consta que algunas personas han perdido el sentido y aun muerto de espanto con la vista o imaginación de algunas cosas temerosas, y a veces la sospecha sola de ellas nos hace erizar los cabellos y temblar, ¿qué será el temor de aquel lago tenebroso, lleno de horribles y espantosas quimeras? Especialmente si consideramos cuán horrible sea la figura del demonio, pues por tan terribles semejanzas nos la representa el mismo Dios en las Escrituras Sagradas: “Alrededor de sus dientes está el temor: su cuerpo es como un escudo de acero, cubierto de escamas…; su estruendo es un resplandor de fuego, y sus ojos bermejean como los arreboles de la mañana. De su boca salen hachas como de teas encendidas, y de sus narices sale humo como de una olla que hierve. Con su resuello hace arder las brasas y llamas que salen de su boca.” (Job.)

Punto. II. “El segundo, oír con las orejas llantos, alaridos, voces, blasfemias contra Cristo Nuestro Señor y contra todos sus santos.”

“Imagínate que pasases por un valle muy hondo, el cual estuviese lleno de una infinita muchedumbre de cautivos, heridos y enfermos, y que todos ellos estuviesen dando gritos y voces, cada uno de su manera… ¿Qué galera hay en este mundo que de tantos renegados y forzados esté poblada?”

Punto. III. “El tercero, oler con el olfato humo, piedra azufre, sentina y cosas pútridas.”

“Para sentir algo esta pena, párate a considerar aquel tan horrible género de tormento que un tirano cruelísimo inventó para ajusticiar a los hombres, el cual, tomando un cuerpo muerto, mandábalo tender sobre un vivo, y atando muy fuertemente al vivo con el muerto dejábalos estar así juntos hasta que el muerto matase al vivo con la hediondez y gusanos que de él salían. Pues si te parece muy horrible este tormento, ¿qué tal será aquel que procederá del hedor de todos los cuerpos de los condenados?”

Punto. IV. “El cuarto, gustar con el gusto cosas amargas, así como lágrimas, tristeza y el verme (gusano) de la conciencia.”

“Ni tampoco faltará a la lengua, ni al gusto regalado su tormento; pues leemos en el Evangelio la sed que padecía aquel rico goloso entre las llamas de sus tormentos y las voces que daba al Santo Patriarca (Luc 26) pidiéndole una sola gota de agua para refrescar la lengua, que tenía tan abrasada.”

Punto. V. “El quinto, tocar con el tacto, es a saber, como los fuegos tocan y abrasan las ánimas.”

“Es fuego de tan grande ardor y eficacia, que (según dice San Agustín) este nuestro de acá es como pintado si se compara con él. Este fuego atormentará no solamente los cuerpos, sino también las ánimas… Con esta pena se juntará otra contraria a ella, que será un horrible frío, que con ninguno de los nuestros se puede comparar… Y no solamente les atormentará el frío y el fuego, sino también los mismos demonios.”

“Haciendo un coloquio a Cristo Nuestro Señor, traer a la memoria las ánimas que están en el infierno…, y con esto darle gracias porque no me ha dejado caer.”

Y ningún coloquio a Jesucristo será más a propósito para nuestro fin que la preciosa oración que está al fin de El Secreto de María, en que San Luis María le da gracias por la merced que le ha hecho con la Santa Esclavitud, librándole del infierno.

Nota. – Las personas ya acostumbradas a la práctica interior de la Santa Esclavitud es fácil, que al repetir estas meditaciones no puedan sentir los efectos de temor que en ellas se indican, sino mucha paz, por hallarse seguras en brazos de María. Déjense, pues, llevar del afecto de amor y de confianza en esta buena Madre y de celo por salvar las pobres almas que caen en el infierno, porque no la conocen.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

En lo de fuera eran necesitados, pero en lo interior estaban con la gracia y divinas consolaciones recreados.

Ajenos eran al mundo; mas muy allegados a Dios, del cual eran familiares y amigos.

Teníanse por nada cuando a sí mismos, y para con el mundo eran despreciados; mas en los ojos de Dios eran muy preciosos y amados.

Estaban en verdadera humildad; vivían en la sencilla obediencia; andaban en caridad y paciencia, y por eso cada día crecían en espíritu, y alcanzaban mucha gracia delante de Dios.

Fueron puestos por dechados a todos los religiosos y más nos deben mover para aprovechar el bien, que no la muchedumbre de los tibios para aflojar y descaecer. ¡Oh! ¡Cuán grande fue el fervor de todos los religiosos al principio de sus sagrados institutos!

¡Cuánta la devoción de la Oración! ¡Cuánto el celo de la virtud! ¡Cuánta disciplina floreció! ¡Cuánta reverencia y obediencia al superior hubo en todas las cosas!

Aun hasta ahora dan testimonio de ello las señales que quedaron, de que fueron verdaderamente varones santos y perfectos que, peleando tan esforzadamente, vencieron al mundo.

Ahora ya se estima en mucho aquel que no es transgresor, y si con paciencia puede sufrir lo que aceptó por su voluntad.

¡Oh tibieza y negligencia de nuestro estado, que tan presto declinamos del fervor primero, y nos es molesto el vivir por nuestra flojedad y tibieza!

¡Pluguíese a Dios que no durmiese en ti el aprovechamiento de las virtudes, pues viste muchas veces tantos ejemplos de devotos!

(Imitación de Cristo, libro I, cap. 18)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Reparad y ofreced sacrificios

Hijos míos: el refugio de mi Inmaculado Corazón se halla abierto para todos vosotros; en él encontraréis asilo, protección; en él os sentiréis seguros, convencidos que el enemigo no se atreverá a tocaros.

Reparad por tantas ofensas y sacrilegios que recibe Jesús en el Santísimo Sacramento. Reparad y ofreced sacrificios porque el pecado ha llegado al colmo de la desfachatez. La copa del Padre rebosa. Muy pronto desatará su justa cólera sobre toda la humanidad; os ha llegado el momento que todo se cumplirá. El castigo no podrá aplazarse más, porque muchas almas están en peligro de condenación. Muchas almas hieren el Sacratísimo Corazón de Jesús con su iniquidad. Muchas almas han llegado al tope del descaro, muchas almas han abierto las puertas a la tentación, muchas almas abusan de la misericordia de Dios; muchas almas irán a parar al infierno porque no cumplen con los mandamientos, hacen de su vida un carnaval, una fiesta; muchas almas huelen a podredumbre, porque nada bueno hay en sus corazones; muchas almas retan al Señor, postergando para mañana su conversión. Muchas almas se han hecho cómplices del mismo demonio.

Hijos amados: os quiero recordar, por última vez, parte del mensaje que Jesús dio al Padre Pío en 1950: gran parte de la humanidad será destruida, como los habitantes de Sodoma y Gomorra, porque no han acogido el mensaje liberador de Jesús, se han apartado de su lado, andan por el camino que las llevará a la perdición.

Hijos amados, cuando veáis alteraciones en el sol, en la luna, y en las estrellas: estad preparados, porque muy pronto se dará inicio a las 72 horas, profetizadas en las Sagradas Escrituras; horas que partirán de una noche fría, noche en la que soplará el viento; noche en la que se escuchará el tronar de los rayos, noche en la que caerá una lluvia persistente de fuego; noche en la que el viento esparcirá, por toda la tierra, gases venenosos; noche en la que debéis tapar puertas y ventanas para que no veáis la guerra desatada entre el Cielo y el Infierno, porque si miráis: pereceréis súbitamente; noche en la que debéis arrodillaros frente a un crucifijo y pedir la protección celestial; noche en la que debéis orar, postrados o con los brazos en cruz, pidiendo mi protección Maternal; noche en la que las almas que estén en estado de gracia y pidan mi amparo, nada les sucederá; las almas inocentes y buenas que mueran, serán tomadas como mártires; noche en la que debéis encender una vela bendita y rezar el Santo Rosario y la coronilla de protección: Quién como Dios nadie como Dios, orando con vuestra mente y con vuestro corazón; noche en la que debéis guardar los animales, ellos también son hechuras de Dios; noche en la que muchos morirán de miedo, de desesperación; noche en la que los malvados serán aniquilados; noche en la que los elegidos no deberán dormir. Hijos carísimos: una vez pasadas las 72 horas: el sol reaparecerá. Reinará una gran paz. Jesús será amado, adorado y glorificado. La Iglesia vivirá humildemente y practicará las virtudes de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. No existirá divisiones, todos vivirán en el santo temor de Dios. “Mas en orden al día y a la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, sino sólo mi Padre”. (Mateo 24,36).

Comprended que: os ha llegado la hora, ya no hay tiempo para las diversiones, el poco tiempo que os queda es para orar, hacer penitencias, ayunos, mortificaciones.

Volved vuestros ojos y vuestro corazón al Señor. Él os espera para perdonaros, para purificaros y limpiaros en los Ríos de la Gracia.

Dejad las cosas del mundo, convertíos enteramente a Dios.

Orad, orad porque todos los acontecimientos profetizados en la Salette, Fátima y Akita están próximos por cumplirse totalmente. Orad, orad porque la astucia de satanás ha sembrado confusión en todo el mundo; confusión que lleva a la perdida de la fe; confusión que lleva a los hombres tras los cuentos, tras las fábulas. Orad, orad para que mis últimos mensajes se extiendan por toda la tierra, mensajes esperanzadores, mensajes que habrán de tocar los corazones de los hombres llevándolos a la conversión. Orad, orad para que la humanidad entera se consagre a mi Inmaculado Corazón. Corazón que es refugio seguro en este final de los tiempos. Corazón que arde en la llama de Amor Santo para todas las creaturas. Corazón que os fortalecerá cuando sintáis miedo. Corazón que es oasis de paz cuando os sintáis inquietos.

Virtud de la obediencia

Mis pequeños: Os quiero instruir en la virtud de la obediencia porque si sois obedientes escalaréis altas cimas a la santidad.

Obedeced a las mociones del Espíritu Santo. Él no sopla porque sí, su Hálito Divino os mueve, os impulsa a seguir el frescor de su viento, el suave oleaje de su presencia.

Caminad impulsados por su voz.

Parad por instantes a los ímpetus de vuestro corazón y discernid si es Voluntad de Dios.

Lo que previene de Él os debe dar paz.

La desazón y turbación de espíritu no proviene de Dios.

La obediencia pule la aspereza de vuestro corazón, lima lo bruñido de vuestra vida y da forma a lo tosco de vuestro ser.

La obediencia os hace (como madera sin forma que, en las manos del ebanista, a costa de esfuerzo y de trabajo constante, os va tallando hasta construir su obra) obras perfectas.

La obediencia es signo de que Dios está en vosotros y signo de que lo que hacéis, así camine en contra vía a vuestros gustos e intereses, es para dar gloria a su nombre.

Sed obedientes como mi Hijo Jesús fue obediente al Plan Salvífico de Dios.

Él no opuso resistencia a su Gran Misterio.

Lo aceptó a pesar del sufrimiento y vejámenes que tendría que soportar con tal de obedecer a su Padre, para rendirle atributo con su muerte en cruz.

Sed obedientes como los primeros discípulos, discípulos que lo dejaron todo, lo arriesgaron todo para seguir sus huellas, para abrazar la cruz, porque todo seguimiento implica renuncias y sacrificios que duelen.

Sed obedientes como los Patriarcas y Profetas, hombres recios y templados en la fe. Hombres de sandalias desgastadas que obraron de acuerdo al querer de Dios.

Sed obedientes como los Apóstoles, ungidos de Dios que se dejaron moldear, triturar y amasar para dar gloria al Dios que los llamó. Sed obedientes como lo fui Yo, no me cuestioné al plan de Dios, me puse en sus manos para que me guiara en su caminar.

Me abandoné por completo a su proyecto de amor.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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