Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Lc 1, 39-56)

La Visitación

39 En aquellos días, se puso en camino María y se dirigió con prontitud a la región montañosa, a una población de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno; Isabel quedó llena de Espíritu Santo 42 y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; 43 ¿cómo así viene a visitarme la madre de mi Señor? 44 Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. 45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Cántico de María

46 Dijo María:

«Alaba mi alma la grandeza del Señor

47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador,

48 porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava.

Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada,

49 porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre

50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.

51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.

52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.

53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.

54 Acogió a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

55 —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»

56 María se quedó con ella unos tres meses, y luego regresó a su casa.

Meditación: María y nosotros, sus hijos.

“Nos dice San Buenaventura: María amó de tal modo al mundo que le dio a su unigénito, a quien amaba más que a Sí misma, para que todos alcanzáramos la vida eterna.

(Op III, Sermo I.B.V.M.). Por este precio, dándonos a su Hi­jo, la Virgen María llegó a ser Nuestra Madre, y nosotros, Sus hijos.” (P.Gabriel de Sta.María Magdalena)

En el conocimiento de María Santísima debemos apreciar las relaciones establecidas entre Ella, nuestra Madre en el orden de la gra­cia, y nosotros, Sus hijos frágiles y necesitados.

Otro aspecto que debemos contemplar, observando su materni­dad espiritual para con nosotros, es el hecho de que Ella se presente como un fuerte escudo ante las trampas del enemigo infernal.

El Buen Dios después de la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, en Sus designios perfectísimos quiso establecer a otro hombre y otra mujer para restituirnos del pecado. Designó, en el Mis­terio de la Encarnación, a Jesús como Salvador, y a María Santísima, como el canal sagrado para traerlo al mundo, y conducirnos a Él. Po­demos de hecho decir: es María quien nos conduce a Jesús; es Ella quien nos comunica la Gracia, la vida de Dios en nosotros.

Como Ella trajo a Jesús al mundo, tiene también la misión de restituirnos en la Gracia, por disposición divina, y es responsable de devolvernos la imagen de Jesús, que nos fue anteriormente desfigurada por el pecado.

Una mujer, la primera-Eva-contribuyó negativamente para perder la Gracia, y María Santísima -la Madre purísima del Señor- como en su Fiat, recupera para nosotros este tesoro perdido.

María Santísima cooperó libremente por la fe y la obediencia, a la Salvación de los hombres, y aún coopera ac­tualmente.” (P. Gabriel de Sta. María Magdalena)

De tal forma que, si estamos en la Gracia si tenemos a Jesús en el alma, correspondiendo fielmente a su acción salvífica, podemos de­cir que es gracias a la Madre del Cielo.

En el orden sobrenatural Ella es nuestra Madre; volviéndose un preciosísimo don que el Señor Jesús concede a todos. Esta amable se­ñora aceptó libremente restaurarnos en la Gracia de Dios.

Su maternidad espiritual, en relación a nosotros, se inició con el misterio de la Encarnación del Verbo, donde aceptó ser Madre de Jesu­cristo y de todos los miembros de su Cuerpo Místico; ratificándose en la Cruz, cuando el propio Cristo nos la dio por Madre, en la persona de San Juan: “Ésta es tu Madre”. (Jn 19,25-26)

Sabemos que, en el transcurso del camino, encontramos mu­chas dificultades y obstáculos venidos del enemigo de nuestra alma -el demonio. No debemos temer, pues la Madre del Cielo fue constituida por el Creador, como la opositora “número uno” al maligno y a sus pla­nes infernales. ¡Confiemos en María y llamémosla por su dulcísimo nombre¡ Ella, según las Escrituras, ha de aplastar la cabeza de la orgullosa serpiente, que a su vez, bajo pretextos, quiere eliminar la devo­ción mariana de los corazones de los fieles.

Debemos con urgencia consagrarnos verdaderamente a María, pues solamente a través de sus purísimas manos, es como recuperare­mos las gracias necesarias para la salvación. Si queremos alcanzar el fruto, Jesús, busquemos el Árbol de la vida que es la Santísima Virgen. Ella a su vez, nos sumergirá en un océano de gracias, protegiéndonos con Su poder, iluminándonos con Su luz y abrasándonos con Su amor; por tanto, debemos despojarnos de todo lo que tenemos por precioso para honrarla y servirla, entregándonos enteramente a su Corazón In­maculado.

Nuestra Total Consagración ciertamente nos aproximará a Jesu­cristo, sin ningún temor servil, pues procediendo así, no permanecere­mos en nosotros mismos, sino que echaremos mano de los tesoros y merecimientos de María Santísima, a quien nos abandonaremos por completo. Hagamos esta dulce experiencia: la de pertenecer totalmen­te a María, para más perfectamente pertenecer a Jesús.

Oración: María, incomparable vencedora de Satanás, para cuyo odio rencoroso sois “terrible como ejército en línea de batalla”, Madre, dulce me­diadora y defensa invencible, alabemos al Señor por habernos concedi­do la preciosa riqueza de Vuestro nombre y de Vuestra protección. No tenemos nada que temer, aunque el demonio trame insidias de todo género, causándonos dolores y sufrimientos, porque con Vuestro auxi­lio aplastaremos también la cabeza de la serpiente; Satanás será vencido y Jesús triunfará. Socorrednos amada Reina, descubriéndonos siempre la malicia del tentador, protegiéndonos contra sus amenazas, disipando sus consejos diabólicos y protegiéndonos como a fieles y queridos hijos tuyos contra la cruel infestación del enemigo. Amén.

Jaculatoria: ¡ María, verdadera Madre y poderoso escudo, os amamos!

Según Medjugorje

«Ángel mío, escucha como nunca antes y comprende. Hoy Dios desea cumplir lo que comenzó en Fátima, el mundo esta al borde de recibir la gracia del poder del Cielo como nunca antes. Dios desea donar a cada alma las posibilidades de ganar lluvia de gracias que El envía del Cielo. Mi Triunfo es la unión mística de los corazones, una gracia que no puede ser vista ni oída, sino solo sentida en las profundidades del alma. Se sincero en esta misión celestial, necesito tu corazón ahora más que nunca, a través de ti vendrán un canal de gracia sobre todos aquellos mis hijos que esperan con corazón abierto.

Esta ola de gracia vendrá a inundar el alma y todas las impurezas pueden ser lavadas solamente si uno lo desea sinceramente. Te doy la llave para recibir esta gracia, ésta se encuentra en una sencilla palabra en medio del corazón. Decir «SI» permite que tu alma florezca y que se le infunda la virtud. Os invito para que cada corazón responda de la manera más deseada por Dios Padre: ser consagrado a Mi Inmaculado Corazón, porque esto no solo abre sus corazones hacia mí, sino que los abre hacia El, que es lo más importante. Lucha con todas tus fuerzas para que todas las almas sean tocadas con este ruego del Cielo. El más ardiente deseo de Dios Padre es que todas las multitudes sobre la tierra se junten como un lazo sagrado de unidad. Únanse como nunca antes, junten corazón con corazón para que esta unión de millones resuene en una sola voz: responde universal y ecuménicamente al llamado a ser consagrado a mi Inmaculado Corazón y a mi abrazo maternal».   Septiembre 4 de 1.993

Guía: La consagración es la verdadera unión mística de los corazones, es la unidad que transforma y convierte. Es una infusión de gracia tan intensa que hace imposible que el alma pueda permanecer como antes de hacer esta promesa. Una ola de virtud caerá sobre el alma lanzándola a un ardiente deseo de agradar a Dios en este acto de culminación y por la dedicación a los tiernos deseos de su Madre.

Como sabemos que su reino desciende del reinado de Ella, nosotros trabajamos la unión de los corazones, para la unión de nuestros corazones hasta el centro de esta divina unión, por me dio de la consagración. De esta manera la unidad es creada por naturaleza divina y si permanecemos unidos a su Corazón Inmaculado, también estaremos unidos a todos los corazones consagrados a Ella, entonces nosotros seremos participantes de una unión universal de corazones por medio de su corazón maternal.

