Oraciones iniciales

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanías del Santo Nombre de Jesús (27-33)

Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros – Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Dios, Padre celestial – Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Dios santo, trino y uno – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de Dios vivo – Ten piedad de nosotros
Jesús, resplandor del Padre – Ten piedad de nosotros
Jesús, candor de la luz eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de la gloria – Ten piedad de nosotros
Jesús, sol de justicia – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de la Virgen María – Ten piedad de nosotros
Jesús, amable – Ten piedad de nosotros
Jesús, admirable – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios fuerte – Ten piedad de nosotros
Jesús, Padre del siglo futuro – Ten piedad de nosotros
Jesús, ángel del gran consejo – Ten piedad de nosotros
Jesús, poderosísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, obedientísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, manso y humilde de corazón – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador de la castidad – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios de paz – Ten piedad de nosotros
Jesús, autor de la vida – Ten piedad de nosotros
Jesús, modelo de virtudes – Ten piedad de nosotros
Jesús, celador de las almas – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, refugio nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, padre de los pobres – Ten piedad de nosotros
Jesús, tesoro de los fieles – Ten piedad de nosotros
Jesús, buen pastor – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz verdadera – Ten piedad de nosotros
Jesús, sabiduría eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, bondad infinita – Ten piedad de nosotros
Jesús, camino y vida nuestra – Ten piedad de nosotros
Jesús, gozo de los ángeles – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de los patriarcas – Ten piedad de nosotros
Jesús, maestro de los apóstoles – Ten piedad de nosotros
Jesús, doctor de los evangelistas – Ten piedad de nosotros
Jesús, fortaleza de los mártires – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz de los confesores – Ten piedad de nosotros
Jesús, pureza de las vírgenes – Ten piedad de nosotros
Jesús, corona de todos los santos – Ten piedad de nosotros
Sednos propicio – Perdónanos, Jesús
Sednos propicio – Escúchanos, Jesús
De todo mal – Líbranos, Jesús
De todo pecado – Líbranos, Jesús
De tu ira – Líbranos, Jesús
De las asechanzas del demonio – Líbranos, Jesús
Del espíritu de fornicación – Líbranos, Jesús
De la muerte eterna – Líbranos, Jesús
Del desprecio de tus inspiraciones – Líbranos, Jesús
Por el misterio de tu santa encarnación – Líbranos, Jesús
Por tu nacimiento – Líbranos, Jesús
Por tu infancia – Líbranos, Jesús
Por tu vida divina – Líbranos, Jesús
Por tus trabajos – Líbranos, Jesús
Por tu Pasión y gloria – Líbranos, Jesús
Por tu cruz y desamparo – Líbranos, Jesús
Por tus sufrimientos – Líbranos, Jesús
Por tu muerte y sepultura – Líbranos, Jesús
Por tu resurrección – Líbranos, Jesús
Por tu ascensión – Líbranos, Jesús
Por tu institución de la santísima Eucaristía – Líbranos, Jesús
Por tus gozos – Líbranos, Jesús
Por tu gloria – Líbranos, Jesús
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, perdónanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, escúchanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Bendito sea el nombre del Señor
Ahora y siempre, por los siglos de los siglos Amén

Señor Jesucristo, que dijiste: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; te suplicamos derrames sobre nosotros la ternura de tu divino amor, a fin de que amándote de todo corazón, con palabra y con obras, nunca cesemos de alabarte Haz, Señor, que temamos y amemos también perpetuamente tu santo nombre, porque jamás abandona tu providencia a los que proteges con la fortaleza de tu amor. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Oración de Montfort a Jesucristo (27-33)

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido.
Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria.
¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio!
María está en mí Haec facta est mihi ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas.
¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.
¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida
¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta Amén

Oh, Jesús, que vives en María (27-33)

Ven, ¡Oh, Jesús!, que vives en María;
ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti
Forja en nuestra alma, ¡Oh, Cristo!,
tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad
Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar;
tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de Ti podremos caminar
Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Jn 19, 25-27)

Jesús y su madre.

25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre* y la hermana de su madre*, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre*.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Meditación: Jesús y María en el Calvario.

El sufrimiento es el mayor tesoro en la tierra-purifica el al­ma. Cuando sufrimos conocemos quien es nuestro verdade­ro amigo. El auténtico amor es medido con el termómetro del dolor”. (Santa Faustina, Diario 342)

Al contemplar a Jesucristo clavado en la cruz somos impelidos a considerar Su gran prueba de amor por nosotros: se despojo de Sí, siendo Dios, se hizo hombre para sufrir y morir en la cruz por noso­tros, que éramos sus enemigos debido a los pecados. Por ser verdadero hombre y verdadero Dios, Él elevó hasta el infinito el valor de Sus su­frimientos, y sólo a través de Sus llagas fuimos curados de las llagas de nuestras faltas, volviendo a la amistad con el Señor. Con la Redención conquistó para nosotros la filiación adoptiva y nos dio la Gracia Santifi­cante que nos llega con el Bautismo.

Con María, comprendemos mejor el “valor precioso de la gracia redentora de Cristo…” meditemos, sobre la intensidad del sufrimiento del Señor.

Jesucristo padeció bajo castigos de todos los ordenes: sufrió en el cuerpo y en el alma, como podemos ver en algunos pasajes del libro de Isaías (50, 6-52, 14-53; 3, 7-9).

“A los que Me herían presente las espaldas, y la cara a los que Me arrancaban la barba, no desvié el rostro de los ultrajes y salivazos”; “Tan desfigurado estaba que había per­dido la apariencia humana”; “Era despreciado, era la escoria de la humanidad, varón de dolores experimentado en los sufrimientos”; “Como aquellos, de los que nos avergonza­mos, recibía maldiciones y no hacíamos caso de Él”; “Fue maltratado y se resignó; no abrió la boca”; “Por un inicuo juicio fue raptado”; “Le fue dada sepultura al lado de faci­nerosos, y al morir se hallaba entre malhechores, si bien no había cometido injusticia alguna y de su boca nunca había salido mentira”.

Sufrió por sus discípulos… uno le maldijo y le traicionó; otro le negó por tres veces y todos le abandonaron y huyeron.

Sufrió en su alma. con grandes e indecibles tormentos, por los pecados de todos los hombres, desde su concepción hasta la muerte; con el más cruel y es­pantoso de los tormentos que fue su desamparo en la Cruz. “Dios Mío, Dios Mío, ¿Por qué Me has abandonado?” (A.S.E.).

Solo Él, que ve al Padre y por eso se regocija plena­mente, comprende en profundidad lo que significa resistir como consecuencia del pecado, a Su amor”. (Papa Juan Pa­blo II, Novo Milenio Ineunte).

¿Y nosotros, cómo retribuimos tan inmenso amor? Jesús sufrió tanto por los hombres, que antes eran sus enemigos por el pecado; ¿Qué debemos hacer por nuestro Redentor? ¿Correspondemos a su predilección viviendo la fe con obras de justicia, espíritu de reparación y de penitencia, en unión con los dolores de los Sagrados Corazones de Jesús y de María?

Sepamos que María Santísima ha de ejercer sobre nosotros su maternidad espiritual también la escuela de la Cruz, en la que reside el verdadero conocimiento del valor de conformarnos a Jesús Crucifica­do, “Completando en nosotros lo que faltó a la Pasión de Jesucristo”. Nosotros como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y la Santa Iglesia, tene­mos que atender la incesante invitación: “Renuncia a ti mismo, toma tu Cruz y sígueme”. “Si queremos llegar a conformarnos con Cristo

Glorificado tenemos que conformarnos necesariamente con el Crucificado. No hay vida cristiana sin Cruz. Y para tomar­la valerosamente y con eficacia hemos de renunciar a noso­tros mismos hasta el sacrificio, no ahorrando en nuestra vi­da las mortificaciones necesarias y también empeñándonos en consumirnos en el servicio a Dios y al prójimo”. (P. Ga­briel de Sta. María Magdalena, Intimidad Divina).

¡Todo debe ser hecho por puro amor! Y el mejor ejemplo ¿Dónde lo encontramos? En la vida escondida e interior de la Santísi­ma Virgen, que se asoció, de la mejor manera posible, a la Vida, Pasión y Muerte de Cristo, pues “Conservaba todas las cosas en su corazón”.

Con el precioso auxilio de María, a través de la Total Consagra­ción, debemos contradecir, con nuestra vida, esta sociedad de hoy que rechaza la Cruz de Cristo, por hallarse preocupada con comodidades y alegrías efímeras.

Contra el naturalismo, que todo lo infecta, nos urge adherirnos a esta devoción maravillosa que nos llevará a vivir en una atmósfera so­brenatural a partir del cultivo de una vida interior bajo la intercesión de María Santísima.

Contra el modernismo, que desprecia la espiritualidad mariana, estaremos apoyándonos en una solida teología que es la de Mediación Universal de María.

Contra las “libertades de perdición”, que quieren la indepen­dencia de toda autoridad, dejándose esclavizar por una falsa libertad, por los abusos de las diversiones, apegos desmedidos a las comodida­des que rodean la sociedad de consumo; la Santa Esclavitud nos impele a tener una vida de dependencia continua y absoluta con Dios, como María, viviendo en una total sujeción de entendimiento y de voluntad. “¡La dulce esclavitud, que nos libera de los lazos terrenos y nos alcanza la ver­dadera paz y libertad de los hijos de Dios!”. Con esta devoción tendremos vida y fuerza interior para vivir con espíritu generoso de abnegación y sacrificio, conforme nos aconseja el Ángel de Portugal: “Debéis ofrecer todos los sacrificios que podáis para reparar los pe­cados que tanto ofenden a Dios y pedir la conversión de los pecadores”. “Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envié”. (Angel de Portugal a los Pastorcillos, verano de 1917).

El remedio para las llagas del mundo moderno es la Santa Esclavitud de Amor a María, donde Ella como perfecta educadora nos hará amar a Jesús Crucificado. Esto nos inspirará la práctica del sacrificio, de la abnegación, de oración y de obediencia por amor, liberándonos de todo lo que es contrario a Dios.

María Santísima es quien nos enseñará tan ansiada sencillez, dándonos mucha Fe y Confianza, para que a imitación de la Beata Isa­bel de Trinidad podamos decir: “Esta Madre de Gracia es la que va a formar mi alma, a fin de que su hija sea una imagen viva e impresionante de su Primogénito, el Hijo del Padre Eter­no, Aquel que fue la imagen perfecta de la gloria del Padre.”

Para mejor entender la Sabiduría de la Cruz,

Lean el libro de San Luís de Montfort:

“Carta circular a los amigos de la Cruz”.

Oración: ¡Virgen Dolorosísima, únenos de corazón contrito, a Tu compasión a los pies de la Cruz. Permítenos comprender el precio de la Redención; el amor de Jesús, tan generoso y gratuito, hacia noso­tros, y también Tu amor de Madre, compasivo y lleno de perdón, y así lloraremos las culpas de nuestra vida! ¡Amén!

Jaculatoria: ¡Virgen Dolorosa guarda nuestra alma a los pies de la Cruz!

Según Medjugorje

«Ángel mío, te he pedido divulgar el acto de la consagración a mi Inmaculado Corazón en todas las formas. Deseo proteger y guiar a todos aquellos qué trabajan diligentemente para este llamado. Son estas mismas las qué ganaran gran favor ante los ojos de Dios.Permíteme ayudarte a contemplar la magnitud de los deseos de Dios Padre. El desea tener todos los corazones unidos al de El, por medio mío, porque es a través de Mi Corazón como El vendrá a todos ellos. Es su amor por mi el que crea esta gracia para las almas.

El desea grandemente compartir la riqueza del Cielo con todas las almas y es por este medio como El desea compartir mi corazón con ellos también.

El tiempo se hace corto, mi ángel, haz un llamado para que estén preparados para el gran don del Cielo por la consagración a mi Inmaculado Corazón. Vengan juntos para que yo pueda ensañarles a todos su importancia y así otorgar mi gracia sobre los líderes que tendrán el regalo de mi Corazón y el poder del Espíritu Santo, que por medio de estos regalos, ellos pueden evangelizar las multitudes, y que nosotros, todos juntos podamos cumplir el más ardiente deseo de Dios.

Te digo, querido ángel, que solemnemente solicito qué le des tu completa confianza y atención a este asunto».   Septiembre 23 de 1.993

Guía: En una palabra sabemos que los apóstoles de estos tiempos serán verdaderos discípulos de Cristo. Ellos vienen a enseñar el mensaje del Evangelio en toda su verdad, sin compromisos. Les enseñaremos la vía angosta de la verdad pura, según el Evangelio, y no la mala representación del mundo. Cargarán la cruz en sus hombros y llevarán el Rosario en sus manos. Imbuidos en sus corazones está el nombre de María y el reflejo de Cristo en sus ojos. Este es el gran ejército que Ella está reuniendo, pero es Nuestra Señora quien, a petición de Dios Padre; los forjará para el propósito de crear la unidad por la gracia divina por medio de la consagración a su Inmaculado Corazón.

Dirección: Aquellos que han oído el llamado a esta misión, encontrarán que la llama arde tan brillante dentro de sus corazones que nada puede extinguirla y nada puede calmarla excepto el calor y el abrazo del Corazón de Nuestra Señora. Nosotros somos escogidos para estar a su servicio en la batalla más importante de todos los tiempos, la batalla ha comenzado, las señales son evidentes dentro del mundo. Cada día, continuamos la pelea por su victoria. Por el don de la cruz, seremos fortalecidos y fortificados con su peso. Al final nosotros también estaremos llenos de regocijo en el momento de la resurrección. Al final de la carrera, cuando inclinemos la cabeza para recibir la corona de la victoria encontraremos que la luz que ha guiado nuestro camino, fue el Corazón de Nuestra Madre. Ella graciosamente dirigió nuestra alma por una senda que ningún hombre podía conocer. Solo Ella conocía y veía las trampas y lazos colocados frente a nosotros, Nuestra consagración es nuestra garantía de Victoria en el fin.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, recógenos dentro de tu manto de protección con tu abrazo maternal; dentro del refugio de tu Inmaculado Corazón. Ayúdame a conocer mi lugar en el plan divino de Dios.

«Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad. Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi voz» (Juan 18:37)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Jesús con María en el Calvario

Composición de lugar. El Calvario.

Petición. “Dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí.” (San Ignacio.)

Punto I. Quién padece.

Considera la excelencia de la persona, que por ser infinita hace subir de punto infinitamente todo lo que sufrió en su pasión. Que si Dos hubiera enviado un serafín o un ángel de la última jerarquía, fuera sin duda cosa admirable y dignísima de eterno agradecimiento. Pues habiendo venido a dar su vida el Criador del cielo y de la tierra, el Hijo único de Dios, la Sabiduría eterna, en cuya comparación las vidas todas de todos los ángeles y todos los hombres y todas las criaturas juntas son infinitamente menos dignas de cuenta que la vida de un solo mosquito, en comparación de las de todos los monarcas del mundo, ¿quién podrá ponderar el exceso de caridad que este misterio nos descubre y cuál deberá ser nuestra admiración y nuestro reconocimiento?

Si el menor dolor del Hijo de Dios es más estimable y nos debe llegar más al alma que el de todos los ángeles y hombres, si fueran muertos y aniquilados por nosotros, ¿cuál debe ser nuestro reconocimiento y nuestro amor a Él, pues ha sufrido por nosotros cuanto sufrir se puede y con extremado cariño, sin ser a ello obligado?

Punto. II.  Por quiénes padece.

Por “los hombres, viles criaturas de quienes nada tiene que temer ni que esperar. Amigos hay que mueren por sus amigos; pero ¿se hallará jamás otro como el Hijo de Dios que haya muerto por sus enemigos? “Recomienda Dios su caridad con nosotros, porque murió por nosotros cuando aun éramos pecadores”, y , por consiguiente, enemigos.

Punto. III. Qué padece en cuanto al cuerpo…

“Su cabeza fue coronada de espinas, su barba y cabellos arrancados, sus mejillas abofeteadas, su semblante cubierto de esputos, su cuello y sus brazos apretados con cuerdas, sus espaldas molidas y desolladas por el peso de la cruz, sus manos y sus pies atravesados por los clavos, su costado y su corazón abiertos por la lanza, y todo el cuerpo rasgado sin piedad por más de cinco mil azotes, de suerte que se veían los huesos medio descarnados. Todos sus sentidos fueron anegados en ese mar de dolores.”

Punto. IV. Qué padece en cuanto al alma.

“Sufrió “en su honor, cargado de oprobio y llamado blasfemo, sedicioso y endemoniado, tenido por ignorante y por impostor y tratado como loco”.

“Sufrió de parte de sus discípulos: el uno le maldice y le traiciona, el primero entre todos le niega y le abandonan los demás. Sufrió de parte de toda clase de personas: reyes y gobernadores, jueces, cortesanos y soldados, pontífices y sacerdotes, eclesiásticos y seglares, judíos y gentiles. Su misma Santísima Madre fue para él terrible cúmulo de aflicciones, cuando la vio presente a su muerte, anegada en un océano de tristeza, al pie de la cruz.”

“Su alma santísima fue muy atormentada por los pecados de todos los hombres: ya por ser ultrajes hechos a su Eterno Padre, a quien infinitamente amaba; ya por ser fuente de la perdición de tantas almas, que a pesar de su muerte y pasión se habían de condenar. Y no solamente tenía él compasión de todos los hombres en general, sino también de cada uno en particular, pues distintamente les conocía. Acrecentó la duración todos estos tormentos, que fue desde el primer instante de la concepción hasta la muerte; porque con la lumbre infinita de su Sabiduría, distintamente veía y tenía presente todos los males que habían de pasar.”

“Añadamos a todos estos tormentos del alma el más cruel y espantoso de todos, que fue su desamparo en la cruz, cuando exclamaba: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

“Con razón la Santa Iglesia nos hace decir todos los días: “mundus eum non cognovit”, que no conoció el mundo a la Sabiduría Encarnada; porque hablando en razón, conocer lo que sufrió Nuestro Señor por nosotros y no amarle ardientemente, es cosa moralmente imposible.”

Terminemos con un coloquio ferviente a Nuestra Señora, para que nos dé a sentir lo que sufrió su santísimo Hijo para que nos encendamos en amor de quien tanto nos ama.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

De la Bondad y Caridad de Dios, que se manifiesta en el  Santísimo

 Sacramento a los hombres

Señor, confiando en tu bondad y gran misericordia, vengo yo enfermo, al médico: hambriento y sediento, a la Fuente de la vida; pobre, al rey del cielo; siervo, al Señor; criatura, al Criador; desconsolado, a mi piadoso consolador.

Mas ¿de dónde a mí tanto bien, que Tú vengas a mí? ¿Quién soy yo para que te me des a Ti mismo?

¿Cómo se atreve el pecador a comparecer delante de Ti? Y Tú ¿cómo te dignas de venir al pecador?

Tú conoces a tu siervo, y sabes que ningún bien tiene por donde pueda merecer que Tú le hagas este beneficio.

Yo te confieso, pues, mi vileza, reconozco tu verdad, alabo tu piedad, y te doy gracias por tu extremada caridad.

(Tomado del Libro: Imitación de Cristo, Libro IV, cap. 3).

Los que toman esta santa esclavitud profesarán devoción singular al gran misterio de la Encarnación del Verbo, el 25 de marzo, que es el misterio propio de esta devoción que ha sido inspirada por el Espíritu Santo: primero, para honrar e imitar la dependencia inefable que Dios Hijo ha querido tener respecto de María, para la gloria de Dios su Padre y para nuestra salvación, la cual dependencia se muestra particularmente en este misterio en que Jesús aparece cautivo y esclavo en el seno de la divina María, en donde depende totalmente de Ella para todas las cosas. Segundo, para dar gracias a Dios por los favores incomparables que ha concedido a María y particularmente el de haberla escogido por su dignísima Madre, elección que ha sido hecha en este misterio.

Tales son los dos principales fines de la esclavitud de Jesús en María. Como vivimos en un siglo orgulloso, en que hay un gran número de sabios hinchados, espíritus fuertes y críticos que encuentran defectuosas las prácticas de piedad mejor fundadas y más sólidas, vale más, para no darles ocasión de crítica sin necesidad, decir la esclavitud de Jesús en María, y llamarse el esclavo de Jesucristo, que es esclavo de María, tomando la denominación de esta devoción más bien de su fin último, que es Jesucristo, que el camino y medio para llegar a este fin, que es María, por más que una y otra se pueden, a la verdad, usar sin escrúpulo. Otra razón es, que el principal misterio que en esta devoción se celebra y se honra es el misterio de la Encarnación, en el cual no se puede ver a Jesucristo sino en maría y encarnado en su seno, es más a propósito decir la esclavitud de Jesús en María, según  aquella hermosa plegaria de tan grandes almas: Oh Jesús que vives en María, ven  vivir y reinar  en nosotros …etc.

Los que adopten esta esclavitud dirán con gran devoción el Ave María o la salutación angélica, cuyo precio, mérito, excelencia y necesidad, pocos cristianos, aun los más ilustrados, conocen. Ha sido preciso que la Santísima Virgen se haya aparecido muchas veces a grandes santos muy esclavos suyos para mostrarles tan gran mérito.

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Tomad muy en serio esta preparación

Amados hijos: abrid vuestro corazón a cada una de mis lecciones de Amor Santo. Meditad en ellas cada día y tomad muy en serio esta preparación para la consagración a mi Inmaculado Corazón. Preparación que os exige estar en estado de gracia. Preparación que os hará soldados valerosos de mi Ejército Victorioso. Preparación que os mostrará eventos de gran magnitud que están por suceder en todo el mundo. Preparación que adelanta el triunfo de mi Inmaculado Corazón y por ende el Reinado del Sagrado Corazón de mi Hijo Jesús. Preparación que alerta a la humanidad para el segundo advenimiento de Jesús que está muy próximo. Preparación que os pondrá bajo mis órdenes porque soy la capitana de este gran ejército. Ejército que hará de vosotros apóstoles de luz, porque estáis en la hora de las tinieblas. El mundo está envuelto en una capa de oscuridad; apóstoles de luz que habrán de testimoniar con su vida de santidad; vida llevada según las directrices del Evangelio. Apóstoles de luz que brillarán como el resplandor de una estrella porque en su alma hay nitidez, actúan sin fingimiento, en sus obras hay claridad, coherencia. Apóstoles de luz que enfrentarán al adversario, cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios y de la Santa Madre Iglesia. Apóstoles de luz que esparcirán la Palabra predicando a tiempo y a destiempo.

Apóstoles de luz fieles a la sana doctrina y a la tradición.

Apóstoles de luz que se dejan guiar por las inspiraciones del Espíritu Santo. Apóstoles de luz que estarán en el mundo, pero sin ser del mundo.

Apóstoles de luz que rechazarán rotundamente el error, filosofías llamativas y extrañas.

Apóstoles de luz que andarán por la calle de la amargura dispuestos a ofrecer consuelo al Corazón agonizante de Jesús.

Apóstoles de luz que iluminarán en el tiempo en el que la Iglesia pase por la horrorosa crisis.

Apóstoles de luz que no se sentirán solos, percibirán mi presencia, mi amparo maternal.

Apóstoles de luz que difundirán el Evangelio, defenderán la verdad, amarán la Iglesia.

Apóstoles de luz que recorrerán el camino andado por vuestra Madre Celestial; camino que os llevará al Cielo.

Apóstoles de luz que reparan con su oración al Corazón Eucarístico de Jesús, porque es herido por los suyos en su propia casa.

Apóstoles de luz que resplandecerán por su vida apostólica, porque el celo de su Casa le devora.

Apóstoles de luz que aceptarán los sufrimientos y se adherirán a la Cruz Cristo.

Apóstoles de luz que se dejarán formar e instruir por mí, como el resto fiel de la Iglesia.

Apóstoles de luz que sabrán abrir las puertas de su corazón para que Jesús reine dentro de ellos.

Apóstoles de luz que sabrán llegar al calvario del Mártir del Gólgota dispuestos a morir por Jesús y por la Iglesia verdadera.

Apóstoles de luz que ayudarán a los perseguidos a caminar por la senda de la confianza y de la seguridad.

Apóstoles de luz que responderán a mis llamados, darán a conocer mis mensajes sin miedo.

Apóstoles de luz que harán de su vida: en María, con María, por María y para María.

Apóstoles de luz que comprenderán que a través de mi intercesión maternal se llega a Jesús.

Apóstoles de luz que expandirán el Apostolado de Reparación porque muy pronto se verán cielos nuevos, tierra nueva.

Apóstoles de luz que se sentirán gozosos en la persecución porque de ellos será el Reino de los Cielos.

Hijos carísimos: consagraos totalmente a mí, que soy Madre de la Esperanza y de la consolación, porque días aciagos están por venir; el día fuerte de la tribulación está tocando vuestras puertas; la bestia, semejante a una pantera negra, llevará a la Iglesia a una dolorosa agonía; los dolores de parto han comenzado; combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal. Pronto pisaré con mi talón la cabeza de la serpiente.

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, difundiendo esta consagración. Necesito abrirle los ojos a muchos de mis hijos que, aún, están somnolientos; satanás los ha adormecido, los ha sumergido en un aletargamiento espiritual.

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, venerándome como: María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, Maestra que os está formando y preparando como guerreros de Dios en mi Ejército Victorioso. Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, orando el Santo Rosario, arma letal que encadenará a satanás en este final de los tiempos.

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, reparando por vuestros pecados y los pecados de la humanidad entera.

Combatid conmigo las fuerzas tenebrosas del mal, como soldados rasos de mi Ejército Victorioso porque el pecado ha envuelto al mundo, el mal se ha difundido por todas partes como una terrible epidemia; epidemia que está llevando a muchos hombres a la muerte espiritual.

Virtud del silencio

Debéis ejercitaros en la virtud del silencio, silencio exterior e interior. Aprended a moderar vuestras palabras. Aprended a interiorizar, a meditar; no pequéis por exceso en el hablar.

Si queréis alcanzar la sabiduría, debéis aprender a silenciar vuestras tres potencias: cuerpo, alma y espíritu; la paz en vuestra alma la encontraréis en el silencio. Silencio que ha de elevar vuestro espíritu al Cielo y uniros en un idilio de Amor Divino. Silencio que os hará más inteligentes, más receptivos a la voz del Divino Maestro. Silencio que os habrá de llevar a la sobriedad, a la quietud, a la armonía, al equilibrio emocional. Los grandes sabios, los grandes santos supieron colocar mordaza en sus labios, supieron abrir su corazón y su entendimiento a la Sabiduría Divina.

La virtud del silencio os hará aceptos y agradables ante la presencia de los hombres.

La virtud del silencio os hará almas prudentes, delicadas, moderadas en vuestro hablar.

La virtud del silencio os adentrará en las sendas de la contemplación, en la ruptura con las cosas el mundo.

La virtud del silencio os llevará a la adquisición de la virtud de la prudencia; ambas os dan crecimiento espiritual, dan fin a la procacidad de vuestras palabras.

Hijos míos: en el silencio escucharéis la voz de Dios.

En el silencio podréis encontraros más fácilmente con el Señor. Sus Palabras Divinas caerán en la profundidad de vuestro corazón como susurros de brisa suave.

En el silencio os encontraréis con vosotros mismos, descubriréis vuestras flaquezas, vuestras debilidades, tendréis oportunidad de consideraros ínfimos porque, aún, sois obras de arte no terminadas.

En el silencio os regocijaréis, nadaréis en una paz infinita.

En el silencio vuestro corazón se ensanchará al Amor de Dios, percibiréis mi presencia maternal, mi calidez de Madre.

Hijitos míos: evitad la palabrería, hablad con sutileza y silenciad vuestras potencias, de tal modo que aprendáis a tener un encuentro cara a cara con Dios.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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