Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (MT 1, 18-25)

José asume la paternidad legal de Jesús.

18 El origen de Jesucristo fue de la siguiente manera. Su madre, María, estaba desposada con José; pero, antes de empezar a estar juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. 19 Su marido José, que era justo*, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. 20 Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque él salvará* a su pueblo de sus pecados.» 22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta:

23 La virgen concebirá y dará a luz un hijo,

y le pondrán por nombre Emmanuel,

que traducido significa: «Dios con nosotros». 24 Una vez que despertó del sueño, José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. 25 Pero no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo*, a quien puso por nombre Jesús.

Meditación: Glorias de María.

“Creemos que María es la Madre siempre Virgen del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo, en el que, en consideración de los méritos de su Hijo, fue rescatada de manera más sublime, preservada de toda mancha de pecado original, y llena del don de la gracia más que todas las otras criaturas. Asociada por un vínculo estrecho e indisoluble a los Misterios de la Encarnación y de la Redención, la Santí­sima Virgen María, la Inmaculada, al fin de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste y , confor­mada con su Hijo resucitado, recibió anticipadamente el destino de todos los justos; creemos que la Santísima Madre de Dios, Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continua en el Cielo su oficio materno, en relación con los miembros de Cristo, cooperando en el nacimiento y crecimiento de la vida divi­na en las almas de los hombres rescatados.” (Papa Pablo VI)

“Aquellos que se extrañan de que en el Evangelio se hable tan poco de Nuestra Señora, deben saber lo que dice S.Tomas de Vilanova: ¿Qué mas queréis? Os debe bastar saber que es la Madre de Dios. Basta afirmar de Ella estas palabras: De qua natus est lesus- “de la que nació Jesús”. ¡Si, oh María! Para enamorarme de Ti me basta saber que eres la Madre de Dios.” (P. Gabriel de Sta. Ma Magdalena)

María Santísima es grande en sus privilegios por haber sido es­cogida para ser Madre de Dios; Madre de Nuestro Redentor, Jesucris­to.

Cuatro son los dogmas que coronan las grandezas de Nuestra Señora, a saber: La Inmaculada Concepción, La Maternidad Divina, La Virginidad Perpetua y su Asunción en cuerpo y alma al Cielo.

El privilegio de la Inmaculada Concepción consiste en haber sido preservada, María Santísima, de la mancha del pecado original. Este singular regalo de Dios, concedido a María es muy significativo, pues, nos hace reflexionar sobre el hecho de haber sido Ella siempre pura; una criatura tan bella, en la que el pecado ni siquiera se acercó. Hay en esta verdad dos aspectos muy importantes: el primero, se refie­re a la ausencia de todo y cualquier pecado de su alma; y el segundo, nos lleva a reconocerla como la única criatura llena de gracia.

Mucho nos alegramos por los dones con los que el Señor adornó a la Virgen Santísima, teniendo en cuenta su altísima misión de Madre de Dios, para la cual se exigía una santidad singular.

La Santa Madre Iglesia nos invita a amar y honrar a María, por ser Ella digna Madre de Dios.

Partiendo de la alta realidad de haber dado Ella, en su sustancia, la naturaleza humana al Verbo Encarnado, engendrando verdaderamen­te a Jesús, nos extrañamos que haya quien no crea en su pureza, pues, Nuestro Señor con su nacimiento consagró para siempre su integridad virginal (Gaud.Brix).

Su Virginidad Perpetua, o sea, su permanencia en el estado vir­ginal, antes, durante y después del parto ya estaba anunciada desde el principio en la Fe de la Iglesia, pero adquirió una definición clara y completa en el Concilio de Letrán, en el año 649, en el Pontificado de S.Martin.

Confesemos la fe en este dogma mariano y obtengamos de él un gran incentivo para vivir una vida de elevada castidad, acercándonos más a la Virgen María.

La Asunción Gloriosa, (otro gran privilegio suyo), nos debe re­cordar la elevación de su cuerpo y alma al Cielo, que fue el premio por su perfección en su Amor a Dios, que se tradujo en su ilimitada obe­diencia a la Voluntad del Padre.

Santo Tomás nos dice acerca de su Asunción al Cielo: “Los ángeles la vinieron a buscar, no por que de ellos tuviese necesidad aquel cuerpo glorioso y resucitado sino para indicar la reverencia a Ella debida. ‘No podemos olvi­dar que allí en el Cielo, Jesús es tan hijo de María, como lo fue aquí en la tierra, y debido a su sumisión a Ella nunca se resistirá a sus peticio­nes, pues, Ella es siempre humilde y conforme a la Santa Voluntad del Padre.

Por fin no olvidemos sujetarnos a María la Reina; de este modo, satisfaceremos la voluntad de Jesucristo que quiso establecerla como Señora de los Corazones, Aquella que ostenta un sublime dominio sobre las almas.

Confiemos en las súplicas de la Madre de Dios a nuestro favor pues Dios las tiene en consideración alcanzándonos de El innumerables beneficios.

Oración: ¡Gloriosa Virgen María, acércanos a Ti, para que estemos siempre próximos a Dios. Danos la Sabiduría de apreciar el valor ines­timable de la Gracia divina en nuestra alma, para huir siempre del pe­cado. Queremos, bondadosa Madre, volvernos dignos hijos Tuyos para merecer tu Intercesión, ante Jesús, a través de un corazón puro y de­seoso del Cielo! Amén.

Jaculatoria: ¡Inmaculado Corazón de María, danos Tu Pureza!

Según Medjugorje

«Ángel mío: yo te traigo el goce del Corazón de mi Hijo; regocijémonos por todo lo que hemos alcanzado en este tiempo, y pido que todos permanezcan fieles a esta gracia divina del Cielo; si todos permanecemos como uno, el Plan de Dios no podrá ser destruido por la influencia del orgullo.

Vengo Para traer la abundancia de los bienes del Cielo; Dios Padre me envía con la gracia de estos bienes preciosos para ser conferidos al alma, el halo de pureza adornada con todas las virtudes. Es mi deseo colocar esta corona sobre cada uno de los corazones, que se arrodillen ante mí altar para entregarme su corazón.

Les pido a cada uno de ustedes convertirse como signo de unidad para todo el mundo; esta es la señal sempiterna de Dios, tres en uno, de mí todo es posible pero sólo si me dan su corazón.

Dios dará todo para llevar a cabo su plan, debo decirles que estos tiempos son muy urgentes, muy pronto el mundo espera una transformación de tal grado que no es posible imaginarse; es la hora de abrirse el Cielo sobre la tierra y las puertas del infierno serán cerradas y removidas, es la unión de los corazones, sus corazones, hacia la unión con nuestros dos Corazones; ruego que tú aceptes mí suplica de reconciliación, unión y paz, esto es lo que te espera en mi corazón.»          Septiembre 1 de 1993

Guía: Esta es la era de la gracia divina, está en medio de nosotros para penetrarnos profundamente con la bondad de la Misericordia de Dios. Un Padre amoroso y extraordinario se ha dignado enviarnos una Madre porque Él conoce bien la ternura que hay en sus caricias; con su infinita sabiduría, Él ha escogido darnos este regalo. El corazón de Jesús fue derretido muchas veces bajo la dulzura de la sonrisa de su Madre; Él encontró confort y protección en sus brazos y sabiduría en sus palabras. ¿Cuánto ha debido amarnos para que también nosotros experimentáramos esos mismos momentos?.

Su dirección en los momentos de extravíos, su sonrisa en los momentos de alegría o sus lágrimas que se mezclan con las nuestras en los momentos de pecado; el modo como enseña una madre es un regalo de amor, mantener cerca el corazón de una madre nutrirá y ayudará a lo largo del camino. Ella nos llama de una manera muy suave y cariñosa hacia la misión de su triunfo y hacia lo profundo de su triunfante Corazón Inmaculado, nuestra consagración es nuestro Si puesto a su servicio.

Dirección: En la consagración de nuestros corazones, nosotros nos afirmamos en una unidad eterna y también aceptamos los sacrificios de esta misión; es la misión de la luz, de la verdad que es recibida con desdén y disgusto por el mundo. Nosotros no debemos exponernos a lo que no sea la verdad; también debemos reconocer que un esfuerzo a medias no sirve de mucho en esta misión, este es un llamado a la convicción, una firme e inflexible creencia en el triunfo del Inmaculado Corazón de María. Debemos buscar cada día esta seguridad en nuestra alma.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, haz que yo pueda reposar en la grandeza de tu triunfo; acepta mi plegaria de reconciliación en unión con la paz de mi corazón y de mi mente y lleva este deseo a Dios Padre. Ruego para que mi alma sea tan pura que su brillo ciegue la maldad y lleve la gracia a los que poseen igual necesidad.

Abre mi corazón, querida Madre, cada día más y no permitas que se cierre ni siquiera un momento, penetra en su profundidad y descubre todos los rincones escondidos de mi corazón para que no quede ninguna imperfección; te ruego que obtengas la victoria dentro de mi propio corazón primero, para luego llevar esta gracia a todo el mundo.

«Señor, Dios de Israel, dame las fuerzas en este momento» (Judith 13:7)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

María, Madre de gracia y Reina de los corazones

Composición de lugar. La imagen de la Reina de los Corazones.

Petición. Conocimiento del dominio que tiene la Santísima Virgen en el orden de la gracia, y consiguiente sentimiento de la necesidad que tengo de su devoción para salvarme y santificarme.

Punto I. “El proceder que las tres divinas personas de la Santísima Trinidad han adoptado en la Encarnación y primera venida de Jesucristo, lo prosiguen todos los días de manera invisible en la santa Iglesia; y lo mantendrán hasta el fin de los siglos en la segunda venida de Jesucristo.

Dios Padre creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar.

Creó un depósito de todas las gracias y lo llamó María.

El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, raro y preciso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del Señor, de cuya plenitud se enriquecen los hombres.

Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó tesorera de todo cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros, les comunica sus virtudes y les distribuye sus gracias. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente sus misericordias.

Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones inefables y la escogió por dispensadora de cuanto posee. De manera que Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias. Y no se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos virginales. Porque tal es la voluntad de Dios que quiere que todo lo tengamos por María. Y porque así será enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo la que durante su vida se empobreció, humilló y ocultó hasta el fondo de la nada por su humildad. Éstos son los sentimientos de la Iglesia y de los Santos Padres.”

¡Qué dicha la nuestra tener una Madre tan rica! ¿Por qué no nos aprovechamos más de tan gran tesoro, que está Ella deseando de comunicar a sus hijos? “Pidamos gracia y pidámosla por María, que el que la busca la encuentra, y no puede verse frustrado.” (San Bernardo.)

Punto. II. “La gracia perfecciona a la naturaleza, y la gloria, a la gracia. Es cierto, por tanto, que el Señor es todavía en el cielo Hijo de María como lo fue en la tierra y, por consiguiente, conserva para con Ella la sumisión y obediencia del mejor de todos los hijos para con la mejor de todas las madres. No veamos, sin embargo, en esta dependencia ningún desdoro o imperfección en Jesucristo. María es infinitamente inferior a su Hijo, que es Dios. Y por ello, no le manda como haría una madre a su hijo de aquí abajo, que es inferior a ella. María, toda transformada en Dios por la gracia y la gloria, que transforma en Él a todos los santos, no le pide, quiere ni hace nada que sea contrario a la eterna e inmutable voluntad de Dios.

Por tanto, cuando leemos en san Bernardo, san Buenaventura, san Bernardino y otros, que en el cielo y en la tierra todo, inclusive el mismo Dios, está sometido a la Santísima Virgen, quieren decir que la autoridad que Dios le confirió es tan grande que parece como si tuviera el mismo poder de Dios y que sus plegarias y súplicas son tan poderosas ante Dios que valen como mandatos ante la divina Majestad. La cual no desoye jamás las súplicas de su querida Madre, porque son siempre humildes y conformes a la voluntad divina.

Si Moisés, con la fuerza de su plegaria, contuvo la cólera divina contra los Israelitas en forma tan eficaz que el Señor altísimo e infinitamente misericordioso, no pudiendo resistirle, le pidió que le dejase encolerizarse y castigar a ese pueblo rebelde (cfr. Ex. 32, 10-14), ¿qué debemos pensar, con mayor razón, de los ruegos de la humilde María, la digna Madre de Dios, que son más poderosos delante del Señor, que las súplicas e intercesiones de todos los ángeles y santos del cielo y de la tierra?

María impera en el cielo sobre los ángeles y bienaventurados. En recompensa a su profunda humildad, Dios le ha dado el poder y la misión de llenar de santos los tronos vacíos, de donde por orgullo cayeron los ángeles apóstatas. Tal es la voluntad del Altísimo que exalta siempre a los humildes (cfr. Lc. 1, 52): que el cielo, la tierra y los abismos se sometan, de grado o por fuerza, a las órdenes de la humilde María, a quien ha constituido Soberana del cielo y de la tierra, capitana de sus ejércitos, tesorera de sus riquezas, dispensadora del género humano, mediadora de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios y fiel compañera de su grandeza y de sus triunfos.” ¡Y pensar que tan excelsa Señora es mi Madre!

Punto. III. “De lo que acabo de decir se sigue evidentemente:

En primer lugar, que María ha recibido de Dios un gran dominio sobre las almas de los elegidos. Efectivamente, no podría fijar en ellos su morada, como el Padre le ha ordenado, ni formarlos, alimentarlos, darlos a luz para la eternidad, como madre suya, poseerlos como propiedad personal, formarlos en Jesucristo y a Jesucristo en ellos, echar en sus corazones las raíces de sus virtudes y ser la compañera indisoluble del Espíritu Santo para todas las obras de la gracia… No puede, repito, realizar todo esto, si no tiene derecho ni dominio sobre sus almas por gracia singular del Altísimo, que, habiéndole dado poder sobre su Hijo único y natural, se lo ha comunicado también sobre sus hijos adoptivos, no sólo en cuanto al cuerpo, lo que sería poca cosa, sino también en cuanto al alma.

María es la Reina del cielo y de la tierra, por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, según estas palabras: El reino de Dios está en medio de ustedes (Lc. 17, 21), del mismo modo, el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada sobre todo en las almas juntamente con su Hijo más que en todas las criaturas visibles, de modo que podemos llamarla con los Santos: Reina de los corazones.”

Dentro de los corazones, por lo tanto, ha de ser principalmente honrada con una devoción interior, es decir, “que parta del espíritu y del corazón, que proceda de la estima que se hace de la Santísima Virgen, de la alta idea que se forma de sus grandezas y del amor que se la tiene”, no de mezquino interés y de superficial sensiblería.

De todo lo dicho se ha de sacar también (como lo hace el Santo) que la devoción a la Santísima Virgen “no ha de confundirse con las devociones a otros Santos, como si fuera sólo cosa de supererogación y no necesaria”.

Es necesaria para la salvación, como lo prueba el testimonio unánime de multitud de Santos y Doctores, y necesaria para alcanzar la perfección.

“No creo que nadie pueda adquirir unión íntima con Nuestro Señor y perfecta fidelidad al Espíritu santo, sin grandísima unión con la Santísima Virgen y grande dependencia de su socorro.”

¡Oh Reina potentísima y dulcísima de los Corazones, reina de veras en el mío! ¡Oh tesorera de la gracia, ven a llenarme de tus riquezas! ¡Oh tiernísima Madre, ven a alimentarme y a socorrerme, porque no puedo dar paso sin ti por el camino del cielo!

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

La verdadera devoción a la Virgen 

Para subir y unirse a Él, preciso es valerse del mismo medio de que Él se valió para descender a nosotros, para hacerse hombre y para comunicarnos sus gracias; y ese medio es una verdadera devoción a la Santísima Virgen.

Hay muchas devociones a la Virgen Santísima y verdaderas que no hablo aquí de las falsas.

Consiste la primera en cumplir con los deberes de cristiano, evitando el pecado mortal, obrando más por amor que por temor, rogando de tiempo en tiempo a la Santísima Virgen y honrándola como Madre de Dios, sin ninguna otra especial devoción para con ella.

La segunda tiene para la Virgen más altos sentimientos de estima, amor, veneración y confianza; induce a entrar en las cofradías del santo Rosario y del Escapulario, a rezar la corona o el santo Rosario, a honrar las imágenes y altares de María, a publicar sus alabanzas, a alistarse en sus congregaciones. Y esta devoción (con tal que nos abstengamos de pecar) buena es, santa y laudable; pero no tan a propósito como la que sigue para apartar a las almas de las criaturas y desprenderlas de sí mismas a fin de unirlas a Jesucristo.

La tercera devoción a la Santísima Virgen, de muy pocas personas conocida y practicada; es almas predestinadas, la que os voy a descubrir.

Consiste en darse todo entero, como esclavo, a María y a Jesús por Ella; y en hacer todas las cosas con María, en María, por María y para María.

Hay que escoger un día señalado para entregarse, consagrarse y sacrificarse; y esto ha de ser voluntariamente y por amor, sin encogimiento, por entero y sin reserva alguna; cuerpo y alma, bienes exteriores y fortuna, como casa, familia, rentas; bienes interiores del alma, a saber: sus méritos, gracias, virtudes y satisfacciones. 

(Tomado del Libro El Secreto de María por San Luis María Grignion de Montfort. núms.23 y 24)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Soy Reina de la familia

Hijos míos: dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón convirtiéndoos del todo al Señor, Dios sumamente compasivo y misericordioso para con el pecador. Dios, en el que podréis encontrar toda complacencia.

Dad beneplácito a mi Inmaculado Corazón y abridme las puertas de vuestro hogar que soy Reina de las familias; familias que deben transformarse en un segundo hogar de Nazaret con un toquecito de mi amor maternal; familias que deben permanecer unidas, ligadas dulcemente a nuestros Sacratísimos Corazones; familias en las que debe primar el diálogo, la tolerancia y el respeto mutuo; familias que deben ser escuela de valores porque es aquí, la iglesia doméstica, donde se construye, se edifica el proyecto de los hijos.

Yo soy Reina de la familia y os llamo a la fidelidad conyugal; no hagáis de vuestros lechos matrimoniales nidos de demonios, porque el adulterio es la puerta abierta que ha llevado a muchísimas almas a la condenación eterna; allí, en el infierno, este pecado es castigado con máxima crueldad porque el matrimonio es un sacramento, una fuente de gracia para la santificación y la salvación.

Yo soy Reina de la familia. Reina que os pide un puesto de importancia en vuestro hogar. Reina que debe ser homenajeada con su oración predilecta, el Santo Rosario. Rosario que, rezado en familia, os une en un amor ágape; el enemigo no podrá entrar al seno familiar, porque con el prodigio de esta oración, las puertas y ventanas son cerradas; raudales de bendiciones os lloverán del Cielo como susurros de brisa suave, porque tendréis como intercesores: la corte celestial durante vuestras vidas y en la hora de la muerte. Yo soy Reina de la familia. Reina que os concederá una gracia especial, si atendéis a mi llamado, porque satanás ha entrado en vuestros hogares por medio de la televisión y de la Internet; os está desuniendo, os está robando el tiempo para que no oréis, os entretiene sutilmente para sustraeros de las cosas de Dios.

Yo soy Reina de la familia. Reina que quiere perfumar vuestra casa con su presencia. Reina que os quiere preservar del adversario porque él pretende destruir y acabar con las familias; familias que están perdiendo identidad, familias en las que ha penetrado el espíritu de división, familias en las que poco se cultivan los valores espirituales y religiosos.

Yo soy Reina de la familia. Familia que, en este final de los tiempos, está siendo semidestruida por la influencia del modernismo, está tiñéndose de oscuridad, porque muchos padres han perdido autoridad sobre sus hijos; hijos que quieren gobernarse por sí solos, hijos que carecen de la figura paterna o materna, hijos que les ha tocado vivir un tiempo fuerte de confusión porque estáis en la época que a lo bueno se le llama malo y a lo malo, bueno.

Yo soy Reina de la familia y os traigo un mensaje esperanzador: muy pronto mi Inmaculado Corazón triunfará; muy pronto, muy pronto veréis cielos nuevos y tierra nueva; muy pronto veréis a la mujer vestida de sol pisando con su talón la cabeza de la serpiente; por eso hijos míos: atended a mi llamado de conversión, volved al seno de vuestro Padre; Él os espera para abrazaros como a hijos pródigos. Él os espera para quitar los ropajes de mendicidad que lleváis puestos y vestiros con trajes nuevos. Él os espera para recibiros con una gran fiesta; fiesta porque habéis vuelto a su regazo Paternal; fiesta porque habéis respondido con prontitud mi solicitud; fiesta porque al fin reaccionasteis, despertasteis de vuestro sueño, os propusisteis hacer de vuestra familia un encuentro recíproco de amor, tienda de encuentro porque allí habita Dios, allí están los Santos Ángeles que le adoran, allí está San José proveyéndoos del pan, allí estoy yo arropándoos bajo la orla de mi manto celestial y dándoos alimento sólido; porque una vez iniciasteis el proceso de consagración a mi Inmaculado Corazón y os estáis haciendo más maduros en la fe; estáis formando parte de mi Ejército Victorioso, estáis recibiendo la armadura de Dios para que batalléis como soldados rasos, estáis recibiendo la marca de los elegidos de Dios.

Hijos carísimos: volved a Dios. No cambiéis las leyes de Dios, vivid de acuerdo a sus preceptos, legalizad las uniones irregulares bajo el Sacramento del Matrimonio. No pongáis en alto riesgo vuestra salvación. No contristéis más el Sacratísimo Corazón de Jesús. Consolidad familias de acuerdo al Santo Querer del Señor. El adversario, satanás, las quiere disolver, influye en el corazón de los hombres para que se acepten y promuevan leyes permisivas, leyes perniciosas que llevan a la degradación moral, al distanciamiento con Dios porque el Cielo jamás aprobará leyes contrarias a las enseñanzas del Divino Maestro.

Virtud de la veracidad (verdad)

Caminad por los senderos de mi Amor Santo. Senderos adornados de rosas de esplendidos colores. Senderos en los que se os exige renuncias, cambios notorios. Senderos angostos que os llevan al Cielo. Senderos por los que iréis subiendo cimas, cimas a la santidad.

Si optáis en habitar en uno de los Aposentos de mi Amor Santo debéis sacar de vuestro corazón el feo vicio de la mentira, vicio que os hace parecidos a satanás porque él es el padre de ella; vicio que os traerá problemas, vicio que os hará remedos del demonio, vicio que es enfermedad mortal que os mata en vida, vicio que se lleva la luz de vuestro corazón, corazón que pierde su hermosura, su lozanía; corazón que pierde el aroma de Cristo ya que la mentira produce olor nauseabundo, mortecino.

Hijos míos: hablad siempre con la verdad. Por la verdad murió Cristo. Por la verdad muchos de los santos que hoy gozan de la visión beatífica de Dios en el cielo fueron mártires del gran amor del Amor Divino.

La verdad hace de vuestro corazón un manantial de aguas claras, límpidas.

La verdad os da brillo, luz, es como un lucero que os posee.

La verdad es como la alborada de la mañana en que la oscuridad se diluye para dar paso a la claridad del día.

La verdad es como el sol radiante en vuestro corazón, sol que os cubre con su resplandor, os cobija con sus rayos potentes.

¿Por qué mentir, hijos míos, si sois hijos de la verdad?

Llevadla colgada al cuello como si fuese un collar de perlas finas. Llevadla bien guardada en vuestro corazón como si fuese vuestro máximo tesoro. Llevadla en vuestros labios como si fuese dulce miel. Llevadla en vuestros pensamientos como única razón para existir.

No os engañéis a vosotros mismos, reconoced que las mentiras piadosas no existen. Actuad siempre como en la luz del pleno día.

La verdad es sabiduría, valentía.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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