Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Jn 5, 2-9)

2 Hay en Jerusalén una piscina Probática llamada en hebreo Betzatá*, que tiene cinco pórticos*. 3 En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban la agitación del agua. 4 Es que el ángel del Señor se lavaba* de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. 5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» 7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro se mete antes que yo.» 8 Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.» 9 El hombre recobró al instante la salud, tomó su camilla y se fue andando.

Meditación: El abismo de nuestra nada.

No olvidemos nunca que nada somos y nada poseemos sal­vo el pecado y que la Justicia quiere que nos humillemos entre todas las criaturas porque, en el Reino de Jesucristo, los primeros serán los últimos y los últimos serán los prime­ros.” (Imitación de Cristo, Libro I, Cap.2)

Ya conocemos, en verdad, que los pecados nos traen conse­cuencias terribles. Solamente habiendo pasado por este ejercicio de meditación es como llegaremos al conocimiento de nosotros mismos; asumiendo nuestra debilidad, nuestra ignorancia y, por último, nuestra nada.

Dios es aquél que es, desde toda la eternidad; nosotros, sin Él, no somos nada. Es Él quién nos conserva; si aún vivimos, es porque Dios piensa en nosotros. En cada acción, sea en el cuerpo, o en el al­ma, dependemos de Él. Nosotros, esa nada de la que estamos hablan­do, fuimos creados por la Misericordia del Señor para su gloria, su ser­vicio y para la felicidad. Poseyendo este conocimiento ¿Cómo pode­mos volvernos contra Dios, haciendo el mal, o pecando? Únicamente en Él somos y hacemos el bien. Nuestro Señor es la fuente del querer y del hacer; la iniciativa parte de Él, sólo tenemos que no ponerle obstá­culos. Durante la vida tenemos que, a ejemplo de la Madre del Cielo vivir con humildad, teniéndonos poco en cuenta y pensando siempre lo mejor de aquellos que nos rodean.

Es realmente necesario reconocer quiénes somos y no murmu­rar cuando somos despreciados. “Hemos de hacer todo como si dependiese únicamente de nosotros, pero sabiendo que todo depende de Dios”. Al realizar todas las acciones de la mejor manera posible, es cuando debemos te­ner en cuenta la siguiente máxima: “¡Somos siervos inútiles no hacemos más que cumplir nuestra obligación!”

Según Santa Catalina de Siena: ‘“Es en la celda del autoconocimiento como adquirimos la perfección”. Somos débiles en nuestros cuerpos (pues, éstos, están sujetos a toda flaqueza); en nuestros bienes ma­teriales (pues todo lo que poseemos podemos perderlo por un error de administración, envidia, por los ladrones o por los problemas con los negocios), en el estima que nos tienen los demás (porque ésta puede perderse por una calumnia o por el descubrimiento de alguna mala acción que cometimos en el pasado); en fin, somos también muy débiles en nuestra vida espiritual, donde podemos caer en pecados mortales en cualquier momento, apartándonos de Dios.

¿Cómo confiar en nosotros mismos? ¿En las propias fuerzas, po­sibilidades y saberes? La ciencia que poseemos es poquísima y llena de imperfecciones, puesto que despreciamos las verdades más excelsas, enorgulleciéndonos de los conocimientos materiales y volviéndonos por así decirlo, torpes en la capacidad de penetrar en la luz de la ver­dad revelada. Es inmensa nuestra ignorancia y todavía nos juzgamos grandes sabios, confirmándonos en nuestras propias opiniones. Triste­mente ignoramos nuestras tendencias y defectos y en la mayoría de los casos no los reconocemos cuando nos llaman la atención.

“Aquel que bien se conoce se tiene por vil, y no se deleita con las ala­banzas humanas”. ‘“Si nos parece que sabemos mucho y que comprendemos bien las cosas, debemos estar seguros de que es mucho más lo que ignoramos”; así nos dice la Imitación de Cristo.

Es bajo la luz que emana de María Santísima como mejor reco­nocemos la inmensidad de nuestra miseria y nos despreciamos confian­do solamente en Dios, pues, la Verdadera Devoción se vuelve el reme­dio saludable para nuestros males.

Siendo fieles a esta práctica de devoción enseñada por San Luís María G.de Montfort, tendremos las luces del Espíritu Santo, que nos da María, por medio de las que nos haremos partícipes de su profunda humildad, llevándonos a amar el desprecio a nosotros mismos y a no desdeñar a los otros. Participaremos en la fe de María, la mayor de to­da la tierra, inclinándonos a proceder de forma pura, llevándonos a buscar sólo el amor, mediante lo cual realizaremos grandes cosas para Dios y para la salvación de las almas. Tendremos la verdadera libertad de los hijos de Dios, al obedecerlo, apartando de nosotros todo escrú­pulo, temor servil y desordenado, dilatando nuestro corazón para avanzar por los caminos de los mandamientos del Señor. Ganaremos gran confianza en Dios y en María porque seremos revestidos con los merecimientos de la Virgen Santa. Por último nos será comunicada el alma de la Santísima Virgen, para glorificar al Señor, y su Espíritu, para regocijarnos en Dios.

Ese tiempo tan esperado en que nos volveremos copia viva de María, ha de venir para que se establezca luego el Reinado de Jesús en el mundo. ¡Seamos, pues, fieles a la consagración que vamos a realizar!

Oración: ¡Madre Todopoderosa, en esta preparación para nuestra en­trega total a Tu cariño nos sorprende la distancia tan grande entre no­sotros y tus virtudes. Confesamos el abismo de nuestra nada. Elevamos la mirada hacia Ti, al contemplar el esplendor de gracia con que Dios te revistió, la fortaleza inquebrantable con que te confirmó y la Divina Sabiduría que iluminó tu inteligencia. Tráenos el don de esa humildad; que nos haga no confiar jamás en nosotros mismos para apoyarnos so­lamente en la fuerza de Dios y en la certeza de Tu amor fiel. Amén.

Jaculatoria: ¡María Madre del Verbo Encarnado, líbranos de las espinas de nuestra miseria, fragilidad e ignorancia de las cosas del Cielo!

Según Medjugorje

«¿Queridos hijos: podemos ser todos uno?, les pido la unidad del alma y del corazón; las tareas que les mando realizar son de naturaleza divina; si es cierto que yo ayudaré a mis hijos del Este, pero por encima de esto serán ustedes los que harán posible la culminación de mi triunfo para el plan divino de la gracia de Dios al mundo.

Queridos hijos: miren al Cielo, allá arriba, vean como el viento cuando sopla, mueve todas las nubes al mismo tiempo, el viento sólo las mueve y las lleva con la brisa del cielo a donde Dios quiere; de esta manera vendrá el Espíritu Santo. El hará volar tu alma y la llevará ante Él al unísono con mi Corazón».

Madre, ¿cómo haremos volar nuestros corazones de esta manera? «Por medio de la consagración; ustedes serán liberados del mundo y capturados por Mí, vayan en paz y amor y el Espíritu Santo los moverá a convertir sus almas»      Marzo 23 de 1993

Guía: Nuestra Señora nos llevará de la consagración al triunfo y de allí al Reino del Sagrado Corazón que es la parte de la Corredención en el plan de Dios; de esta manera seremos llevados a la hora final de la gracia. El propósito del triunfo es para preparar las almas a recibir la gracia redentora del Sagrado Corazón; la gracia de la hora final, es la gracia que será otorgada a las almas al momento de proceder a la venida definitiva del reino de Dios sobre la tierra; la hora en que la tierra volverá a su estado original. Nuestra Señora se refiere a la hora final como al segundo adviento que traerá la unión de los dos corazones.

Dirección: Las almas consagradas no tienen una necesidad absoluta de mundo material, las cosas de la tierra se olvidan y las almas preserven su ser únicamente para Dios; por lo tanto, nosotros debemos consagrar cada nuevo día a su servicio, uniendo nuestra voluntad a su voluntad en su constante aceptación.

Lo más querido que tenemos es nuestra propia voluntad y Dios nos pide continuamente que se la ofrezcamos como un sacrificio; nada contenta más a Dios que el ofrecimiento de nuestra propia voluntad, sin reserva; feliz el alma que no tiene más voluntad que la de Dios

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, permite que mi alma sea conducida de la manera que Dios desea; te suplico Madre querida, que me hagas saber qué es lo que más complace a Dios. Ayúdame para que mi alma viva en su divina voluntad y para que así pueda traerle el sacrificio de mi voluntad propia como una ofrenda de mi unión con Él. Haz que mi alma vuelva al unísono con los deseos del Espíritu Santo, para que pueda ser llevada solamente a los lugares que Él designe.

«Yo soy la sierva del Señor; hágase en mí lo que has dicho» (Lucas 1:38)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

De la muerte del hombre viejo

Composición de lugar. La Virgen Santísima lavando y curando las llagas de nuestra alma.

Petición. “Que sienta el desorden de mis operaciones, para que aborreciendo me enmiende y ordene.” (San Ignacio).

Punto I. Necesidad de vaciarnos de lo malo que hay en nosotros. Cuando se pone agua clara y limpia en una vasija que huele mal, o vino en un tonel dañado por el mal licor que contuviera, el agua y el buen vino se dañan y toman con facilidad el mal olor. Del mismo modo cuando Dios pone en la vasija de nuestra alma, manchada por el pecado original y actual, sus gracias y rocíos celestiales o el vino delicioso de su amor, estos dones ordinariamente se corrompen y manchan por la mala levadura y el mal fondo que ha dejado en nosotros el pecado; nuestros actos, aun los de las virtudes más sublimes se resienten de ello. Es, pues, de gran importancia para adquirir la perfección, que no se adquiere sino por la unión por Jesucristo, el abandonar lo que hay malo en nosotros; porque si no, nuestro Señor, que es infinitamente puro y aborrece hasta el extremo cualquier mancha en el alma, nos apartará de su vista y no se unirá a nosotros.”

Punto. II. Qué hay que hacer para vaciarnos de lo malo que hay en nosotros. Para dejar todo lo que hay dentro de nosotros mismos es necesario:

1.º Conocer bien por la luz del Espíritu Santo nuestro mal fondo, nuestra incapacidad para todo bien útil a nuestra salvación, nuestra debilidad en todas las cosas, inconstancia en todos los tiempos, nuestra indignidad para toda gracia y nuestra iniquidad en todo lugar. El pecado de nuestros primeros padres nos ha corrompido, agriado y podrido a todos, como la levadura agria corrompe la masa en que se pone. Los pecados actuales cometidos por nosotros, sean mortales, sean veniales, por más que nos sean perdonados, han aumentado nuestra concupiscencia, nuestra debilidad, nuestra inconstancia y nuestra corrupción, dejando malas reliquias en nuestra alma. Nuestros cuerpos están tan corrompidos, que son llamados por el Espíritu Santo cuerpos de pecado; concebidos en pecado, alimentados en el pecado y capaces de todo pecado: cuerpos sujetos a mil enfermedades, que se corrompen de día en día y que no engendran sino gusanos y corrupción.

Nuestra alma, unida a nuestro cuerpo, se ha vuelto tan carnal, que es llamada carne: “toda carne había corrompido su camino”. No tenemos por herencia sino el orgullo y la ceguera en el espíritu, el endurecimiento en el corazón, la debilidad y la inconstancia en el alma, la concupiscencia, las pasiones revueltas y las enfermedades en el cuerpo. Somos naturalmente más orgullosos que los pavos reales, más pegados a la tierra que los sapos, más tragones que los cerdos, más coléricos que los tigres, más perezosos que las tortugas, más débiles que las cañas y más inconstantes que las veletas. No tenemos nuestro más que la nada, y el pecado, y no merecemos más que la ira de Dios y el infierno eterno.

Después de esto, ¿se puede uno admirar si nuestro Señor ha dicho que el que quiera seguirle debe renunciarse a sí mismo y aborrecer su alma; que el que ame su alma la perderá, y que aquel que la aborrezca la salvará? Esta sabiduría infinita que no da mandatos sin razón, no nos manda aborrecernos a nosotros mismos, sino porque somos grandemente dignos de aborrecimiento: nada tan digno de ser amado hay como Dios, nada tan digno de ser aborrecido como nosotros.

2.º Para dejar todo lo que hay dentro de nosotros mismos es necesario morir a nosotros mismos; es decir, a los actos de pecado de nuestra alma y de los sentidos corporales; es necesario ver como si no se viese, oír como si no se oyese, servirse de las cosas del mundo como si no se sirviese de ellas, lo que San Pablo llama morir todos los días: “Quotidie morior.” Si el grano de trigo, al caer en la tierra, no muere, permanece solo y no da fruto que sea bueno. Si no morimos a nosotros mismos, y si nuestras devociones, las más santas, no nos llevan a esta muerte necesaria y fecunda, no daremos fruto que valga, y nos serán inútiles nuestras devociones; todas nuestras virtudes estarán sucias por nuestro amor propio y nuestra propia voluntad, lo que hará que Dios abomine los más grandes sacrificios y las mejores acciones que podamos hacer; que a nuestra muerte nos encontremos con las manos vacías de virtudes y de méritos y que no tengamos ni un rayo de amor puro; el cual no se comunica más que a las almas muertas a ellas mismas, cuya vida está escondida con Jesucristo en Dios.

3.º Es necesario escoger, entre todas las devociones de la Santísima Virgen, aquella que nos lleve mejor a la muerte de nosotros mismos, como la mejor y la más santificadora; porque no se debe creer que todo lo que reluce sea oro, que todo lo que es dulce sea miel y que todo lo que es fácil de hacer y practicado por el mayor número sea santificante. Como hay secretos en la naturaleza para hacer en poco tiempo, con poco gasto y con facilidad operaciones naturales, lo mismo hay secreto en el orden de la gracia, para hacer en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales, negarse a sí mismo, llenarse de Dios y hacerse perfecto.”

¡Ay! ¡Cuánta falta me hace la maestra del Cielo, que me guíe y enseñe!

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

De la consideración de sí mismo

 No debemos confiar de nosotros grandes cosas, porque muchas veces nos falta la gracia y la discreción. Poca luz hay en nosotros, y presto la perdemos por nuestra negligencia. Y muchas veces no sentimos cuán ciegos estamos en el alma. Muchas veces también obramos mal, y lo excusamos peor. A veces nos mueve la pasión, y pensamos que es celo.

Reprendemos en los otros las cosas pequeñas, y tragamos las graves si son nuestras.

Muy presto sentimos y agravamos lo que de otros sufrimos, mas no miramos cuánto enojamos a los otros.

El que bien y rectamente examinare sus obras, no tendrá que juzgar gravemente las ajenas.                        

(Tomado del Libro Imitación de Cristo, libro II, cap. 5)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Haced ayunos, mortificaciones, y penitencias

Hijos míos: seguid las huellas de Jesús, caminando por la vía estrecha, abrazad su cruz y aceptad los sufrimientos de cada día; haced en todo su Divina Voluntad, porque de esta manera podéis ganaros el Reino de los Cielos. Cielos con sus puertas abiertas para todas las almas que perseveraron en el camino de la conversión. Cielos con sus puertas abiertas para todas las almas que cumplieron con los mandatos y preceptos del Señor. Cielos con sus puertas abiertas para todas las almas que acogieron en su corazón las enseñanzas del Maestro de los maestros. Cielos con sus puertas abiertas para todas las almas que renunciaron a los placeres efímeros del mundo.

Cielos con sus puertas abiertas para todas las almas que rechazaron el pecado, epidemia mortal de este final de los tiempos; epidemia mortal que gangrena el alma y la deforma; epidemia mortal que expele olor fétido, nauseabundo; epidemia mortal que sume al mundo en la más terrible oscuridad; epidemia mortal que se lleva consigo muchísimas almas al infierno; epidemia mortal que se ha extendido por toda la tierra; tierra que sufrirá una transformación total a través de una lluvia de fuego; tierra que habrá de entrar en la desolación, en el viernes santo; viernes santo porque es mucha la degradación moral, es mucha la inversión de valores, es mucho el alejamiento de hombres hacia Dios; viernes santo porque son muchas las almas que ceden a las tentaciones del demonio y a las falsas seducciones del mundo; viernes santo porque mi Santa Cruz es despreciada, motivo de burla para los pretenciosos, arrogantes.

Viernes santo porque los sacramentos, siete fuentes de gracias, han sido tomados como meros símbolos, restándole el valor que tienen para la salvación de las almas.

Viernes santo porque la apostasía ha propagado el error llevando la humanidad a la confusión.

Viernes santo porque el Cuerpo Místico de Cristo está siendo profanado. Viernes santo porque sobreabundan los falsos profetas, profetas que arrebatan las almas de las manos del Señor, profetas que atacan a los verdaderos mensajeros, enviados de Dios.

Viernes santo porque algunos pastores de la Iglesia malinterpretan la Palabra y el Evangelio, sacando a los fieles de la doctrina fidedigna y verdadera.

Viernes santo porque lo Divino y lo Sagrado pierden su valor paulatinamente, llevando a mis hijos al paganismo.

Viernes santo porque el pecado del aborto lacera mi Inmaculado Corazón y el Sagrado Corazón de Jesús; aborto que clama justicia por el Cielo, porque son muchos los no nacidos que acojo en mi seno materno, no nacidos que son mártires, aún estando, en el vientre de sus madres.

Viernes santo porque llevará a muchos de mis hijos al martirio, hijos que se mantendrán en la verdad, hijos que siempre acompañarán a Jesús en el monte Gólgota como lo hicimos Juan, su discípulo amado, y esta humilde sierva del Señor.

Hijos amados: convertíos al Señor, soltad de vuestras manos las cadenas de hierro y emprended un nuevo camino porque el tiempo está siendo abreviado. Si Jesús se tardara más, muchísimos de nuestros hijos se condenarían.

A través de la cruz y de la consagración a mi Inmaculado Corazón alcanzaréis la victoria; sólo os queda orar y reparar, porque la copa del Padre se desborda, el castigo pronto llegará a la humanidad como huracán, como tormenta impetuosa; pero no tengáis miedo porque los elegidos serán marcados con la señal de la cruz en la frente y en la mano, serán protegidos, guardados en el refugio seguro de mi purísimo Corazón.

Haced ayunos, mortificaciones, y penitencias para que la justa cólera de Dios no caiga en la tierra con toda su fuerza.

Virtud del candor

En mi Inmaculado Corazón jamás hubo sombras, manchas, arrugas. Se mantuvo cristalino como el agua, diáfano como la luz del día y blanco como el algodón de la más fina calidad. El candor es la virtud que os da pureza, inocencia a vuestro corazón. Purificad vuestro corazón de palabras obscenas, sentimientos lascivos, concupiscentes. Id a los Ríos de la Gracia y dejad que os penetren manantiales de aguas claras, aguas que limpien toda suciedad y os devuelvan la nitidez, luminosidad que un día perdisteis porque el pecado ensombrece, opaca el alma.

Hijo míos, bajad vuestra mirada y ved que tan cándido se encuentra vuestro corazón. Tened cuidado cuando descubráis que la impureza ha tomado asiento. Desechad pensamientos ligeros, vagos, pensamientos que van contra la pureza porque para albergar las Sagradas Especies debéis perfumaros con el nardo purísimo del candor, virtud de los Santos Ángeles y de las almas que han hecho de su vida un himno de alabanza y de adoración.

Repugnancia me producen los corazones soberbios, corazones que son enemigos para los corazones cándidos, corazones que saben abrazar la cruz y el sacrificio, ya que para conservar esta hermosísima rosa celestial el alma debe permanecer en constantes renuncias, renuncias que harán de su corazón copón de oro, vaso cristalino, espejo del alma.

Esmeraos en poseerlo, es tesoro del Cielo que os desarraiga del mundo pero os acerca más a Dios.

El candor es aroma de Ángeles, perfume virginal de mi Inmaculado Corazón.

El candor es suave fragancia que eclipsa el corazón de las almas puras.

El candor es lirio blanco que adorna el más bello jardín.

El candor es habitáculo de Dios porque el alma que lo posee se goza, se recrea con su presencia Divina.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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