Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (MT 25, 14-30)

Parábola de los talentos

14 «Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: 15 a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. 16 Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. 18 En cambio, el que había recibido uno fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos y se puso a ajustar cuentas con ellos. 20 Se llegó el que había recibido cinco talentos y presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.’ 21 Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; ya que has sido fiel en lo poco, voy a ponerte al frente de mucho. Entra en el gozo de tu señor*.’ 22 Se llegó también el de los dos talentos, y dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.’ 23 Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; ya que has sido fiel en lo poco, voy a ponerte al frente de mucho. Entra en el gozo de tu señor.’ 24 Se llegó también el que había recibido un talento, y dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. 25 Por eso, me dio miedo y fui a esconder bajo tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ 26 Mas su señor le respondió: ‘¡Siervo malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí, 27 debías haber entregado mi dinero a los banqueros. De ese modo, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. 28 Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. 29 Porque a todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. 30 Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Meditación: Nuestra imposibilidad de vida sobrenatu­ral.

La santidad es obra simultánea de la acción divina y de la correspondencia humana; mas en esta estrecha colabo­ración la parte de Dios es siempre mayor, “Sin Mí nada pod­éis hacer”, dice Jesús. El alma debe, pues, antes de nada en­tregarse dócilmente a la acción misteriosa de la Gracia. —Esta es una ley universal.” (P. Thomas de Saint-Laurent).

Nos asegura la Imitación de Cristo: “No debemos confiar en nosotros mismos, pero sí debemos poner en Dios la espe­ranza”.

“No hay enemigo peor ni más peligroso para nuestra alma que nosotros mismos”. Nos presentamos verdaderamente como indigentes en el orden sobrenatural. Sólo podemos elevarnos por la Gracia que nos viene de Dios, por eso no dejaremos de implo­rarla con frecuencia. Ella es indispensable para prevenir y acompañar todas nuestras acciones. No seamos comedidos en las súplicas para conquistar la perseverancia en el bien; este favor especial sólo nos vie­ne por el auxilio del Padre. A este respecto, encontramos en el Conci­lio de Trento (S.6, Can. 22): “Sea anatema quien dijere que una vez justificados, podemos perseverar en la justicia recibida sin especial ayuda de Dios”.

¡ Participantes de la propia esencia de Dios! He aquí en lo que nos convertimos a través de la Gracia sobrenatural; Gracia a la que no te­nemos derecho, pero somos elevados a Ella por la omnipotencia divi­na. Y para permanecer en este estado contamos con las gracias ac­tuales, que también nos vienen gratuitamente de Dios, dependiendo tan sólo de su libre voluntad. Necesitamos, entonces, de la gracia an­tecedente, que nos mueve hacia el acto virtuoso, con la cual tenemos que cooperar aceptando y volviendo eficaz el impulso divino: y des­pués de la gracia concomitante, por la cual el alma podrá continuar todos los actos sobrenaturales.

Es Dios quien nos otorgó el libre albedrío, y es Él el que además lo lleva al acto. Dependemos de Él en todo lo que emprende­mos para la conquista de la felicidad eterna. ¿Cómo no nos arrojamos humildemente a los pies del Señor para permanecer ahí en el estado inocente en el que Él mismo nos colocó?

Para nuestra perseverancia es de fundamental importancia el auxilio de una gracia especial, que Jesucristo nos quiere dar pero que desea que la pidamos con humildad y confianza. “Con nuestras propias fuerzas, es verdad, nada podemos, pero todo nos será posible con la asistencia de Dios”.

Veamos por tanto, que en nuestra indigencia necesitamos siem­pre confiar en la desmedida bondad divina, llegada a nosotros por la intercesión poderosa de la siempre Virgen María. Meditemos en la im­portancia de recurrir a Ella, para así, ser siempre auxiliados por la Gracia.

Comparándonos a la Virgen fiel, vemos resaltadas nuestras mi­serias y eso nos debe hacer humildes ante la Santísima Virgen, rogando su piedad para llegar al conocimiento y horror de nuestros pecados. Podemos, así, enmendar nuestra vida y levantarnos con la fuerte deci­sión de ser santos. ¡Seamos valerosos!

Meditando, parte por parte, en la oración del Ave María haga­mos la comparación entre la Virgen María y nosotros, sus pobres hijos.

“Ave María llena de gracia”

La Santísima Virgen estaba y estará siempre llena de gracia santifi­cante, más que todos los ángeles y santos; en cuanto a nosotros, al per­manecer en la soberbia, estamos repletos de llagas y expuestos a nue­vas caídas.

“El Señor es contigo”

El Señor está con su Santísima Madre, pero más con cualquier otra criatura, presente en sus purísimas entrañas y unido a su alma; en cuanto nos apartamos de Dios no disfrutamos de su Divina presencia sobre todo por nuestros pecados.

“Bendita Tú eres entre todas las mujeres”

La Santísima Virgen sabe aprovechar muy bien todos los dones y bendiciones con que el Señor la obsequió; y nosotros, en nuestra po­breza, aprovechamos mal los bienes sobrenaturales que poseemos.

“Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”

Nuestra Señora nos dio el fruto de salvación y de vida que es Jesucristo, y nosotros, pocos frutos obtenemos para la gloria de Dios y para el bien de los hermanos, siendo estériles nuestros trabajos, pues, no poseemos aliento sobrenatural para vivificarlos.

Oración: ¡Santísima Virgen, no permitas que ningún siervo tuyo os­curezca la honra de Tu casa con los pecados y vicios. Por la compasión maternal con la que buscas al pecador intercede junto a Tu Divino Hijo por nosotros. Danos la gracia de participar en Tu humildad y en Tu amor por el ocultamiento. Amén.

Jaculatoria: ¡Virgen Madre, llena de gracia, haz de nosotros tus humildes y felices Esclavos de Amor.

Según Medjugorje

«Ángel mío: La culminación de mi triunfo estará a la altura de la respuesta de mis hijos; te digo que vendrá como el viento. No verás de qué dirección viene, ni cuán cerca o lejos está, solo sentirás su roce y oirás su voz; tienes que estar listo».

Agosto 3 de 1993

Guía: Sin la consagración es imposible la conexión de Dios y Nuestra Señora, al grado en que Él ha destinado que ofrezcan nuestras almas. Quien se niegue a Nuestra Señora nunca podrá alcanzar la altura donde Dios desea llevarla; estas gracias que vienen de Dios son dadas con la intención de que sean aceptadas únicamente dentro de la unión que Él ha creado.

El alma se formará en Jesús y Jesús dentro del alma, porque la cámara de los sacramentos divinos está en el seno de Nuestra Señora, donde Jesús y todos los elegidos han sido formados.

Esta es la razón por la cual nos comprometemos a la consagración a Nuestra Señora: para establecer más perfectamente la consagración de nuestros corazones a su Hijo.

Dirección: Para ocupar nuestro lugar en el triunfo de Nuestra Señora, nosotros debemos ser como las diez vírgenes que esperan la llegada del novio; debemos esperar con las lámparas llenas de aceite y estar listos en estado de gracia para la llegada de su triunfo; mantengámonos fuertes en esta batalla final por la paz del mundo.

Cuando los golpes de la persecución nos alcancen, demos el ejemplo y permanezcamos imperturbables y alcemos en alto nuestra espada de la verdad para alumbrar el camino de los que buscan en la oscuridad. Para los consagrados a su Corazón Inmaculado todo es ocasión de mérito y consuelo.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, ayúdame para que mi alma nunca contradiga la voluntad de Dios; permíteme esperar con la lámpara encendida la llegada de tu triunfo. Querida Madre, yo deseo corresponder a los deseos de Dios así como tú lo has hecho siempre; haz que las llamas de amor que consumieron la vida de mi Jesús en el altar de la Cruz, vengan y tomen posesión de mi Corazón entero; concédeme que esté envuelto solamente en tu amor y que solo suspire por amarte más. Todo lo espero por la intercesión de tu corazón; ¡Oh Virgen Santísima!.

«Guárdame en tu corazón como tu sello» (cantar de los cantares 8:6 )

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Cuánta necesidad tenemos de la tutela de Nuestra Señora

Composición de lugar. Verme como un niño desvalido a quien la Virgen Santísima recoge; como Moisés, en la canastilla, cuando le recogió la hija de Faraón.

Petición. Sentimiento interno de la necesidad que tengo de la Virgen Santísima.

Punto I. (Verdadera Devoción. Cuarta verdad.) “Es más perfecto, porque es más humilde, no acercarnos a Dios por nosotros mismos, sin acudir a un mediador. Estando tan corrompida nuestra naturaleza, como acabo de demostrar, si nos apoyamos en nuestros propios esfuerzos, habilidad y preparación para llegar hasta Dios y agradarle, ciertamente nuestras obras de justificación quedarán manchadas o pesarán muy poco delante de Dios para comprometerlo a unirse a nosotros y escucharnos.

Porque no sin razón nos ha dado Dios mediadores ante sí mismo. Vio nuestra indignidad e incapacidad, se apiadó de nosotros y, para darnos acceso a sus misericordias, nos proveyó de poderosos mediadores ante su grandeza. Por tanto, despreocuparte de tales mediadores y acercarte directamente a la santidad divina, sin recomendación alguna, es faltar a la humildad y respeto debido a un Dios tan excelso y santo, hacer menos caso de este Rey de reyes del que harías de un soberano o príncipe de la tierra, a quien no te acercarías sin un amigo que hable por ti.

Jesucristo es nuestro abogado y mediador de Redención ante el Padre. Por Él debemos orar junto con la Iglesia triunfante y militante. Por Él tenemos acceso ante la Majestad divina y, sólo apoyados en Él y revestidos de sus méritos, debemos presentarnos ante Dios, así como el humilde Jacob compareció  ante su padre Isaac para recibir la bendición, cubierto con pieles de cabrito.

Pero, ¿no necesitamos acaso un mediador ante el mismo Mediador? ¿Bastará nuestra pureza a unirnos a Él directamente y por nosotros mismos? ¿No es Él acaso Dios igual en todo a su Padre y, por consiguiente, el Santo de los santos, tan digno de respeto como su Padre? Si, por amor infinito, se hizo nuestro fiador y mediador ante el Padre, para aplacarlo y pagarle nuestra deuda, ¿será esto razón para que tengamos menos respeto y temor para con su majestad y santidad?

Digamos pues, abiertamente con san Bernardo que necesitamos un mediador ante el Mediador mismo y que la excelsa María es la más capaz de cumplir este oficio caritativo. Por Ella vino Jesucristo a nosotros y por Ella debemos nosotros ir a Él.

Si tememos ir directamente a Jesucristo–Dios, a causa de su infinita grandeza y de nuestra pequeñez o pecados, imploremos con filial osadía la ayuda e intercesión de María, nuestra Madre.

Ella es tierna y bondadosa.

En Ella no hay nada austero o terrible, ni excesivamente sublime o deslumbrante. Al verla, vemos nuestra propia naturaleza.

No es el sol que con la viveza de sus rayos podría deslumbrarnos a causa de nuestra debilidad. Es hermosa y apacible como la luna que recibe la luz del sol para acomodarla a la debilidad de nuestra vista.

María es tan caritativa que no rechaza a ninguno de los que imploran su intercesión, por más pecador que sea, pues, como dicen los santos, jamás se ha oído decir que alguien haya acudido confiada y perseverantemente a Ella y haya sido rechazado.”

Ella es tan poderosa que sus peticiones jamás han sido desoídas.

Punto. II. (Quinta verdad.) “Es muy difícil, dada nuestra pequeñez y fragilidad, conservar las gracias y tesoros de Dios porque:

1º) Llevamos este tesoro, más valioso que el cielo y la tierra, en vasos de barro (2 Cor. 4, 7), en un cuerpo corruptible, en un alma débil e inconstante que por nada se turba y abate.

2º) Los demonios, ladrones muy astutos, quieren sorprendernos de improviso para robarnos. Espían día y noche el momento favorable para ello. Nos rodean incesantemente para devorarnos y arrebatarnos en un momento, por un solo pecado, todas las gracias y méritos logrados en muchos años. Su malicia, su pericia, su astucia y número deben hacernos temer infinitamente esta desgracia. Ya que personas más llenas de gracias, más ricas en virtudes, más experimentadas y elevadas en santidad que nosotros, han sido sorprendidas, robadas y saqueadas lastimosamente. ¡Ah! ¡Cuántos cedros del Líbano y estrellas del firmamento cayeron miserablemente y perdieron en poco tiempo su elevación y claridad!

Y, ¿cuál es la causa? No fue la falta de gracia. Que Dios a nadie la niega. Sino, ¡falta de humildad! Se creyeron más fuertes y poderosos de lo que eran. Se consideraron capaces de conservar sus tesoros. Se fiaron de sí mismos y se apoyaron en sus propias fuerzas. Creyeron bastante segura su casa y suficientemente fuertes sus cofres para guardar el precioso tesoro y, por este apoyo imperceptible en sí mismos, aunque les parecía que se apoyaban solamente en la gracia de Dios, el Señor, que es la justicia misma, permitió que fueran saqueados, abandonados a sí mismos.

¡Ay! Si hubieran conocido la devoción admirable que a continuación voy a exponer, habrían confiado su tesoro a una Virgen fiel y poderosa y Ella se lo habría guardado como si fuera propio y hasta se habría comprometido a ello en justicia.

3º) Es difícil perseverar en gracia, a causa de la espantosa corrupción del mundo. Corrupción tal que se hace prácticamente imposible que los corazones no se manchen, si no con su lodo, al menos, con su polvo. Hasta el punto de que es una especie de milagro el que una persona se conserve en medio de este torrente impetuoso, sin ser arrastrada por él; en medio de este mar tempestuoso, sin anegarse o ser saqueada por los piratas y corsarios; en medio de esta atmósfera viciada, sin contagiarse.

Sólo la Virgen fiel, contra quien nada pudo la serpiente, hace este milagro en favor de aquellos que la sirven lo mejor que pueden.”

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Del juicio y penas de los pecadores

Mira el fin en todas las cosas, y de qué suerte estarás delante de aquel juez justísimo, al cual no hay cosa encubierta, ni se amansa con dádivas, ni admite excusas, sino que juzgará justísimamente.

¡Oh ignorante, y miserable pecador! ¿Qué responderás a Dios, que sabe todas tus maldades, tú que temes a veces el rostro de un hombre airado?

¿Por qué no te previenes para el día del juicio cuando no habrá quien defienda ni ruegue por otro, sino que cada uno tendrá bastante que hacer por sí?

(Tomado del Libro: Imitación de Cristo, libro I, cap. 24)

Leer: San Lucas, Capítulo 16, versículos 1-8.

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Convertíos y volved al Señor

Carísimos hijos: convertíos y volved al Señor. Es el único camino que os lleva a la salvación, los demás caminos son mero espejismo, falso ilusionismo. El Señor os ha dado plena libertad, albedrío. Él no obliga a nadie a seguirle, sólo os muestra su mensaje liberador. Os da unas pautas para que os salvéis, unas enseñanzas que las encontráis en las Sagradas Escrituras. Libro Santo en el que meditaron las almas que ahora gozan de la visión beatífica de Dios. Libro Santo que os sacará de vuestra ignorancia espiritual. Libro Santo que debéis llevar escrito en vuestro pensamiento y en vuestro corazón. Libro Santo que habrá de ser vuestra consigna, vuestro manual de vida. Convertíos y volved al Señor: comprended que no hay otra opción. El mundo camina en dirección opuesta a los valores del Evangelio. El mundo está paganizado porque el Dios verdadero ha dejado de ser adorado y glorificado, ha sido cambiado por falsos dioses, dioses creados por el mismo hombre; dioses con pensamientos distintos a los de Jesús, dioses que llevan a dar culto a satanás, dioses que encaminan a las almas por caminos amplios y espaciosos, caminos que abren las puertas del infierno.

Convertíos y volved al Señor: no aplacéis más vuestra decisión, decidle: sí a Jesús e id a purificar vuestro corazón en los Ríos de la Gracia; Él os perdonará, os contará entre sus elegidos.

Convertíos y volved al Señor: aceptad hoy mismo mi invitación, despojaos de vuestras viejas vestiduras y vestíos con nuevos ropajes, ropajes que os harán lucir como príncipes o princesas porque sois hijos del Rey.

Convertíos y volved al Señor: soltaos de los lazos opresores del adversario; experimentad la libertad y dicha verdadera. El pecado produce turbación de espíritu; estar en gracia es vivir en completa paz, aún, en medio de las vicisitudes de la vida, porque la cruz no os podrá faltar; es necesaria para vuestra purificación y salvación.

Convertíos y volved al Señor: satanás se reviste de ángel de luz para engañar o tentar y seducir; ya es hora de que os acojáis a la misericordia infinita de Jesús; no esperéis que la humanidad sienta la justa cólera de Dios.

Convertíos y volved al Señor: cada vez os queda menos tiempo, pronto se dará el juicio de las naciones, no seáis de aquellas almas que tuvieron muchísimas oportunidades de salvación y no las supieron apreciar y ahora sufren los más terribles tormentos en el infierno.

Convertíos y volved al Señor: estáis viviendo tiempos borrascosos, el enemigo os asecha porque sabe perfectamente que le queda poco tiempo, sabe muy bien que pronto su cabeza será aplastada por la mujer vestida de sol.

Convertíos y volved al Señor: no os entretengáis en las obras de las tinieblas, os llegó el momento de despertar, estáis en los tiempos de la tribulación y de la justicia; debéis estar en estado de gracia; dejad ya vuestro pecado, reconciliaos con Dios; el poco tiempo que os queda, pasadlo en oración y reparación porque la gran prueba está a punto de comenzar; los dolores de parto ya han dado inicio.

Convertíos y volved al Señor: discernid los tiempos, la higuera pronto florecerá y echará frutos.

Convertíos y volved al Señor: que no os pase como en los tiempos de Noé: nadie le escuchó y por eso perecieron.

Convertíos y volved al Señor: atended a los anuncios de los profetas y creed que el segundo advenimiento de Jesús está muy próximo. La Nueva Jerusalén pronto abrirá sus puertas.

Convertíos y volved al Señor: muy pronto llegará el momento que teniendo oro o plata, nada podréis comprar, sólo los marcados con el número de la bestia.

Convertíos y volved al Señor: pronto os llegará un gobierno mundial; gobierno que unificará la economía, la política y la religión en una sola; gobierno que convertirá cada país en una cárcel porque ya no podréis entrar o salir libremente.

Convertíos y volved al Señor: el tirano pronto se mostrará al mundo entero; la silla de San Pedro estará vacía; pronto veréis dos Papas como en el tiempo de Aviñón: un Papa verdadero y otro falso. No os dejéis confundir, estad alerta; permaneced fieles a la sana doctrina y a la tradición.

Refugiaos en mi Inmaculado Corazón mediante la consagración, para que forméis parte de las filas del Ejército Victorioso; confiad siempre en la misericordia de Dios. Él defenderá a los justos; el resto fiel de la Iglesia será escondido bajo los pliegues de mi Sagrado Manto para que el adversario no os descubra.

Virtud de la Presencia de Dios

Dios habita en los corazones puros, corazones que no tienen

manchas, arrugas; corazones con olor a santidad. Corazones empapados de Cielo.

Las almas que viven en pecado alejan de sus corazones a Dios, se pierden de sus gracias, son almas que no le encuentran sentido a la vida, son almas que divagan de un lado para otro buscando la paz, el sosiego.

Dios hace presencia en los corazones acrisolados, refinados.

Dios hace presencia en los corazones que frecuentan los Sacramentos, corazones que buscan el alimento que da vida eterna.

Dios hace presencia en el cielo tapizado de estrellas.

Dios hace presencia en la hermosura del jardín, jardín con muchísimas rosas, rosas de vivísimos colores que recrean vuestra vista; rosas de profusos aromas que os eclipsan de amor por la exquisitez de su perfume.

Dios hace presencia en el aire, aire que cala muy dentro de vuestro ser y os acaricia, os mima.

Dios hace presencia en todas las obras talladas y trabajadas laboriosamente para que os admiréis de su belleza y perfección.

Dios hace presencia en vuestro corazón, corazón que palpita, vibra porque estáis vivos.

Dios hace presencia en el Tabernáculo del Amor, mansión del Cielo en la tierra con muchísimas gracias.

Dios hace presencia en el hombre de corazón limpio, corazón que evita caer en pecado porque sabe que es ruptura, pérdida a la filiación divina.

Dios hace presencia en el alma que sabe amar, alma que se dona a los demás sin esperar recompensa.

Dios hace presencia en la quietud del arroyo, arroyo que armoniza vuestro espíritu.

Dios hace presencia en el alma que ha hecho ruptura con el mundo, alma que con sus pies pisa la tierra pero su corazón está adherido al Cielo.

Dios hace presencia en el alma que mortifica sus sentidos para con ellos rendirle gloria, alabanza.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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