Introducción al tema Conocimiento de sí mismo

 Las oraciones, exámenes, reflexiones, actos de renuncia de nuestra propia voluntad, de arrepentimiento por nuestros pecados, de desprecio propio, realizado todo a los pies de María, ya que por Ella esperamos la luz para conocernos a nosotros mismos. Junto a Ella, podremos medir el abismo de nuestras miserias sin desesperar. Debemos emplear todas nuestras acciones piadosas en pedir un conocimiento propio y el arrepentimiento de nuestros pecados: y debemos hacer esto con espíritu de piedad. Durante este período, consideraremos tanto la oposición que existe entre el espíritu de Jesús y el nuestro, como el miserable y humillante estado en que nos han reducido los pecados. Además, siendo la verdadera devoción una manera fácil, corta, segura y perfecta para llegar a esa unión con Nuestro Señor, que es la perfección a la imitación de Cristo. Entraremos decididamente por este camino, firmemente convencidos de nuestra miseria e incapacidad. Pero, ¿cómo conseguir esto sin el conocimiento de sí mismo?

Durante la primera semana dedicarán todas sus oraciones y actos de piedad a pedir el conocimiento de sí mismos y la contrición de sus pecados, y todo lo harán con espíritu de humildad. Podrán meditar lo que he dicho sobre nuestro mal fondo y no se considerarán en los seis días de esta semana, más que como caracoles, babosas, sapos, cerdos, serpientes, animales inmundos; o bien meditarán estas tres palabras de San Bernardo: Piensa lo que fuiste, semen pútrido; lo que eres, vaso de estiércol; lo que serás, cebo de gusanos. Rogarán a Nuestro Señor y al Espíritu Santo que les ilumine por estas palabras: Señor, que yo vea; Señor, que me conozca; Ven Espíritu Santo, y recitarán todos los días el Ave, Maris Stella, y las letanías de la Santísima Virgen o del Espíritu Santo.

Recurrirán a la Santísima Virgen, pidiéndole esta gracia, que debe ser el fundamento de las otras, y para ello dirán todos los días el Ave, Maris Stella y las letanías.

(Tomado del Libro: Tratado de la Verdadera Devoción…., núm. 228)

«Durante la primera semana -dice el Santo- emplearán todas sus oraciones y ejercicios piadosos en pedir el conocimiento de sí mismo y todo lo harán con espíritu de humildad.»

«A primera vista – escribe el Padre Lhoumeau-, este período parece confundirse con el precedente; porque ¿cómo vaciarse del espíritu del mundo, sin examinarse y conocerse a sí mismo? Pero mirémoslo más de cerca y veremos cómo los ejercicios de esta semana nos hacen dar un paso adelante, bien que sin salir aún de la vía purgativa.» No tratamos ya sólo de convertirnos a Dios, apartándonos del espíritu del mundo, sino de alcanzar la perfección por el seguro camino de la humildad, comenzando por conocernos a nosotros mismos, por palpar nuestra impotencia y nuestra niñez para obligarnos a que nos arrojemos en brazos de nuestra Madre, en quien nos podremos apoyar seguros, para no desvanecernos, con el desaliento al mirar al profundo abismo de nuestras miserias.

Oraciones iniciales

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Letanias del Espíritu Santo (13-33)

(Sólo para devoción privada)
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial, – Ten misericordia de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios, Espíritu Santo, – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa, un solo Dios, – Ten misericordia de nosotros
Espíritu que procede del Padre y del Hijo, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor, que al comienzo de la creación planeando sobre las aguas las fecundaste, – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu por inspiración del cual han hablado los profetas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu cuya unción nos enseña todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que das testimonio de Cristo – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de verdad que nos instruyes sobre todas las cosas – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que sobreviene a María –Ilumínanos y santifícanos
Espíritu del Señor que llena todo el orbe – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de Dios que habita en nosotros – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de sabiduría y de entendimiento – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de consejo y de fortaleza – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de ciencia y de piedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de temor del Señor – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de gracia y de misericordia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fuerza, de dilección (amor reflexivo) y de sobriedad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de fe, de esperanza, de amor y de paz – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de humildad y de castidad – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de benignidad y de mansedumbre – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de multiforme gracia – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que escrutas los secretos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que ruegas por nosotros con gemidos inenarrables – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de paloma – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu en el cual renacemos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que descendiste sobre Cristo en forma de Espíritu por el cual se difunde la caridad en nuestros corazones – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu de adopción de los hijos de Dios – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que en lenguas de fuego sobre los apóstoles apareciste – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu con el cual fueron los apóstoles henchidos – Ilumínanos y santifícanos
Espíritu que distribuyes tus dones a cada uno como quieres – Ilumínanos y santifícanos
Sednos propicio,-Perdónanos, Señor
Sednos propicio,- Escúchanos, Señor
De todo mal,- Líbranos, Señor
De todo pecado,- Líbranos, Señor
De tentaciones e insidias del demonio- lLíbranos, Señor
De la presunción y desesperación- Líbranos, Señor
De la resistencia a la verdad conocida- Líbranos, Señor
De la obstinación y de la impenitencia- Líbranos, Señor
De la impureza de la mente y del cuerpo- Líbranos, Señor
Del espíritu de fornicación- Líbranos, Señor
De todo espíritu del mal- Líbranos, Señor
Por Tu eterna procesión del Padre y del Hijo- Te rogamos óyenos
Por Tu descenso sobre Cristo en el Jordán- Te rogamos óyenos
Por Tu advenimiento sobre los discípulos- Te rogamos óyenos
En el día del juicio, nosotros pecadores- Te rogamos óyenos
Para que así como vivimos del Espíritu, obremos también por El- Te rogamos óyenos
Para que reacordando que somos templo del Espíritu Santo, no lo profanemos- Te rogamos óyenos
Para que viviendo según el Espíritu, no cumplamos los deseos de la carne- Te rogamos óyenos
A fin de que por el Espíritu mortifiquemos las obras de la carne- Te rogamos óyenos
Para que no te contristemos a Ti, Espíritu Santo de Dios- Te rogamos óyenos
Para que seamos solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz- Te rogamos óyenos
Para que no creamos a todo espíritu- Te rogamos óyenos
Para que probemos a los espíritus si son de Dios- Te rogamos óyenos
Para que te dignes renovar en nosotros el espíritu de rectitud- Te rogamos óyenos
Para que nos confirmes por tu Espíritu Soberano – Te rogamos óyenos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del Mundo, – Ten piedad de nosotros
Asístenos, te pedimos Señor, la virtud del Espíritu Santo, que purifique clemente nuestros corazones y nos preserve de todo mal. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen

Letanías de Nuestra Señora (13-26)

Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad – Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad – Señor, ten piedad
Cristo, óyenos – Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos – Cristo, escúchanos
Dios Padre Celestial – Ten misericordia de nosotros
Dios Hijo Redentor del Mundo – Ten misericordia de nosotros
Dios Espíritu Santo – Ten misericordia de nosotros
Trinidad Santa un solo Dios – Ten misericordia de nosotros
Santa María – Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios – Ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes – Ruega por nosotros
Madre de Cristo – Ruega por nosotros
Madre de la Iglesia – Ruega por nosotros
Madre de la divina gracia – Ruega por nosotros
Madre purísima – Ruega por nosotros
Madre castísima – Ruega por nosotros
Madre inviolada – Ruega por nosotros
Madre virgen – Ruega por nosotros
Madre inmaculada – Ruega por nosotros
Madre amable – Ruega por nosotros
Madre admirable – Ruega por nosotros
Madre del buen consejo – Ruega por nosotros
Madre del Creador – Ruega por nosotros
Madre del Salvador – Ruega por nosotros
Virgen prudentísima – Ruega por nosotros
Virgen digna de veneración – Ruega por nosotros
Virgen digna de alabanza – Ruega por nosotros
Virgen poderosa – Ruega por nosotros
Virgen clemente – Ruega por nosotros
Virgen fiel – Ruega por nosotros
Esclava del Señor – Ruega por nosotros
Espejo de justicia – Ruega por nosotros
Trono de sabiduría – Ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría – Ruega por nosotros
Vaso espiritual – Ruega por nosotros
Vaso honorable – Ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción – Ruega por nosotros
Torre de David – Ruega por nosotros
Torre de marfil – Ruega por nosotros
Casa de oro – Ruega por nosotros
Arca de la alianza – Ruega por nosotros
Puerta del cielo – Ruega por nosotros
Estrella de la mañana – Ruega por nosotros
Salud de los enfermos – Ruega por nosotros
Refugio de los pecadores – Ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos – Ruega por nosotros
Auxilio de los cristianos – Ruega por nosotros
Reina de los ángeles – Ruega por nosotros
Reina de los patriarcas – Ruega por nosotros
Reina de los profetas – Ruega por nosotros
Reina de los apóstoles – Ruega por nosotros
Reina de los mártires – Ruega por nosotros
Reina de los confesores – Ruega por nosotros
Reina de las vírgenes – Ruega por nosotros
Reina de todos los santos – Ruega por nosotros
Reina concebida sin mancha original – Ruega por nosotros
Reina asunta a los cielos – Ruega por nosotros
Reina del Santísimo Rosario – Ruega por nosotros
Rosa mística – Ruega por nosotros
Reina de la familia – Ruega por nosotros
Reina de la paz – Ruega por nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo – Ten misericordia de nosotros

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio (MT 3,1-12)

Predicación de Juan el Bautista

1 Por aquellos días* se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea*: 2 «Convertíos* porque ha llegado el Reino de los Cielos*.» 3 Éste es de quien habló el profeta Isaías, cuando dice:

Voz del que clama en el desierto:

Preparad el camino del Señor,

enderezad sus sendas.

4 Juan llevaba un vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. 5 Acudía entonces a él gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán, 6 y eran bautizados por él en el río Jordán, tras confesar sus pecados. 7 Pero, cuando vio venir a muchos fariseos* y saduceos* a su bautismo, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? 8 Dad, más bien, fruto digno de conversión, 9 y no creáis que basta con decir en vuestro interior: ‘Tenemos por padre a Abrahán’, pues os digo que Dios puede de estas piedras suscitar hijos a Abrahán. 10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua en señal de conversión, pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 En su mano tiene el bieldo y va a aventar su parva: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»

Meditación: El pecado en nuestra vida espiritual

No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido”. (Nuestra Señora, Fátima 13 de Octubre de 1917)

Aunque los pecados de las almas fuesen negros como la no­che, cuando un pecador se convierte a Mi Misericordia Me da la mayor gloria y honra.”(Santa Faustina, Diario 370)

Fue inmensa la omnipotencia y dulzura de la Sabiduría Eterna, que es Dios, en la creación de los hombres, su obra prima, haciéndolo a imagen de su belleza y perfección. Adán y Eva eran perfectas copias de su entendimiento, memoria y voluntad, – retratos de la divinidad – donde los corazones estaban repletos de Amor; ¡Todo era luz! La Gra­cia de Dios en sus almas los volvía inmortales, constantemente fuera de sí y transportados en Dios. Pero el hombre pecó y, con el pecado en el alma, perdió todos los dones volviéndose esclavo del demonio.

Debilitado por las pasiones desordenadas, ya no ama a Dios, y se hace objeto de su cólera; expulsado del paraíso va a llevar una vida maldita. ¡Oh infeliz estado!

Entretanto, Dios en su Infinita Misericordia, entrega a su Hijo único para nuestra Salvación, “El verbo se hizo carne, para así destruir la esclavitud del pecado.”(Prof. Felipe Aquino, Pecados y Virtudes capitales).

Ahora, sólo con la Gracia sobrenatural del Bautismo es como recobra­mos la nobleza de la participación en el linaje divino, mas apartándo­nos de Ella, a través de los pecados actuales, entramos nuevamente en un proceso de degeneración. ¿Cómo podremos caminar rumbo a la eternidad, en medio de tantas revueltas interiores, del mundo y del maligno? Nos es , muy necesario, conocer nuestra miseria, cultivar la virtud de la humildad, renunciar a nosotros mismos, y de entre todas las devociones a Nuestra Señora, “escoger vivir «aquella que mejor y más perfectamente nos lleve a la muerte de la propia voluntad, dejan­do a Cristo vivir en nosotros, para así alcanzar la salvación. Por consi­guiente, colocaremos en la práctica, con la ayuda materna de la Reina de los Corazones, aquella máxima de Jesucristo: “¡Quien quiera seguirme, renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga!”

Reflexionemos sobre lo que afirmamos, parte por parte. Pri­meramente, reconozcamos nuestros pecados y las consecuencias de ellos en nuestra vida espiritual. Las mejores y mayores acciones son siempre corrompidas y manchadas por el egoísmo. Para mayor com­prensión, notemos que Dios introduce en los corazones, que fueron pervertidos por el pecado original y actual, sus gracias, sus dones y su amor; y éstos, son manchados por el mal fondo que existe en todos nosotros. Las buenas obras se resienten por eso; así que tenemos que liberarnos rápidamente de todo lo que hay de perverso en nosotros; conociendo por la actuación y amparo del Divino Espíritu Santo, la propia incapacidad que tenemos para practicar el bien, nuestra fragili­dad, indignidad e inestabilidad del alma.

Todo eso, es consecuencia del pecado original y de los pecados actuales que cometemos (mortales o veniales), que aumentan todavía más nuestra concupiscencia. A partir de este descubrimiento concluya­mos que somos siempre incapaces. Sólo Dios es el que hace el bien en nosotros.

Debemos, en consecuencia, asumir una actitud de plena renun­cia a nosotros mismos, a nuestro cuerpo (con todos sus sentidos que tienden a la corrupción) y a nuestra alma (que estando ciega por la so­berbia, se vuelve frágil en la inconstancia y rebelde en sus pasiones). Efectivamente, somos propensos a la envidia, a la gula, a la ira, a la pe­reza, etc. Renunciaremos a las acciones del cuerpo y del alma si que­remos vivir para el Cielo. Para que eso acontezca tenemos un secreto en el orden de la Gracia, que es la perfecta y Verdadera Devoción a María Santísima; ésta, por ser más santificadora nos lleva cotidiana­mente a la muerte de nosotros mismos. Con ella, alcanzaremos la gra­cia del puro amor a través de la práctica de la humildad y de una vida escondida en Dios, lo que ocurrirá en poco tiempo, suavemente y con mucha facilidad, si le somos fieles.

María Santísima nos alcanzará la gracia del Santo Temor de Dios, donde viviremos en intensa compulsión por nuestros pecados, teniendo como amargo y pesado todo lo que en el mundo no nos con­duce a Él. Llevados a considerar la vida eterna, evitaremos lo que des­agrada al buen Dios, sin temer cualquier austeridad necesaria para fre­nar nuestra tendencia al mal. ¡Seamos decididos!

Oración: ¡Madre Inmaculada tenemos los ojos llenos de lágrimas de dolor de contrición y de vergüenza por nuestros pecados! Pero tu bon­dad cuida de nosotros. Vuélvenos puros a los ojos de Jesús, completa­mente despojados de nosotros mismos y adornados con tu belleza. Aceptamos tu auxilio para que renunciando a todas nuestras miserias, podamos revestirnos con las riquezas de Jesucristo. Amén.

Jaculatoria: ¡Virgen purísima, libéranos de nuestras culpas, revistién­donos con tus virtudes!

Según Medjugorje

«Queridos hijos: yo espero la respuesta de sus corazones de una manera muy especial; apelo a ellos por medio de mi Corazón Inmaculado para que sean mis hijos. Sus corazones son la alegría de mis tiempos venideros, estén cada uno de ustedes en esta extraordinaria unión. Queridos hijos yo los invito a entrar en este sagrado refugio para ser su guía y protección para un futuro próximo; por favor escuchen y reciban mi Corazón de esta manera, porque yo solo tengo un deseo; este deseo es el de conducirlos hacia la santificación y que su santidad es el deseo más grande de Dios en el Cielo».

¿Madre, dinos que es lo que más necesitas de nosotros en estos días?.

«Ángel mío, yo necesito y deseo solamente un corazón abierto; rueguen por esto por encima de todo lo demás y todo puede ser y será alcanzado por cada alma.

Queridos hijos: vengan a su madre y permitan que mi triunfo llene sus esperanzas y deseos».  Octubre 1 de 1993

Guía: El Hijo de Dios escogió encerrarse en el vientre de una humilde sierva; Él atrajo el esplendor de su gloria a este lugar escondido, Él glorificó a su Padre y dio su majestad a esta velada concepción, Él entregó su vida a su cuidado desde su nacimiento; durante sus treinta años ocultos y aún en la cruz Él unió sus sufrimientos a los de Ella, fue Ella quien le dio la vida, lo alimentó, lo mantuvo y luego lo sacrificó por nosotros. Él comenzó su ministerio por su humilde ruego en Caná.

El Espíritu Santo escogió hacer uso del vientre de una humilde sierva; aunque Él no hubiera tenido necesidad de Ella para llevar su fruto a la culminación. Sin embargo, al ser concebido en Ella y por medio de Ella, sucedió el misterio de gracia desconocido hasta para el más ilustrado; si Dios escogió esa manera para venir al mundo, ¿Quiénes somos nosotros para merecer o siquiera pedir encontrar un camino diferente para llegar de nuevo a Él?. Fue del Corazón Inmaculado de María de donde las gotas de sangre fueron impulsadas para que circularan desde su corazón a su vientre, crear la concepción de Jesús. He aquí entonces que nosotros estamos llamados una vez más a abrir nuestros corazones y permitir que Jesús sea concebido espiritualmente dentro de nuestros corazones y de allí en nuestro ser.

Dirección: Dios quiso crear una fuente de gracia en el Corazón de Nuestra Señora, desde las cámaras del Corazón de Ella; Él desea regar estas gracias sobre todos nosotros, Él nos invita a rendirle homenaje de la manera que Él más desea: por medio de la devoción al Corazón Inmaculado de su Madre.

Dios pide que nos consagremos al Corazón de María, Nuestra Señora no pide nada para Ella misma, solo desea que se cumplan los deseos de Dios Padre. Ella quiere traer la unidad al mundo de una manera divina. Nuestra Señora nos llama a unirnos a Jesús por medio de Ella y que cada corazón sea unido por este mismo lazo.

Esta es la obra de la gracia divina que en el final veremos como la mano de Dios, hoy Él nos envía a su Madre para prepararnos para un tiempo que nosotros no podemos anticipar; Ella viene a desplegar un mensaje y advertirnos personalmente sobre los deseos de sus suaves caricias, y nos llevara de la mano hasta su abrazo sagrado; porque no hay caricia igual que la de una madre a su hijo.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, guíanos en esta batalla por la culminación de tu triunfo; haz que toda la humanidad se junte para toda la eternidad en lo más profundo de tu triunfante Corazón Inmaculado, permite que crucemos el umbral del Cielo hasta el Sagrado Corazón de tu Hijo, crea en mi un corazón puro adornado de virtudes, fortaléceme en mis pruebas, envuelve mi alma en tu ternura y en los momentos de regocijo junta tu sonrisa con la mía. Querida Madre coloca mi corazón dentro del tuyo.

«Ahora pues hijos escúchenme; felices los que siguen mis caminos, escuchen mi enseñanza y háganse sabios, no lo desprecien» (Prov. 8:32-33)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

Composición de lugar. “Ver con la vista imaginativa y considerar mi ánima ser encarcelada en este cuerpo corruptible y todo el compósito (el hombre, el compuesto de cuerpo y alma) en este valle como desterrado entre brutos animales.”

Petición. “Vergüenza y confusión de mí mismo, viendo cuántos han sido dañados (condenados) por un solo pecado mortal, y cuántas veces yo merecía ser condenado para siempre por mis tantos pecados.”

Punto I. “Traer en memoria el pecado de los ángeles: cómo siendo ellos criados” con tan excelentes potencias intelectuales, que no pueden compararse con las nuestras; con tanto poder natural que uno solo pudiera deshacer todo el mundo; “criados en gracia” y con tantos dones sobrenaturales y tanta hermosura que las Divinas Letras nos los representan en las delicias del paraíso, vestidos de piedras preciosas, como sapientísimo y hermosísimos príncipes: “No se queriendo ayudar con su libertad para hacer reverencia a su Criador y Señor, viniendo en soberbia”, por este solo y primer pecado de pensamiento “fueron convertidos de gracia en malicia”, de luceros de la corte celestial en carbones del infierno. ¡Y eran la tercera parte de los espíritus angélicos, que son numerosos como las estrellas del cielo, millones de millones!

“Traer en comparación de un pecado de los ángeles tantos pecados míos, y donde ellos”, por todos conceptos tan superiores a mí, “por un solo pecado”, y de pensamiento, y el primero que se cometía, “fueron al infierno”, sin que hubiera compasión ni tiempo de penitencia; “¡cuántas veces yo le he merecido por tantos” pecados de pensamiento, palabra y obra, cometidos después de tantos castigos y después de haber muerto por mí el Hijo de Dios! ¡Ay, Reina de Misericordia!, ¿qué fuera de mí, si tú no me hubieras amparado con tu poderosa intercesión? Y ¿qué será de mí, si tú no continúas siendo mi abogada?

Punto. II. Traer a la memoria cómo Adán y Eva, “siendo vedados que no comiesen del árbol de la ciencia y ellos comiendo y asimismo pecando, fueron lanzados del paraíso y vivieron sin la Justicia original que habían perdido toda su vida en muchos trabajos y mucha penitencia”. Todo esto por un solo pecado, menor acaso que los míos, y, lo que es todavía más, por este pecado “cuánta corrupción vino a todo el género humano, andando tantas gentes para el infierno”. De manera que de este solo pecado vinieron tantos males y todos los hombres del mundo perdieron su felicidad temporal y muchísimos su felicidad eterna. Tan gran castigo merece un solo pecado. Pues ¿qué merecerán tantos míos y cuánto debiera yo padecer?

Punto. III. Para mejor entender la gravedad y malicia del pecado mortal, considerémoslo en un hombre cualquiera, que haya cometido uno solo, aunque sea de los más ligeros y excusables; por ejemplo, en un niño pagano, que ha cometido un solo pecado mortal de pensamiento. Esto le bastará para arder eternamente en el infierno, si antes de morir no se arrepiente. Y eso a pesar de ser Dios infinita misericordia, que siempre castiga menos de lo que se merece. Y es que la malicia del pecado es muy grande “por ser contra nuestro Criador y Señor”.

Si, pues, yo he cometido, no uno, sino muchos pecados mortales, mucho más maliciosos e inexcusables, debería estar también en el infierno, donde acaso hay muchas almas que han cometido menos pecados y menores que los míos. Y, si tal vez no he tenido la desgracia de cometer ningún pecado mortal, habrá, a lo menos, en el infierno muchas almas que han menospreciado menos gracias que yo; y si yo no estoy allí será porque, a pesar de mi tibieza, el Señor, por un milagro de su misericordia, me ha apartado de la boca del abismo. ¿No será acaso por alguna pequeña devoción que he tenido a la Reina de los Ángeles?

Punto. IV. Pero la razón última por que a mí me ha perdonado el Padre de las Misericordias será siempre la muerte de su preciosísimo Hijo. En ella sí que he de mirar, sobre todo, los efectos del pecado: que si el Hijo de Dios sufre tan terrible y afrentosa muerte, es porque (como dijo Isaías) “puso en Él su Padre las iniquidades de todos nosotros”. ¡Cuán horrenda cosa debe ser el pecado, cuando tanto permite Dios que sufra por el su Hijo inocentísimo, a quien ama con amor infinito, y su Madre Inmaculada, en quien se complace sobre todas las criaturas!

“Imaginando, pues, a Cristo Nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio de cómo el Creador es venido a hacerse hombre y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo y lo que debo hacer por Cristo; y así viéndole tal y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere.”

Y mirando también al pie de la cruz a la Dolorosa Madre, he de pensar cuántos dolores la han hecho padecer mis pecados y cuán generosamente ofrece sus sufrimientos por mí; y asimismo he de preguntarme “qué he hecho por María, qué hago por María, qué debo hacer por María”. Poco será hacerme esclavo, cuando Jesucristo se ha hecho esclavo y ha muerto como esclavo por mí.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

Leer: San Lucas, capítulo 11, versículos 1-10

El Padre Nuestro

11 1 Estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» 2 Él les dijo: «Cuando oréis, decid:

Padre, santificado sea tu Nombre,

venga tu Reino,

3 danos cada día nuestro pan cotidiano,

4 y perdónanos nuestros pecados,

porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,

y no nos dejes caer en tentación.»

El amigo inoportuno

5 Les dijo también: «Imaginaos que uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a medianoche, diciéndole: ‘Amigo, préstame tres panes, 6 porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, 7 y el otro, desde dentro, le responde: ‘No me molestes. La puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme a dártelos.’ 8 Os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle, y le dará cuanto necesite.

Eficacia de la oración

9 «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Subid conmigo al monte Calvario

Hijos amados: subid conmigo al monte Calvario, Jesús se desangra en su Sagrada Pasión, porque algunos pastores se han salido de la verdad del Evangelio, arrastrando consigo muchísimas almas al error.

Subid conmigo al monte Calvario, Jesús se desangra en su Sagrada Pasión, porque se encuentra en una soledad sepulcral en la mayoría de los Sagrarios del mundo.

Subid conmigo al monte Calvario, Jesús se desangra en su Sagrada Pasión, porque el humo negro de satanás ha penetrado en la Iglesia. Iglesia que llegará a la más densa oscuridad, a la mayor consternación y perplejidad porque el plan de satanás es destruirla, dividirla, por eso él es el autor principal de la masonería eclesiástica, secta secreta que llevará a la apostasía, secta secreta que desvirtúa lo que es el pecado; pecado que es justificado, aceptado como una actitud normal de la sicología humana; secta secreta que llevará al falso ecumenismo, a argüir que todas las confesiones religiosas poseen alguna verdad. Secta secreta que pretende unificar todas las confesiones en una iglesia ecuménica universal. Secta secreta que aducirá que la Palabra de Dios está embellecida, adornada con un lenguaje literario, leguaje simbólico; artimaña, ésta, de satanás que llevará a interpretaciones racionalistas y filosóficas de los textos sagrados. Secta secreta que atacará el Sacramento de la Eucaristía. Eucaristía que será tomada como mero símbolo, negando la real presencia de Jesús en la Hostia Santa.

Secta secreta que llevará a rechazar al Papa y al Magisterio de la Iglesia. Secta secreta que llevará a la mayoría de los hombres al seguimiento del falso cristo y de la falsa iglesia.       Secta secreta que favorecerá el modernismo, modernismo que abrirá el camino a la profanación del Cuerpo Místico de Cristo y a degradar lo sagrado. Secta secreta que entablará una persecución sangrienta contra el resto fiel de la Iglesia. Iglesia que será protegida y escondida en mi Inmaculado Corazón a través de la consagración; consagración que os moverá a la conversión, consagración que os moverá a una vida de santidad y de fidelidad a la Iglesia; consagración que os hará soldados de mi Ejército Victorioso. Ejército que batallará en este final de los tiempos y se mantendrá fiel a los principios doctrinales.                Subid conmigo al monte Calvario, Jesús se desangra en su Sagrada Pasión, porque este es el tiempo de las últimas advertencias y no son escuchadas, no son creídas.

Despertad humanidad entera, no caminéis más tras las huellas pestilentes de satanás; derrotadle con la Eucaristía y el Santo Rosario. Legiones de demonios han sido soltadas del infierno para tentar.

Hijos amados: Jesús murió en una cruz, dio su vida por todos vosotros; Jesús padeció vejámenes, humillaciones. Jesús se ofreció como Víctima Divina por toda la humanidad y ¿vosotros, qué tenéis para ofrecerle, qué tenéis para darle? Lo menos que podéis hacer es ofrendarle vuestra vida, entregadle todo vuestro ser para que Él disponga de vosotros.

Empezad, hoy, el camino de vuestra conversión, conversión que os lleva a un cambio radical, a volver a Dios, a perdonar de corazón, porque: ¿Cómo pedir perdón al Señor si en vuestro interior hay resentimiento? ¿Cómo pretender llegar al Cielo si desconocéis las Sagradas Escrituras, si no hacéis vida la Palabra de Dios?

Recorred el camino de la cruz, andad por la calle de la amargura, llegad al calvario del Mártir del Gólgota y postraos ante Él, porque es mucho su sufrimiento.

Sed como la Madre dolorosa y como el apóstol Juan permaneciendo al pie de la cruz, porque son muchos los motivos por los que debéis reparar, son muchas las ofensas que recibe el Corazón agonizante de Jesús, la copa rebosa, ha sobrepasado su límite.

Acercaos al tribunal de la misericordia, confesad vuestras culpas, reparad por vuestros pecados y haced penitencia. Unid la oración con la mortificación. Construid dos altares, como cuando Salomón edificó el templo: un altar en vuestro corazón que perfumaréis con el incienso de la oración y otro altar en vuestro cuerpo que acicalaréis con la mirra de la mortificación.       Os amo y os bendigo: +. Amén.

Virtud de la confianza

Hijos míos: no pongáis vuestra confianza en las creaturas, ponedlas sólo en Jesús. Si confiáis más en los hombres viviréis amargados, melancólicos. La tristeza se os notará en vuestra mirada porque el consuelo jamás lo encontraréis en las creaturas, creaturas llenas de mosto, creaturas con corazón terrenal, creaturas que han perdido sus rasgos divinos porque el pecado las deforma, los pincelazos del Artífice Celestial pierden su hermosura, la perfección trazada por las manos de Dios se han deteriorado, se han opacado.

Sólo en el Corazón de Jesús adquirís confianza, confianza para que os mováis regidos por la Voluntad Divina. Confianza para que creáis en vuestras capacidades, aptitudes.

Confianza para que no volváis a esconder vuestra cabeza como el avestruz.

Confianza para que levantéis vuelo como el águila y os encontréis con vosotros mismos y con Dios.

Confianza para que caminéis con temple porque nada malo os podrá suceder.

Confianza para que alcancéis vuestros sueños, sueños que os darán satisfacción personal, plenitud.

Confianza para que dejéis vuestros miedos, miedos que os amilanan, os empequeñecen. Confianza para que soltéis los remos y os bajéis de la barca y caminéis sobre las aguas. Confianza para que hagáis de vuestra vida una aventura maravillosa.

Confianza para que escribáis la historia de vuestra vida con un final feliz.

Confianza para que os dejéis guiar por las luces del Espíritu Santo.

Confianza para que soltéis cadenas, lazos opresores.

Confianza para que fijéis vuestros ojos al cielo, cielo con muchísimas moradas y habitaciones para todos vosotros.

Confianza para que os soltéis del mundo, para que cambiéis de ruta.

Confianza para que creáis en las promesas del Señor, promesas que cobran vigencia en la medida de vuestra fe.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.



NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

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