Oraciones iniciales

Veni Creator Spiritus (1-12)

Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Magnificat (1-12)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio ( Mt 5 38-48)

38 «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 39 Pues yo os digo que no resistáis al mal*; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; 40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica* déjale también el manto; 41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. 42 A quien te pida da, y no vuelvas la espalda al que desee que le prestes algo.

43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo*. 44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos* y rogad por los que os persigan*, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos*? 47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los paganos? 48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo.

Mediación: Las máximas del mundo

Dios tiene su Sabiduría y ésa es la única que merece ser amada y buscada como un gran tesoro. El mundo corrupto, puede tener también su sabiduría pero ésta se debe condenar y detestar porque es cruel y perniciosa.” (San Luis María Montfort, A.S.E.74)

Vanidad de vanidades, todo es vanidad, excepto amar a Dios y sólo a El servir”(Ecl 1,2).

El amor hacia Dios debe ser la guía y la luz de nuestros pasos moviendo nuestras aspiraciones, deseos e ideales. Debemos, pues, huir de todas y cualquier obra de la carne que pertenecen al espíritu del mundo, tales como: prostitución, impureza, deshonestidad, idolatría, maleficios, enemistades, contiendas, celos, iras, disputas, discordias, envidias, embriaguez, orgías, etc. Estas son contrarias al Espíritu de Jesús, que es de caridad, alegría, bondad, templanza, es decir correspondamos a la Llamada de Nuestra Señora en Fátima que nos dijo para no ofender más a Jesús, que ya está muy ofendido: “No ofendamos al Amor. Que nuestra voluntad sea la de Dios y nuestra única aspiración sea la posesión plena de su Amor”, así escribe la hermana Lucía comentando el mensaje venido del Cielo.

La sabiduría del mundo es contraria a la Sabiduría de Dios, que es Amor-Donación. Ella tiene perfecta armonía con las máximas y las costumbres del siglo, siempre tendiendo a buscar grandezas y buena reputación, procurando satisfacer sus propios intereses y placeres, con hipocresía y astucia. Sólo se preocupa con los negocios, orientando todo en provecho propio, fingiendo, engañando, intentando establecer acuerdo entre la verdad y la mentira, entre el Evangelio y el mundo, entre la virtud y el pecado; por fin, entre Jesús y el demonio. Infelizmente, quien sigue la sabiduría del mundo y sus máximas apenas le importan tan siquiera la apariencia de ser bueno, no esforzándose por agradar a Dios y mucho menos en expiar sus pecados con penitencia. Éstos, se interesan sólo por lo que los otros vayan a pensar o hablar, juzgando ser de mayor valor seguir las modas y comer bien.

Todo eso que afirmamos corresponde fielmente a las características de los que se dejan guiar por los diez mandamientos del mundo y no por los de Dios.

Según San Luís María son estos los preceptos mundanos:

1° Conocer bien el mundo, acompañando el siglo;

2° Vivir como un hombre honrado, contentándose solamente con las apariencias;

3° Orientar bien los negocios, tomando el dinero como el fin último de la vida;

4° Guardar bien las pertenencias, ignorando la caridad;

5° Procurar salir del anonimato, avanzando en la vida con ambición y osadías;

6° Procurar hacer amistades importantes, sin preocuparnos en obedecer a la conciencia que nos advierte sobre las malas compañías;

7° Frecuentar la alta sociedad andando siempre detrás de personas influyentes;

8° Comer y beber bien;

9° Cultivar el buen humor, incluso ante toda suerte de placeres culpables;

10° Rechazar la piedad, religión, obras de caridad u otros oficios devotos.

El espíritu del mundo es contrario la Divina Sabiduría al despreciar los actos de renuncia y la locura de la Cruz. La buena Madre, María Santísima, nos aparta de esta sabiduría terrena, carnal y diabólica, que es pregonada por los mundanos. Ella fue la primera en separarse del mundo y seguir a Jesús en el ocultamiento, en la mortificación y en la vida interior como también, en la comunicación y unión con sus sufrimientos. De este modo Ella será nuestro auxilio en la crucifixión de la carne, (con sus pasiones y malos apetitos) conduciéndonos a una continua violencia sobre nosotros mismos, y ayudándonos a cargar con la cruz de cada día.

En resumen, no cohabitan en la misma alma la Sabiduría y el amor y las vanidades del mundo. Obteniendo esta tan deseada Sabiduría, renunciaremos efectivamente a los bienes de este siglo, o por lo menos nos despegaremos de ellos, poseyéndolos como sino los tuviéramos; lo que acontecerá si a imitación de la Virgen María practicamos una mortificación continua, valerosa y discreta.

Mediante una vida de intensa penitencia interior (subyugando la inteligencia y la voluntad) y exterior (con paciencia ante las adversidades, ayunos, vigilias y otras austeridades) es como María Santísima nos mostrará lo que Dios quiere. ¡Seamos dóciles a su acción materna!

La idolatría en la postmodernidad

La idolatría es un grave pecado por cuanto se desprecia el culto al verdadero Dios, Creador y Sustentador de todas las cosas, para adorar a un ser creado colocándolo en el centro de la vida. En el pasado los hombres tomaban una imagen cualquiera (generalmente de un animal) y a este ídolo prestaban culto de adoración, ofreciéndole sacrificios, alimentos y perfumes a través de la quema de inciensos. Eso era una gran ofensa a Dios, y era abominable ante Él. Desgraciadamente esa práctica no se extinguió incluso después de haber dado el Señor a los hombres tantas pruebas de su poder y de su Amor. ¿Cómo podemos entonces identificar esta práctica en la actualidad? De variadas formas, pues, la sociedad moderna tiene la capacidad de reproducir viejos vicios bajo nuevos aspectos. Entre estos tenemos:

El ateísmo práctico – “Dios existe en la teoría, para la mayoría de las personas pero por el contrario, en el día a día se vive como si Él no existiese”.

No se reza nunca, no se preocupan en seguir la moral cristiana en los variados comportamientos asumidos. Todo está concurriendo para la satisfacción del propio ego, o sea, del egoísmo y la voluntad propia que pasan a regir cualquier norma de conducta. Hay sufrimientos y luchas trabadas en vano en el intento de que los deseos personales sean satisfechos cueste lo que cueste.

El hedonismo – Es erigido un trono al dios placer.

Toda la preocupación de los individuos gira en torno a la satisfacción de sus apetitos carnales. La sensualidad es exacerbada. Las diversiones mundanas ocupan un lugar central en la vida de las personas. El espíritu de sacrificio es despreciado y ya no hay más leyes morales que sean obedecidas.

El materialismo– ‘“El dinero, el poder y el consumismo son reverenciados”.

Se ha establecido el dominio del tener sobre el ser. El hombre desprecia su dignidad de hijo de Dios para establecer en su vida una loca carrera objetivada por el dinero y los bienes de propiedad oscureciendo las realidades eternas.

Por estas prácticas arriba citadas, que infelizmente traducen la vida moderna, Dios Nuestro Señor es apartado y se vuelve frecuente, entre nosotros, la vieja frase de  “Incensar a los ídolos”.

Oración: María Santísima, agradecidos por la lucidez que nos disteis para distinguir las acciones e intenciones que son contrarias a Ti y al Espíritu Santo de Dios, queremos adoptar firmes resoluciones para liberarnos del mundo y esclavizarnos amorosamente a vuestro Inmaculado Corazón. Bondadosa Madre ayúdanos en nuestro camino. Amén.

Jaculatoria: ¡Permanezca nuestra vida escondida en Cristo Jesús!

Según Medjugorje

«Ángel mío, es en la respuesta de mi llamado, como todos mis hijos reciben cada gracia que ellos imploren de mi Inmaculado Corazón. Tu convicción, puesta dentro de la Consagración a mi Corazón maternal, permite que el Espíritu Santo se mueva dentro de ti, a través de Mí.

Te lo digo otra vez para que lo recuerdes: será cuando ya no sientas la tierra bajo tus pies, cuando tú constatarás que estas en vuelo hacia mi abrazo.

Ángel mío, nunca dudes de las palabras que te he dicho sobre el deseo de Dios Padre para la santa ejecución de mi triunfo: Es en esta unión concedida entre mis escogidos, y la conformidad a la voluntad de Dios, como la afirmación de la convicción será inspirada en cada uno de sus corazones»  Diciembre 7 de 1992

Guía: Se necesita una gracia excepcional para llevar el alma al estado en que este intercambio celestial de corazones pueda ocurrir; se necesita un fuego abrasador.

La consagración levanta el alma hasta el punto donde Dios se mueve hacia ella para elevarla por encima de la capacidad humana de amar; en esencia, Dios levantará el alma al conocimiento del Cielo.

El alma, puede moverse humanamente hasta el punto donde Dios puede corresponder a ella y atraerla hasta el momento del intercambio, pero solo Dios puede atraer el alma a este nivel espiritual. Se necesita un amor divino e intenso para causar la transformación del alma y del corazón, hasta el punto de la fusión necesaria para que se realice tal milagro.

Si la base para la consagración no está puesta dentro del alma, el alma no puede moverse libremente hasta el punto que debe alcanzar para que ocurra el intercambio.

Es el esfuerzo por parte del alma, el que alimenta el deseo de amar de Nuestra Señora, pero solo Dios como mediador puede realizar el acto divino del intercambio en el acto de la consagración. La preparación debe ser vista con tanta importancia como el acto mismo de la consagración; de otra manera el alma no podrá recibir la gracia diseñada específicamente para la consagración.

Dirección: ¿Cómo es que los deseos fervientes hacen volar el alma a Dios?, los buenos deseos dan fuerza y coraje y disminuyen el trabajo y la fatiga de ascender la montaña de Dios. El que no tiene un deseo ardiente para obtener la santidad durante los tiempos difíciles, no podrá llegar nunca a la perfección.

Nosotros no debemos descansar en nuestro deseo intenso para alcanzar la santidad, sino que debemos correr continuamente para poder obtener la corona de pureza adornada con virtud; esta es una corona incorruptible que Nuestra Señora desea tanto colocar sobre nuestra alma a través de nuestra consagración a su Inmaculado Corazón.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, ruega para que mi corazón se abra ante la gracia que lo transformará en imitación al tuyo. Haz que yo pueda obtener, por el poder del Espíritu Santo, el deseo que me mueva hacia ti y que mi corazón pueda ser conducido hacia el momento del intercambio; que sea creado un fuego abrasador que pueda arder tan brillantemente, para que el milagro de la transformación pueda envolver mi corazón y mi alma y ser levantada hasta las alturas prometidas por Dios.

«¿Quién subirá hasta el monte del señor?, ¿Quién entrará en su recinto santo?.

El que tiene manos inocentes y puro corazón, el que no pone su alma en cosas vanas, ni jura con engaños» (Salmo 24:34)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

La muerte de los esclavos del mundo y la muerte de los esclavos de María

Composición de Lugar. Verme a mí mismo en el lecho de muerte, momentos antes de expirar, besando por última vez el rosario o el escapulario.

Petición. Que se despegue mi alma de todas las aficiones de la tierra y sienta cuán bien le está dejarlas todas para entregarse a María Santísima.

Punto I. Es cierto que hemos de morir, como nos lo dicen todos los que delante de nosotros van cayendo, como caen las hojas de los árboles en otoño. Lo que no sabemos es cuándo llegará la hora en que este viento de la muerte nos arrebate.

¡Terrible pensamiento es éste para quien en las cosas del mundo tiene puesta su afición! Recordemos aquella parábola del Evangelio (Lc 12,20).

“El campo de un hombre rico dio abundante fruto. Y pensaba él entre sí diciendo: ¿Qué haré que no tengo dónde juntar mis frutos? Destruiré mis paneras y las haré mayores; y allí reuniré todo lo que ha nacido para mí y mis bienes. Y diré a mi alma: alma, ya tienes bienes para muchos años: descansa, come, bebe, banquetea. Pero Dios le dijo: necio, esta noche te arrancarán el alma. Lo que allegaste ¿de quién será…? Así acaece a quien atesora para sí y no es rico delante de Dios.”

Y no menos al que está apegado a las honras y a los amores del mundo. Y no sólo para el pecador, que anda encenagado en sucios deleites, sino aun para el cristiano honrado y piadoso, pero excesivamente aficionado a las comodidades y placeres lícitos y aun a los santos amores de su hogar; porque, como dice San Gregorio, “no se deja sin dolor lo que con amor se posee”. “Espantoso es este pensamiento (dice el P. Grou) para todos los que sirven a Dios por espíritu de interés, que cuidan de su salvación sólo por lo que les importa a ellos, que piensan más en la justicia de Dios que en su misericordia.” En general, es aflictivo para cualquiera que no esté completamente desatado de todas las cosas de la tierra con la práctica de un continuo morir a sí mismo.

Y más aún que por este apartamiento de todas las cosas amadas, es la muerte muy terrible por la incertidumbre de la suerte que tras ella nos espera. ¡Oh!, si como hay seguros contra incendios y naufragios hubiera verdaderos seguros del alma para después de la muerte, que de tal modo pudieran asegurarnos que nos quitaran todo temor, ¡con qué ansia debiéramos asirnos de ellos por mucho dinero que hubiera que pagar!

Punto. II. Pues hay un verdadero seguro del alma contra la muerte, y es la Santa Esclavitud de María.

La Santa Esclavitud, bien entendida, es un continuo morir a sí mismo. El esclavo de María no tiene que apartarse al morir de los bienes de la tierra, porque ya mucho antes ha renunciado a todos y los ha dejado en manos de su Señora. Lejos de él han de estar todas las aficiones pecaminosas; y las aficiones lícitas, dominadas por el amor de su Reina, ante el cual desaparecen todos los cariños terrenos. La muerte no es otra cosa para él que un pasaporte para entrar libremente en el palacio y en el reino de la Señora a quien ha entregado su corazón y en cuyas manos ha puesto todo su tesoro. ¿Cómo temer la muerte el siervo de María? Al contrario, ¿cómo no desearla?

Pero ¿y aquel “después”, que aun a los santos tanto aterra al acercarse la última hora?

El esclavo de María no tiene por qué temerlo. Está en manos de su Señora, lo mismo que un niño en las de su madre. Y una madre, y tal madre, ¿le dejará caer de sus brazos por impotencia o por desamor? Nadie deja que se pierda una cosa que es propiedad suya, aunque sea un vil animalejo, y ¿va a dejar Nuestra Señora que se pierda un alma, redimida con la sangre de su Hijo, cuando se ha entrado por sus puertas, declarando ser toda propiedad suya?

La devoción a Nuestra Señora es señal de predestinación más o menos probable, según su grado, moralmente cierta a lo menos en su grado sumo, que es la perfecta consagración o esclavitud. ¿De quién sino del verdadero esclavo de María se han de entender las autoridades de los Santos Padres y de los Doctores, que acerca de este punto son tan claras? Si es prenda de salvación llevar el cuerpo vestido con la librea de María, ¿qué será tener el alma vestida de María y compenetrada de María, como deben tenerla sus esclavos? Si tanto vale consagrarla algunos momentos del día rezándola algunas oraciones, ¿qué será consagrarla todo el tiempo y vivir habitualmente en su compañía? “Servir a María, dice Pelbarto, citado y aprobado por San Ligorio, es la Señal más cierta de que se llegará a la eterna salvación.”

Confiemos, pues, en Nuestra Señora.

“Esta es la devoción con que se ponen en seguro las gracias, méritos y virtudes,  haciendo depositaria de ellas a María y diciéndola: Toma, querida dueña mía: he aquí lo que con la gracia de tu querido Hijo he hecho de bueno; por mi debilidad e inconstancia, por el gran número y malicia de los enemigos, que día y noche me acometen, no soy capaz de guardarlo. ¡Ay que todos los días estamos viendo caer en el lodo los cedros del Líbano, y venir a parar en aves nocturnas las águilas, que se levantan hasta el sol! Así mil justos caen a mi izquierda y a mi diestra diez mil; pero tú, mi poderosa y más que poderosa Princesa, tenme que no caiga; guarda todos mis bienes que no me los roben; te confío en depósito todos mis bienes. Depositum custodi; scio cui credidi. Bien sé quién eres; por eso me fío por completo de ti. Tú eres fiel a Dios y a los hombres y no permitirás que perezca nada de cuanto a ti se confía; eres poderosa y nadie podrá dañarte, ni arrebatarte de entre las manos lo que tienes.” (Secreto de María.)

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Que ningún bien tiene el hombre de suyo ni cosa alguna de qué alabarse

Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que le visites? ¿Qué ha merecido el hombre para que le dieses Tu gracia?

Señor, ¿de qué me puedo quejar si me desamparas? O ¿cómo justamente podré contender contigo, si no hicieres lo que pido?

Por cierto, una cosa puedo yo pensar y decir con verdad: Nada soy. Señor, nada puedo, nada bueno tengo de mí; mas en todo me hallo vacío, y camino siempre a la nada.

Y si no soy ayudado e instruido interiormente por Ti, me vuelvo enteramente tibio y disipado.

Mas Tú, Señor, eres siempre el mismo, y permaneces eternamente, siempre bueno, justo y santo, haciendo todas las cosas bien, justa y santamente, y ordenándolas con sabiduría. Pero yo, que soy más inclinado a caer que a aprovechar, no persevero siempre en un estado, y me mudo siete veces cada día.

Mas luego me va mejor cuando te dignas alargarme tu mano auxiliadora; porque Tú solo, sin humano favor, me puedes socorrer y fortalecer, de manera que no se mude más mi semblante, sino que a Ti solo se convierta y en Ti descanse mi corazón.

El que quisiere estar muy seguro en tiempo de paz, se encontrará abatido y temeroso en tiempo de guerra.

Si supieses permanecer siempre humilde y pequeño para contigo, y morar o regir bien tu espíritu, no caerías tan presto en peligro ni pecado.

Buen consejo es que pienses cuando estás con fervor de espíritu, lo que puede ocurrir con la ausencia de luz.

(Imitación de Cristo, libro II, caps. 40 y 7)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Los apóstoles de los últimos tiempos

Hijos míos: sed dóciles a mi llamado, responded con prontitud; mañana quizás os sea demasiado tarde porque muy pronto se dará el gran milagro y aparecerá la señal en el cielo; por eso os quiero a todos en el Ejército Victorioso de los Corazones Triunfantes.

Ejército que espera en paz el segundo advenimiento de Jesús.

Ejército conformado por almas sencillas, almas abiertas a la acción del espíritu Santo.

Ejército que atiende a mis mensajes, a mis enseñanzas porque soy Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos. Apóstoles que se consagran íntegramente a mi servicio como súbditos, como esclavos de mi Amor Santo, ofreciéndose sin ninguna reserva. Apóstoles que llevarán en el corazón, el oro del amor; en el espíritu, el incienso de la oración y en el cuerpo, la mirra de la mortificación. Apóstoles que vivirán en plenitud la libertad evangélica, desapegados totalmente del mundo pero adheridos totalmente a Dios. Apóstoles que serán verdaderos discípulos del Señor, siguiendo sus ejemplos de: pobreza, humildad, caridad. Apóstoles que tendrán alas plateadas de paloma e irán donde el Espíritu Santo les llame. Apóstoles que se consumen con tal de dar gloria a Dios y de contribuir en la salvación de las almas. Apóstoles llenos del Espíritu Santo que batallarán con la Palabra de Dios: espada de dos filos, espada que destruirá a los enviados de satanás, espada que abajará a los soberbios, espada que aniquilará el pecado, espada que dará luz a los ciegos espirituales, espada que cortará con la maleza del mundo, espada que abrirá brechas para entrar al Cielo.

Apóstoles que llevarán sobre sus hombros el estandarte ensangrentado de la cruz. Apóstoles que aceptarán con amor el sufrimiento. Apóstoles que abrazarán la cruz del Mártir del Gólgota y caminarán por las sendas angostas y pedregosas, sendas que llevan a un encuentro personal con Jesús. Apóstoles que vivirán a perfección el Evangelio y no según las directrices del mundo. Apóstoles que llevarán en su mano derecha el crucifijo como señal de entrega a Jesús crucificado. Apóstoles que sostendrán en su mano izquierda la corona de rosas del Santo Rosario: signo que representa su amor y entrega incondicional a mí, que soy la Maestra que los educa en la ciencia del Cielo y la Madre que los acerca a Jesús. Apóstoles que viven la consagración a mi Inmaculado Corazón viviendo en María, con María, por María y para María. Apóstoles que me acogen con amor en su corazón.

Hijos míos: como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a predicar el Evangelio con valentía, a perder todo respeto humano, a mostrar el pecado en toda su dimensión.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a rechazar todo pensamiento que vaya en contra de la sana doctrina, pensamiento que os hace anatemas, herejes.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a ser luz, a iluminar con vuestra vida de coherencia los ambientes más densos, más oscuros.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a formar parte de la Iglesia Remanente. Iglesia aferrada a la Tradición. Iglesia asistida y dirigida por el Espíritu santo. Iglesia que vive en un continuo Pentecostés.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a preparar el camino del Señor para su segunda llegada, llegada que está muy próxima porque de lo contrario muchas almas se perderán.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a la santidad, a encarnar el Evangelio y a pareceros a Jesucristo, imitándole en sus adorables virtudes.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a transfiguraros en el Tabor de los Sagrarios. Sagrarios en los que os encontraréis cara a cara con el Señor.

Sagrarios en los que me encontraréis adorando a Dios presente en la Sagrada Hostia y reparando por todos los pecados de la humanidad.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a identificar la falsa iglesia de la verdadera Iglesia, a permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús sin dejaros confundir y tambalear por vientos fuertes y doctrinas falaces.

Como apóstoles de los últimos tiempos estáis llamados a refugiaros en mi Inmaculado Corazón, refugio seguro para este tiempo de la tribulación.

Virtud de la humildad

Conservad la humildad en vuestro corazón.

Teneos por el más pequeño entre los pequeños, porque esta virtud dará hermosura a vuestra alma.

Cosechadla con esmero para que seáis como una orquídea fina y delicada que pasa desapercibida entre las diferentes especies de un frondoso jardín.

Os pongo como ejemplo a Jesús, Hombre-Dios que vino al mundo a servir y no ha ser servido, la hermosura de su alma era brillante como una estrella, el resplandor de sus ojos, cual dos luceros fulgurantes que destilaban destellos en la oscuridad.

Su Sabiduría Divina jamás se pudo comparar con la ciencia de los grandes intelectuales, su vida fue un prodigio de amor, porque a cada paso dejaba el aroma de sus milagros, de su exquisitez.

Muchedumbres le seguían porque hallaban en Él a un hombre distinto, hombre diestro en la palabra, palabra que calaba en cada corazón para desmontarlo de sus falsos dioses, para hacerlos mirar en el interior de sí mismos y descubrir su pecado, su miseria, su nada.

Siendo el Rey del más alto linaje, sufrió el éxodo, nació a la intemperie, su cuna fueron pajas acomodadas que lo protegerían un poco del frío de la noche.

Su cetro fue la Cruz, cruz que redimiría al mundo, su corona fue una tosca corona de espinas impuesta como irrisión, como burla.

En la entrada triunfante a Jerusalén llegó subido en un borrico, para mostrar que la suntuosidad no va con los hijos de Dios.

Compartió con publicanos, fariseos, pecadores, leprosos, cojos, ciegos y lisiados, nunca buscó la burguesía, la alcurnia porque su Sagrado Corazón siempre estuvo adornado del oro de la humildad.

Engalanaos con esta hermosa virtud, virtud que os aquilatará como se aquilata el oro y la plata.

Esta piedra preciosísima os eleva en valor espiritual. Porque para haceros grande debéis haceros pequeños.

Buscad siempre los últimos puestos, nunca pretendáis figurar y ser reconocidos; pasad desapercibidos como el viento suave que sopla sobre vuestro rostro.

Como Madre del Salvador, Dios me adornó con esta hermosa virtud, virtud que era del agrado de Dios, porque el Verbo encarnado tomaría posesión de Mí, tomaría mi pequeñez para glorificar la grandeza del Dios humanado.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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