Oraciones iniciales

Veni Creator Spiritus (1-12)

Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.

Ave Maria Stella (1-33)

Salve, estrella del mar,
Madre santa de Dios
y siempre Virgen,
feliz puerta del cielo.

Aceptando aquel «Ave»
de la boca de Gabriel,
afiánzanos en la paz
al trocar el nombre de Eva.

Desata las ataduras de los reos,
da luz a quienes no ven,
ahuyenta nuestros males,
pide para nosotros todos los bienes.

Muestra que eres nuestra Madre,
que por ti acoja nuestras súplicas
Quien nació por nosotros,
tomando el ser de ti.

Virgen singular,
dulce como ninguna,
líbranos de la culpa,
haznos dóciles y castos.

Facilítanos una vida pura,
prepáranos un camino seguro,
para que viendo a Jesús,
nos podamos alegrar para siempre contigo.

Alabemos a Dios Padre,
glorifiquemos a Cristo soberano
y al Espíritu Santo,
y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.

Magnificat (1-12)

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Meditaciones

Según Ejercicios Espirituales para la Consagración de San Luis Grigñon Monfort a la Virgen María

Lectura sugerida: Santo Evangelio: (Lc 12,32-38)

32 «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.

Vender los bienes y hacer limosnas

33 «Vended vuestros bienes y dadlos en limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe. 34 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Estar preparados para cuando vuelva el Señor

35 «Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, 36 y sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. 37 Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro. 38 Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, ¡dichosos ellos, si los encuentra así!

Meditación: El Paraíso

Es la continuación del misterio de la Cruz , que nos lleva por el Camino del Cielo”. (Hna. Lucía, Llamadas del Mensa­je de Fátima)

Es imposible negar la realidad del Cielo, pues la Sagrada Escri­tura en varios de sus pasajes nos la revela.

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y, mintiendo dijeran todo género de calumnias contra voso­tros, por mi causa. Exultad y alegraros, porque grande será vuestra recompensa en los cielos; porque también así persi­guieron a los profetas que os precedieron”. (Mt 5,11-12)

Sólo niegan la eternidad celeste aquellos que no quieren esta­blecer árduos combates contra el pecado, como bien nos asevera Nues­tro Señor: “Entrad por la puerta estrecha, porque es grande la puerta y amplio el camino que lleva a la perdición.” (Mt 7,13)

El mensaje de Fátima, revelación particular que posee el sello de autenticidad de la Iglesia, nos lleva a considerar las “realidades eter­nas y a seguir por el Camino del Cielo”, por medio de la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Consecuente con el contenido de las Apariciones, reconocemos La Santa Esclavitud de Amor, como la for­ma más perfecta de la Virgen Inmaculada que seguramente nos llevará a la visión beatífica de Dios.

En el Cielo, no padeceremos ningún mal corporal o espiritual pues, toda la gloria inundará nuestra vida. Nos sentiremos completa­mente felices en la posesión del Sumo Bien, que es Dios, contemplán­dolo amándolo y alabándolo sin ningún obstáculo. Una felicidad impo­sible de describir, como nos dice San Pablo (los oídos jamás oyeron, los ojos jamás contemplaron.).

¿Cómo explicar la inmensa alegría de una asociación de bien­aventurados que se encuentran sumergidos en Dios, sumidos en la luz de su Divino Amor, donde el conocimiento es pleno?

Imaginemos. ¿Cómo será el encuentro con María Santísima en el momento en que nos presentemos como sus Esclavos de Amor? Si aquí en la tierra, sentimos tanta dulzura al recordarla; en el Cielo no ten­dremos mayor felicidad que contemplarla cara a cara.

Todo lo que mencionamos sobre las alegrías que gozaremos en el Cielo no tiene comparación con la visión beatífica de Dios, donde le conoceremos como Él nos conoce. Toda felicidad consistirá en la pose­sión de Dios, en la que el alma será plenamente saciada.

Es de suma sabiduría despreciar los bienes perecederos de la tierra para gozar los bienes supremos y eternos que nos trae el Paraíso.

¿Cómo hemos de alcanzar esta Bienaventuranza? Despojándo­nos de lo malo que hay en nosotros y dedicando a la Santísima Virgen una verdadera devoción, cuyas principales características son:

Interior – Partiendo del espíritu y del corazón, teniendo una alta esti­ma por Nuestra Señora, sobrevenida por el conocimiento de sus gran­dezas y el amor que le tenemos.

Tierna – Llena de confianza en su Inmaculado Corazón, tomándolo como el refugio habitual en los sufrimientos del cuerpo y del espíritu.

Santa – Llevándonos a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Vir­gen Madre de Dios, particularmente su profunda humildad y su fe vi­va, obediencia ciega, oración continua, mortificación universal, pureza angélica, caridad ardiente, paciencia heroica, mansedumbre y sabiduría divina.

Constante – Consolidando el bien en el alma y siendo persistentes en las prácticas devocionales, donde nos opondremos al mundo, con sus pasiones, modas y máximas; a la carne con sus apetitos y pasiones; y al demonio con sus tentaciones.

Desinteresada – Esto es, aspirándonos la búsqueda de Dios y de Su Santa Madre, a través del desprecio de nosotros mismos. Como verda­deros devotos de María no la serviremos por interés, sino que la ama­remos en las sequedades espirituales, en las dulzuras y fervores, única­mente porque Ella lo merece. ¡No olvidemos que el oficio principal de María es el de conducirnos a Dios!

Oración: ¡Salve Reina, Madre de Misericordia, Vida, Dulzura y Espe­ranza nuestra, Salve! A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y des­pués de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios para que seamos dignos de las promesas hechas por Nuestro Señor Jesucristo. ¡Amén!

Jaculatoria: ¡Virgen María; Madre Nuestra, llévanos al Cielo!

Según Medjugorje

«Queridos hijos: en estos días les pido que se concentren en su preparación para el tiempo en que sus almas recibirán gracias excepcionales. En la fiesta del día de la consagración, la gracia de Dios Padre caerá sobre ustedes como lluvia del Cielo; entonces recogeré este rebaño escogido y lo juntaré con mis pastores escogidos, únanse en un lazo de unión en nombre de mi triunfo.

Sepan, queridos míos, que Yo deposito mi esperanza en ustedes y a ustedes confió mi Corazón, en ustedes descansa la gracia de salvación para la humanidad.

Rueguen intensamente por el vicario de mi Hijo; unan su corazón al de El de manera especial; ofrezcan en estos días todos los sufrimientos y alegrías como el sacrificio de ustedes para la consagración por la cual harán su promesa.

Entréguense del modo más virtuoso, miren hacia su prójimo antes que a ustedes, Dios Padre ve todo lo que hay dentro de sus almas; Él recompensará el amor y la misericordia con su propio amor, El hará justicia cuando se necesite.

Les suplico que junten este poderoso ejército de mi corte por que la batalla nos espera y solamente quedan unos momentos para que comience. Queridos míos, yo soy su Madre, quédense como mis hijos; denme sus corazones porque yo les he dado el mío, confíenme todo lo que son que yo los moldearé en lo que deben ser».  Marzo 13 de 1993

Guía: Nuestros corazones son poseídos por la fuerza de esta unión; este es el momento al que Nuestra Señora se refiere como el momento del intercambio. Cuando la consagración es hecha auténticamente con verdadero amor, es imposible que el alma no sea transformada; así es verdad, que cuando una persona le dice a otra que en la consagración su vida fue transformada, realmente manifiesta un cambio verdadero.

Esto sucede porque las fuerzas que se hayan reunido en la consagración están en un estado tan perfecto que en el momento intenso de gracia se crea una transformación que tiene lugar con tal magnitud, que no podría ocurrir de otra manera.

Dios ha dispuesto que esto suceda solo en este Reino Celestial de la consagración; nosotros comprendemos que es verdaderamente deseo y voluntad de Dios que el alma complete el acto de consagración.

Dirección: Hacer llegar el alma hasta la presencia de Dios es el fundamento de la vida espiritual que consiste en tres formas: evitar el pecado, practicar la virtud y la unión con Dios. La presencia de Dios produce estos tres efectos: preserva el alma del pecado, la guía hacia la práctica de la virtud y la mueve para unirse con Dios por medio de un amor sagrado.

Para evitar el pecado, no hay mejor manera de resistir la tentación que convencernos que Dios tiene enfocados sus ojos sobre nosotros en cada momento; si nos mantenemos siempre en la presencia de Dios, con la conciencia de que Él lee todos nuestros pensamientos, oye todas nuestras palabras y observa todas nuestras acciones, esto nos preserva de la maldad en nuestros pensamientos, palabras y acciones.

El alma que permanece bajo su presencia divina, no busca solamente agradar a los demás, sino que sólo busca agradar a Dios; de este modo la virtud crecerá en el alma. Finalmente, el alma crecerá rápidamente en gracia por medio de la constante unidad con Dios; esta unidad contiene una regla infalible: que el amor aumenta siempre con la presencia del objeto amado. Son estos tres dones los que vienen como la gracia infundida del espíritu Santo en tu consagración.

Meditación: ¡Oh Inmaculado Corazón de María!, concédeme que yo te ame durante todo el resto de mi vida y que pueda ser eternamente tuyo, lleva mi corazón ante la presencia de tu hijo para que la llama de mi amor aumente. Ayuda a mi alma en la práctica de la virtud, tráele a mi corazón un abundante deseo de tener la fuerza y el coraje para convertirme en tu presencia dentro del mundo. Moldea mi alma para ser un soldado poderoso en tu corte y para desplegar la gracia de tu triunfo sobre la tierra.

Ruego, querida Madre, recibir estos dones infundidos en la venida del Espíritu Santo al momento de mi consagración.

«Que se alegren en el desierto, y que la tierra seca reverdezca y se cubra de flores la pradera. Que se llenen de flores como junquillos, que salte y cante de contento» (Isaías 35:1-2)

Según Consagración básica encontrada en la bibliografía, más tradicional

La Gloria del Paraíso

Composición de lugar. Ver la Ciudad de Dios, como la describe San Juan (Apoc 12), iluminada por la claridad de Dios y del Cordero, semejante a las piedras preciosas, al jaspe y al cristal.

Petición. Sentimiento interno de los goces del cielo que me ponga hastío de los placeres del mundo y deseo de seguir a Nuestra Señora por el camino de la Santa Esclavitud.

Punto I. ¡La Jerusalén celestial, la ciudad de Dios, la corte divina! ¿Quién podrá entender su grandeza, riqueza y hermosura, aunque con la fantasía junte en un lugar todo lo grande, rico y hermoso que hay en este mundo? Si aun en este lugar de destierro puso Dios tantas cosas que nos parecen hermosísimas, ¿qué será aquella ciudad santa que fundó el Altísimo sólo para regalo de los que ama?

Y ¿qué será gozar de la compañía de todo lo mejor que ha habido en el mundo, tratar como amigos y hermanos a los hombres más grandes y santos que ha habido en la tierra y a los mismos ángeles? ¿Qué abrazos daremos a los santos de nuestra devoción? ¿Con qué cariño besaremos la mano de San José? ¿Qué cosas nos contará el Ángel de la Guarda de la paternal providencia con que el Señor ha enderezado toda nuestra vida?

Pero sobre todo esto, ¿qué será ver a la Reina de los Ángeles? Y ¿qué será estrecharla en nuestros brazos?… Atrevámonos a esperarlo así; que no puede negarnos este favor la que es nuestra Madre. Si tan dulce es acordarse de Ella en la oscuridad del destierro, ¿qué será estrecharla en la intimidad de la patria? Y ¿qué será cuando ella ponga en nuestros brazos a Jesús, fruto bendito de su vientre?… Y todo esto aun es nada en comparación de la dicha de ver y poseer a Dios y eternamente gozarle…

Punto. II. Veamos cómo la Santísima Virgen explica a su sierva la Venerable Agreda, conforme a la doctrina común de los teólogos, los goces del cuerpo y del alma en la patria celestial.

“Para que ahora, ayudada del discurso, pueda rastrear algo de la gloria de Cristo, mi Señor, de la mía, y de los Santos, discurriendo por los dotes del cuerpo glorioso, te quiero proponer la regla por donde en esto puedas pasar a los del alma. Ya sabes que éstos son visión, comprensión y fruición. Los del cuerpo son los que dejas repetidos, claridad, impasibilidad, sutilidad y agilidad.

A todos estos dotes corresponde algún aumento por cualquiera obra meritoria, que hace el que está en gracia, aunque no sea mayor que mover una pajuela por amor de Dios, y dar un jarro de agua. Por cualquiera de estas mínimas obras granjeará la criatura, para cuando sea bienaventurada, mayor claridad que la de muchos soles. Y en la impasibilidad se aleja de la corrupción humana y terrena más de lo que todas las diligencias y fuerzas de las criaturas pueden resistirla, y apartar de sí lo que las puede ofender y alterar. En la sutilidad se adelanta para ser superior a todo lo que le puede resistir, y cobra nueva virtud sobre todo lo que quiere penetrar. En el dote de la agilidad le corresponde a cualquiera obra meritoria más potencia para moverse que la tienen las aves, los vientos, y todas las criaturas activas, como el fuego y los demás elementos para caminar a sus centros naturales.

Por el aumento que se merece en estos dotes el cuerpo entenderás el que tienen los dotes del alma, a quien corresponden y de quien se derivan. Porque en la visión beatífica adquiere cualquier mérito mayor claridad y noticias de los atributos y divinas perfecciones que cuanto han alcanzado en esta vida mortal todos los doctores y sabios que ha tenido la Iglesia. También se aumenta el dote de la comprensión, o tensión del objeto divino; porque de la posesión y firmeza con que se comprende aquel Sumo e Infinito Bien se le concede al justo nueva seguridad y descanso más estimable que si poseyera todo lo precioso y rico, deseable y apetecible de las criaturas, aunque todo lo tuviera por suyo sin temer perderlo.

En el dote de la fruición, que es el tercero del alma, por el amor con que el justo hace aquella pequeñuela obra, se le concede en el cielo por premio grados de amor fruitivo excelentes: que jamás llegó a compararse con este aumento el mayor afecto que tienen los hombres en la vida a lo visible; ni el gozo que de él resulta tiene comparación con todo el que hay en la vida mortal.”

Punto. III. ¿Cuál es el camino para subir a esta ciudad de las eternas delicias? No hay más que uno: el que nos enseñó Jesucristo: el camino real de la santa cruz. Áspero, duro y peligroso y por todas partes difícil para quien quiere andarle solo; pero llano y suave, seguro y perfecto para quien le anda en compañía de la Virgen Nuestra Señora, entregándose a Ella para ser  siempre su esclavo. ¡Dichosa esclavitud, por la que tan fácilmente alcanzamos la libertad eterna!

Terminemos saboreando en dulce coloquio la Salve, que es el cantar de los desterrados que suspiran por el cielo.

Según Consagración encontrada en bibliografía que se apoya en lecturas de entre otros el Kempis

De la fervorosa enmienda de nuestra vida

Se hallaba uno lleno de congoja luchando entre el temor y la esperanza; y un día cargado de tristeza entró en la iglesia y se postró delante del altar en oración, y meditando en su corazón varias cosas, dijo: ¡Oh! ¡Si supiese que había de perseverar! Y luego oyó en lo interior la divina respuesta: ¿Qué harías si eso supieses? Haz ahora lo que entonces quisieras hacer, y estarás seguro.

Y en aquel punto, consolado y confortado, se ofreció a la divina voluntad, y cesó su congojosa turbación.

Y no quiso escudriñar curiosamente para saber lo que le había de suceder, sino que anduvo con mucho cuidado de saber lo que fuese la voluntad de Dios, y a sus divinos ojos más agradable y perfecto, para comenzar y perfeccionar toda buena obra.

El Profeta dice: Espera en el Señor, y has bondad, y habita en la tierra, y serás apacentado en sus riquezas.

Detiene a muchos el fervor de su aprovechamiento, el espanto de la dificultad, o el trabajo de la pelea.

Ciertamente aprovechan más en las virtudes, aquellos que más varonilmente ponen todas sus fuerzas para vencer las que les son más graves y contrarias.

Porque allí aprovecha el hombre más y alcanza mayor gracia, adonde más se vence, a sí mismo y se mortifica el espíritu.

Pero no todos tienen igual ánimo para vencer y mortificarse.

No obstante, el diligente y celoso de su aprovechamiento, más fuerte será para la perfección, aunque tenga muchas pasiones, que el de buen natural, si pone poco cuidado en las virtudes.

(Imitación de Cristo, libro I, cap. 25)

Según Consagración a María dada por Agustín del Divino Corazón (Buenas Virtudes)

Es el último llamado, sois libres en elegir

Hijos carísimos: atended a mi último llamado; tanto tiempo os he estado hablándoos de lo mismo y mis palabras caen en el vacío, mis mensajes son poco leídos y mucho menos vividos, la indiferencia de mis hijos lastiman mi Inmaculado Corazón, la renuencia que hay a estas manifestaciones me hacen llorar.

Entiendo que hay proliferación de mensajes: mensajes de dudosa procedencia, mensajes que llevan a la confusión, mensajes que llevan a la pérdida de la fe, mensajes que no han sido dados por el Cielo, han sido creados, imaginados; mensajes de seudo-videntes que se atribuyen misión profética, mensajes que ya han sido leídos o escuchados. “¡Ay de los profetas insensatos, que siguen su propio espíritu y no ven nada!” (Ezequiel 13,3). “Vanas son las visiones que ellos tienen, y embustes sus adivinaciones, cuando dicen: El Señor ha dicho; siendo así que no son enviados del Señor, y persisten en asegurar aquello que han anunciado” (Ezequiel 13,6).

Discernid, bajo la luz del Espíritu Santo; Espíritu que sopla y actúa en este final de los tiempos. Pedid que se os muestren las verdaderas manifestaciones e intervenciones de Dios.

Son pocos los profetas, son pocas las almas privilegiadas que reciben comunicaciones del Cielo; permaneced alertas para que no seáis engañados, no andéis más de un lado para otro por el prurito de oír novedades, sosegad vuestro espíritu, aquietad vuestro corazón e id al Sagrario que Jesús os espera para daros todo su amor. Jesús os espera para revelaros sus secretos y tesoros escondidos, porque ya ha llegado la hora de mostrarlos, de darlos a conocer, porque el tiempo se os acaba; la proximidad de los acontecimientos es sorprendente, os llegarán en el momento menos pensado; por eso el Cielo os ha ido avisando, os ha estado preparando para que esperéis la pronta venida de Jesús sin temor.

El mundo se encuentra envuelto por una ola inmensa de oscuridad, el mundo está al borde de un cataclismo universal; pero lo peor de todo esto, es que el mundo ni siquiera se ha dado cuenta; satanás ha obnubilado y enceguecido espiritualmente a la humanidad; humanidad de duro corazón a los llamamientos divinos, humanidad que ha caído en la trampa de satanás: hacerles creer que no existe para después pasarles la cuenta de cobro.

Hijos míos: no seáis de aquellos que dicen: siempre se nos ha hablado de la segunda venida del Señor y hasta ahora nada ha pasado; pensad, el por qué de tantas apariciones y avisos del Cielo, por qué las lágrimas de las imágenes, por qué los milagros Eucarísticos. La respuesta es clara, es sencilla: pronto la tierra volverá al orden primero de la creación. Pero antes que todo esto ocurra sucederán signos que os muestran que estáis en el final de los tiempos, signos profetizados como el horroroso sacrilegio en el que aparecerá el hombre impío, “el cual se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, dando a entender que es Dios” (2 Tesalonicenses 2,4). “Y entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el resuello o el solo aliento de su boca, y destruirá con el resplandor de su presencia a aquel inicuo que vendrá con el poder de satanás, con toda suerte de milagros, de señales, y de prodigios falsos” (2Tesalonocenses 2, 8-9); prodigios que engañarán, aun, a los mismos elegidos; prodigios que harán del hombre impío, simio de Dios, porque aquí se cumplirá lo predicho por el profeta Daniel (9,27) “cesarán las hostias y los sacrificios”.

Hijos amados: la presencia de Jesús en la Eucaristía es verdadera; precisamente por el amor desbordado que os tiene, se ha quedado vivo en la Hostia Consagrada. Hostia que debéis adorar porque en ella reside Dios. Hostia que debéis reparar porque son muchos los ultrajes, las profanaciones contra el Cuerpo Eucarístico de Jesús.

Sed, pues, soldados valerosos de mi Ejército Victorioso, defended a Jesús en la Eucaristía, adoradle por los que no le adoran, glorificadle por los que no le glorifican.

Consagraos a mi Inmaculado Corazón; es una urgencia de este final de los tiempos, tiempos de terrible confusión, tiempos en los que los dolores de parto ya han comenzado.

Os recuerdo: es el último llamado. Sois libres en elegir. El Cielo os está dando infinidad de oportunidades. Es vuestra la decisión, sólo os alerto para que os evitéis sufrimientos, para que os ganéis una morada en el Cielo.

La Virtud del desprendimiento

Haced caso a cada una de mis enseñanzas que os imparto con amor. Enseñanzas que os adelanta en vuestra infancia espiritual y os va haciendo más maduros en vuestra fe.

Ha llegado el momento de que os hable de la Virtud del desprendimiento.

Virtud que os da desapego de lo terrenal.

Virtud que os hace tomar conciencia de vuestros actos baldíos, baldíos porque os aferráis a cosas caducas que no podréis llevar cuando seáis llamados a la Patria celestial. Haced un alto y reflexionad cuales son vuestros apegos y tomad la férrea decisión de erradicarlos de vuestra vida.

Andad ligeros de equipaje, que no os sorprenda la noche con vuestra misma manera de pensar.

Renovaos pues en vuestra manera de actuar y emprended un nuevo camino. Camino diferente, camino en el que no os duela desprenderos de todo, aún, de vosotros mismos.

Hijitos míos, no existe una báscula que pese el gran amor que una buena madre tiene por su hijo.

Desde el anuncio de mi Maternidad, me doné sin reservas a la Voluntad de Dios.

Mi Corazón se ha inundado de felicidad, mezclada con dolor, porque desde antes de su nacimiento sabía del enorme sufrimiento que me esperaba, al tener que desprenderme de los más amados de mi Inmaculados Corazón. Pero me abandoné por completo en las manos del que todo lo puede sin objetar en lo más mínimo, porque el dolor ofrecido produce efectos maravillosos en el alma.

Así es, pues, pequeñitos míos que debéis hacer de vuestra vida un desprendimiento constante, para que lentamente vayáis muriendo a vuestros apegos y nazca en vosotros un nuevo ser adherido a Dios.

Oraciones finales

Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a las cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.

Consagración diaria a María Inmaculada

Oh Señora mía, Oh Madre mía!
Yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día,
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro
Oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.

Consagración para cada día al Sacratísimo Corazón de Jesús por María 

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta Consagración Personal al Sagrado Corazón de Jesús.

Forma resumida de pacto con el Corazón de Jesús: «Corazón de Jesús yo cuidaré de tu honra y de tus cosas y tú cuida de mí y de las mías.»

Coronilla de Virtudes

Para pedir las virtudes, con cada una de las virtudes se deben recitar las siguientes oraciones:
Virtud de Fe + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Esperanza + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Caridad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Humildad + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Paciencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de Perseverancia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo
Virtud de la Obediencia + Padre Nuestro + Gloria al Padre + Oración al Espíritu Santo

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, para ver las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi mente, para conocer las cosas que son de Dios;
Ven Espíritu Santo, dentro de mi alma, que yo le pertenezco solamente a Dios;
Santifica todo lo que yo piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios. Amén

Ángelus

V. El ángel de Señor anunció a María.
R. Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. +Ave María
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra. +Ave María.
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros. +Ave María.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.  Amén

¡Oh María!

«Oh María; transforma mi corazón como el tuyo;
colócale alrededor una corona de pureza adornada con virtud;
toma mi corazón querida Madre consagrado como tuyo propio;
preséntaselo a Dios Padre como una ofrenda de mí para ti.
Ayúdame, Oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día». Amén.

Oración de Pentecostés

Espíritu de Cristo: despiértame;
Espíritu de Cristo: muéveme;
Espíritu de Cristo: lléname;
Espíritu de Cristo: séllame.
Oh Padre Celestial,
conságrame a tu Corazón y Voluntad;
se en mí una fuente de virtudes,
sella mi alma como la tuya
para que tu reflejo en mí sea una luz que todos vean. Amén

Rezo del Rosario

3 misterios preferiblemente, especialmente a partir del día 20.

Oración final

Santísima Virgen María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preparadme con vuestras lecciones de amor para ser complaciente a Tu Hijo Jesús.
Avivad mis sentidos para que guarde en mi corazón vuestras enseñanzas, enseñanzas que son doctrina segura que me adentran al cielo.
Despertad en mí: celo insaciable por la salvación de mi alma, desapego al mundo y anhelos de santidad.
Instruidme en la ciencia de la cruz para que acepte con beneplácito el sufrimiento y me haga heredero de uno de los aposentos de vuestro Inmaculado Corazón.
Arropad todo mi ser con vuestros rayos de luz para que seáis mi Maestra y yo vuestro discípulo, discípulo que imite vuestras adorables virtudes para ser bien visto ante los ojos de vuestro Hijo.
Fortalecedme en este tiempo de la tribulación, purificad mi corazón con el fuego de vuestro amor y heridlo de amor, para que vuestra presencia siempre me acompañe por toda la eternidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, preservad nuestra Iglesia frente a toda apostasía, herejía y cisma.
Conservadnos fieles a la Tradición de la Iglesia e instruidnos con vuestra Sabiduría Divina para que la luz del Espíritu acreciente nuestra fe, nos muestre el camino de salvación y lleve nuestro corazón a la santidad.
Madre Celestial, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, guardad al resto santo en vuestro Inmaculado Corazón hasta el día de la segunda llegada de vuestro Amadísimo Hijo Jesús. Amén.

NOTA: Debiera tenerse en uso y apoyo los libros de San Luis María Grigñon de Monfort, una BIBLIA y el libro de imitación de Cristo de Kempis.

Las citas bíblicas han sido extraíadas de la versión Biblia de Jerusalem https://www.edesclee.com/content/biblia-online

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *