Oraciones iniciales

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanías del Santo Nombre de Jesús (27-33)

Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros – Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Dios, Padre celestial – Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Dios santo, trino y uno – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de Dios vivo – Ten piedad de nosotros
Jesús, resplandor del Padre – Ten piedad de nosotros
Jesús, candor de la luz eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de la gloria – Ten piedad de nosotros
Jesús, sol de justicia – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de la Virgen María – Ten piedad de nosotros
Jesús, amable – Ten piedad de nosotros
Jesús, admirable – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios fuerte – Ten piedad de nosotros
Jesús, Padre del siglo futuro – Ten piedad de nosotros
Jesús, ángel del gran consejo – Ten piedad de nosotros
Jesús, poderosísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, obedientísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, manso y humilde de corazón – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador de la castidad – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios de paz – Ten piedad de nosotros
Jesús, autor de la vida – Ten piedad de nosotros
Jesús, modelo de virtudes – Ten piedad de nosotros
Jesús, celador de las almas – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, refugio nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, padre de los pobres – Ten piedad de nosotros
Jesús, tesoro de los fieles – Ten piedad de nosotros
Jesús, buen pastor – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz verdadera – Ten piedad de nosotros
Jesús, sabiduría eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, bondad infinita – Ten piedad de nosotros
Jesús, camino y vida nuestra – Ten piedad de nosotros
Jesús, gozo de los ángeles – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de los patriarcas – Ten piedad de nosotros
Jesús, maestro de los apóstoles – Ten piedad de nosotros
Jesús, doctor de los evangelistas – Ten piedad de nosotros
Jesús, fortaleza de los mártires – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz de los confesores – Ten piedad de nosotros
Jesús, pureza de las vírgenes – Ten piedad de nosotros
Jesús, corona de todos los santos – Ten piedad de nosotros
Sednos propicio – Perdónanos, Jesús
Sednos propicio – Escúchanos, Jesús
De todo mal – Líbranos, Jesús
De todo pecado – Líbranos, Jesús
De tu ira – Líbranos, Jesús
De las asechanzas del demonio – Líbranos, Jesús
Del espíritu de fornicación – Líbranos, Jesús
De la muerte eterna – Líbranos, Jesús
Del desprecio de tus inspiraciones – Líbranos, Jesús
Por el misterio de tu santa encarnación – Líbranos, Jesús
Por tu nacimiento – Líbranos, Jesús
Por tu infancia – Líbranos, Jesús
Por tu vida divina – Líbranos, Jesús
Por tus trabajos – Líbranos, Jesús
Por tu Pasión y gloria – Líbranos, Jesús
Por tu cruz y desamparo – Líbranos, Jesús
Por tus sufrimientos – Líbranos, Jesús
Por tu muerte y sepultura – Líbranos, Jesús
Por tu resurrección – Líbranos, Jesús
Por tu ascensión – Líbranos, Jesús
Por tu institución de la santísima Eucaristía – Líbranos, Jesús
Por tus gozos – Líbranos, Jesús
Por tu gloria – Líbranos, Jesús
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, perdónanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, escúchanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Bendito sea el nombre del Señor
Ahora y siempre, por los siglos de los siglos Amén

Señor Jesucristo, que dijiste: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; te suplicamos derrames sobre nosotros la ternura de tu divino amor, a fin de que amándote de todo corazón, con palabra y con obras, nunca cesemos de alabarte Haz, Señor, que temamos y amemos también perpetuamente tu santo nombre, porque jamás abandona tu providencia a los que proteges con la fortaleza de tu amor. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Oración de Montfort a Jesucristo (27-33)

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido.
Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria.
¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio!
María está en mí Haec facta est mihi ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas.
¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.
¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida
¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta Amén

Oh, Jesús, que vives en María (27-33)

Ven, ¡Oh, Jesús!, que vives en María;
ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti
Forja en nuestra alma, ¡Oh, Cristo!,
tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad
Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar;
tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de Ti podremos caminar
Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (LC 22, 7-20)

Preparativos para la cena pascual.

7 Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua. 8 Jesús envió a Pedro y a Juan con este encargo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.» 9 Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» 10 Les respondió: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre con un cántaro de agua; seguidle y veréis que entra en una casa. 11 Decid entonces al dueño: ‘El Maestro te pregunta: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ 12 Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.» 13 Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

La cena pascual.

14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles 15 y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer; 16 porque os digo que ya no volveré a comerla hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»

17 Tomó luego una copa, dio gracias y dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»

Institución de la Eucaristía

19 Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» 20 De igual modo, después de cenar, tomó la copa y dijo: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros.

Meditación: Bondad y dulzura de la Sabiduría Encar­nada.

La Sabiduría Eterna es dulce, sencilla y atrayente, y al mis­mo tiempo, es brillante, excelente y sublime. Reúne a los hombres para enseñarles la forma de ser felices; va a su búsqueda, les socorre, les colma de favores y les previene de mil y una manera; llega incluso a sentarse a la puerta de sus casas, a esperarles, dándoles así, la prueba de su verdadera amistad” (S.Luís María G. de Montfort, A.S.E.5)

Jesucristo, Sabiduría Eterna, es todo cuanto tú puedes y debes desear; Deséala, búscala, ya que es la única perla pre­ciosa que para conseguirla, no deberás dudar en vender to­dos los bienes que poseas” (San Bernardo)

En este momento de la preparación para la Consagración Total a Jesús, Sabiduría Encarnada, por las manos de María, es muy importante fijar­nos más en algunos puntos de meditación, a saber:

-La bondad de las palabras y las acciones de Jesús, que nos llevan a amarlo;

-Su dulzura; siendo El Hijo de María, el Cordero de Dios;

-Su suavidad, que Le llevó a permanecer con nosotros en la Santísima Eucaristía.

No debemos admirarnos de la gran bondad y dulzura de Jesús con nosotros, cuando conocemos su procedencia: “Él es el don de amor del Padre Eterno y del Espíritu Santo”. Y “y también nacido de la más dulce, tierna y hermosa Madre -¡María Santísima!” Jesús es el Hijo de María, ¡en Él sólo hay dulzura y bondad!

El fue llamado por los profetas oveja y cordero; San Juan Bau­tista fue el que le llamó el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mun­do”. “Él no ha venido para condenar al pecador, sino, para que tenga vida y vida en abundancia”. Su nombre, Jesús Salvador, quiere decir caridad ar­diente, amor infinito, encantadora dulzura.

Él encantaba a todos, mostrando su bondad a través de sus pala­bras y acciones.

Por medio de las palabras atrajo a los apóstoles, curó enfermos, consoló a muchos afligidos. Con sus suaves acciones, varios pobres y niños se convirtieron en sus seguidores, pues, en Él encontraban senci­llez, bondad, caridad y condescendencia. En su bondad, comía con los pecadores para convertirlos; intentó ganarse a Judas, el traidor, llamándole amigo, y rogó al Padre con mucho amor por los verdugos.

¿Todavía necesitaremos más pruebas de suma bondad, dulzura y mansedumbre?

No necesitamos, pero tenemos, todavía, otra gran prueba de la caridad de Jesús con nosotros -su presencia real y consustancial en el Sacramento del Amor que es la Santísima Eucaristía. No queriendo abandonarnos, Jesús quiere quedarse con nosotros, multiplicando sus prodigios y sus milagros, estando a nuestra disposición como alimento, sacrificio y compañero de exilio en esta tierra extraña.

Su propia apariencia, la que escogió para estar en nuestro me­dio, nos revela su enorme dulzura y candor. Bajo las apariencias del vino y el pan se preocupó de no asustarnos, para que de esa forma no nos alejásemos de Él. Se somete a sus ministros, se deja llevar por sus manos; baja a los labios y a los corazones de todos sus fieles, incluso a aquellos más pequeños y débiles que tanto necesitan de Su amor.

En la Santísima Eucaristía El quiere vivir acompañado de Nues­tra Señora. En María, encontramos a Jesús de la manera más próxi­ma. “¡En Ella, El es el suave pan de los pequeños!”.

Creceremos en intimidad con Jesús, en el Santísimo Sacramen­to, si a ejemplo de María Santísima, nos convertimos a Dios de todo corazón, dejando el apego y los consuelos del mundo.

Solo cuando aprendemos de María a despreciar las cosas exte­riores y nos damos a las interiores es cuando vendrá a nosotros el Re­ino de Jesús, donde hallaremos completo descanso.

¡Si tenemos el corazón preparado para el Esposo estaremos re­pletos de toda riqueza y no necesitaremos nada más!

Volviéndonos verdaderos amantes de Jesús y de la verdad nos veremos libres de todos los deseos desordenados, saliendo de nosotros mismos, recogiéndonos en Dios a través de la buena disposición y de la mortificación. Despreciando los consuelos externos conseguiremos las cosas de lo alto, y gozaremos así, de las alegrías interiores que son las más valiosas.

Nuestra Señora, incluso en su estado glorioso, está bien cerca de nosotros, lo que La vuelve capaz de ejercer todo su amor materno con nosotros de manera más amplia, más fecunda, más tierna y más divina. Así la Virgen María tiene más facilidad de entrar en nuestras iniciativas y de comprendernos sensiblemente, aunque nos encuentre privados de cualquier amabilidad.

Con su predilección, Ella está siempre atenta a nuestra pobreza. Es Ella la que nos une a Jesús, haciéndonos llegar a la perfección cris­tiana por medio de la Santa Esclavitud, que es para nosotros un ca­mino fácil, el mismo recorrido por Jesús, que no tiene ningún obstá­culo para llevarnos ante Dios. Podrá haber otros, pero éste, es el que nos llevará a pasar por las grandes cruces, con suavidad y tranquilidad, teniendo mayores méritos y gloria porque avanzamos con María, que nos ampara, nos esclarece, nos fortalece y nos sustenta.

Esta devoción es también:

Un camino corto: Llevándonos a vivir sometidos y dependientes de María, por lo que seremos más maduros espiritualmente.

Un camino seguro: Fue recorrido por Jesús, por varios santos y es aceptado por la Iglesia, teniendo en el Papa Juan Pablo II un gran ejem­plo y estímulo para vivirlo.

Finalmente, Ella es un camino perfecto: Iremos a Jesús y tam­bién nos uniremos Él, porque María es una perfecta y santa criatura; fue por intermedio de Ella por el que el Señor vino, y es también a través de este santo camino por el que llegaremos al Altísimo sin temer nada.

Ciertamente, Jesús nuestro amado maestro, vendrá otra vez a la tierra para reinar en ella, debemos entonces, tener por cierto que Él no es­cogerá otro camino sino ¡María Santísima!

“Para comprender mejor la bondad de Jesús, lean el libro de San Luís María de Montfort:

“El amor de la Sabiduría Eterna”.

Oración: ¡Qué dulce eres ¡oh Jesús! Hijo de la Virgen Bendita! ¡Que bondadoso eres, Cordero divino que quitas el pecado del mundo! ¡Queremos amarte, consagrándonos por completo a Ti, por las manos virginales, y por el Inmaculado Corazón de María, llegando así a la sal­vación eterna. Amén.

Jaculatoria: ¡Madre dulcísima, muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vien­tre!

Según Medjugorje

«Ángel mío, vengo en estos días a darte aquello que será necesario para cumplir todos los requisitos de Dios. Por mi intenso amor, mi Corazón le es dado al mundo. A través de mi Inmaculado Corazón, esta segunda gracia puede descender hoy sobre la humanidad. De la misma manera que el vino de mi vientre como el Caballero de Salvación para el mundo, así El desea traer su tierno y amoroso Corazón una vez más a sus hijos. El ha decidido entregar su Sagrado Corazón otra vez, por medio de mi Inmaculado Corazón.

Por lo tanto ya ves, ángel mío, lo importante que es cada corazón consagrado a mi Triunfo porque, a través de mi Corazón, ellos encontrarán el de El, de una manera más profunda.

Pido que este llamado sea dado a todos los corazones para que esta inmensa gracia celestial pueda derretirlos y moldearlos en la imitación de mi Inmaculado Corazón. Así, en esta forma, y solo en esta forma, podrán ellos ser traídos al portal del Cielo y colocarlos donde Dios siempre ha deseado que ellos descansen en su luz».  Septiembre 29 de 1.993

Guía: De la corte que le pertenece a Nuestra Señora, vendrán los santos y los ejemplos para el futuro. Esos serán aquellos que han fundado el Triunfo de su Inmaculado Corazón y han sido probados a fuego. Estas grandes almas estarán llenas de celo y llenas de gracia. Estas serán escogidas para luchar contra los enemigos de Dios. Esta batalla se enfurecerá a su alrededor y ellos permanecerán singularmente concentrados en el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora.

Ellos serán iluminados por su luz, fortalecidos por su mano, guiados por su Espíritu, soportados por su brazo, y acogidos bajo su manto de protección. Con sus palabras y ejemplos, ellos atraerán al mundo entero al Inmaculado Corazón de María, ellos se harán de muchos enemigos pero también traerán victorias y gloria a Dios. Estos son los apóstoles del Triunfo unidos al Corazón de Nuestra Señora por la consagración.

Dirección: La devoción a Nuestra Señora es necesaria para todo el mundo a fin de conseguir su salvación. Es aún más importante para aquellos que aceptan el llamado a la perfección. No es posible adquirir una intima unión con Dios y con el Espíritu Santo sin una sincera unión con Nuestra Señora. Esta unión conlleva una gran dependencia a su buena voluntad e instintos maternales. Es el corazón de Nuestra Señora el que gana el acceso a la puerta del estrecho camino al Cielo.

Nuestra consagración nos llama al escondido mundo del vientre de Nuestra Madre María; que está llena de todos los misterios del Cielo, esperando ser dispensados a todos los humildes de corazón. Nosotros, llamados a ser elegidos, somos llamados a este paraíso secreto dentro de la Santísima Virgen. Es desde este reino místico donde nosotros seremos transformados y moldeados conforme la imagen perfecta de Dios, nos convertiremos el ejemplo de unidad, conversión y santidad.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, dale a mi alma la perfección a la que he sido llamada!. Concede a mi alma la habilidad que se requiere para permanecer en el llamado a la santidad. Escóndeme en tu vientre, querida Madre, consagrado como hijo tuyo y cosa tuya, ilumina la tarea que estoy llamado a realizar. Mándame a los campos a recoger la cosecha de tu Triunfo: todas las almas que anhelan tu abrazo.

«Apareció en el Cielo una señal grandiosa: una mujer vestida de sol (Apocalipsis 12:1)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Bondad encantadora y dulzura inefable de la Sabiduría Encarnada

Composición de lugar. Ver a Cristo, Señor nuestro, que nos muestra su Corazón, diciendo “Venid a mí todos”, y a la Virgen Nuestra Señora, que nos invita a acercarnos a Él.

Petición. Sentimiento de la bondad y dulzura del Corazón Divino.

Punto I. “Si consideramos los principios de donde Cristo (en cuanto Dios y en cuanto hombre) procede, no hallaremos sino bondad y dulzura. Porque es don del amor del Eterno Padre y efecto del amor del Espíritu Santo: “Así como amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito”. Y es nacido de la más dulce, de la más tierna y de la más hermosa de todas las madres, la divina María. ¿Queréis que os explique la dulzura de Jesús? Explicadme primero la dulzura de María, su Madre, a quien tanto se parece su temperamento. Jesús es el hijo de María, y por consiguiente, nada hay en Él de fiereza, ni de rigor, ni de fealdad; pero aún hay infinitamente menos que en su Madre, pues es (por otra parte) la Sabiduría Eterna, la dulzura y la bondad misma.

Los profetas le llamaron oveja y cordero por su mansedumbre, y predijeron de él que no acabaría de romper la caña quebrada ni apagaría la mecha que humea. Que es decir será tanta su dulzura, que al pobre pecador medio quebrantado, ciego y perdido, que tiene ya un pie en el infierno, no le perderá del todo, a menos que se vea obligado.

Juan Bautista exclamó al señalarle con el dedo a sus discípulos: “He aquí el Cordero de Dios.” No dijo, como parece que debiera haber dicho: he aquí el Altísimo, el Rey de la gloria, etc., sino como quien le conocía mejor que hombre alguno, exclamó: he aquí el Cordero de Dios, he aquí la Sabiduría Eterna, que ha juntado en sí toda la dulzura de Dios y del hombre, del cielo y de la tierra.

Y el mismo nombre de Jesús que le distingue ¿qué otra cosa indica sino caridad ardiente, amor infinito, dulzura encantadora? Jesús, Salvador, cuyo es amar y salvar al hombre. ¡Oh!, ¡qué nombre tan dulce al oído y al corazón de un predestinado! Miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón.” (San Bernardo.)

Punto. II. Tenía el amabilísimo Salvador tan dulce y bondadoso semblante, que encantaba los ojos y los corazones de los que le veían…

A todos ganaba con la dulzura de sus palabras… Todos cuantos le escuchaban sin envidia estaban tan encantados con las palabras de vida que salían de sus labios, que exclamaban: “Jamás hombre alguno ha hablado como éste”. Muchos millares de pobres gentes dejaban sus casas y familias para ir a escucharle a los desiertos, pasando varios días sin beber ni comer, saciados tan sólo con la dulzura de sus palabras. Con ellas, a modo de cebo, atrajo a sus Apóstoles a seguirle, curó a los enfermos más incurables y consoló a los más afligidos. Con sólo decir “María” colmó a la Magdalena de gozo y de dulzura.

Dulce fue, finalmente, en sus acciones y en todo el proceder de su vida. Los pobres y los pequeños le seguían a todas partes como a uno de ellos: hallaban en este nuestro querido Salvador tanta sencillez y benignidad, tanta caridad y condescendencia, que por acercarse a Él se apretaban… Dejad que los niños se acerquen a Mí (decía a sus Apóstoles), y cuando tuvo junto a sí a los niños, les abrazó y bendijo. Los pobres que le veían pobremente vestido y sencillo en todos su modales, no se hallaban sin su compañía, y en todas partes le defendían contra los ricos y orgullosos, que le calumniaban y perseguían. Y ¿quién podrá explicar su dulzura con los pobres pecadores? Con la Magdalena, la Samaritana, la mujer adúltera… ¡Con qué caridad iba a comer en casa de los pecadores para ganarlos! Sus mismos enemigos ¿no tomaron ocasión de su misma dulzura para perseguirle, diciendo que por su suavidad se hacía trasgresor de la ley de Moisés, y llamándole como por injuria el amigo de los publicanos y pecadores? ¡Con qué bondad sobre todo y con qué humildad no trató de ganar a Judas cuando le quería vender, lavándole los pies y llamándole su amigo! ¡Con qué caridad, en fin, pidió perdón al Eterno Padre por sus verdugos, excusándoles por su ignorancia!

“Oh cuán hermoso, dulce y caritativo es Jesús, la Sabiduría Encarnada. ¡Hermoso en su eternidad, porque es el resplandor de su Padre, el espejo sin mancha y la imagen de su bondad, más hermoso que el sol y más brillante que la misma luz; hermoso en el tiempo, pues ha sido formado por el Espíritu Santo puro y sin mancha alguna, y ha encantado durante su vida los ojos y los corazones de los hombres, y es al presente la gloria de los ángeles, y es tan tierno y dulce especialmente con los pobres pecadores, que ha querido venir al mundo visiblemente a buscarles, y ahora les busca invisiblemente todos los días!”

¡Oh dulcísima Madre, muéstranos a Jesús, fruto bendito y dulcísimo que de ti se ha formado!

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Del amor de Jesús sobre todas las cosas

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús, y despreciarse a sí mismo por Jesús.

Conviene dejar un amado por otro amado, porque Jesús quiere ser amado sobre todas las cosas. El amor de la criatura es engañoso y mudable, el amor de Jesús es fiel y durable. El que se llega a la criatura, caerá con lo caedizo; el que abraza a Jesús, afirmará en El para siempre. Ama a Jesús y tenle por amigo, que aunque todos te desamparen, El no te desamparará ni te dejará perecer en el fin.

Tu amado es de tal condición, que no quiere consigo admitir a otro, mas El solo quiere tener tu corazón, y como rey sentarse en su propia silla.

Si tú supieras bien desocuparte de toda criatura, Jesús morará de buena gana contigo.

(Tomado del Libro: Imitación de Cristo, Libro II, cap. 7)

He aquí algunas prácticas interiores muy propias para los que el Espíritu Santo llama a una alta perfección, que, en cuatro palabras, se reducen a ejecutar todas las acciones por María, con María, en María y para María, a fin de practicarlas más perfectamente por Jesús, con Jesús, en Jesús y para Jesús.

Es menester ejecutar las acciones por María, es decir, es menester obedecer en todo a la Santísima Virgen y conducirse en todo por su espíritu, que es el espíritu de Dios. Los que son guiados por El, son hijos de Dios. Los que son guiados por el espíritu de María, son hijos de María, y por consiguiente hijos de Dios, y entre tantos devotos de la Santísima Virgen, no hay más verdaderos y fieles devotos que los que se conducen por su espíritu. Porque el espíritu de María es el espíritu de Dios, ya que Ella no se guió jamás por su propio espíritu.

Qué dichosa es un alma cuando está del todo poseída y gobernada por el espíritu de María, que es un espíritu suave y fuerte, celoso y prudente, humilde e intrépido, puro y fecundo.

Es necesario hacer todas nuestras obras con María; es decir: que debemos en nuestras acciones mirar a María como modelo acabado de toda virtud y perfección que el Espíritu Santo ha formado en una pura criatura, para que lo imitemos, según nuestra capacidad. Es menester, pues, que en cada acción miremos cómo María la ha hecho o la haría si estuviera en nuestro lugar. Para esto debemos examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante su vida, particularmente: primero su fe viva, por la cual creyó sin titubear la palabra del ángel, y creyó fiel y constantemente hasta el pie de la cruz; segundo, su humildad profunda, que la ha hecho ocultarse, callarse, someterse a todo y colocarse siempre la última.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. Núms.257-260)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Pedid la luz del Espíritu Santo

Hijos carísimos: venid y formad parte de mi Ejército

Victorioso. Estáis en los umbrales de la Nueva Jerusalén. Os ha tocado el tiempo de la tribulación y de la justicia, tantas veces profetizado. Os falta poco tiempo para que todos los acontecimientos predichos por mí en muchas de las apariciones, se cumplan.

Pedid la luz del Espíritu Santo, clamadle el don del discernimiento para que comprendáis que las señales y los avisos del Cielo apuntan al segundo advenimiento de mi Hijo Jesús, que está muy próximo. No seáis irracionales y mulos, no vayáis en contra de los designios de Dios, no interpretéis equivocadamente el libro del Apocalipsis; anatema es aquel que contradiga la Palabra, herejes son aquellos que se atreven a decir que lo que está escrito no todo se cumplirá, no acomodéis más las profecías bíblicas a vuestro antojo, no tergiverséis su sentido saliéndoos de la verdad.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; se desata una batalla espiritual entre las potestades del Cielo y los principados del infierno. Luchad junto conmigo, venceremos al dragón rojo y a la bestia negra; satanás y sus demonios serán arrojados al fuego eterno.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; os marcaré con el signo de la cruz; el adversario no podrá sustraeros de los caminos del Señor. San Miguel Arcángel es vuestra defensa. Yo que soy vuestra Madre os arrullaré entre mis brazos como a niños pequeños, como recién nacidos que necesitan ser amamantados de leche espiritual; venid y formad parte de mi Ejército Victorioso. Os haré mis soldados valerosos, ganaos una morada en el Cielo batallando contra las huestes del mal.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; el imperio de satanás pronto será destruido, le ataré con la cuerda del Santo Rosario para que no vuelva a haceros daño; pronto Jesucristo vendrá a instaurar su reino en la tierra. Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; debilitad las fuerzas de satanás con la oración, el ayuno y la penitencia; armas poderosas con la que será aniquilado.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; os esconderé en el refugio de mi Inmaculado Corazón porque grandes pruebas os esperan; la purificación llegará a su culmen, la tierra entera será renovada; bolas de fuego descenderán del cielo, sólo sobrevivirá la tercera parte de la humanidad.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; os queda poco tiempo para que las puertas de la Nueva Jerusalén se abran de par en par.

Convertíos de corazón y volved vuestros ojos al Señor. Él os perdonará. Él ha condonado vuestra deuda con su muerte en cruz.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; estáis en tiempo de oscuridad, pronto aparecerá el hijo de la perdición; su sagacidad será tal que engañará a algunos de mis elegidos.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; la Iglesia está entrando en un período de consternación; pronto la silla de San Pedro estará vacía; el usurpador llegará a tomar el puesto que no le pertenece.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; no deis más tregua a satanás; abrazad el madero de la cruz y empezad el camino de la mortificación y de la penitencia.

Pronto mi Inmaculado Corazón triunfará.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso, atended a los llamados angustiosos de vuestra Madre Celestial; el diablo anda como león rugiente queriéndoos devorar.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; pronto escucharéis el toque de la trompeta; vuestro corazón estará sobresaltado por los sonidos estentóreos del cielo.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso: soy María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, que os educará con sus lecciones de amor, os dará toda la sabiduría necesaria en este tiempo de tribulación, os despertará de vuestro sueño letargo abriéndoos vuestros ojos a una realidad; realidad en la que los acontecimientos hablan por sí solos; realidad que os hace sentir cercano el triunfo glorioso de Jesucristo.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; ya no hay tiempo de decidir; el cáliz de la amargura será derramado en toda la tierra; la humanidad entera enfrentará grandes pruebas; pasará por el fuego del sufrimiento; la Iglesia llegará al máximo esplendor porque las obras de las tinieblas serán disueltas, los rayos del Señor resplandecerán en el Nuevo Mundo.

Venid y formad parte de mi Ejército Victorioso; consagraos a mi Inmaculado Corazón; seré vuestra Madre y os trataré como a hijos muy amados; las puertas del Cielo se encuentran abiertas, haced en todo la Divina Voluntad, cumplid con los mandatos de Dios y entraréis a tomar posesión de una de sus moradas; el infierno está atestado de almas condenadas; temedle al suplicio eterno; acogeos a la bondad y misericordia Divina; dejaos rescatar por mí. Os esconderé en mi Virginal Corazón.

Virtud de la rectitud

Hijos míos: abrid vuestros oídos a mi voz; sentid de nuevo mi presencia Maternal en medio de vosotros. Una buena Madre educa a sus hijos en la virtud. Una buena Madre les forma, les instruye, les enseña las sendas de la rectitud. No os dejéis desviar ni a derecha ni a izquierda. Dirigid vuestros pasos por el camino recto, angosto pedregoso; camino seguro de encuentro con el Señor. Camino que os lleva al Reino de los Cielos. Vuestras acciones han de ir en coherencia con las enseñanzas de Jesús. Nada oscuro debe haber en vuestra alma. Alma que habrá de permanecer tan nítida como un espejo sin mancha.

Atended siempre a las enseñanzas de Jesús en su Evangelio, no os dejéis tentar por el adversario; porque si sedéis a sus pretensiones, naufragaréis en la desdicha y en sufrimiento eterno.

La virtud de la rectitud os hace santos, os hace acreedores del premio prometido.

La virtud de la rectitud os sustrae de las falacias del mundo.

La virtud de la rectitud os hace como ángeles, en la tierra; ángeles de corazón puro, ángeles de corazón diáfano, cristalino.

La virtud de la rectitud os arrebata del adversario, os hace agradables ante la presencia de Dios.

La virtud de la rectitud embellece vuestro corazón, lo perfuma del nardo purísimo, lo hace radiante como una estrella.

La virtud de la rectitud os dará premio de gloria, disfrutaréis de la visión beatífica de Dios en las alturas.

La virtud de la rectitud os lleva al cumplimiento exacto y perfecto de los mandamientos, infunde en vosotros celo por la salvación de vuestra alma.

La virtud de la rectitud os hace semejantes a Jesús: claro en sus pensamientos y coherente en su proceder.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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