Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: (Hch 1, 12-14; 2, 1-4)

El grupo de los apóstoles.

1 12 Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista de Jerusalén el equivalente a un paseo permitido en sábado. 13 Cuando llegaron, subieron a la estancia superior, donde vivían. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas de Santiago. 14 Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos.

Pentecostés.

1 Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. 2 De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. 3 Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Entonces quedaron todos llenos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Meditación: Oficios de María a sus devotos.

María es la Madre solícita de la salvación eterna de los cre­yentes, les da las gracias para esa finalidad, los llama dulce­mente a la práctica del bien, cuando se alejan de él, sustitu­ye su indigencia, prepara los corazones para que se abran con docilidad a la Gracia y les instruye para que sean agra­dables a su Hijo.” (P. Gabriel de Sta. María Magdalena)

La Virgen María es para nosotros la omnipotencia suplicante junto a Jesús, intercediendo por nosotros con mucho cariño porque somos de hecho Sus Hijos. María es muy generosa en sus cuidados y más aún los reforzará a nuestro favor cuando a Ella nos entreguemos, con total dedicación y abandono, a través de la Santa Esclavitud de Amor.

Ella es verdaderamente Madre, en el orden de la Gracia. Y su maternidad espiritual forma parte de los planes de Dios para con noso­tros. No podemos permanecer en la Gracia sino gracias a Ella; y todo nuestro desarrollo espiritual se nos da por Su intercesión.

María nos conduce a los Sacramentos con sus cuidados de Ma­dre, llevándonos a participar de ellos fructuosamente.

Nuestra Madre celeste ama de manera singular a Sus devotos, Ella nos alimenta, nos guía, nos protege, e intercede por nosotros, y al mismo tiempo debemos serle dóciles.

Podemos ahora percibir mejor Su acción materna.

Ella con Sus desvelos, alimenta a los elegidos.

¿Qué significa esta afirmación? Quiere decir que Ella, como te­sorera y dispensadora de los favores celestes, para mantener a Sus hijos y siervos, utiliza todos los dones y gracias recibidos del Señor.

Un ejemplo. Es su responsabilidad conducirnos a la Mesa Sa­grada donde nos dará a comer el Pan de la Vida-Jesús en el Santísimo Sacramento. Al mismo tiempo, nos alimentará con Sus sublimes virtu­des, amparándonos y preparándonos mejor para aproximarnos a este Augustísimo Misterio.

No nos apartemos de tan bondadosa Señora, así debemos ago­tar los más elevados sentimientos de amor y de adoración en relación a Jesús presente en la Santísima Eucaristía.

Ella, es, por tanto nuestra poderosa guía e intercesora, y nos debemos comportar como su fieles devotos. Como una hermosa estrella que nos lleva a buen puerto, la Virgen Santísima nos ha de llevar a la vida eter­na, ayudándonos a conseguir la Justicia, protegiéndonos de los peligros y también levantándonos, si tenemos la desgracia de caer en el pecado; así mismo nos corrige, aplicándonos eficazmente aquellos “castigos «que más nos ayuden para enmendarnos.

Nunca se oyó decir que un devoto de María se desvió por com­pleto de los caminos que llevan al Cielo. Intercediendo por nosotros, Ella aplaca la ira de Jesús, uniéndonos a Él íntimamente de forma dul­ce y suave.

Con su intercesión, todo se consigue haciéndonos confiar en Ella ple­namente, seguro que con Su orientación alcanzaremos la victoria. Por tanto, por la devoción a María, se salvarán los Bienaventurados; y es una doctrina cierta, pues basta observar sus biografías para encontrar en ellas un amor filial y eterno hacia la Madre de Dios.

Siempre que no coloquemos obstáculos a su acción, con una vida fuera de la Gracia e indócil a sus consejos, esta Madre cariñosa nos conse­guirá a través de sus plegarias y súplicas, el Paraíso que tanto anhela­mos.

Ciertamente, para alcanzar tal objetivo, necesitamos entregarle, con total libertad, todas las buenas obras para que sean, por su bondad, pu­rificadas de amor propio, embellecidas con sus méritos y virtudes, y así, aceptadas por Jesucristo, pues, El mira más la belleza de quien se las ofrece (la Virgen Madre) que la pobreza y pequeñez de los presen­tes.

Por consiguiente, a través de la Consagración Total a María, nos deja­mos guiar y formar plenamente dentro del misterio de su maternidad espiritual. Y ésta es una respuesta eficaz que le damos a Ella, donde presentamos una vida volcada en la conversión personal, en la oración, la penitencia y la aceptación de la Buena Nueva de Nuestro Señor, va­liéndonos del precioso auxilio que encontramos en su Corazón Inma­culado.

Oración: ¡María Santísima, revístenos de todas Tus virtudes!

¡De Vuestra fe inquebrantable, de Vuestra humildad profunda, de Vues­tra mortificación universal, de Vuestra ardiente caridad, de Vuestra pu­reza divina. Vela por nosotros, para que no nos apartemos de Ti, por la pérdida de la Gracia de Dios. Ruega por nosotros, Tus hijos, con­servándonos en la plenitud de los dones celestiales. Amén.

Jaculatoria: ¡María, que encontremos en Ti el mayor tesoro, después de Jesús!

Según Medjugorje

«Ángel mío, vengo para asegurar tu corazón en la intención y en la dirección de mi petición colocada dentro de ti. Querido, el llamado que pido compartas, no es por título ni por área geográfica. Mi única misión en estos días es traer la unión a todos los corazones y guiarlos a un abrazo con mi Hijo a través de la consagración a mi Inmaculado Corazón y su origen esta en el Cielo. Yo les concederé a todos el realizar éste esfuerzo, pero necesito los corazones de ustedes.

Deseo que tú pongas ante mis hijos; tus hermanos, el llamado a ser uno bajo la bandera de mi Inmaculado Corazón y de su Triunfo. Vengan juntos ahora como yo lo he pedido, ya que desconocen el impacto global de mi Corazón sobre el mundo en estos días, por favor acepten la gracia que tanto deseo concederles. Estoy aquí para ser su refugio, no tengan miedo de este deseo».      Septiembre 7 de 1.993

Guía: Nuestra Señora nos suplica que seamos consagrados a su Inmaculado Corazón y recibir y vivir un llamado que nunca antes fue hecho. Ella nos pide este día abrir nuestros corazones y permitir que la gracia del Cielo fluya como una corriente en cada uno de nuestros corazones. La grave naturaleza de su voz permanece una vez más en la serenidad de todos los deseos de Dios para lograr que sean conocidos hoy.

Este llamado es de tal magnitud que nosotros no podemos medirlo, Ella nos habla de la importancia de estos tiempos, nosotros estamos a punto de recibir la gracia de Dios como nunca antes; así el tiempo de gracia en que estamos es de una dimensión extraordinaria.

Ella pide que unamos nuestros corazones al de Ella sin vacilación, sin reserva, o sin dispensa; que nos abandonemos a Ella totalmente. A pesar de todo lo que Ella le ha dado al mundo en el curso de los siglos, muy especialmente en el curso de nuestra vida, nosotros continuamos creyendo firmemente que nuestros corazones están mejor cuidados por nosotros mismos.

Dirección: Tanto como nuestro pobre y frágil corazón sea capaz, nosotros estamos llamados a buscar los deseos de Dios que serán realizados a través de nuestra consagración.

¿A qué altura está llamada a volar nuestra alma?. Estamos invitados al Reino de una Coronación Celestial; por lo tanto debemos prometer primero nuestros corazones a su Sagrado abrazo. Debemos abandonar nuestras almas para que sean adornadas tanto con penas como con alegrías. Se nos pide que relevemos nuestros deseos y que resistamos a nuestra voluntad, para así poder estar vacíos, para después ser llenados con voluntad.

En la diaria aplicación de nuestra consagración debemos encontrar un crecimiento de virtudes y gracias; marcas de las almas vírgenes que pertenecen a su toque majestuoso.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, consume mi alma en Dios a través de tu abrazo maternal. Concédeme a través de la meditación que la virtud pueda impregnarme y guiarme a una imitación de su estado de gracia. Enciende mi corazón cada día para comprender más profundamente este divino plan de Dios. Cultiva en las profundidades de mí ser el anhelo de verdad y de justicia. Levanta la conciencia de mi alma a las alturas que Dios ha querido para ella. Anímame, querida Madre, a pertenecer al Cielo y permanecer con mis pies por encima de todo el mundo sin tocarlo. Amén.

«Tu palabra es antorcha de mis pasos y luz en mi camino» (Salmo 119:105)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Oficios maternales de la Santísima Virgen con sus hijos queridos

Composición de lugar. Vernos con Nuestra Señora, disfrutando de su amor, en la forma que más devoción nos diere.

Punto I. Los alimenta. “Les da de comer los manjares más exquisitos y regalados de la mesa de Dios; les da a comer el pan de vida, que Ella ha formado”. Mis queridos hijos (les dice bajo el nombre de la Sabiduría); llenaos de mis generaciones, es decir, de Jesús, fruto de vida, que traje al mundo para vosotros. Venid, les repite en otro lugar; comed mi pan, que es Jesús; bebed el vino de su amor, que os he mezclado con la leche de mis pechos. Como es Ella la tesorera y dispensadora de los dones y gracias del Altísimo, da de ellas una buena parte, y la mejor, para alimentar y mantener a sus hijos y siervos.”

Mostremos, pues, nuestro amor a tan buena Madre en recibir todos los días el pan del cielo de la Sagrada Comunión; y en estar dispuestos a todas las horas para recibir el alimento celestial de las gracias actuales, que Ella en abundancia nos distribuya. Si nos acostumbramos a vivir con Ella, nos tratará como las madres a los niños mimados que están siempre en su compañía, regalándonos con abundantes ilustraciones e inspiraciones, que de continuo alimenten nuestra alma.

Punto. II. Los guía. “María, que es la estrella del mar, conduce a sus fieles siervos a buen puerto, les muestra los caminos de la vida eterna, les hace evitar los pasos peligrosos, les lleva de la mano por los senderos de la justicia, los sostiene cuando van a caer, les levanta cuando han caído, les reprende como madre cariñosa cuando faltan y aun a veces amorosamente les castiga.”

¡Oh, cuántos caen por no asirse a Ella! ¡Cuántos se cansan en el camino del cielo como niños débiles y perezosos, por no tener madre que les lleve de la mano. No perdamos nunca por nosotros tan buena guía.

Punto. III. Los defiende y protege. “María, la buena Madre de los predestinados, les oculta bajo las alas de su protección, como la gallina a sus polluelos. Les llama, se baja a ellos, condesciende con sus debilidades, para librarlos del buitre y del gavilán; se pone alrededor de ellos y les acompaña como un ejército en orden de batalla. ¿Un hombre rodeado de un ejército bien ordenado de cien mil hombres podría temer a sus  enemigos? Pues un fiel siervo de María rodeado de su protección y de su poder imperial tiene aún menos por qué temer. Esta buena Madre y poderosa Princesa de los cielos despacharía batallones de millones de ángeles para socorrer a uno de sus siervos, antes que permitir se diga que un fiel siervo de María, que ha confiado en Ella, sucumba a la malicia, al número o a la fuerza de sus enemigos.”

Ahora sí que puedo decir: Si se plantan contra mi campamento no temerá mi corazón, si se levanta contra mí batalla en eso mismo esperaré. Una cosa sola pediré al Señor, y esa sola buscaré (para no tener nunca temor alguno), que todos los días de mi vida habite en la casa del Señor (que es María).

Punto. IV. “Intercede por ellos con su Santísimo Hijo, le aplaca con sus ruegos y les une a Él y les conserva unidos con muy íntima unión…” Espía las ocasiones favorables para hacerles bien, enriquecerles y engrandecerles. Como Ella ve claramente en Dios las buenas y malas fortunas, las bendiciones y maldiciones de Dios, dispone de lejos las cosas para eximir de toda suerte de males a sus siervos y colmarles de toda suerte de bienes.

Ipsa procurat negotia nostra, dice un Santo. Examinemos nuestra vida pasada, y si hemos sido devotos de Nuestra Señora, ¡cuántas veces habremos visto intervenir en nuestros negocios su mano y su corazón de Madre! ¡De cuántos peligros nos ha librado su escapulario o su medalla! ¡Cuántos beneficios hemos recibido en los días de sus fiestas, o conseguido con nuestras novenas y devociones! ¡Cuántas veces Ella misma se ha adelantado a favorecernos cuando ni nos acordábamos de pedírselo nosotros!

Y ¿no espiaremos nosotros todas las ocasiones para servirla y hacer que la sirvan todos? ¿La Reina del Cielo procura mis negocios, y no he de procurar yo los suyos? ¿Qué he hecho hasta ahora por Ella? ¿Qué debo hacer?

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

En qué consiste la perfecta consagración a Jesús por María.

Toda vez que nuestra perfección consiste en estar conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a este acabado modelo de toda santidad; y pues que María es entre todas las criaturas la más conforme a Jesucristo, es consiguiente que entre todas las devociones, la que consagra y conforma más un alma a Nuestro Señor, es la devoción a la Santísima Virgen, su Santa Madre, y cuanto más se consagre un alma a María, más se unirá con Jesucristo, y, he aquí por qué la perfecta consagración a Jesucristo no es otra cosa que una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen, y ésta es la devoción que yo enseño; o con otras palabras, una perfecta renovación de los votos y promesas del santo Bautismo.

Consiste, pues, esta devoción en entregarse enteramente a la Santísima Virgen para ser todo de Jesucristo por medio de María. Es menester entregarle: primero, nuestro cuerpo con todos sus sentidos y sus miembros; segundo, nuestra alma con todas sus potencias; tercero, nuestros bienes exteriores, o sea nuestra fortuna presente y futura; cuarto, nuestros bienes interiores y espirituales, o sea nuestros méritos, nuestras virtudes y nuestras buenas obras pasadas, presentes y futuras; en una palabra: todo lo que tenemos en el orden de la naturaleza y en el orden de la gracia, y todo lo que lleguemos a tener en lo porvenir en el orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria, y esto sin reserva ninguna, ni de un céntimo, ni de un cabello, ni de la menor buena obra, y además por toda la eternidad, y sin pretender ni esperar ninguna otra recompensa de nuestra ofrenda y de nuestros servicios, que la honra de pertenecer a Jesucristo por María y en María, aun cuando esta amable Señora no fuere, como lo es siempre, la más liberal y reconocida de las criaturas.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. Núms.120-121)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación

Hijos amados: Jesús se ha quedado con vosotros en todos los Sagrarios del mundo. Él está vivo, presente en la Hostia Consagrada; su Corazón Eucarístico palpita y late de amor, su dulce prisión está embellecida por el cortejo de Santos Ángeles que le adoran, Ángeles que le entonan bellísimos himnos al son de las cítaras y de las arpas. Ángeles que se extasían ante la grandeza del Señor. Ángeles que han comprendido el gran misterio de Jesús de perpetuarse en el Pan Consagrado hasta la consumación de los siglos.

Jesús en su desbordado amor por toda la humanidad, decidió hacer de los Sagrarios, pequeñas parcelas del Cielo en la tierra. Parcelas que son como los jardines del Edén porque en ellas florece un lirio blanco, perfumado; lirio que atraerá a muchas almas a cuidarle y a cultivarle con el abono de la adoración y de la reparación; abono que os servirá como provecho para vuestro crecimiento espiritual; porque cuando dejáis de orar, la tierra de vuestro corazón se vuelve estéril, árida, ya no produce cosechas abundantes, la maleza empieza a destruir, a infectar los pocos frutos sanos.

Carísimos hijos: en el Sagrario podréis encontrar a Jesús, sentirle; allí le rindo los honores y homenajes que las creaturas no le dan. Allí pido por todos vosotros, suplico misericordia para toda la humanidad porque soy Madre de la Adoración y de la Reparación. Madre que adora al Dios Uno y Trino, presente en la Santa Hostia. Madre que adora al Salvador, al Emmanuel que llevé en mi vientre purísimo. Madre que adora al Mesías que pronto llegará por segunda vez, vestido de honor, de majestad y de gloria. Madre que adora al Hijo de Dios, al Verbo encarnado que se hizo hombre para redimiros del pecado, para daros salvación y vida eterna. Madre que pronto veréis vestida de sol para dar fin a la batalla, para aplastar con su talón la cabeza de la serpiente. Madre que os forma en el escuadrón del Ejército Victorioso porque son muchas las potestades del infierno que quieren pervertir al mundo, lo quieren seducir con falsos halagos, lo quieren distanciar de Dios para luego reclamar el trofeo de sus almas y llevárselas al abismo del infierno, al rechinar y crujir de dientes, al fuego eterno.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación y os ruego pedir perdón porque son muchos los sacrilegios, las profanaciones contra el Misterio Eucarístico de Jesús. Misterio que no sólo contiene la Gracia sino al Autor mismo de la gracia, a Jesucristo que es la misma Santidad.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación porque en el Santo Tabernáculo está Jesús como Víctima Divina por todos vosotros; pagadle su gran gesto de amor volviendo vuestros ojos y corazón a Él, amándole por los que no le aman, adorándole por los que no le adoran, porque son muchos los ingratos que lo desprecian.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación: Jesús habita en su Tabernáculo; id y dadle toda la honra y la gloria porque es el Rey de reyes, el Señor de señores que se encuentra triste y solitario, porque los pecados de los hombres han oscurecido al mundo; los pecados de los hombres hacen que la copa del Padre Eterno rebose en su justa cólera, los pecados de los hombres sumirán a la Iglesia en una espantosa consternación.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación: la Eucaristía es el invento de amor que os mantendrá en pie en este tiempo de tribulación. Si no frecuentáis este sacramento, si no os alimentáis con el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo no aguantaréis la prueba; prueba que hará temblar, aún, a los mismos elegidos; prueba en la que quedará sólo la tercera parte de la humanidad porque el mundo será purificado, renovado.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación porque el Cuerpo Místico de Jesús está siendo dividido, fragmentado; reparad, vosotros, por la unidad de la Iglesia.

Reparad, vosotros, para que todos los hombres vuelvan a Dios.

Reparad, vosotros, para que los mensajes que hablan del final de los tiempos no sean rechazados.

Reparad, vosotros, para que las profecías que anuncian el segundo advenimiento del Señor sean acogidos con amor, sin temores, sin miedos.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación que está uniendo a los elegidos en un sólo rebaño, cuyo único Pastor es Jesús.

Soy Madre de la Adoración y de la Reparación: consagraos a mi Inmaculado Corazón que despertaré en vosotros deseos de amar, adorar y glorificar a Jesús vivo en el Santísimo Sacramento del Altar. Sacramento de Amor para los sencillos, los pequeños.

Virtud de la paz

La paz interior es la virtud que en el alma os produce regocijo, plenitud, alborozo del espíritu, calma, sosiego.

La paz interior es la presencia de Dios que ha de permanecer en vosotros, os ha de cohabitar porque todos los miembros de vuestro cuerpo gozarán de salud, equilibrio.

La paz interior no se compra ni se vende y es una virtud que debéis construir con vuestras propias manos; sois constructores de vuestra vida, de vuestro destino; en vosotros está que viváis en armonía consigo mismo, que disfrutéis de todo lo que está a vuestro alrededor, que le saquéis el máximo provecho a cada situación, que viváis en continua fiesta, algazara espiritual.

La paz interior es deleite, reboso del amor de Dios. Porque el alma que posee esta virtud goza de armonía consigo misma, considera la vida como un regalo no merecido, como una aventura máxima, única e irrepetible.

La paz interior os produce un desahogo tal, que vuestra alma se eleva hacia el cielo para disfrutar, por anticipado, de sus delicias en la tierra.

La paz interior es portón de oro para la paz exterior. Paz que armoniza vuestro entorno. Paz que es golosina del Cielo para las almas. Paz que une en el amor, en la fraternidad. No la perdáis. Cerrad las puertas de vuestro corazón para que la turbación no altere vuestro espíritu, sería caótico para vuestra vida. Es una enemiga demasiado peligrosa porque: una vez entra se rancha y se adhiere como gelatina pegajosa, causa estragos a vuestro corazón volviéndolo mustio, lánguido, melancólico, triste, irascible, conturbado.

Hijos míos, si vuestro corazón carece de paz: id y corred a su encuentro, deseadla como la tierra reseca añora la lluvia, deseadla como el pájaro enjaulado anhela recobrar su libertad, deseadla como el girasol necesita del sol para vivir.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *