Oraciones iniciales

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanías del Santo Nombre de Jesús (27-33)

Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros – Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Dios, Padre celestial – Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Dios santo, trino y uno – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de Dios vivo – Ten piedad de nosotros
Jesús, resplandor del Padre – Ten piedad de nosotros
Jesús, candor de la luz eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de la gloria – Ten piedad de nosotros
Jesús, sol de justicia – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de la Virgen María – Ten piedad de nosotros
Jesús, amable – Ten piedad de nosotros
Jesús, admirable – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios fuerte – Ten piedad de nosotros
Jesús, Padre del siglo futuro – Ten piedad de nosotros
Jesús, ángel del gran consejo – Ten piedad de nosotros
Jesús, poderosísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, obedientísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, manso y humilde de corazón – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador de la castidad – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios de paz – Ten piedad de nosotros
Jesús, autor de la vida – Ten piedad de nosotros
Jesús, modelo de virtudes – Ten piedad de nosotros
Jesús, celador de las almas – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, refugio nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, padre de los pobres – Ten piedad de nosotros
Jesús, tesoro de los fieles – Ten piedad de nosotros
Jesús, buen pastor – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz verdadera – Ten piedad de nosotros
Jesús, sabiduría eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, bondad infinita – Ten piedad de nosotros
Jesús, camino y vida nuestra – Ten piedad de nosotros
Jesús, gozo de los ángeles – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de los patriarcas – Ten piedad de nosotros
Jesús, maestro de los apóstoles – Ten piedad de nosotros
Jesús, doctor de los evangelistas – Ten piedad de nosotros
Jesús, fortaleza de los mártires – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz de los confesores – Ten piedad de nosotros
Jesús, pureza de las vírgenes – Ten piedad de nosotros
Jesús, corona de todos los santos – Ten piedad de nosotros
Sednos propicio – Perdónanos, Jesús
Sednos propicio – Escúchanos, Jesús
De todo mal – Líbranos, Jesús
De todo pecado – Líbranos, Jesús
De tu ira – Líbranos, Jesús
De las asechanzas del demonio – Líbranos, Jesús
Del espíritu de fornicación – Líbranos, Jesús
De la muerte eterna – Líbranos, Jesús
Del desprecio de tus inspiraciones – Líbranos, Jesús
Por el misterio de tu santa encarnación – Líbranos, Jesús
Por tu nacimiento – Líbranos, Jesús
Por tu infancia – Líbranos, Jesús
Por tu vida divina – Líbranos, Jesús
Por tus trabajos – Líbranos, Jesús
Por tu Pasión y gloria – Líbranos, Jesús
Por tu cruz y desamparo – Líbranos, Jesús
Por tus sufrimientos – Líbranos, Jesús
Por tu muerte y sepultura – Líbranos, Jesús
Por tu resurrección – Líbranos, Jesús
Por tu ascensión – Líbranos, Jesús
Por tu institución de la santísima Eucaristía – Líbranos, Jesús
Por tus gozos – Líbranos, Jesús
Por tu gloria – Líbranos, Jesús
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, perdónanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, escúchanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Bendito sea el nombre del Señor
Ahora y siempre, por los siglos de los siglos Amén

Señor Jesucristo, que dijiste: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; te suplicamos derrames sobre nosotros la ternura de tu divino amor, a fin de que amándote de todo corazón, con palabra y con obras, nunca cesemos de alabarte Haz, Señor, que temamos y amemos también perpetuamente tu santo nombre, porque jamás abandona tu providencia a los que proteges con la fortaleza de tu amor. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Oración de Montfort a Jesucristo (27-33)

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido.
Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria.
¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio!
María está en mí Haec facta est mihi ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas.
¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.
¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida
¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta Amén

Oh, Jesús, que vives en María (27-33)

Ven, ¡Oh, Jesús!, que vives en María;
ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti
Forja en nuestra alma, ¡Oh, Cristo!,
tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad
Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar;
tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de Ti podremos caminar
Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial Amén.

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Lc 24, 13-35)

Los discípulos de Emaús.

13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios* de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y se puso a caminar a su lado. 16 Pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle*. 17 Él les preguntó: «¿De qué vais discutiendo por el camino?» Ellos se pararon con aire entristecido*.

18 Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha  pasado allí estos días?» 19 Él les dijo: «¿Qué ha ocurrido?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazoreo*, un profeta poderoso en obras y palabras a los ojos de Dios y de todo el pueblo: 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados lo condenaron a muerte y lo crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que iba a ser él quien liberaría a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que eso pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro 23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Fueron también algunos de los nuestros* al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»

25 Él les dijo: «¡Qué poco perspicaces sois y qué mente más tarda tenéis para creer todo lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria?» 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les fue explicando lo que decían de él todas las Escrituras.

28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Entró, pues, y se quedó con ellos. 30 Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista. 32 Se dijeron uno a otro: «¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?»

33 Levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan*.

Meditación: Nuestra Consagración a Jesús por María.

Yo renuncio a mí misma, y me doy enteramente a Ti, Jesús, a través de las manos de Tu Madre, María Santísima”. (Hna. María José del Niño Jesús, I.E.D.A)

Después de un mes de meditación podremos al fin, ¡consagrarnos!

Para sacar provecho espiritual de la consagración tenemos que hacerla con verdadero conocimiento de causa.

Considerando bien la entrega que haremos de nuestro cuerpo (con todos los sentidos), ofreciéndolo a la pureza de María, y de nues­tra alma (con todas sus potencias). Entregándonos a la humildad de la Santísima Virgen, entregaremos conscientemente todos los bienes ex­teriores e interiores a la Virgen fiel.

En relación a la consagración de nuestro cuerpo, tenemos que buscar en la devoción a la Virgen María el remedio eficaz y seguro para conservar la pureza. Estando el mundo contaminado por el espíritu maligno que impregna todo con su inmundicia, busquemos la devoción mariana para guardar la castidad, como nos exhorta la Santa Iglesia. Ella es indispensable para mantener nuestra integridad.

En la Total Consagración que haremos le damos todo el cuerpo, con sus sentidos y nuestro corazón. Para que este acto sea consciente y eficaz debemos hacerlo con la más vigilante castidad, porque todo será depositado en el puro e Inmaculado Corazón de María.

Como la consagración es plena, junto con la entrega del cuer­po, en promesa de pureza, damos también nuestra alma en resolución de humildad. ¿Cómo se hará esto?

Vamos a restituir a Dios el dominio que Él tiene, de derecho, sobre nosotros, usando las potencias del alma, bajo la orientación de María, pidiéndole muchos consejos, no sólo en las dudas, sino también en nuestras resoluciones. Estaremos así, sacrificando la voluntad propia y egoísta, con todos los deseos vanos y los pensamientos inútiles, en humilde fidelidad. Finalmente, le entregaremos todos los bienes de fortuna y los de gracia. Los de fortuna se los entregaremos a María para que los conserve y los guarde. De este modo los usaremos con total desapego, siempre pidiendo licencia a María Santísima, que pondrá freno a las ambiciones desaforadas y nos concederá resignación ante las pérdidas materiales. Es de esta forma por la que la Santísima Virgen nos enseñará a tener prudencia en el uso de los bienes materia­les.

Entre tanto, en relación a la más valiosa entrega, que es de or­den espiritual, ponemos a disposición de María Santísima todos los pe­queños méritos, presentes, pasados y futuros, para que Ella los use co­mo mejor le parezca. La parte que fuera personal, por tanto intransfe­rible, ha de guardarla y aumentarla. Ya sean los valores de satisfacción, (que borra las penas debidas a los pecados) y los de impetración, (que nos otorgan gracias) Le damos todo para que de ellos disponga a mayor gloria de Dios. La oferta es insignificante, ya lo sabemos, pero agradará mucho a Jesús y a Su Santísima Madre.

Otra gracia que María Santísima conseguirá para nosotros, es la ayuda para perseverar firmemente unidos a Jesús, obedeciendo siem­pre sus inspiraciones y haciéndonos sordos a los ruidos del mundo.

Solamente cultivando una vida interior cerrada a la exteriorida­des que nos apartan de Dios es como conseguiremos gozar de una gran paz para poder llegar así a la tan soñada. ¡Bienaventuranza eterna!

Oración: ¡Sí, oh Virgen Santísima, queremos entregarnos a Ti, y por Ti, a la Sabiduría Encarnada. Depositaremos en la riqueza de Tus teso­ros  todos los pequeños bienes, en un inmenso deseo de llegar al total desapego. Queremos tenerte, como una Madre muy querida, por toda la vida terrena y eterna. Acéptanos, Señora dulcísima, deseamos ser Tus hij os y Esclavos siempre fieles. Amén!

