Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Jn 13,21-35)

Anuncio de la traición de Judas

21 Cuando pronunció estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró:

«En verdad, en verdad os digo

que uno de vosotros me entregará.»

22 Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. 23 Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús*. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale de quién está hablando.» 25 Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» 26 Le respondió Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Entonces mojó el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27 Y, tras el bocado, entró en él Satanás*. Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.» 28 Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. 29 Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. 30 En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche*.

La despedida

31 Cuando salió, dijo Jesús:

«Ahora* ha sido glorificado el Hijo del hombre

y Dios ha sido glorificado en él.

32 Si Dios ha sido glorificado en él*,

Dios también le glorificará en sí mismo*

y le glorificará pronto.

33 «Hijos míos,

me queda poco tiempo de estar con vosotros.

Vosotros me buscaréis,

pero ahora os digo lo mismo

que les dije a los judíos*:

que vosotros no podéis ir

adonde yo voy*.

34 Os doy un mandamiento nuevo*:

que os améis los unos a los otros;

que, como yo os he amado,

así os améis también entre vosotros.

35 Todos conocerán que sois discípulos míos en una cosa: en que os tenéis amor los unos a los otros.»

Meditación: Consecuencias de nuestros malos hábitos.

Cuanto más quieren los hombres ser espirituales, tanto más amarga se le hará la vida presente, pues mejor conoce y más claramente ve los defectos de la corrupción huma­na.” (Imitación de Cristo, Libro I, Cap.22)

Los malos hábitos, como frutos de perdición, son consecuencia del pecado original y de los pecados actuales. El orgullo nos hace vol­vernos a nosotros mismos, considerándonos con una excelencia que en verdad no poseemos, trayendo consigo el ocultamiento de Dios. En la práctica verificamos eso, cuando envueltos en la falsa ciencia de este mundo, nos quedamos con la mente oscurecida y así no percibimos al Señor. Con este vicio pernicioso pasamos a obrar como si Jesucristo y su Ley no existiesen, perturbándolos con nuestra conducta. Otra con­secuencia de la soberbia es el olvido del prójimo, al colocarnos como centro del universo a través de nuestras palabras, opiniones y actitu­des.

Todo lo que vemos es contrario al ideal que debe presidir nues­tra existencia: “La comunión de amor con Dios y con el prójimo”.

Además, como fruto de los malos hábitos, tenemos debilitada la voluntad, que tiende a procurar sólo lo que agrada a los sentidos, re­chazando cualquier tipo de Cruz, sea el dolor, el sufrimiento, los rigo­res o cualquier forma de penitencia. La Pasión de Nuestro Señor y los Dolores de María Santísima dejan de formar parte de nuestras medita­ciones para ocuparnos preferentemente del triunfo glorioso de la Re­surrección y de la Ascensión de Jesús.

Estamos sometidos a varias flaquezas; el pecado fue debilitando, como ya vimos nuestras relaciones con Dios y con el prójimo; enfrian­do, incluso, extinguiendo la caridad en nosotros.

Busquemos el auxilio de la Gracia divina, que nos llega ordina­riamente por los Sacramentos, y es preservada en nosotros por una vida vigilante y llena de oración; en caso contrario, la vida de Dios en nosotros deja de existir y podemos condenarnos al infierno.

Mientras tanto, fieles a la Sabiduría Eterna y Encarnada que es Jesús no caeremos en la ignorancia, en la ceguera o en la locura, en el escándalo y en el pecado. Siéndole dóciles, deseándola y procurándola, con todas las fuerzas sin ahorrar ningún sacrificio es como llegaremos a adquirirla y conservarla.

La contemplación de los ejemplos de María Santísima se nos muestra ahora como la forma más acertada de adquirir un aprendizaje eficaz en lo que concierne al olvido de nosotros mismos, simplemente porque nos motivaremos por el amor. Busquemos a María, pues Ella es el camino de vuelta a Dios; Ella no fue creada sino para Dios y amó hasta el extremo mostrándonos que necesitamos renunciar hasta a los propios derechos en beneficio de los otros. Si la amamos perfectamen­te haremos de la dedicación a Ella un gran impulso para la donación al prójimo, sirviéndolo como la propia Madre del Cielo lo serviría.

Otro punto importante en la contemplación de María es que Ella también nos muestra, con su vida, el coraje cristiano del cual de­bemos estar revestidos para enfrentarnos a cualquier sufrimiento. Des­pojándonos de todo lo que hay de hombre viejo en nosotros, suave­mente cumpliremos nuestro llamamiento a sufrir resignadamente en el cuerpo lo que faltó a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

¡No nos reservemos en la búsqueda de la santidad! Tengamos en María Santísima un perfecto modelo de total entrega a Dios y de servi­cio a los hermanos.

Oración: ¡María Santísima, guarda fidelísima de nuestra alma, nos en­tregamos a Ti, implorando tu compasiva mirada. Despójanos de noso­tros mismos, del orgullo y de la sensualidad, revístenos de Jesús, para que aprendamos a amar a Dios y dedicarnos al prójimo. Aliéntanos, Madre de los Dolores, y conforta nuestro corazón en el fuego de la caridad de Vuestro Corazón Inmaculado para que aceptemos mortificar nuestra voluntad, siempre dóciles a Tus suaves rigores con nosotros. Prepáranos en la consagración que te queremos hacer, encaminando nuestros pasos por los caminos de las virtudes que son tan difíciles a nuestra naturaleza. Amén!

Jaculatoria: ¡ Nuestra Señora de la Esperanza, que sepamos, seguir a Jesús, renunciando a nosotros mismos y tomando la cruz de cada día!

Según Medjugorje

Corazón; por esta razón, yo les pido rezar el Rosario todos los días, practicar la devoción de los primeros sábados y recurrir a mi con tus peticiones para yo exponerlas ante Él. Haz todo esto por amor a mí, que yo todo lo ofrezco por amor a ti.

Querido ángel mío, comienza cada día de esta manera:

«Oh María transforma mi corazón como el tuyo; colócale al rededor una corona de pureza adornada con virtud; toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio; preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti. Ayúdame, ¡Oh! María, en hacer tu Corazón más conocido cada día».  Marzo 19 de 1993

Guía: La consagración es un acto necesario para que se cumpla el Triunfo de Nuestra Señora. Su triunfo elevará a los creyentes al estado de culminación necesaria para el Reinado del Sagrado Corazón y juntos abrirán el paso para la causa de la Redención y Corredención que nace de la unión de los dos corazones.

Nuestra Señora nos llevará de la consagración al triunfo; y el triunfo será entonces la base para el Reino del Sagrado Corazón; dentro de estos dos corazones se encierra el plan de Dios para redimir y corredimir al mundo.

Dirección: Al entregar nuestros corazones a la Madre de Dios no nos hagamos la ilusión de que no tenemos que pagar su precio, Ella pide ser Nuestra Madre y nosotros prometemos ser sus hijos; pero exige ciertos requisitos: primero, nosotros debemos enmendar nuestra vida y rechazar el pecado y la maldad mundana; segundo, es necesario entregarles nuestros corazones, nuestras mentes y el cuidado de nuestras almas; tercero, debemos atraer a otros para que amen su Corazón Inmaculado; por ultimo, debemos permanecer para siempre a sus pies y dar gracias incesantemente al Señor por el regalo de su propia Madre.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, ruega para que yo obtenga la pureza del alma porque a ti se te otorga todo lo que pides; ¡Oh María!, yo encomiendo mi alma a tu cuidado maternal, alcánzame la virtud de la perseverancia para obtener la gracia divina; permíteme por medio de esta consagración recurrir a ti siempre en todas mis tentaciones y en todos los peligros de perder la vida eterna. En la hora de mi muerte asísteme y encomienda mi alma en las manos del Padre; en ti pongo toda mi confianza y mi convicción enfocadas hacia el bien de tu triunfo.

