Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Jn 8,12-20)

Jesús, luz del mundo

12 Jesús les habló otra vez; les dijo:

«Yo soy la luz del mundo;

la persona que me siga

no caminará en la oscuridad,

sino que tendrá la luz de la vida.»

Discusión del testimonio de Jesús sobre sí mismo

13 Los fariseos le dijeron: «Tu testimonio no vale, pues das testimonio de ti mismo.» 14 Jesús les respondió:

«Aunque yo dé testimonio

de mí mismo,

mi testimonio es válido,

porque sé de dónde he venido

y adónde voy;

pero vosotros no sabéis

de dónde vengo ni a dónde voy*.

15 Vosotros juzgáis según la carne*,

pero yo no juzgo* a nadie;

16 y si juzgo, mi juicio es verdadero,

porque no estoy yo solo,

sino yo y el que me ha enviado.

17 Y vuestra Ley reconoce la validez

del testimonio de dos personas.

18 Yo doy testimonio de mí mismo,

pero también da testimonio de mí

el Padre que me ha enviado.»

19 Le preguntaron entonces: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús:

«Ni me conocéis a mí

ni conocéis a mi Padre;

si me conocierais a mí,

conoceríais también a mi Padre.»

20 Estas palabras las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, pues todavía no había llegado su hora.

Meditación: Necesidad de mediadores.

Por el hecho de que los habitantes del Cielo están unidos más íntimamente con Cristo, consolidan con más firmeza, en la santidad, a toda la Iglesia. Ellos no dejan de interce¬der por nosotros ante el Padre, presentando los méritos que alcanzaron en la tierra por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo. Por consiguiente por la fraterna solicitud de ellos, nuestra debilidad recibe el más valioso auxilio.”(LG 49; C.I.C.956)

A partir del consentimiento dado con fe en la Anunciación y mantenido sin dudas bajo la Cruz, la maternidad de María se extiende a los hermanos y hermanas de su Hijo, que además son peregrinos expuestos a peligros y miserias. “Jesús, el único Mediador, es el Camino de nuestra oración; María, su Madre y nuestra Madre, es pura transparencia de Él. María muestra el Camino, y su señal…” (C.I.C.2674)

Es más perfecto porque es más humilde aproximarnos a Dios a través de sus mediadores. Eso, porque nuestro interior está muy corrompido y nuestras virtudes se presentan siempre manchadas, valiendo poco ante el Señor.

Dios, viendo nuestra indignidad e incapacidad, nos concedió mediadores, para acceder a sus Misericordias. Así, dispone intercesores poderosos ante su grandeza, a través de los cuales se une a nosotros y nos oye. Delante de tan alta gracia, no podemos despreciarlos, porque, si lo hiciésemos, sería una gran falta de humildad por nuestra parte, resultando una pérdida enorme.

Jesucristo es nuestro abogado y Mediador de Redención, por su Encarnación, Pasión y Muerte. Además necesitamos un mediador de intercesión, (junto al propio Mediador Jesús), que es María, la más apropiada para este oficio de caridad, según nos dijo San Bernardo. Sobre este asunto añadamos los consejos de San Francisco de Sales en su libro -Filotea: “Honor, veneración,y respeto de un modo especialísimo a la Santísima y Excelsa Madre de Jesucristo, nuestro hermano, que es también indudablemente nuestra Madre. Recurramos a Ella, como sus hijos, lancémonos a sus pies y a sus brazos con una perfecta confianza, en todos los acontecimientos y momentos. Invoquemos esta Madre, tan santa y buena, imploremos su amor materno; tengamos para esta Madre un corazón de hijos y esforcémonos por imitar sus virtudes”.

Fue por Ella por lo que Jesús vino, y debe ser también por medio suyo que hemos de llegar a Él. No temamos ir al encuentro de sus auxilio, pues, Ella es tan cariñosa que a nadie rechaza, aunque seamos muy pecadores. Los propios santos comprueban esta verdad, diciéndonos: “Nunca se oyó decir, desde el comienzo del mundo, que haya abandonado a ninguno de los que a Ella acudieron con confianza y perseverancia”. ¡María Santísima es tan poderosa que ninguna de sus peticiones es rechazada por Dios!

Ante las dificultades, se hace necesario, buscar el auxilio de tan poderosa y amorosa Mediadora…

Debido a nuestra debilidad, nos es muy difícil conservar las gracias y tesoros sobrenaturales, ya que tenemos un cuerpo corruptible y un alma inconstante, que se perturba fácilmente. Más allá de esto, los demonios esperan las ocasiones para apartarnos de la gracia, de improviso. La propia Sagrada Escritura nos advierte: “Sed sobrios y vigilantes. Vuestro adversario, el diablo, acecha como un león rugiente, buscando a quien devora. Resistidfirmes en la fe.” (I Pe.5, 8-9 a).

Difícil además, es perseverar en la gracia, debido a la corrupción del mundo; siendo un verdadero milagro mantenernos de pie sin dejarnos arrastrar por los torrentes envenenados por el mal.

Abandonados a las propias fuerzas, somos apenas flaqueza y una pura nada. Es el amor de Dios el que obra maravillas de gracias en nosotros. Por ello no debemos amarnos a nosotros mismos, desordenadamente, para no perdernos. Pero, si buscamos a Dios amándolo puramente, en Él nos hallaremos. El Señor hace por nosotros mucho más de lo que nos atrevemos a esperar y pedir. Fue Él mismo el que escogió a María Santísima para llevarnos a la salvación. Sólo tendremos íntima unión con Dios, si tenemos una profunda unión con la Madre del Cielo, presentándonos totalmente dependientes de Ella y suplicándole constantemente su protección.

El Altísimo hizo de Ella la tesorera de sus riquezas y la única dispensadora de sus gracias; fue a Ella a la que entregó “Las llaves del granero de Su Divino Amor”, en el cual hace entrar a quien le agrada. Las almas más santas, llenas de gracia y virtudes, serán las que más asiduamente la invocarán y la tendrán siempre presente, como su perfecto modelo y poderosa auxiliadora.

De este modo, nos debemos comportar para presentar una verdadera devoción a María Santísima, devoción esta, que nos une íntimamente a Jesucristo y nos vuelve fieles al Espíritu Santo. Viviéndolo bien, seremos iluminados con sus esplendores, conducidos por su espíritu, sustentados por sus brazos y guardados bajo su protección. Es necesario por tanto, atraer a todos con las palabras y los ejemplos, a practicar esta Verdadera Devoción, por lo que suscitaremos muchos enemigos, es verdad, pero también tendremos la seguridad de conquistar muchas victorias para Dios.

De tal modo nos lo aclara, Gerardo Enrique, en el libro titulado: “La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen.”

“Como Él (Jesús), Ella (María) es Mediadora en el Cielo, intercediendo junto a Dios por nosotros. También la mediación de María va más allá de las gracias actuales que nos da incesantemente, porque Ella suscita en la tierra otros pequeños mediadores que son las almas apostólicas, como otros canales secundarios ligados al “Canal de todas las gracias”. Es María la Reina de todos los militantes del Ejército de Cristo Rey, y Ella os anima y conforta, os sustenta en la lucha del bien contra el mal. Y todos los militantes, unidos verdaderamente a María participan no sólo de sus gracias sino también de su omnipotencia.”(Cf. P. Nubert).

REFLEXIÓN    “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.”

Con Isabel también nos admiramos: ¿Quién soy yo para que la Madre del Señor venga a visitarme? (Lc 1, 43). María es Madre de Dios y nuestra Madre porque nos da a Jesús, su Hijo, podemos confiarle todos nuestros problemas y súplicas, Ella reza por nosotros como rezó por Sí misma. “Hágase en mi según tu palabra.” (Lc 1,38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con Ella a la voluntad de Dios. “Hágase Tu voluntad.”

“Ruega por nosotros pecadores Santa Madre de Dios, ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Pidiendo a María que rece por nosotros, nos reconocemos como pobres pecadores y nos dirigimos a la “Madre de Misericordia”, completamente santa. Nos entregamos a Ella “ahora”, el presente de nuestras vidas. Y nuestra confianza aumenta para desde ya, entregar a sus manos “La hora de nuestra muerte”. Que Ella esté entonces presente, como en la muerte en la Cruz de su Hijo, y que en la hora de nuestro tránsito Ella nos acoja como nuestra Madre, para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso. (C.I.C.2677).

Oración: ¡Jesús, Dios-hombre, sé el Mediador bendito para nuestra vida, el cultivo de las virtudes, la perseverancia en nuestro Cielo! María, tan próxima a Jesús, queremos escogerte como dulce deposi- taria de nuestros pequeños tesoros espirituales. Amén.

Jaculatoria: ¡María Santísima, por los santos misterios de la Encarnación y la Redención, llévanos nuevamente al Padre!

Según Medjugorje

«El centro de mi misión es traer todos los corazones a un estado de unidad; unidad es ser UN corazón, tener la mente puesta solamente en la imitación de mi Inmaculado Corazón, este es el camino a la santidad que mi Jesús perfeccionó en mí. Vengo a traerles todo lo que fue creado en mí y todo lo que yo aprendí; amen sólo lo que es santo y bueno y no sucumban ante la idea de pecar.

Les digo que para alcanzar la más profunda paz y el amor de Dios, hay que dar la vida por la luz de esta misión; la unidad es el Espíritu de mi triunfo y la luz de mi misión es la paz, el cumplimiento de este plan de gracia divina está en la conversión de los corazones y ésta es la respuesta que yo les pido».  Agosto 10 de 1993

Guía: Jesús escogió a Nuestra Señora como compañera inseparable de su vida, de su muerte y de su poder en el Cielo y sobre la tierra; según su majestad, Él le dio a Ella por medio de la gracia todos los derechos y privilegios del Reino. Por medio de esta unión celestial y por su puesto en la Trinidad, Jesús concede a Nuestra Señora las gracias divinas de compartir completamente todo lo de Él y en igual medida, este es el objeto de la Inmaculada Concepción.

Dirección: Busca alegría en tu consagración; cuando te humillen y te traten como último, cuando seas objeto de ridículo y tratado como tonto, cuando seas censurado aunque sea sin motivo no trates de excusarte, no busques ser excusado por otros, no pongas obstáculos cuando otros revelen tus faltas, cuando recibas una humillación no busques de quien viene; y si lo descubres, ten cuidado de no reprochárselo y no demuestres que lo sabes, al contrario, inclúyelo en tus oraciones por los demás, busca una unión humilde con Dios.

Responde con la gracia de tu consagración a ser como uno en la misión de Nuestra Señora. El triunfo de su Corazón Inmaculado en nosotros sólo se podrá encontrar cuando tú te consideres como nada, porque es entonces cuando Dios llevará tu alma hasta las alturas de una sagrada unión.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, te pido tu intercesión para obtener la gracia de la humildad para mi alma; para que reconociendo la grandeza de la obra de Dios en mí pueda yo humillarme ante su presencia. Madre querida, ayúdame en los tiempos de persecución, ridiculez y ofensas para que yo pueda ofrecer los sufrimientos de mi alma por la gracia de tu triunfo; que pueda ofrecerte una mente ingenua para que mi consagración sea más provechosa a tu Inmaculado Corazón.

Ruego para que cada sufrimiento me traiga conocimientos al Divino plan de Dios para su triunfo, y que el Reino del Sagrado Corazón de tu Hijo pueda llegar a la culminación por medio de la consagración de cada corazón unido a través del tuyo.

«Si os insultan por el nombre de Cristo, felices ustedes; por que el Espíritu que comunica la gloria descansa sobre ustedes» (1 Pedro 4:14)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

De las falsas devociones a la Santísima Virgen

Composición de lugar. Ver a la Virgen Nuestra Señora como va pasando revista a sus esclavos y reconociendo que algunos no lo son, aunque exteriormente vistan su librea.

Petición. Conocer si es de buena ley la devoción que yo tengo a Nuestra Señora.

Hay, a mi parecer, siete clases de falsos devotos y falsas devociones a la Santísima Virgen, a saber: 1º) Los devotos críticos, 2º) Los devotos escrupulosos, 3º) Los devotos exteriores, 4º) Los devotos presuntuosos, 5º) Los devotos inconstantes, 6º) Los devotos hipócritas, 7º) Los devotos interesados.

Los devotos críticos son, por lo común, sabios orgullosos, engreídos y pagados de sí mismos, que en el fondo tienen alguna devoción a la Santísima Virgen, pero critican casi todas las formas de piedad con las que las gentes sencillas honran ingenua y santamente a esta buena Madre, sólo porque no se acomodan a sus fantasías. Ponen en duda todos los milagros e historias referidas por autores fidedignos o extraídas de las crónicas de las Órdenes religiosas, que atestiguan la misericordia y poder de la Santísima Virgen. Se irritan al ver a las gentes sencillas y humildes arrodilladas, para rogar a Dios, ante un altar o imagen de María o en la esquina de una calle… Llegan hasta acusarlas de idolatría, como si adoraran la madera o la piedra. En cuanto a ellos, así dicen, no gustan de tales devociones exteriores ¡ni son tan cándidos para creer a tantos cuentos e historietas como corren acerca de la Santísima Virgen! Si se les recuerdan las admirables alabanzas que los Santos Padres tributan a María, responden que hablaban como oradores, en forma hiperbólica, o dan una falsa explicación de sus palabras.

Esta clase de falsos devotos y gente orgullosa y mundana es mucho de temer: hace un daño incalculable a la devoción a la Santísima Virgen, alejando de Ella definitivamente a los pueblos so pretexto de desterrar abusos.

Los devotos escrupulosos son personas que temen deshonrar al Hijo al honrar a la Madre, rebajar al Uno al honrar a la Otra. No pueden tolerar que se tributen a la Santísima Virgen las justísimas alabanzas que le prodigaron los Santos Padres. Toleran penosamente que haya más personas arrodilladas ante un altar de María que delante del Santísimo Sacramento, ¡como si esto fuera contrario a aquello o si los que oran a la Santísima Virgen, no orasen a Jesucristo por medio de Ella! No quieren que se hable con tanta frecuencia de la Madre de Dios ni que los fieles acudan a Ella tantas veces.

Oigamos algunas de sus expresiones más frecuentes:

“¿De qué sirven tantos Rosarios? ¿Tantas congregaciones y devociones exteriores a la Santísima Virgen? ¡Cuánta ignorancia hay en tales prácticas! ¡Esto es poner en ridículo nuestra religión! ¡Hábleme más bien de los devotos de Jesucristo! (y, al pronunciar frecuentemente este nombre, lo digo entre paréntesis, no se descubren). Hay que recurrir solamente a Jesucristo: Él es nuestro único mediador. Hay que predicar a Jesucristo: ¡esto es lo sólido!”.

Y lo que dicen es verdad, en cierto sentido. Pero, la aplicación que hacen de ello para combatir la devoción a la Santísima Virgen es muy peligrosa, es un lazo sutil del espíritu maligno, so pretexto de un bien mayor. Porque ¡nunca se honra tanto a Jesucristo como cuando se honra a la Santísima Virgen! Efectivamente, si se la honra, es para honrar más perfectamente a Jesucristo y si vamos a Ella, es para encontrar el camino que nos lleve a la meta, que es Jesucristo.

La Iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y después a Jesucristo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús (Lc. 1, 42). Y esto, no porque la Virgen María sea mayor que Jesucristo o igual a Él, lo cual sería intolerable herejía, sino porque para bendecir más perfectamente a Jesucristo hay que bendecir primero a María.

Digamos, pues, con todos los verdaderos devotos de la Santísima Virgen y contra sus falsos devotos escrupulosos: María, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Los devotos exteriores son personas que cifran toda su devoción a María en prácticas externas. Sólo gustan de lo exterior de esta devoción, porque carecen de espíritu interior. rezan muchos Rosarios, pero atropelladamente. Participan en muchas Misas, pero sin atención. Se inscriben en todas las cofradías marianas, pero sin enmendar su vida, sin vencer sus pasiones, ni imitar las virtudes de la Santísima Virgen. Sólo gustan de los sensible de la devoción, no buscan lo sólido. De suerte que si no experimentan algo sensible en sus prácticas piadosas, creen que no hacen nada, se desalientan y lo abandonan todo o lo hacen por rutina.

El mundo está lleno de esta clase de devotos exteriores. No hay gente que más critique a las personas de oración, que se empeñan en lo interior como lo esencial, aunque sin menospreciar la modestia exterior, que acompaña siempre a la devoción verdadera…

Los devotos presuntuosos son pecadores aletargados en sus pasiones o amigos de lo mundano.

Bajo el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen, esconden el orgullo, la avaricia, la lujuria, la embriaguez, el perjurio, la maledicencia o la injusticia, etc.; duermen en sus costumbres perversas, sin hacerse mucha violencia para corregirse, confiados en que son devotos de la Santísima Virgen; se prometen a sí mismos que Dios les perdonará, que no morirán sin confesión ni se condenarán, porque rezan el osario, ayunan los sábados, pertenecen a la cofradía del santo Rosario, a la del escapulario u otras congregaciones, llevan el hábito o la cadenilla de la Santísima Virgen, etc.

Cuando se les dice que su devoción no es sino ilusión diabólica y perniciosa presunción, capaz de llevarlos a la ruina, se resisten a creerlo. Responden que Dios es bondad y misericordia; que no nos han creado para la perdición; que no hay hombre que no peque; que basta un buen “¡Señor, pequé!” a la hora de la muerte. Y añaden que son devotos de la Santísima Virgen; que llevan el escapulario; que todos los días rezan puntualmente siete Padrenuestros y Avemarías en su honor y, algunas veces, el Rosario o el Oficio de Nuestra Señora; que ayunan, etc.

Para confirmar sus palabras y cegarse aún más, alegan algunos hechos verdaderos o falsos, poco importa, que han oído o leído, en los que se asegura que personas muertas en pecado mortal y sin confesión, gracias a que durante su vida habían rezado algunas oraciones o ejercitado algunas prácticas de devoción en honor de la Virgen resucitaron para confesarse o su alma permaneció milagrosamente en el cuerpo hasta que lograron confesarse o, a la hora de la muerte, obtuvieron del Señor, por la misericordia de María, el perdón y la salvación. ¡Ellos esperan correr la misma suerte!

Nada, en el cristianismo, es tan perjudicial a las gentes como esta presunción diabólica. Porque, ¿cómo puede alguien decir con verdad que ama y honra a la Santísima Virgen, mientras con sus pecados hiere, traspasa, crucifica y ultraja despiadadamente a Jesucristo, su Hijo? Si María se obligara a salvar por su misericordia a esta clase de personas, ¡autorizaría el pecado y ayudaría a crucificar a su Hijo! Y esto, ¿quién osaría siquiera pensarlo?

Protesto que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen, devoción que después de la que se tiene al Señor en el Santísimo Sacramento es la más santa y sólida de todas, constituye un horrible sacrilegio: el mayor y menos digno de perdón después de la comunión sacrílega.

Confieso que, para ser verdadero devoto de la Santísima Virgen, no es absolutamente necesario que seas tan santo, que llegues a evitar todo pecado, aunque esto sería lo más deseable. Pero es preciso, al menos (¡nota bien lo que digo!):

1º) Mantenerse sinceramente resuelto a evitar, por lo menos, todo pecado mortal, que ultraja tanto a la Madre como al Hijo.

2º) Violentarse para evitar el pecado.

3º) Inscribirse en las cofradías, rezar los cinco o quince misterios del Rosario u otras oraciones, ayunar los sábados, etc.

Todas estas buenas obras son maravillosamente útiles para lograr la conversión de los pecadores por endurecidos que estén. Y si tú, lector, fueras uno de ellos, aunque ya tuvieras un pie en el abismo… te las aconsejo, a condición de alcanzar de Dios, por intercesión de la Santísima Virgen, la gracia de la contrición y perdón de tus pecados y vencer tus hábitos malos y no para permanecer tranquilamente en estado de pecado, no obstante los remordimientos de la conciencia, el ejemplo de Jesucristo y de los santos y las máximas del Santo Evangelio.

Los devotos inconstantes son los que honrar a la Santísima Virgen a intervalos y como a saltos. Ahora fervorosos, ahora tibios… En un momento parecen dispuestos a emprenderlo todo por su servicio, poco después ya no son los mismos. Abrazan de momento todas las devociones a la Santísima Virgen y se inscriben en todas las cofradías, pero luego no cumplen sus normas con fidelidad. Cambian como la luna. Y María los coloca debajo de sus pies junto a la medialuna, porque son volubles e indignos de ser contados entre los servidores de esta Virgen fiel, que se distingue por la fidelidad y la constancia.

Más vale no recargarse con tantas oraciones y prácticas devotas y hacer menos pero con amor y fidelidad, a pesar del mundo, del demonio y de la carne.

Hay todavía otros falsos devotos de la Santísima Virgen: los devotos hipócritas. Encubren sus pecados y costumbres pecaminosas bajo el manto de esta Virgen fiel, a fin de pasar a los ojos de los demás por lo que no son.

Existen, finalmente, los devotos interesados. Son aquellos que sólo acuden a María para ganar algún pleito, evitar un peligro, curar de una enfermedad o por necesidades semejantes… sin las cuales no se acordarían de Ella.

Unos y otros son falsos devotos, en nada aceptos a Dios ni a su Santísima Madre.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Leer: San Lucas, Capítulo 17, versículos 1-10.

El escándalo

17 1 Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no haya escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vinieren! 2 Le iría mejor si le pusieran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. 3 Andad, pues, con cuidado.

Corrección fraterna

«Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. 4 Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás.»

Poder de la fe

5 Dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe.» 6 El Señor respondió: «Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido.»

Servir con humildad

7 «¿Quién de vosotros, si tiene un siervo arando o pastoreando, le dice cuando regresa del campo: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’ 8 ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar y cíñete para servirme; y, después que yo haya comido y bebido, entonces comerás y beberás tú*?’ 9 ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron*? 10 De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado, decid: ‘No somos más que unos pobres siervos*; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.’»

 Todas las cosas pesadas se deben padecer por la vida eterna.

Hijo, no te quebranten los trabajos que has tomado por Mí, ni te abatan del todo las tribulaciones; mas mi promesa te esfuerce y consuele en todo lo que viniere.

Yo basto para galardonarte sobre toda manera y medida. No trabajarás aquí mucho tiempo, ni serás agravado siempre de dolores. Espera un poquito y verás cuán presto se pasan los males. Vendrá una hora cuando cesará todo trabajo e inquietud. Poco y breve es todo lo que pasa con el tiempo.

(Tomado del Libro: Imitación de Cristo, libro III, cap. 47)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Sólo os queda orar y reparar

Hijos míos: os he estado recordando por última vez algunos de los mensajes que he dado en varias partes del mundo, como en la Salette, Akita, Garabandal, Fátima y a mi hijo predilecto Stefano Gobbi entre otros; pero mis palabras no han sido del todo escuchadas, sólo los corazones sencillos las acogen, las guardan con recelo como perlas finas, como tesoros del Cielo. Cuánto deseo que la humanidad entera abriera sus ojos a la realidad de los acontecimientos. Acontecimientos que demuestran que: estáis en el final de los tiempos, el libro del Apocalipsis va en la mitad del camino.

Cuánto deseo: que la humanidad entera estuviera atenta y preparada al retorno glorioso de Cristo, que despierte de su somnolencia espiritual e inicie de inmediato un proceso de conversión perfecta y transformadora.

Cuánto deseo que la humanidad entera atendiera a la voz de los profetas, profetas que en este final de los tiempos están allanando caminos como San Juan Bautista, porque la segunda venida del Mesías está muy próxima.

Cuánto deseo que la humanidad entera comprendiera que la Iglesia pronto llegará al viernes santo; viernes santo que la purificará, la probará hasta que brille en su máximo esplendor.

Cuánto deseo que la humanidad entera se consagrará a mi Inmaculado Corazón y formase parte de mi Ejército Victorioso. Ejército que verá el triunfo de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados.

Cuánto deseo que la humanidad entera se uniera al Apostolado de Reparación. Apostolado que menguará las fuerzas del adversario. Apostolado que adelantará el triunfo de los Sacratísimos Corazones. Apostolado que abrirá las puertas de la Nueva Jerusalén. Apostolado que extinguirá las densas capas de oscuridad que cubren la tierra.

Cuánto deseo que la humanidad entera hiciese muchísimos actos de reparación; actos que merman la justa cólera de Dios. Actos que abrevian, aún más, el tiempo porque los hombres corren alto riesgo de perderse.

Cuánto deseo que la humanidad entera sienta la necesidad de visitar el Santísimo Sacramento, porción del Cielo en la que habita Jesús. Porción del Cielo poco frecuentado y visitado. Porción del Cielo muchas veces profanada. Cuánto deseo que la humanidad entera no dudará más de mis apariciones, de las manifestaciones del Cielo; entended que este es el tiempo de María y del Espíritu Santo.

Cuánto deseo que la humanidad entera compartiera, al pie de la cruz, los sufrimientos de mi Hijo Jesús, porque son muchos los hombres que hieren su Sagrado Cuerpo con el pecado.

Cuánto deseo que la humanidad entera entendiera que la hora de la gran prueba ha llegado porque son muchos los errores que se están difundiendo, muchos pastores no están atentos a los lobos vestidos de corderos; lobos que se han introducido en la Iglesia para llevarla a la destrucción.

Cuánto deseo que la humanidad entera rezara por la salvación del mundo; mundo que ha tocado el fondo de la perdición y de la impiedad extrema. Cuánto deseo que la humanidad entera contribuyese al triunfo de la Divina Voluntad, viviendo en estado de gracia, haciendo siempre lo que Jesús os diga.

Cuánto deseo que la humanidad entera encontrase en mi Inmaculado Corazón un refugio seguro en este tiempo de tribulación y de justicia.

Cuánto deseo que la humanidad entera se preparara en oración, ayuno, mortificación y penitencia porque la gran crisis de la Iglesia se avecina. Pronto entrará en la agonía y pasión más dolorosa, pronto será abandonada por muchos de mis hijos, pronto será teñida de rojo por la sangre que derramarán algunos de mis hijos predilectos y algunos laicos fieles a la doctrina predicada por Jesús. Pronto el castigo azotará a este mundo pagano, mundo sin ley y sin Dios. Pronto la tierra será purificada por una lluvia de fuego, tierra que será completamente renovada para así, recibir al Rey del más alto linaje vestido de resplandor y de gloria.

Cuánto deseo que, estos, mis últimos mensajes se difundan por todo el mundo. Es el último llamado angustioso para toda la humanidad. Son las últimas advertencias para este tiempo de tribulación y de justicia. El tiempo se os acaba, los dolores de parto ya han comenzado, el hijo de la perdición se prepara para tomar la silla de Pedro que dentro de poco estará vacía, sólo os queda orar y reparar.

Virtud de la serenidad

Mi Inmaculado Corazón conservó la serenidad en cada una de las etapas de mi vida, aún, en las escenas más dolorosas de la Sagrada Pasión de mi Hijo Jesús.

Conservé siempre la calma porque cuando se deja perder esta virtud se anida en el corazón la impaciencia y el ofuscamiento y estos sí que son enemigos letales del alma; enemigos que son como langostas que destruyen y matan.

La serenidad es suave oleaje y brisa refrescante para los corazones agresivos e iracundos.  La serenidad es dulce refrigerio par los corazones melancólicos, tristes.

La serenidad es viento suave para los corazones inquietos, turbados.

La serenidad es un torrencial de paz para los corazones heridos y malogrados.

Hijitos míos, guardé serenidad en la Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios. Me abandoné en sus brazos y proseguí mi camino.

Guardé serenidad en la búsqueda de posada en Belén, no me desesperé, confié en Dios, me puse en sus venerables manos.

Guardé serenidad en la profecía del anciano Simeón, conservé sus palabras en mi Corazón y emprendí marcha.

Guardé serenidad en la pérdida y hallazgo del Niño Jesús en el templo; cuando lo encontramos no protesté ante sus palabras, meditaba en ellas día y noche.

Guardé serenidad en la crucifixión y muerte de Jesús, a pesar de mi dolor y llanto mi espíritu no se ofuscó, permaneció apacible.

Hijos míos, no os perturbéis ante los ataviares de vuestra vida; reconoced que un corazón siempre intranquilo es un corazón que aún no ha recibido a Jesús, no le ha abierto sus puertas, no le ha permitido entrar.

La serenidad es presencia de Dios, es joya diamantina para quien la posee. No la perdáis. Si carecéis de ella trabajad arduamente en adquirirla y una vez la tengáis en vuestras manos guardadla en vuestro corazón y os sentiréis pleno, rebosado de Dios.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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