 Jaculatoria: !Acercasnos, oh Virgen Inmaculada al perfume de Tus virtudes!

Según Medjugorje

«Ángel mío, deseo pedirles a todos mis hijos: antes de comenzar el Acto de la Consagración, antes de la primera palabra de promesa de sus corazones, que deben examinar su vida interior. La unión de nuestros corazones esta hecha de puros obsequios de amor. Si no encuentran que este es el motivo, el alma debe detenerse, retroceder y volver a comenzar. Solamente cuando esté invadida por un irresistible amor por mi Inmaculado Corazón podrá consagrarse definitivamente».

«Este es el verdadero Acto de Consagración, un intercambio de corazones con una total entrega tuya a mi amor y una entrega total de mi amor hacia ustedes. El amor es el único regalo del Padre, con el amor viene todo lo demás. Tu no puedes florecer en este acto sin la base de amar».

«Ángel mío, con esto grabado en el centro de tu corazón, estaré en condiciones de traer a cada corazón a la senda de mi Hijo».

Madre, «¿Es ésta la única razón por la que tu deseas que el alma se dirija a ti?».

«Si, mi ángel, yo comienzo hoy a preparar la actitud de los corazones que van a ser consagrados».     Marzo 3 de 1.993

Guía: El propósito total de todo esto es traer cada alma a su estado original ante Dios, sin pecado, como El la creó en un principio. Si el enfoque del Cielo es traer a las almas de regreso dentro de la perfección para la cual fue creada, la consagración debe ser realizada como un acto para el mismo propósito. El plan inicial de Dios Padre, al enviar a su Hijo sobre la tierra, fue el de llevar a todas las almas a su estado original, entonces cada acto que cualquiera haga debe ser por la misma razón.

La consagración, por lo tanto, debe tener todas las cualidades redentoras que estarán presentes dentro de Nuestra Señora. Este es el camino que le permite a Ella realizar su misión como Corredentora y en unión con Jesús traer las cualidades redentoras de El, lo que se convierte en el verdadero propósito de la Consagración.

Dirección: En todas nuestras acciones para complacer a Dios encontraremos estas señales por las que podemos conocer si realmente lo hemos hecho solo por dios:

Primero: Si cuando tu trabajo no ha tenido éxito, tú no estás molesto sino que permaneces tan tranquilo como si hubieras alcanzado tu meta.

Segundo: Te regocijas en las cosas buenas hechas por otros como si hubieran sido hechas por ti mismo. Al alma que busca nada más que la divina voluntad de Dios no le importa si algo bueno ha sido hecho por otro o por uno mismo.

Tercero: Si no deseas un trabajo más que otro porque estás contento con el que te asignan.

Cuarto: Si realizas un buen trabajo, no deseas gracias o reconocimiento sino que permaneces con la misma tranquilidad de mente, aún cuando seas maltratado, satisfecho porque le has dado alegría a Dios.

Quinto: Si tu trabajo es interrumpido en un momento dado, no te molestas.

Es por medio de estás guías como podrás darle paz a tu alma y traer la mayor gloria a Dios.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, concede a mi alma en esta consagración a través de Ti, las gracias para conservar la paz y la tranquilidad en todas mis acciones. No permitas que mis propios deseos nublen las riquezas de tu cosecha. Ruego que nuca busque mis propios fines en mis tareas, sino conseguir el cumplimiento de tu Triunfo.

Dale a mi alma la gracia de aceptar mi trabajo y de completarlo por amor a El. En mi «SI» le doy a El todo mi pasado, presente y futuro, alegrías y tristezas, oraciones y sacrificios, todo lo que soy y todo lo que el Padre moldeara en mi.

«También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman»

(Romanos 8:23)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

CÓMO HACER LA CONSAGRACIÓN Al fin de las tres semanas se confesará y comulgará con la intención de entregarse a Jesucristo en calidad de esclavo de amor, por medio de María, y después de la Comunión recitará la fórmula de consagración, que convendrá escribirla o hacerla escribir, si no está impresa, y firmar el mismo día que la haga. Bueno será que en ese día se pague algún tributo a Jesucristo y a la Virgen, ya por vía de penitencia de la infidelidad a los votos del bautismo, ya para protestar de la completa dependencia del dominio de Jesús y de María. Este tributo será según la devoción y la capacidad de cada cual, como ayuno, una mortificación, una limosna; aun cuando no se diera más que un alfiler, es bastante para Jesús, que sólo atiende a la buena voluntad. Todos los años, el mismo día se renovará la misma consagración, observando estas prácticas durante tres semanas.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

El cuerpo se Cristo y la Sagrada Escritura son muy necesarios al alma fiel.

¡Oh dulcísimo Señor Jesús! ¡Cuánta es la dulzura del alma devota, que se regala contigo en el banquete, donde se le presenta otro manjar que a su único amado, apetecible sobre todos los deseos de su corazón!

Sería ciertamente muy dulce para mí derramar en Tu presencia copia de lágrimas afectuosas, y regar con ellas tus pies, como la piadosa Magdalena. Mas, ¿Dónde está ahora esta devoción? ¿ Dónde el copioso derramamiento de lágrimas devotas?

Por cierto, en Tu presencia, y en la de tus santos ángeles, todo mi corazón debiera encenderse y llorar de gozo.

Porque en el Sacramento te tengo verdaderamente presente, aunque encubierto bajo otra especie.

Porque el mirarte en tu propia y divina claridad no podrían mis ojos resistirlo, ni el mundo entero subsistiría ante el resplandor de la gloria de Tu majestad.

Tienes, pues, consideración a mi debilidad cuando te  ocultas bajo de este Sacramento.

(Tomado del Libro: Imitación de Cristo, Libro IV, cap. 12).

Es menester practicar estas acciones en María. La Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrenal del nuevo Adán, del cual el antiguo paraíso terrestre era sólo figura. Hay, pues, en este paraíso terrenal riquezas, bellezas, singularidades y dulzuras inexplicables que el nuevo Adán, Jesucristo, dejó en él. En este paraíso tuvo El sus complacencias durante nueve meses, obró sus maravillas y ostentó sus riquezas con la magnificencia de Dios. En este paraíso terrestre es donde verdaderamente está el árbol de la vida, que es Jesucristo, fruto de la vida eterna; el árbol de la ciencia del bien y del mal que ha dado la luz al mundo. Hay en este lugar divino árboles plantados por la mano de Dios y rociados con su divina gracia, que han producido y todos los días dan frutos de un sabor exquisito. Solamente el Espíritu Santo puede hacer conocer la verdad escondida bajo las figuras de las cosas materiales.  

El Espíritu Santo, por boca de los Santos Padres, llama también a la Santísima Virgen, la puerta oriental por la cual el gran sacerdote Jesucristo entró en el mundo; por ella entró la primera vez y por ella vendrá la segunda.

Por último, es necesario hacer todas nuestras acciones para María. No que la tomemos como el último fin de nuestras acciones, que es sólo Jesucristo, sino por nuestro fin próximo, nuestro misterioso medio y manera segura para ir a El.

Es necesario emprender y hacer grandes cosas para esta augusta soberana, apoyados en su protección. Es necesario defender sus privilegios, cuando se le disputan, es necesario sostener su gloria, cuando se la ataca; llevar todo el mundo, si se puede, a su servicio y a esta sólida y verdadera devoción.

Es necesario no pretender de ella, como recompensa de estos pequeños servicios, más que el honor de pertenecer a una tan amable Princesa y la felicidad de estar por Ella unidos a Jesús Hijo en el tiempo y en la eternidad.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. Núms.261-265)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Recibid esta consagración, difundidla sin temores

Hijos carísimos: María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os ha llevado a recorrer un camino de preparación para la consagración a mi Inmaculado Corazón; camino de 33 días en el que habéis ensanchado vuestro corazón para recibir mis gracias. Camino de 33 días en el que habéis descubierto secretos que sólo son revelados a los sencillos, a los humildes. Camino de 33 días en el que os he recordado profecías que están por cumplirse. Camino de 33 días en el que habéis sentido el arropo de mi mirada. Camino de 33 días en el que habéis percibido mi presencia.

Camino de 33 días en el que habéis recibido mis lecciones de amor porque el pueblo perece por falta de conocimiento.

María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os ha sensibilizado llevándoos a una conversión transformante, a volver vuestros ojos y corazón al Señor.

María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os ha despertado de vuestro letargo espiritual; ha llegado el momento de reaccionar, os ha llegado la hora de tomar muy en serio mis palabras porque la proximidad de los acontecimientos os ha de llevar a enrolaros en mi Ejército Victorioso de los

Corazones Triunfantes. Ejército que antepondrá el triunfo de los Sagrados Corazones; triunfo que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén. Triunfo que llevará a satanás y a sus legiones de demonios a las profundidades del infierno. Triunfo que llevará a una tercera parte de la humanidad a disfrutar de cielos nuevos y tierra nueva.

María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os llama a formar parte del Apostolado de Reparación. Reparación tan necesaria en este tiempo final y decisivo en la historia. Reparación que menguará mi sufrimiento. Reparación que disipará las tinieblas que cubren al mundo. Reparación que os prepara para el reinado de Jesucristo en la tierra.

María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, tiene una gran misión: allanar el camino para el segundo advenimiento de Jesús. Advenimiento que traerá: amor, paz y esperanza al nuevo mundo. Advenimiento que destruirá el poder de las tinieblas, para el Señor reinar con todo su poder, majestad y gloria.

María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os prepara para la gran batalla; San Miguel Arcángel se alista para derrotar al adversario; valeroso guerrero del Altísimo que levantará su espada para defender a la mujer vestida de sol, valeroso guerrero del Altísimo que os protegerá porque sois soldados rasos de mi Ejército Victorioso.

Hijos míos: aplastando con mi talón la cabeza de la serpiente, seré la Victoriosa Reina del mundo. Reina que os abrirá las puertas del Cielo. Reina que os hará gozar de las delicias del Señor. Reina que os entregará el cetro de oro de vencedores, porque no os dejasteis amilanar, confiasteis siempre en la misericordia infinita de Dios Padre. Reina que os condecorará porque supisteis ser fieles a la sana doctrina y al Magisterio de la Iglesia. Reina que os sentará cerca de su trono porque aprendisteis a conservar el sello en vuestra frente y en la mano; sello que os hizo mis elegidos, mis batalladores.

Hijos amantísimos: una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón me pertenecéis totalmente, obraré prodigios de amor en vuestras vidas, jamás me separaré de vuestro lado, os defenderé de las asechanzas e insidias de satanás.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón: os ataré con mi cadena de amor, os ligaré a mi seno Materno porque os amo, sois la razón por la cual mi Hijo Jesús murió en una cruz.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón seréis esclavos amorosos de Jesús y de María, estaréis a nuestra entera disposición, desearéis siempre obrar de acuerdo a la Divina voluntad.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón, me hago toda vuestra, embellezco vuestro corazón con mis gracias, os comunico mis virtudes y perfumo todo vuestro ser de santidad.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón, emprenderéis el camino de perfección; camino que os llevará a repudiar las cosas del mundo y apetecer los deleites del Cielo.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón, recibiréis una fuerza sobrenatural que os moverá a batallar contra el adversario, segurísimos de alcanzar victoria.

Una vez os hayáis consagrado a mi Inmaculado Corazón, intercederé ante mi Hijo Jesús por vosotros, os uniré en un idilio de Amor Santo y Divino porque habéis sido humildes en atender mis súplicas.

Hijos míos: recibid esta consagración como un gran regalo venido del Cielo para este final de los tiempos; no tengáis miedo, puesto que siempre permaneceré con vosotros; difundidla sin temores, sólo os recuerdo lo que ya se os ha sido revelado.

Os bendigo en este día de gracia: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Virtud del Sacrificio

Practicad la virtud del sacrificio, abrazaos a la cruz del Mártir del Gólgota. Dejad tanta comodidad, mortificad un poco más vuestros sentidos. El sacrificio purifica vuestra alma de la herrumbre del pecado.

El sacrificio da mayor luz a vuestro espíritu, espíritu que ha de volar hacia las alturas, ávido de encontrarse con Dios en el Cielo.

El sacrificio os da temple en la virtud, fuerza para resistir a la tentación, coraje para no caer en el pecado.

El sacrificio perfuma todo vuestro ser de santidad, os desnuda del lastre del mundo, de la concupiscencia y os reviste con trajes de pureza.

El sacrificio calza vuestros pies con las sandalias de la penitencia; porque la mortificación y la penitencia se entrelazan entre sí.

El sacrificio os hace soldados aguerridos y valerosos para enfrentar al adversario, os hace moderados en vuestros apetitos, os lleva a dominar vuestros sentidos. Ya es el momento que practiquéis esta gran virtud; virtud que servirá de medio para que reparéis vuestros pecados; virtud que os abrirá las puertas de los Cielos para que os encontréis cara a cara con Jesús y por ende conmigo.

La virtud del sacrificio os ceñirá corona de vencedores porque supisteis vencer vuestro hombre indómito.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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