«Comprueben ahora que no he trabajado por mi solo, sino para los que buscan la sabiduría»

(Eclesiastés 24:34)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Consideraciones sobre el Avemaría, encaminadas al conocimiento propio

Composición de lugar. La Virgen Santísima lavando y curando las llagas de nuestra alma, como se le presentó al Padre Alonso Exquerra, S. J.

Petición. Conocimiento profundo de mis pecados y miserias, para que me persuada de la necesidad que tengo de ponerme del todo en manos de Nuestra Señora.

Punto I. “Llena eres de gracia”. La Virgen Santísima es (está, estuvo y estará siempre) llena de gracia santificante, más que todos los ángeles y santos; y llena de toda suerte de gracias actuales, su entendimiento siempre lleno de divina luz, su voluntad siempre movida a heroicas virtudes.

Y yo estuve lleno de pecados, y estoy todavía lleno de las hediondas llagas que ellos dejaron en mi alma; lleno de aficiones desordenadas, de obscuridad en el entendimiento, de torpeza en la voluntad, y estaré tal vez muy expuesto a nuevas y mayores caídas; tanto más cercano a ellas cuanto mi soberbia me hace creer que estoy más lejos.

Punto. II. “El Señor es contigo”. El Señor estuvo con su Madre, más que con ninguna criatura, ya presente en sus purísimas entrañas, corporalmente, ya unido a su alma, por contemplación altísima, que, según parece, ni aun durante el sueño se interrumpía.

Y yo, ¡cuánto me he alejado de Dios con mis pecados y cuánto me he expuesto a estar de Él apartado para siempre! Y aun ahora, ¡qué poco disfruto de su presencia! Aunque, según espero en su bondad, estará presente en mi alma por la gracia de este divino sol, las nubes que levantan en ella mis pasiones no me lo dejan ver.

Punto. III. “Bendita tú eres entre todas las mujeres”. ¡De cuántos dones de Dios, de cuántas bendiciones está llena la Santísima Virgen y cuán bien ha sabido aprovecharlas!

Y yo ¡cuán pobre ando de bienes sobrenaturales y cuán mal sé aprovechar los que tengo! ¡Desventurado entre los hombres, como Ella bendita entre las mujeres; que tal vez los más desventurados y pecadores serían mejores que yo, si tuvieran los dones que yo tengo; aunque el Señor no me haya dado tantos como quisiera, porque ve lo mal que correspondo! ¿Qué sería de este siervo inútil, que esconde su exiguo talento, si no le valiera la intercesión de Nuestra Señora?

Punto. IV. “Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. ¡Qué dichoso fruto nos trajo la Virgen Santísima, fruto de salvación y de vida para el mundo entero! ¡Y yo cuán poco fruto he logrado para la divina gloria y para bien de mis prójimos! ¡Cuán estériles son mis trabajos, por falta de aliento sobrenatural, que los vivifique!

Después de ver en cada una de estas consideraciones mi fealdad y miseria, que resalta más, contrapuesta a la hermosura y riqueza de mi Soberana, me arrojaré a sus pies, parafraseando en fervoroso coloquio la última parte del Avemaría, insistiendo, sobre todo, en el “ruega por nosotros, pecadores”. Ruega por mí, pecador, para que “sienta interno conocimiento de mis pecados y aborrecimiento de ellos”. Para que penetre con íntimo sentimiento “el desorden de mis operaciones” y aborreciéndolo “me enmiende y ordene”. No permitas, Señora, que un siervo tuyo desdore el honor de tu casa con tales pecados y tal desorden; por tu limpieza inmaculada, por el horror que al pecado tienes, por la compasión maternal que el pecador te inspira, intercede con el Padre para que me presente a Él con la pureza que a un esclavo tuyo conviene.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Leer San Lucas, capítulo 13, versículos 1-5.

Invitación a la penitencia.

13 1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios*. 2 Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. 4 ¿O pensáis que aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»

Necesitamos a María para morir a nosotros mismos.

 Para vaciarnos de nosotros mismos es menester morir a nosotros mismos todos los días; es decir, es menester renunciar a las operaciones de las facultades de nuestra alma y de los sentimientos de nuestro cuerpo; es menester ver como si no se viese, oír como si no se oyese, servirse de las cosas de este mundo como si no se sirviese uno de ellas, lo cual llama San Pablo morir todos los días: Quotidie morior (1 Cor. 15,31). Si al caer el grano de trigo en la tierra no muere, permanece solo y no produce fruto bueno (Jn. 12,24). Si no morimos a nosotros mismos y si nuestras devociones más santas no nos conducen a esta muerte necesaria y fecunda, no produciremos fruto alguno, y serán inútiles nuestras devociones; todos nuestros actos de justicia estarán mancillados por el amor propio y la propia voluntad, lo que hará que Dios tenga por abominación los mayores sacrificios y las mejores acciones que podamos ejecutar, y a nuestra muerte nos hallaremos con las manos vacías de virtudes y de méritos, y no tendremos una centella del amor puro que sólo se comunica a las almas muertas a sí mismas, cuya vida se esconde con Jesucristo en Dios.

Es menester escoger entre todas las devociones a la Santísima Virgen, la que más nos lleve a esta muerte propia, como que es la mejor y más santificante, porque ni es oro todo lo que reluce, ni miel todo lo dulce, ni lo más factible y practicado por la mayoría es lo más perfecto.

Como en el orden de la naturaleza hay operaciones que se hacen a poca costa y con facilidad, asimismo en el de la gracia hay secretos que se ejecutan en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales y divinas que consisten en vaciarse de sí mismo y llenarse de Dios, y lograr así la perfección.

(Tomado del Libro Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen por San Luis María Grignion de Montfort. núms. 81 y 82)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Mi Inmaculado Corazón triunfará

Hijos carísimos: Mi Inmaculado Corazón triunfará sobre este mundo hedonista y materialista, mundo salido de los cánones de Dios, mundo que corre a una velocidad vertiginosa que los llevará al despeñadero.

Mi Inmaculado Corazón triunfará sobre esta Iglesia fragmentada, oscurecida por la masonería, dividida por neo-corrientes y pensamientos que sustraen de la verdad.

Mi Inmaculado Corazón triunfará sobre el hombre impío, hijo de la perdición que llevará al caos, a la muerte espiritual a muchas almas, almas de fe endeble, tambaleante.

Mi Inmaculado Corazón triunfará sobre el gran cisma que dividirá la Iglesia, cisma que conducirá a la confusión y relajación religiosa, cisma que llevará a la desobediencia de la autoridad infalible del Papa, cisma que llevará al enfrentamiento de cardenales contra cardenales, obispos contra obispos, sacerdotes contra sacerdotes, fieles contra fieles; cisma que atacará la doctrina sana y al Magisterio de la Iglesia, cisma que querrá arrasar con todo lo que se llame tradición, cisma que oscurecerá la Iglesia sumergiéndola en densas tinieblas, cisma que hará de algunos jerarcas y prelados de la Iglesia: herejes y anatemas; cisma que ya se está gestando en el interior de la Iglesia, cisma que converge a la masonería eclesiástica, masonería que ha creado un plan maestro para destruir la Iglesia. Plan siniestro salido de los abismos del infierno que llevará a la Iglesia a la gran hecatombe; hecatombe en la que muchos perderán la fe, hecatombe en la que muchos no sabrán diferenciar la falsa iglesia de la verdadera Iglesia, hecatombe en la que muchos adorarán al falso cristo, hecatombe que llevará a la Iglesia al más completo abandono y a la más terrible desolación.

Mi Inmaculado Corazón triunfará a pesar de la infidelidad de algunos hijos predilectos, hijos que no someten su sacerdocio ministerial bajo mi protección Maternal, hijos que no saben perseverar, aceptar el peso de la cruz en el momento de la prueba, hijos que abren puertas a la tentación y por eso colapsan, pasan al bando de los desobedientes, de los impíos.

Mi Inmaculado Corazón triunfará a pesar de los baches por los que ha pasado la Iglesia a través de la historia.

Mi Inmaculado Corazón triunfará porque el bien prevalecerá sobre el mal, satanás y sus secuaces serán derrotados en este final de los tiempos.