Dirección: Nosotros debemos tomar muy seriamente ésta promesa. Para recibir tal abundancia de gracias debemos ir con el corazón lleno de agradecimiento; debemos renovar nuestra consagración diariamente implorando el auxilio de Nuestra Señora para todo lo que el resto del día nos pueda traer. Debemos esforzarnos cada día para extender la devoción de la consagración al Inmaculado Corazón de María a todas las almas que esperan el Triunfo de su misión. Nosotros estamos obligados a corresponder globalmente a su llamado.

Es así como nosotros debemos luchar para extender su deseo para que todos los corazones permanezcan unidos, esto es también un llamado a toda la humanidad. El día de nuestra consagración debe ser un día de Triunfo y exaltación, siempre que cada alma esté dedicada totalmente a Dios, a su propia santificación y que sacrifique todo para atraer otra alma a la misma conciencia de estas alturas.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, concede a mi alma el don de la gracia para obtener un ardiente deseo de sinceridad, pureza y simplicidad!. En estos dones del alma; me será posible retener la inocencia de mi consagración. Ayúdame a luchar con todas mis fuerzas para preservar lo que ya poseo, la genuina respuesta a tu llamado. Que todos los que yo encuentre, reciban el genuino regalo de tu Corazón a través de mi, que los favores que yo reciba por mi unión contigo sean, querida Madre, como una ofrenda mía para todos. Acudo a tu Corazón Inmaculado para continuar dirigiendo mi alma en la búsqueda de la serenidad y tranquilidad.

«Porque de la manera que juzguen, serán juzgados y con la medida con que midan, serán medidos»  (Mateo 7:2)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Razones porque ama la Virgen Santísima a sus verdaderos devotos

Composición de lugar. Vernos con Nuestra Señora, disfrutando de su amor, en la forma que más devoción nos diere.

Punto I. “Los ama porque es su verdadera Madre, y una madre ama siempre a su hijo, fruto de sus entrañas.”

Recuérdese lo que dijimos más arriba de cómo es María Santísima verdadera, aunque espiritualmente, nuestra Madre.

Punto. II. “Los ama con gratitud, porque ellos, efectivamente, la aman como a madre.”

Yo amo a los que me aman. ¿Qué corazón noble y agradecido no devuelve amor por amor? Pues si nosotros, con ser cuales somos, la amamos mucho, ¿no nos ha de amar Ella mucho más, siendo, por naturaleza y por gracia, incomparablemente más noble y agradecida? “¡Ay, Señora (le decía San Alonso Rodríguez), si me amaras tú tanto como yo te amo! -¿Qué dices, Alonso?, le responde; tanto va del amor que te tengo al que me tienes, como del cielo a la tierra.” Y no hay duda, Madre mía, que lo mismo dices a mí. Pues, ¿cómo me amará tu Corazón Purísimo si este corazón de barro tanto te ama?

Punto. III. “los ama porque, como a predestinados que son, Dios también les ama.

Esaú es figura de los réprobos, y Jacob, el hijo querido de Rebeca, es figura de los predestinados, hijos queridos de María. El Señor, pues, ama a Jacob y aborrece a Esaú; y la Santísima Virgen, cuya voluntad está tan unida con la divina, no puede menos de amar lo que Dios ama. Y Dios ama a los devotos de Nuestra Señora, y en ser tales se conoce que les ama; pues la verdadera devoción a la Reina de los Ángeles es cierta señal de predestinación. Nos ama, por tanto, la Madre de Dios con amor firmísimo y constante, que no se funda, como a veces el nuestro, en veleidades y caprichos, sino en la inmutable y eterna voluntad divina. ¡Qué dicha la nuestra! ¿Qué hemos hecho para merecer tal amor, y qué hemos de hacer para mostrarnos agradecidos a la infinita Misericordia?

Punto. IV. “Los ama porque se han consagrado del todo a Ella y son su parte y su herencia. Los ama, pues, no sólo con afecto de gratitud, porque le han demostrado su amor entregándose a Ella, sino también con el afecto que se ama una cosa propia, porque Ella las ha recibido en su casa, y Dios se lo ha encomendado singularmente.

Los ama tiernamente y más tiernamente que todas las madres juntas. Meted, si podéis, todo el amor natural que las madres de todo el mundo tienen a sus hijos, en el corazón de una sola madre, para que con todo ese amor ame a su hijo único. Mucho le amará, por cierto; pero sin duda que María quiere aún a sus hijos más tiernamente que esta madre amaría al suyo.

¡Dichoso yo! ¿Qué me importa que todo el mundo me desprecie, si de esta manera logro que me ame la Reina del cielo? Y no hay duda que lo conseguiré. ¡Basta que yo lo quiera!

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Sus caracteres

Interior: La verdadera devoción a Nuestra Señora es interior: es decir, debe partir del espíritu y del corazón; nace dicha devoción de la estima que se hace de la Virgen, de la alta idea que uno se ha formado de sus grandezas y del amor que se la tiene.

Tierna: Es tierna, es decir, llena de confianza en la Santísima Virgen, como la de un niño para con su buena madre. Esta devoción es la que hace que un alma recurra a Ella en todas sus necesidades de cuerpo y espíritu con mucha sencillez, confianza y ternura.

Santa: Esta devoción a nuestra Señora es santa: es decir, que conduce a un alma a evitar el pecado y a imitar las virtudes de la Santísima Virgen, en particular la humildad profunda, la fe viva, la ciega obediencia, la continua oración, su universal mortificación, la pureza incomparable, la caridad ardiente, la heroica paciencia, la dulzura angelical y la divina sabiduría. Tales son las diez principales virtudes de la Santísima Virgen.

Constante: Es constante, es decir, afirma a un alma en el bien y la lleva a no abandonar fácilmente las prácticas de devoción; la hace animosa para oponerse al mundo, y a sus costumbres y sus máximas, a la carne con sus apetitos y sus pasiones, y al demonio en sus tentaciones; de modo que una persona verdaderamente devota de la Santísima Virgen no es mudable, melancólica, escrupulosa ni medrosa.

Desinteresada: La verdadera devoción a la Santísima Virgen es desinteresada; es decir, inspira a un alma que no se busque a sí misma; sino sólo a Dios en su Santísima Madre. Un verdadero devoto de María no ama a esta augusta Reina por espíritu de lucro y de interés, ni por su bien temporal ni espiritual, sino únicamente porque merece ser servida, y Dios sólo en Ella.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. Núms.105-110)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Mis lecciones, cátedra de Sabiduría

Hijos carísimos, venid a mi escuela maternal: María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os llama a todos vosotros porque os quiere formar con sus lecciones de amor; lecciones que os harán más santos, más sólidos en la fe, lecciones que os sacarán de vuestra ignorancia espiritual, lecciones que os mostrarán el camino hacia la verdad; verdad porque es doctrina pura, sana; verdad porque en nada contradice al Magisterio de la Iglesia y las Sagradas Escrituras; verdad porque son mis palabras. Palabras que debéis saborear como manjar exquisito. Palabras que son dulce miel para vuestro corazón; corazón que habrá de estar abierto a las mociones del Espíritu Santo; corazón que habrá de transformarse en un cofre de oro fino que guarde piedras preciosas, tesoros de cuantiosa suma; ya que un alma sencilla y humilde toma cada una de mis lecciones de amor como la máxima riqueza que pueda poseer un hombre en la tierra.

Hijos míos: tomad esta preparación, la consagración a mi Inmaculado Corazón, como una gran cátedra de Sabiduría Divina. Sabiduría impartida por María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, porque esta es mi misión: enseñaros el camino al Cielo, profetizaros los acontecimientos que están por suceder, porque todo lo que está escrito llegará a su culmen, a su final.

Además de ser una buena madre para con todos vosotros, soy Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos. Maestra que ha sido designada por el Cielo para este tiempo decisivo en la historia de la humanidad, humanidad que tendrá que caminar en dirección opuesta al mundo. Humanidad que deberá regresar a Jesús porque muy pronto será purificada, renovada. Humanidad que está siendo avisada, preparada porque relativamente os falta muy poco para que veáis al Señor, glorioso en su Trono. Relativamente os falta muy poco para que miréis cómo se abren las puertas de la Nueva Jerusalén. Relativamente os falta muy poco para el triunfo de mi Inmaculado Corazón. Hijitos amados: convertíos de corazón al Señor; los hombres de estos tiempos son de duro corazón, son escépticos a los grandes misterios del Cielo porque la ciencia los ha vuelto empíricos, racionalistas y hasta fundamentalistas. Volveos como niños y seguid mi voz, caminad tras mi perfume, no temáis porque nada os sucederá, os abrigaré bajo los pliegues de mi sagrado manto porque sé que padeceréis frío, os ocultaré en uno de los aposentos de mi Virginal Corazón porque sé que seréis perseguidos, calumniados, injuriados. Consagraos a mi Inmaculado Corazón porque las potestades del infierno no prevalecerán a pesar de la desobediencia de algunos hijos predilectos. El Papa, primer representante de Cristo en la tierra, seguirá siendo la máxima autoridad para la Iglesia. Autoridad infalible. Autoridad que debe ser acatada por toda la jerarquía eclesial. Las potestades del infierno no prevalecerán, así la apostasía halla difundido el error indiscriminadamente, error que ha sembrado la duda e inquietud en el corazón de muchos de mis hijos.

Las potestades del infierno no prevalecerán, aunque parezca que el mal ha triunfado sobre el bien, las fuerzas de Dios son potentes, indestructibles y eternas.

Las potestades del infierno no prevalecerán; San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, se prepara para descender a la tierra al sonar las trompetas. Príncipe que con su espada defenderá la Iglesia, protegerá al resto fiel remanente.

Las potestades del infierno no prevalecerán, satanás y sus secuaces serán enviados a los abismos más profundos del averno.

Las potestades del infierno no prevalecerán, mi Ejército Victorioso les vencerá, les combatirá con el arma poderosa del Santo Rosario; arma que les debilitará, les menguará fuerzas.

Las potestades del infierno no prevalecerán, aún, en el momento en que la Iglesia pase por el viernes santo. Yo, que soy su Madre estaré presente para consolarla, porque una vez haya pasado por los dolores del parto, llegará a su máximo esplendor.

Las potestades del infierno no prevalecerán, porque el dolor y los sufrimientos gestan un nuevo nacimiento, una nueva humanidad.

Las potestades del infierno no prevalecerán, porque la “mujer vestida de sol” ha empezado su gran batalla; batalla que disipará las tinieblas para que la luz de Cristo resplandezca por todas partes; batalla en la que la Iglesia caminará en la verdad, en la fidelidad y en la unidad; batalla que llevo delante por medio de vosotros, resto fiel.

Virtud de la castidad

Sois templos vivos de Dios, sois morada del Espíritu Santo. Sois creados a imagen y semejanza de Dios. Sois hechura de sus venerables manos. Así es, pues, hijos míos, que debéis hacer de vuestro cuerpo tabernáculo del Amor Divino, copón de pureza porque naciste para el gozo espiritual, para el disfrute de la verdadera vida en Dios. No mancilléis vuestro cuerpo. Los pecados de la carne ofenden gravemente a Dios. Los pecados de la carne os deforman, os vuelve monstruos. Los pecados de la carne os acarrean sufrimientos indecibles en la eternidad. Los pecados de la carne borran el matiz de Dios que un día recibisteis cuando fuisteis engendrados en el vientre de vuestras madres. Los pecados de la carne os van consumiendo lentamente hasta que quedéis forrados en el mero hueso. Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia. Haced reparación, mortificación y penitencia por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo motel de placer, engendro de satanás.

Id y purificad vuestro corazón en los Ríos de la Gracia por las veces que hicisteis de vuestro cuerpo mercadería barata, recinto de prostitución.

La castidad hijos míos, es virtud que os ciñe corona de azucenas en vuestro corazón.

La castidad, hijos míos, es virtud que os da candor, pureza.

La castidad, hijos míos, es virtud que os da olor de santidad, fragancia exquisita de cielo.

La castidad, hijos míos, es virtud que cubre vuestro cuerpo de ropajes blancos.

La castidad, hijos míos, es virtud que hace de vuestro corazón un lirio perfumado.

La castidad, hijos míos, es virtud que os ciñe alas de Ángeles.

La castidad, hijos míos, es virtud que os da fragancia exquisita, oloroso perfume que es prueba de que Dios habita en vuestro corazón, de que sois portadores de la pureza infinita, de que sois vasos cristalinos, espejos nítidos sin manchas.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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