Oraciones iniciales

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanías del Santo Nombre de Jesús (27-33)

Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros – Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros – Señor, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Dios, Padre celestial – Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, redentor del mundo – Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo – Ten piedad de nosotros
Dios santo, trino y uno – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de Dios vivo – Ten piedad de nosotros
Jesús, resplandor del Padre – Ten piedad de nosotros
Jesús, candor de la luz eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de la gloria – Ten piedad de nosotros
Jesús, sol de justicia – Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo de la Virgen María – Ten piedad de nosotros
Jesús, amable – Ten piedad de nosotros
Jesús, admirable – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios fuerte – Ten piedad de nosotros
Jesús, Padre del siglo futuro – Ten piedad de nosotros
Jesús, ángel del gran consejo – Ten piedad de nosotros
Jesús, poderosísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, obedientísimo – Ten piedad de nosotros
Jesús, manso y humilde de corazón – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador de la castidad – Ten piedad de nosotros
Jesús, amador nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios de paz – Ten piedad de nosotros
Jesús, autor de la vida – Ten piedad de nosotros
Jesús, modelo de virtudes – Ten piedad de nosotros
Jesús, celador de las almas – Ten piedad de nosotros
Jesús, Dios nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, refugio nuestro – Ten piedad de nosotros
Jesús, padre de los pobres – Ten piedad de nosotros
Jesús, tesoro de los fieles – Ten piedad de nosotros
Jesús, buen pastor – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz verdadera – Ten piedad de nosotros
Jesús, sabiduría eterna – Ten piedad de nosotros
Jesús, bondad infinita – Ten piedad de nosotros
Jesús, camino y vida nuestra – Ten piedad de nosotros
Jesús, gozo de los ángeles – Ten piedad de nosotros
Jesús, rey de los patriarcas – Ten piedad de nosotros
Jesús, maestro de los apóstoles – Ten piedad de nosotros
Jesús, doctor de los evangelistas – Ten piedad de nosotros
Jesús, fortaleza de los mártires – Ten piedad de nosotros
Jesús, luz de los confesores – Ten piedad de nosotros
Jesús, pureza de las vírgenes – Ten piedad de nosotros
Jesús, corona de todos los santos – Ten piedad de nosotros
Sednos propicio – Perdónanos, Jesús
Sednos propicio – Escúchanos, Jesús
De todo mal – Líbranos, Jesús
De todo pecado – Líbranos, Jesús
De tu ira – Líbranos, Jesús
De las asechanzas del demonio – Líbranos, Jesús
Del espíritu de fornicación – Líbranos, Jesús
De la muerte eterna – Líbranos, Jesús
Del desprecio de tus inspiraciones – Líbranos, Jesús
Por el misterio de tu santa encarnación – Líbranos, Jesús
Por tu nacimiento – Líbranos, Jesús
Por tu infancia – Líbranos, Jesús
Por tu vida divina – Líbranos, Jesús
Por tus trabajos – Líbranos, Jesús
Por tu Pasión y gloria – Líbranos, Jesús
Por tu cruz y desamparo – Líbranos, Jesús
Por tus sufrimientos – Líbranos, Jesús
Por tu muerte y sepultura – Líbranos, Jesús
Por tu resurrección – Líbranos, Jesús
Por tu ascensión – Líbranos, Jesús
Por tu institución de la santísima Eucaristía – Líbranos, Jesús
Por tus gozos – Líbranos, Jesús
Por tu gloria – Líbranos, Jesús
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, perdónanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, escúchanos
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo – Jesús, ten piedad de nosotros
Jesús, óyenos – Jesús, óyenos
Jesús, escúchanos – Jesús, escúchanos
Bendito sea el nombre del Señor
Ahora y siempre, por los siglos de los siglos Amén

Señor Jesucristo, que dijiste: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; te suplicamos derrames sobre nosotros la ternura de tu divino amor, a fin de que amándote de todo corazón, con palabra y con obras, nunca cesemos de alabarte Haz, Señor, que temamos y amemos también perpetuamente tu santo nombre, porque jamás abandona tu providencia a los que proteges con la fortaleza de tu amor. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

Oración de Montfort a Jesucristo (27-33)

Dejadme, Amabilísimo Jesús mío, que dirija a Vos, para atestiguaros mi reconocimiento por la merced que me habéis hecho con la devoción de la esclavitud, dándome a vuestra Santísima Madre para que sea Ella mi abogada delante de vuestra Majestad, y en mi grandísima miseria mi universal suplemento ¡Ay, Señor! Tan miserable soy, que sin esta buena Madre, infaliblemente me hubiera perdido.
Sí, que a mí me hace falta María, delante de Vos y en todas partes; me hace falta para calmar vuestra justa cólera, pues tanto os he ofendido y todos los días os ofendo; me hace falta para detener los eternos y merecidos castigos con que vuestra justicia me amenaza, para pediros, para acercarme a Vos y para daros gusto; me hace falta para salvar mi alma y la de otros; me hace falta, en una palabra, para hacer siempre vuestra voluntad, buscar en todo vuestra mayor gloria.
¡Ah, si pudiera yo publicar por todo el universo esta misericordia que habéis tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que conociera todo el mundo que si no fuera por María estaría yo condenado! ¡Si yo pudiera dignamente daros las gracias por tan grande beneficio!
María está en mí Haec facta est mihi ¡Oh, qué tesoro! ¡Oh, qué consuelo! Y, de ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Oh, qué ingratitud! Antes la muerte Salvador mío queridísimo, que permitáis tal desgracia, que mejor quiero morir que vivir sin ser todo de María Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en vez de todas mis cosas.
¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si todavía no he hecho esta entrega a vuestro gusto, la hago ahora, mi Jesús querido, como vos queréis la haga Y si en mi alma o en mi cuerpo veis alguna cosa que no pertenezca a esta Princesa augusta, arrancadla, os ruego arrojadla lejos de mí; que no siendo de María, indigna es de Vos.
¡Oh, Espíritu Santo! Concededme todas las gracias, plantad, regad y cultivad en mi alma el árbol de la vida verdadero, que es la amabilísima María, para que crezca y florezca y dé con abundancia el fruto de vida
¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción y mucha afición a María; que me apoye mucho en su seno maternal, y recurra de continuo a su misericordia, para que en ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, crecido y vigoroso hasta la plenitud de su edad perfecta Amén

Oh, Jesús, que vives en María (27-33)

Ven, ¡Oh, Jesús!, que vives en María;
ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti
Forja en nuestra alma, ¡Oh, Cristo!,
tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad
Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar;
tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de Ti podremos caminar
Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: ( Jn 1, 1-14)

1 1 En el principio existía la Palabra  la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

2 Ella estaba en el principio junto a Dios.

3 Todo se hizo por ella,

y sin ella nada se hizo.

Lo que se hizo 4 en ella era la vida,

y la vida era la luz de los hombres;

5 y la luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la vencieron.

6 Hubo un hombre, enviado por Dios:

se llamaba Juan.

7 Éste vino para un testimonio,

para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por él.

8 No era él la luz,

sino quien debía dar testimonio de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera

que ilumina a todo hombre,

cuando viene a este mundo.

10 En el mundo estaba,

y el mundo fue hecho por ella,

pero el mundo no la conoció.

11 Vino a los suyos,

mas los suyos* no la recibieron.

12 Pero a todos los que la recibieron

les dio poder de hacerse hijos de Dios,

a los que creen en su nombre;

13 éstos no nacieron de sangre,

ni de deseo de carne,

ni de deseo de hombre,

sino que nacieron de Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne

y puso su Morada entre nosotros*;

y hemos contemplado su gloria,

gloria que recibe del Padre como Unigénito,

lleno de gracia y de verdad.

Meditación: Jesús en el seno de María.

El – Ecce Ancilla Domini – (He aquí la Esclava del Señor) de María es el Eco perfecto en el tiempo del Ecce eterno del Ver­bo y vuelve posible su actualización. Su ofrecimiento se une al de Cristo, constituyendo una única oblación que Madre e Hij o han de vivir, inseparablemente unidos, hasta la consu­mación en el calvario para la gloria del Padre y la redención de los hombres.” (P. Gabriel de Sta. María Magdalena)

Vamos ahora a la altura de estas meditaciones a referirnos a la persona de Jesús, siempre unida a la Santísima Virgen. De inicio nos detendremos en la contemplación del Señor en el momento en que comienza la Redención de la humanidad. ¡En el seno purísimo de María se encarnó el Verbo! Aquí vemos una íntima unión entre la Ma­dre y el Hijo que deberá guiar toda la vida de los redimidos.

El fin último de la devoción a la Santísima Virgen es Jesús, por tanto, siendo dóciles a la acción materna de esta querida Madre, nos conformaremos con su divino Hijo, haciéndolo resplandecer en nues­tro comportamiento.

Es preciso amar a Jesús sobre todas las cosas, despreciando a las criaturas y a nosotros mismos, en función de este amor que debe ser sin límites y sin reservas. Nada es comparable al amor de Jesús, ¡Él nunca nos falla! Dedicándonos al Señor, demostraremos fidelidad al entregarle todos los afectos de nuestro corazón. Podemos intentar bus­car consuelos fuera de Él, pero reconoceremos que eso es nocivo para el amor que debemos tener a Dios.

¡Jesús debe ser el único bien querido por nosotros! Dentro de esta realidad -Jesús como fin de todas nuestras acciones y pensamien­tos- tomemos a María como medio excelentísimo para llegar a este término. Su devoción, vivida sólidamente, es un medio fácil y seguro para alcanzar a Nuestro Señor, pues es por María por la que lo hallare­mos, Lo amaremos y Lo serviremos con lealtad.

¿Por qué hemos de buscar a María Santísima para amar y servir a Jesús mejor?

Porque precisamos, ordinariamente de Ella como Maestra en la vida espiritual, tomándola como perfecto modelo de seguimiento a Cristo siendo siempre obedientes a sus enseñanzas.

Volvamos a meditar en el Misterio de la Encarnación del Verbo Divino para extraer la mejor lección.

El Sí de María en la Anunciación del Ángel nos trae dos puntos importantes:

-MaríaSantísima ya estaba íntimamente unida a Dios en su vida oculta y silenciosa, donde fue siempre dócil, a tantas gracias concedidas por El.

-Colocándosecomo la humilde Esclava del Señor se presentó en ac­titud de fe inquebrantable, ante las contrariedades que resultan de su elección; dejándose conducir por la Providencia Divina en todos los mo­mentos de la vida se asocia a la Misión Redentora de Cristo.

La belleza espiritual de María atrajó a Jesús, el Verbo del Padre para encarnarse en su seno. Su humildad profunda, pureza sublime, fe viva y oración conti­nua, agradó mucho al Señor que también quiere encontrar estas virtu­des en las almas, para “habitar «en ellas. Con unión hipostática en la única persona del Verbo, se unirán la naturaleza divina y humana de Jesús. María Santísima, fue Aquella que con su ardiente amor y cualida­des tan sublimes hizo reposar al Señor en su seno, volviéndose para El su “Jardín Secreto”. ¿Cómo no agradarle, imitando en la medida de nuestras fuerzas a tan amable Madre, para de este modo, atraerlo nue­vamente a nuestras almas?

En el Misterio de la Encarnación, nos es revelado Jesús viviendo todo en María y María viviendo toda en Jesús. El dulce intercambio de esta unión mística ¡se prolonga por toda la eternidad! Aquí, en la vida terrenal, es necesario que acontezca lo mismo para mayor gloria de Dios y la salva­ción de muchas almas. Seamos, pues, como María para Jesús y tam­bién, viceversa, como Jesús para María, dando continuidad a este amor a través de la vivencia sincera del Cristianismo; abriendo el corazón para que Nuestro Señor ame a su Madre en nosotros; y que igualmente acontezca lo inverso, para que la Madre Santísima continúe amando libremente a Cristo presente en nosotros.

¡No nos separemos de Jesús y de María! Encerrémonos en el seno de Nuestra Señora a través de esta consagración bien comprendi­da y vivida. Y de este modo, tendremos consecuentemente, una vida interior fecundada por el silencio y la ocultación, ofreciendo al Padre juntamente con Jesús, los pequeños sacrificios de alabanza y adoración, no solamente por las propias intenciones, sino, por las de todos aque­llos que deberían estar con Dios y todavía no lo están.

Por tanto, así estaremos lejos de las tinieblas para que la Luz de Cristo brille en nosotros, y al mismo tiempo resplandezca para los hermanos no sólo, a través de las palabras, sino también a través de los fecundos ejemplos que brotarán de nuestra unión con María. Profundi­zando en este misterio, donde la Sabiduría Eterna encarna en el seno santísimo de la Virgen Inmaculada, podemos afirmar con el Padre Ga­briel de Santa María Magdalena:»…nosotros los cristianos, no solamente nos volvemos Hijos de Dios sino que somos llamados a ser esposos místicos de Cristo Jesús”.

Oración: Oh Jesús que vives en María, ven y vive en Tus siervos, en el espíritu de Tu santidad, en la plenitud de Tu fuerza, en la perfección de Tus caminos, en la verdad de Tus virtudes, en la comunión de Tus mis­terios, domina sobre toda potestad enemiga, en Tu espíritu, para gloria del Padre. Así sea.

Jaculatoria: ¡ Dulce Corazón de María, inefable Sagrario del Verbo Encarna­do, acógenos en Tu cariño!

Según Medjugorje

«Ángel mío, mi Hijo le dijo a las mujeres del mundo que no derramaran sus lágrimas por El, sino por sus propios hijos. Eran ustedes, mis hijos de esta generación, a quienes El se refería con tanta compasión; hijos tan profundamente hundidos en la oscuridad, con la luz de mi Jesús tan escondida de vuestros ojos y especialmente de vuestros corazones.

Es a esta generación a la que llamo especialmente, para darles una gracia, la gracia de mi Inmaculado Corazón. Deseen la santidad de tal manera que sus corazones se quemen con este ardiente deseo. Rueguen por su santificación; pidan que mi Corazón los favorezca con las virtudes y que dote sus almas con pureza. Cada uno de estos regalos pueden ser otorgados por vuestros deseos y aumentados con su práctica y aplicación.

Con vuestra consagración a mi Inmaculado Corazón, ustedes están respondiendo a mi llamado por mi Triunfo en la forma más divina y completa. Desde ese momento en adelante, no hay nada que no se pueda lograr: pues estaréis realmente ligados a mi Corazón por toda la eternidad.»       Septiembre 15 de 1.993

Guía: El Espíritu Santo espera dentro del alma por la llegada de Su Esposa, Cuando El encuentra que Su Esposa ha llegado a tomar posesión dentro de un alma, entonces El entra en totalidad, El se comunica con el alma tan plenamente que llega hasta el punto de encerrar a Su Esposa dentro del alma. Entonces ellos vivirán allí en armonía con todos los regalos y gracias celestiales. Esta es la mayor contribución de la unión de Sus Corazones dentro de los nuestros por medio de la consagración.

Cuando Nuestra Señora ha plantado sus raíces dentro del alma, Ella produce allí las maravillas de las gracias que solo Ella trae. Por lo tanto, cuando no existen maravillas dentro del alma es porque el Espíritu Santo ha entrado en nosotros y no ha encontrado suficientemente unión entre nuestro corazón y el de Su Esposa.

Dirección: Por medio del deseo de santidad, Nuestra Señora puede darle a tu alma su propia fe, que es la mayor que puede existir en la tierra. Ella te da confianza, porque tú no te acercaras a Dios solo, sino siempre con Ella.

Este regalo te es dado porque tú le has dado a Ella tus méritos, gracias y necesidades e incluso tus debilidades; en cambio, Ella te dará sus virtudes y te rodeara de sus propios méritos. En esta forma tú estarás listo para pedir que la voluntad de Dios esté contigo también. Pero la razón por la que tú prosperarás en gracia y confianza es que tú ya no confiaras más en ti mismo, el espíritu de Ella ocupara el lugar del tuyo para que te regocijes en Dios. ¡Qué transformación ocurrirá al momento de vuestra consagración, en los humildes lugares donde la presencia del Espíritu Santo descansará!.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, te lo suplico humildemente; forma en mí un corazón de invencible fe, profunda humildad, oración ardiente, firme esperanza y caridad viva, para que esta mi consagración pueda ser fructífera. Reina de los Corazones, ven a reclamar mi corazón; trae contigo a tu esposo, el Espíritu Santo, para que ustedes puedan morar juntos para siempre en su profundidad en el.

«Celebra todo mi ser la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en el Dios que me salva»

(Lucas 1:46)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Jesús en el seno de María

Composición de lugar. La Virgen Santísima recogida después del misterio de la Encarnación.

Petición. “Conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre para que más le ame y le siga.” (San Ignacio.)

Punto I. “La divina María recibió de la Sabiduría eterna tan grandes aumentos de gracia y tan perfecta fidelidad mostró a su amor, que no sólo arrebató de admiración a los ángeles, sino a Dios mismo. Encántale aquella humildad profunda hasta el anonadamiento; le atrae aquella pureza tan divina; le hacen fuerza aquella fe viva y aquellas oraciones tan frecuentes; la Sabiduría Eterna se ve amorosamente vencida por tan amorosas solicitaciones. “¡Oh! –exclama San Agustín-, ¡qué amor el de María, que ha vencido al Todopoderoso!” ¡Cosa estupenda! Queriendo esta Sabiduría descender del seno del Padre al seno de una Virgen y descansar entre las azucenas de la pureza y darse por medio de ella a los hombres, le deputa al arcángel Gabriel para saludarla de su parte y decirla que quiere encarnar en ella, con tal que para esto dé su consentimiento.” (San Luis María de Montfort. Amor de la Sabiduría, p. 2. c. I.)

No de otra suerte (como en varias partes dice el Santo) viene Jesucristo a las almas ahora que como vino entonces al mundo. Los encantos de María le atraen; quiere apacentarse entre las azucenas de los corazones puros a Ella consagrados; cuanto más encuentra a María en las almas, más quiere a ellas venir.

Punto. II. Jesús y María se nos presentan en este misterio “tan íntimamente unidos, que Jesús está todo en María y María está toda en Jesús: o más bien, Ella no es ya más Ella, sino Jesús todo y sólo en Ella; y fuera más fácil separar la luz del sol que a María de Jesús. De suerte que puede llamarse a Nuestro Señor Jesús de María, y a la Santísima Virgen, María de Jesús.” (Verdadera devoción, práct. 4.)

Ni se rompió esta unión con el nacimiento, que, aunque separara los cuerpos, no pudo separar los corazones, que unidos permanecieron durante toda la vida mortal y gloriosa, y permanecerán por toda la eternidad.

De la sangre del Corazón de María, que es pura llama, se formó el Corazón de Jesús: no tienen más que un corazón, no tienen más que un alma; al uno en el otro se le debe amar.” (Cantares del Santo.)

Por donde claramente se ve que no podemos conocer el Corazón de María sin conocer el de Jesús, ni amar a María sin amar a Jesús, ni vivir por María, con María, en María y para María sin vivir por Jesús, con Jesús, en Jesús y para Jesús.

Punto. III. “No se ha desdeñado este buen Señor de encerrarse en el seno de la Santísima Virgen como cautivo y esclavo amoroso. Piérdese aquí el espíritu humano cuando seriamente se reflexiona en este proceder de la Sabiduría Encarnada, que no ha querido, aunque pudiera hacerlo, darse directamente a los hombres, sino por medio de la Santísima Virgen.” (Verdadera devoción, c. IV, a. 2.)

“Y es que Cristo, Nuestro Señor, quiso tener madre (dice el Padre la Puente) para que Ella fuese también Madre y abogada de pecadores; los cuales, si por su pusilanimidad temiesen acudir a Él, por ser no solamente hombre y abogado nuestro, sino también Dios y Juez muy justo, acudiesen confiadamente a su Madre, a quien no pertenece ser juez, sino abogada, y Ella, como Madre de misericordia y piedad, abogase por todos”.

Quiso también enseñarnos que nosotros hemos de hacernos como los niños, para vivir en todo dependientes de María, como un pequeñuelo que no puede vivir sin su madre.

“El incomprensible se ha dejado comprender y tomar por la pequeña María, sin perder nada de su inmensidad, y también por la pequeña María hemos de dejarnos tomar y cautivar nosotros sin reserva alguna.”

Punto. IV. Mas no por ser cautivo de María dejó de obrar Jesús. No solamente oyó y ofreció su sacrificio en ella como en purísimo altar, sino que, también conducido por ella, fue a salvar almas.

“Santificó a San Juan en el seno de su madre Santa Isabel por la palabra de María; tan pronto como Ella habló, Juan fue santificado, y éste fue el primero y más grande milagro de la gracia que hizo Jesús.”

También nosotros hemos de obrar maravillas de la gracia encerrados dentro de María y viviendo de su vida, dejándonos conducir por Ella. Su dulce esclavitud, en vez de atarnos, nos hace más sueltos para correr en pos de las almas y atraerlas a Jesús.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Cristo, nuestro fin último

Jesucristo Nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero hombre, debe ser el fin último de nuestras devociones; a no ser así, serían falsas y engañosas. Jesucristo es el alfa y el omega, el comienzo y fin de todas las cosas.

No trabajamos, como dice el Apóstol, más que por hacer perfecto a todo hombre en Jesucristo, porque sólo en El reside toda plenitud de la Divinidad y todas las demás plenitudes de gracia, de virtudes y de perfecciones; porque sólo en El estamos bendecidos con toda bendición espiritual; porque El es el único Maestro que debe enseñarnos, es nuestro único Señor de quien debemos depender, nuestro único Jefe a quien debemos pertenecer, nuestro único Modelo a que debemos conformarnos, nuestro único Médico que nos debe sanar, nuestro único Pastor que debe alimentarnos, nuestro único Camino por donde debemos andar, nuestra única Verdad que debemos creer, nuestra única Vida que debe vivificarnos, y nuestro único Todo en todas las cosas que debe bastarnos.

No se ha pronunciado bajo el cielo otro nombre que el de Jesús por el cual debamos ser salvos. Dios no ha puesto otro fundamento de nuestra salvación, de nuestra perfección y de nuestra gloria, más que a Jesucristo; todo edificio que no está construido sobre esta piedra firme, está levantado sobre movediza arena, y más o menos tarde caerá infaliblemente.

Con Jesucristo y en Jesucristo lo podemos todo: podemos dar toda honra y gloria al Padre en unidad del Espíritu Santo, hacernos perfectos y ser para el prójimo buen olor de vida eterna.

Si, pues, nos entregamos a la hermosa devoción hacia la Virgen Santísima, es sólo para establecer más perfectamente el amor de Jesucristo, y de hallar un medio fácil y seguro de hallar a Jesucristo.

Como ya lo he demostrado, y aún demostraré más adelante, pues esta devoción nos es necesaria para hallar a Jesucristo perfectamente, para amarle tiernamente y para servirle fielmente.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. Núms.61-62)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Difundid mis mensajes

Hijos míos: no guardéis silencio ante mis palabras; difundid mis mensajes; dad a conocer esta consagración porque el pueblo perece por falta de conocimiento; el pueblo camina vertiginosamente al precipicio porque muy pocos pastores predican temas apocalípticos y los que se atreven a hacerlo son perseguidos como los profetas, son calumniados, relegados porque su mentalidad y pensamiento no se identifican con corrientes modernas, sus ideas chocan con la teología de la liberación.

No es el tiempo para que guardéis las perlas preciosas del Cielo. Es el momento para que las compartáis con los sencillos, los humildes, los que tienen corazón de niño. Dejad todo miedo, no sea que pequéis por ser perros mudos y tengáis que rendirle cuentas a Dios, porque al que mucho se le ha dado mucho se le exigirá.

Vosotros, hijos míos, sois el desvelo de mi amor, sois parte de la grey amada del Señor, sois el pequeño resto fiel a la sana doctrina y al Magisterio de la Iglesia; sois los soldaditos valerosos que batallarán contra el adversario, seguros de tener el triunfo, la victoria sobre todo mal; formáis parte de mi ejército. Ejército en el que recibiréis una seria preparación para que sepáis enfrentar la batalla contra el dragón rojo y la bestia negra. Ejército en el que recibiréis especial protección de San Miguel Arcángel. Ejército en el que os haréis diestros para enfrentar al enemigo sin sufrir ningún daño, ninguna lesión. Ejército en el que se os revelarán secretos y tesoros escondidos porque ya ha llegado la hora de ser descubiertos. Ejército en el que seréis marcados en la frente y en la mano.

La frente hace referencia a la inteligencia y a la razón humana; la mano hace referencia a la actividad del hombre en su trabajo, a su quehacer cotidiano. Carísimos hijos: muy pronto os veréis abocados y empujados para que recibáis la marca blasfema, la marca de la bestia; jamás permitáis que seáis marcados con el sello del anticristo, porque aquellos que se dejen marcar en la frente seguirán los pasos de filosofías llamativas y extrañas, caminarán tras ideologías anticristianas, tras pensamientos modernos que llevan al relajo espiritual y degradación moral, negarán a Dios, rechazarán sus Mandatos Divinos; naufragarán en el lodo de las pasiones, de la concupiscencia; serán simpatizantes del ateísmo, del hedonismo; difundirán, aún más, el error. Aquellos que se dejen marcar en la mano desecharán las bendiciones de Dios, se preocuparán solamente en la adquisición de los bienes materiales; bienes que los llevarán a la codicia, a la avaricia en forma desmesurada; harán del dinero su dios; dios que los impulsará a la injusticia, a la satisfacción de sus sentidos, de su cuerpo; los sumergirá en las aguas malsanas de la impureza, de la egolatría, pierde la sensibilidad humana hasta hacer del hombre una máquina rentable que produzca, que aumente el lucro, las posesiones terrenales llevándolos al desamor, al egoísmo.

Amados hijos: si satanás marca a los suyos, Yo, como vuestra Madre y Capitana del Ejército Victorioso marco a los míos; les sello con la Santa Cruz en la frente y en la mano; signo santísimo que los escritura como mi propiedad, como los elegidos por el Señor para batallar y contrarrestar las fuerzas del mal.

Os sello en la frente para que améis y viváis la Palabra. Palabra que llevaréis en vuestros labios y escrita en vuestro corazón. Palabra que hará que encarnéis el Evangelio y actuéis de la misma a manera como actuó Jesús cuando estuvo en la tierra.

Os sello en la frente para que penséis sólo en el Señor, para que le imitéis en sus virtudes, para que Él sea la constante en vuestras vidas.

Os sello en la frente para que seáis dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que os dejéis guiar por los caminos que os llevan al Cielo.

Os sello en la frente para que dirijáis vuestros pasos en la Divina Voluntad, para que todo lo que hagáis sea para dar gloria y honra a su Santo Nombre.

Os sello en la mano para que cooperéis en el plan de la salvación, para que dispongáis de las cosas para vuestro bien y el bien de vuestros hermanos.

Os sello en la mano para que vuestro obrar os lleve a la santificación, a dar ejemplo con vuestro testimonio de vida.

Os sello en la mano para que toméis el arma poderosa del Santo Rosario; arma que debilitará y encadenará a Satanás en este final de los tiempos; tiempos de tribulación y de justicia, tiempos próximos al triunfo de mi Inmaculado Corazón y al reinado del Sagrado Corazón.

Virtud de la paciencia

Hijos míos: la paciencia es una virtud que os da exquisitez en vuestra vida espiritual. Os adorna de crisantemas, os adorna de hermosísimas begonias, os adorna con preciosísimas guirnaldas.

La paciencia da hermosura a vuestro corazón porque esta virtud hace que aceptéis las cruces que el Señor se digne enviaros en vida.

La paciencia os va Cristificando acá en la tierra.

Sed pacientes como lo fue mi Hijo Jesús. Él soportó todo sufrimiento con amor porque sabía que el sufrimiento ofrecido a su Padre os daría un puesto de alta importancia en el cielo. Por eso, hijos míos, sed pacientes en el sufrimiento. No os desesperéis. No os impacientéis. Soportadlo con amor y ofrecédselo al Señor para que os ciñáis en vida una corona de martirio, ya que los mártires en el Cielo ocupan una especial morada en el Reino Celestial.

La paciencia os purifica de toda infestación.

La paciencia engalana vuestro corazón de tal manera que podéis aguantar los vejámenes, las injurias, las derrotas, las crisis con amor.

Sed pacientes en la prueba.

Sed pacientes en la persecución.

Sed pacientes en la enfermedad.

Sed pacientes en vuestros momentos de cruz.

Sed pacientes con vuestros hermanos. Aceptadlos tal y como son. Cada uno es un mundo distinto, es un mundo diferente y no pretendáis cambiarlos de la noche a la mañana. Entregádselos al Señor y Él los transformará.

Las almas impacientes cometen infinidad de errores, errores que los conllevan a un lamento en vida.

Las almas impacientes se sofocan ante la más mínima contrariedad.

Las almas impacientes lo quieren todo en un mínimo de tiempo.

Las almas impacientes cometen torpezas.

Por eso, hijos míos, trabajad la virtud de la paciencia. Soportad, aguantad, sufrid en silencio y con amor.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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