Mi Inmaculado Corazón triunfará, las almas víctimas serán pequeños pararrayos del Pararrayos que es Jesucristo, Víctima Divina.

Mi Inmaculado Corazón triunfará: el ejército de la bestia negra y el dragón rojo serán debilitados.

Mi Inmaculado Corazón triunfará: la Eucaristía es la máxima de las manifestaciones de Jesús en la tierra, el mundo se volverá Eucarístico, girará en torno del altar.

Mi Inmaculado Corazón triunfará: la humanidad entera me amará, sentirá la necesidad de mi protección e intercesión Maternal.

Mi Inmaculado Corazón triunfará porque después de la horrorosa crisis de la Iglesia, profetizado por mí en la Salette, entrará en la era de la paz, era en la que el sacerdote será llamado: hermano sacerdote, el obispo: hermano obispo y el Papa: hermano Papa.

Mi Inmaculado Corazón triunfará: la consagración abreviará el tiempo de tribulación que estáis viviendo, adelantará los acontecimientos para que pronto veáis abrir las puertas de la Nueva Jerusalén.

Mi Inmaculado Corazón triunfará porque veréis descender del cielo a una mujer vestida de sol, parada sobre la luna con corona de doce estrellas. Doce estrellas que hacen referencia a las doce tribus de Israel, pueblo elegido por Dios para preparar la venida del Hijo de Dios. Doce estrellas que hacen referencia a los doce apóstoles que fueron el fundamento sólido para la edificación de la Iglesia. Doce estrellas que hacen, también, referencia a los apóstoles de los últimos tiempos, apóstoles consagrados por entero a mí, apóstoles formados en mi escuela maternal.

Mi Inmaculado Corazón triunfará porque el tiempo se ha cumplido, os aproximáis al retorno glorioso de Cristo.

Mi Inmaculado Corazón triunfará porque tengo a mi servicio soldados del Ejército Victorioso, soldados que difundirán la consagración a mi Corazón Maternal y el Apostolado de Reparación. Reparación tan necesaria en este tiempo de tribulación, tiempo en el que todo tendrá que cumplirse.

Virtud de la bondad

Hijos míos: sed bondadosos de corazón porque el alma que posee esta virtud se hace semejante al Sagrado Corazón de Jesús, porque cuando estuvo de paso en la tierra dejó huellas imborrables en mi camino, huellas que ni las tormentas impetuosas, ni los vientos fuertes pudieron destruir.

Trató con bondad y dulzura al pecador, alma desgraciada poseído por el espíritu del desorden moral. Sus palabras dulces calaban en la profundidad de sus corazones, sus Palabras invitaban a un cambio, a una conversión verdadera de corazón.

Trató con bondad a los enfermos, almas necesitadas de su amor, almas ávidas de sanación y curación.

Trató con bondad a los peregrinos y forasteros que se cruzaban en su camino porque una palabra tierna mueve al cambio, a la conversión; una palabra sarcástica endurece el corazón, lo hiere, lo resiente.

Trató con bondad a las muchedumbres que caminaban tras de Él en busca de un milagro o porque sus predicaciones les reconfortaban.

Trató con bondad a la mujer pecadora, mujer infragante, descubierta, mujer recriminada, censurada; su trato afable, ablandó la dureza de su corazón.

Trató con bondad a Dimas y a Gestas pero sólo uno de ellos se dejó seducir por sus clamores ante el Padre.

Trató con bondad a Zaqueo, recaudador de impuestos, su cordialidad le obligó a devolver mucho más de lo que había usurpado.

Jesús os trata con bondad a todos vosotros porque sois la razón de su descenso a la tierra, sois el motivo de su crucifixión y de su redención; sois el deleite de su Corazón, Corazón que palpita de amor por toda la humanidad. La bondad destruye la prepotencia; la dulzura y la amabilidad las coaccionan al cambio. La bondad es néctar del Cielo que dulcifica la amargura de los corazones, es melaza de amor que agrada a toda creatura.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *